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09
03
2011
elmagazin

La barriga más grande del mundo

Por: elmagazin

 Cartagena

Isabella Portilla (*)

Faltaba un día para que todos supieran que era un engaño. Cinco hombres la cargaban en una silla gigante. Se abanicaba desde las alturas para aminorar el calor, y usaba el mismo abanico para esquivar a los periodistas que intentaban embestirla antes de su llegada al hospital. Nueva Colombia estaba alborotada gracias a Liliana Cáceres, por esos días la mujer más famosa del país.

Sus vecinos se turnaban para llevar en manos propias los cien kilogramos que pesaba. Niños de torsos desnudos, contagiados por la algarabía, se sumergían en la procesión aumentando la bulla mañanera. Las matronas del barrio eran más reservadas, pero no por eso menos atentas: asomaban sus caras pardas entre las rejas de las puertas y estiraban sus cuellos con tal de atisbar el espectáculo.

Un embarazo jamás se celebró en este suburbio barranquillero de negros descalzos. Eso de que alguien tan cercano esperara seis críos nunca había ocurrido en el barrio, ni en ningún rincón de Colombia.

Antes del mediodía Liliana Cáceres llegó al Hospital Universitario. Georgina Altahona, su acomedida suegra, la acompañaba. Detrás de las dos mujeres se agolpaban numerosos reporteros desmedidos en su persecución, pero, valiéndose de su viveza, la joven se les escabullía con la habilidad de una mojarra resbaladiza.

Cuando el gerente del hospital, Miguel Patiño Díazgranados, quiso calmar la sed de la jauría informativa anunció la preñez más célebre de la historia de Colombia: “Liliana Cáceres tiene una impresión diagnóstica de embarazo múltiple de más o menos treinta semanas de gestación. Un equipo interdisciplinario de nuestra institución se está haciendo cargo del caso. La paciente está estable. El grupo de científicos que la atiende tiene la situación controlada”.

Pero el médico pecó de ingenuo. Patiño Díazgranados no alcanzó a comprender que a la joven de 16 años internada en su hospital nadie le tocó la barriga. Nadie. Ni su novio, ni su suegra y mucho menos el grupo de especialistas que diagnosticó el supuesto embarazo múltiple.

Sin embargo, la noticia rodó desde Punta Gallinas hasta Leticia. Los periódicos anunciaron el hecho como un respiro alegre que distrajo a Colombia, durante un par de días, de la hecatombe política que puso a tambalear el gobierno de Ernesto Samper, cuando se supo que su campaña había recibido seis millones de dólares en contribuciones del Cartel de Cali.

No hubo emisora radial, de onda corta ni de frecuencia modulada, que no registrara el embarazo. En la radio comparaban el suceso con el de Kenny y Bobby McCaughey: el matrimonio de Alabama que estrenaba septillizos. Los locutores machacaban el tema con habladurías sobre la virilidad y la potencia sexual de Alejandro Férrans, el papá de las criaturas, a quien sus vecinos apodaban en un sincero homenaje Macho Man.

CM&, el noticiero con más rating de la franja estelar, montó una miniteletón para apoyar la causa. Bajo la dirección de Yamid Amat, Viena Ruiz pedía ayuda a los televidentes con apoyo en escenas lastimeras de la embarazada. Verla era un espectáculo: acostada, acaparaba la cama doble en la que dormía, de tal manera que ni su novio podía acompañarla en las noches insomnes. Sentada, casi no cabía en una mecedora de mimbre que su suegro, Andrés Férrans, le acondicionó. Parada, no resistía el peso de su cuerpo y, como si fuera poco, al caminar tenía que hacer malabares para no rozar su bandullo con las paredes de la casa.

Ante el dantesco despliegue mediático los colombianos se condolieron. Familias enteras aprontaron donaciones de dinero y alimentos. Empresas de productos infantiles prometieron pañales para los muchachitos. La leche estaba garantizada de manos de una prestigiosa compañía de lácteos. Hasta Férrans recibió una oferta de empleo por parte del gobernador del Atlántico.

Pero mientras los ricos le quitaban el pelo a su gato y los pobres sacaban de donde no tenían para ayudar a las criaturas, en el séptimo piso del hospital de Barranquilla se libraba una lucha.

Los médicos insistían en practicarle una ecografía a la mujer; ella, como una heroína envalentonada, se rehusaba. Oponía resistencia desde la silla que había ocupado todo el día. Amenazaba con tirarse por la ventana si la tocaban. Berreaba. Movía las piernas con vehemencia y le pegaba puntapiés al baldosín mientras gritaba con un salvajismo tal, que lograba intimidar al cuerpo hospitalario.

Después de varias pataletas se calmaba; ocultaba su cara en las palmas de sus manos sin tener otro contacto con el mundo más que un huequito por el que respiraba entre lágrimas y jadeos. Pensaba que si llegaba siquiera a musitar palabra, sus familiares irían a pasar vergüenzas, perdería para siempre a Alejandro y sería motivo de burla entre sus conocidos.

La situación, además de sospechosa, resultaba incontrolable, hasta que a Georgina Altahona se le ocurrió una solución. Después de apaciguar a la muchacha, la vieja le pidió que se acostara en la camilla, pues no era aconsejable para la salud de los bebés mantenerse en una misma posición durante tanto tiempo. Resignada, y ante el cansancio que la vencía, Liliana aceptó.

Cuando estaba profunda dos enfermeras se situaron a lado y lado de la cama. Georgina a sus pies, y el médico Jaime Rodríguez, junto a su vientre. Todos intentaban sujetarla mientras el doctor develaba la razón de su reticencia.

Apenas sintió el tacto, la muchacha despertó. Estaba inmóvil, maniatada por cuatro personas mientras decenas y decenas de trapos salían de su barriga. Los ojos de los presentes vieron volar camisas, pantalones, toallas y hasta un bolo de juguete que hacía las veces de ombligo. Cada una de las prendas estaba perfectamente acomodada dentro de una tela de lycra en la que Liliana había camuflado la ropa seis meses atrás.

El pasmo invadió la sala del hospital. Apenas vio salir tiras del cuerpo de su nuera, Georgina Altahona creyó que el pellejo se le había podrido. Cuando se percató de la realidad quiso que la tierra se la tragara. Ni hablar de la muchacha, quien se escondió debajo de la camilla cuando ya no quedaba ni un solo trapo en su barriga. “Ya no resisto más. Me quiero morir”, gritaba estruendosamente mientras el médico Rodríguez y las enfermeras se miraban anonadados bajo un perturbador dilema: no sabían si reír o llorar.

El nombre de la barranquillera volvía a retumbar en los oídos de los colombianos, esta vez acompañado de la palabra “escándalo”. Liliana Cáceres había sumido en la desconfianza a un país que horas antes se disponía a ayudar a una humilde mujer bendecida con un embarazo de sextillizos.

Los medios resaltaban su actuación con elogios irónicos, propios de un drama burlesco de la vida real. “De cómo Liliana Cáceres subió a los cielos y bajó a los infiernos por cuenta de un embarazo ficticio”, decía la entradilla de un artículo de la revista Semana, titulado “Trapitos al sol”.De manera satírica, en una entretenida columna, Ernesto McCausland, periodista de la desaparecida revista Cambio, llegó a proponerla como personaje del año.

Los psicólogos se rompían la cabeza tratando de diagnosticar el caso. Pedro Gómez Méndez, psiquiatra y director del hospital mental de Barranquilla, adonde Liliana fue a parar horas después de conocerse el episodio, concluyó que la paciente tenía “un comportamiento ingenuo con una estructura mental infantil”.

La realidad de la imaginativa mujer quedó al descubierto por un pueblo que interpretó como temeraria su hazaña. Sin embargo, ningún medio de comunicación se interesó en conocer el origen de su mentira. Nadie más que ella sabía la razón por la que engañó a su novio, a los médicos y al país entero.

Liliana Cáceres

Liliana Cáceres

El  preludio de la farsa

La tramoya comenzó a principios de agosto de 1997, cuando un rumor contaminado de saña llegó a oídos de Liliana: Lorena Peña, su mejor amiga, esperaba un hijo de Alejandro.

Movida por los celos, y encolerizada ante su esterilidad, la muchacha le robó un certificado de embarazo del hospital de La Manga a una de sus vecinas. A su novio lo atolondró con la novedad de que iba a ser padre. Alejandro Férrans, sin profesar el mismo amor que sintió por ella alguna vez, se desentendió del compromiso.

Pero una tarde, cuando el sol barranquillero comenzaba a ocultarse entre los caracolíes de Nueva Colombia, la mamá de Liliana lo visitó en su casa. La vieja vendedora de cocadas —que había sufrido las vicisitudes de una vida sin marido— le entregó a su hija con todo y ropa. Desde ese día la astuta muchacha se consagró como novia oficial de Alejandro, y alcanzó el propósito de vivir en la residencia de los Férrans Altahona.

Apenas consiguió ser parte de la familia trató de comer y de beber hasta henchirse con el propósito de abultar su abdomen. Esa situación ya provocaba angustia entre los parientes de Alejandro porque Liliana acababa con la comida de los ocho habitantes de la casa. Pero por más que tragaba su barriga no parecía la de una embarazada. Cuando notó la desconfianza de Sandra Férrans, la hermana de su novio, a quien le faltaba un mes para parir, se vio obligada a actuar de otra manera.

Un día, a solas en su pieza, amarró meticulosamente una faja de lycra a su estómago. Luego empezó a rellenarla. Lo primero que le echó fue un par de overoles viejos, después, un vestido de flores de su suegra. Cada seis o siete días alguna prenda de los Férrans era sacrificada para engrosar la que se convirtió en una colosal bola de trapos.

Poco a poco, su estómago adquirió dimensiones sobrenaturales, por lo que inventó que no iba a tener un niño, sino seis. La idea que maquinó gracias al descomunal relleno resultaba perfecta. Con seis niños no solamente conseguía alejar a Lorena de Alejandro; las criaturas representaban también una fórmula infalible para retener a su novio. Ya no se quedaría sola en el mundo; la penosa hambre aguantada durante su infancia no volvería a asaltarla; tampoco le faltaría amor, pues a su lado tendría a un guardián que la haría feliz hasta el final de sus días. “Sería un diablo el hombre que abandone a su mujer después de hacerle seis hijos de una sola camada”, pensaba mientras planeaba la picardía más importante de su escasa edad.

Liliana Cáceres poseía una habilidad extraordinaria para el engaño. No sólo había fabricado su propia barriga; también actuaba como si estuviera embarazada. Cuando Georgina le servía huevos al desayuno fingía marearse con el olor; le imprimía verosimilitud a la escena cuando se paraba de la mesa y salía a vomitar. Justificada en el mal de antojos que sufren las hembras preñadas, comía varias veces al día. Pero no comía cualquier cosa: exigía carne o pollo, por lo que el bolsillo de su suegro se veía seriamente afectado. Sin embargo, en la vieja casa de paredes de tapia jamás rondó tanta felicidad. Todos esperaban ansiosos los bebés que partirían la historia de la familia en dos. Georgina no dudó ni un sólo minuto en gastar los 80.000 pesos que había ahorrado durante todo el año para ser la primera en hacerle un obsequio a sus nietos. Don Andrés animaba a su mujer en el cuidado esmerado hacia la muchacha para que la gente no tuviera de qué garlar. Con la futura madre se mostraba cariñoso y guardaba la ilusión de que los niños nacieran completitos y rebosantes de salud. Cada vez que la barriga aumentaba de tamaño, el longevo celador le compraba a Liliana una batola más grande que la que desechaba, pero le terminó comprando tantas que un día se vio en la obligación de hacerle una advertencia: “Mijita, los niños no pueden seguir creciendo porque ya no va a haber bata que te quede buena”.

Cartagena

La huida de La “barriga’e trapo”

A Liliana no le importaba avivar ensoñaciones ajenas con tal de apoderarse de su novio picaflor. Lo que nunca se le pasó por la cabeza fue ser dueña de la popularidad que consiguió. Había planeado el embarazo con la idea de irse a Cartagena cuando su invento apenas acariciara el séptimo mes. En la mitad del camino se bajaría del bus y se quitaría el relleno de su barriga abandonando los trapos en el monte. Luego visitaría a sus familiares en La Heroica, y cuando estuviera de vuelta en Barranquilla diría que había perdido a sus niños. Entonces pondría fin a su mascarada, pues ya habría recuperado el ansiado amor de Alejandro.

Pero la Providencia no le ayudó. Un lunes de noviembre, Manuel Pérez —periodista judicial del diario La Libertad—vio contornearse a la morena con una gigantesca barriga por el hospital universitario. Asombrado, el reportero pensó que detrás del bulto había un hecho informativo. Sin embargo, por razones que hoy él mismo desconoce, no abordó a la dueña del exótico vientre.

Al llegar a las oficinas del diario, el periodista les contó a sus colegas que había visto “la barriga más grande del mundo”. Admirado por la historia, Carlos Peláez —también reportero judicial— decidió buscar a Liliana por toda la ciudad. Luego de contactarla, y de hacer pública su historia, el invento de la joven adquirió un cariz noticioso cuyo desenlace cambió su vida para siempre.

Tras cometer su más grave pecado de amor y quedar al descubierto, la muchacha padeció en carne propia el costo de una fama mal ganada. El mundo ya no la distinguía como Liliana Cáceres; en cambio la envilecía bajo el remoquete de “la barriga’e trapo”. Alejandro Férrans también pagó las consecuencias del terrible yerro. Sus supuestos poderes seminales fueron el hazmerreír de medio mundo, pues pasó de ser el Macho Man de Nueva Colombia a un triste Macho’e Trapo de por vida.

Sin darle la cara al desvalorizado hombre, Liliana decidió huir de su natal Barranquilla. No había permanecido siquiera una semana en casa de su tío Raúl Cáceres, cuando un grupo de jóvenes del barrio cartagenero La Candelaria trataba de romper a pedradas el techo eternit de la vivienda. “Loca, salga pa’ lincharla”, le decían a gritos, con el ánimo de desafiarla. Tras la agresión, que sólo se calmó cuando se hizo presente la Policía, la joven tuvo que partir hacia otro lugar.

Fue a parar a una pensión del centro, en donde trabajó como mucama. Cambió su nombre por el de Carmen y se quitó el pelo sintético que tuvo durante el embarazo ficticio. Pensó que de esa manera pasaría inadvertida. Pero un día, cuando salió a la plaza de mercado de Bazurto a comprar sayas y calzado, la gente la reconoció. Entonces se vio ultrajada como nunca antes. “¡Barriga’e trapo! ¡Mentirosa!”, vociferaba la muchedumbre enardecida, mientras le tiraban pedazos de frutas y verduras. Pero eso le pareció poco comparado con la llamarada de candela que descendía por su cuerpo: una mulata alta y rolliza que atendía un puesto de comidas le había tirado un caldo de pescado hirviendo por la cabeza.

La cólera y la humillación la condujeron hasta una minúscula vereda ya desaparecida del departamento de Bolívar. Para su pesar, su fama había aumentado a raíz del alto número de barrigones disfrazados en su honor en el carnaval de Barranquilla. Ahí viene la marimonda, la danza del congo grande, viene la barriga’e trapo, ya la rumba está que arde, nos vamos a emparranda’, nos vamos a emborracha’.

Las canciones compuestas a su farsa la convertían en una especie de leyenda popular, así que eran muchos los que llegaban hasta su casa todos los días con el ánimo de conocerla en persona. La acosaban tanto que ella misma terminaba espantándolos desde una ventana a punta de baldados de agua fría. Pero llegó el día en el que se cansó de luchar contra la fama y su gallardía devino en agotamiento.

Volvió a partir. Esta vez se fue a vivir a una loma, cerca de los Montes de María. Consiguió trabajo en casa de unos amigos de su tío como empleada doméstica, y trabajó allí varios meses confiando en que el tiempo borraría su historia del mapa.

En un encuentro con su prima Josefina Cáceres, quien años atrás le presentó a Alejandro, Liliana se enteró de que su antiguo amor vivía al lado de Lorena Peña. La pareja tenía dos hijos; Alejandro había abandonado su trabajo de repartidor de gaseosas Postobón para convertirse en uno de los tantos mototaxistas que vagaban por las calles barranquilleras y, al parecer, eran felices.

Las novedades acrecentaban el odio de Liliana hacia su suerte. Pensaba que si no hubiera engañado a su novio, podría ser ella quien ocupara el lugar de su mayor enemiga. Pero ya nada concerniente a su pasado tenía solución. Fue en ese momento cuando entendió que ni los trapos ni los hijos eran excusas suficientes para retener a un hombre, porque para padecer el abandono de un amante sólo era necesario tenerlo al lado.

Cierto día una sorpresa irrumpió en su presente. Acababa de cumplir 21 años cuando conoció a Diógenes Parra, un joven pescador de buen talante que la enamoró en poco tiempo. Juntos se devolvieron a Cartagena. Allí vivieron en una pequeña casa de madera que el muchacho construyó. El lotecito de seis por seis lo obtuvieron gracias a la misericordia del programa social “El Minuto de Dios”, dirigido por el cura más televisado en Colombia: el padre Rafael García Herreros. Pronto tuvieron un hijo; entonces Liliana sintió por fin, desde el dolor de sus entrañas, lo que significaba parir de verdad. “Ese también debe ser de trapo”, le decían sus vecinos cada vez que salía a la calle. Pero cuando el niño nació todos comprobaron la verdad que encerraba esa barriga.

Después de Yoger, Liliana y Diógenes tuvieron otros dos niños. Aunque sobrevivían entre alcores de pobreza, a la familia nunca le faltaron dos raciones diarias de comida ni la fe en una vida mejor. Pero en medio de la escasez, la maldición coqueteó con el daño. Diógenes le anunció a su mujer un viaje que venía rondando en su cabeza tiempo atrás: se iría a la isla Margarita, por un periodo corto, con la ilusión de no seguir repartiendo un solo pescado entre una familia de cinco. Pese al dolor que implicaba tenerlo lejos, y confiada en el gran amor que los unía, Liliana aceptó. Pero hoy, dos años y siete meses después, no ha recibido ni una sola llamada del papá de sus hijos.

Cartagena

El  presente de LiLiana Cáceres

Escoge un gajo de pelo y lo divide en tres. Los dedos índice y pulgar se mueven entre tirón y tirón, adueñándose de cada mecha. Demora treinta segundos en acabar la trenza. Agarra un hilo rojo de una bolsa de plástico y ata las horquillas del cabello. La gringa del nuevo peinado afro, hospedada en el Hotel Dorado, le paga con un billete de 20.000 pesos.

Camina desde la playa hacia la carretera. El oleaje lento de su barriga apretujada denota cansancio. Liliana Cáceres está embaraza por cuarta vez. Mañana cumple seis meses. Todavía es esquiva a las ecografías, por lo que no sabe el sexo del bebé. Está segura de que si es niña se llamará Lindis, y si es niño, Junior, como su equipo de fútbol favorito.

Ya no les teme a las enfermeras, ni a los médicos, ni a su ex suegra. Les teme a los periodistas. Gracias a ellos su mentira fue un escándalo nacional y con el paso de los años se encargaron de supurar una llaga aún fétida. Acomodaron su vida, la discriminaron e hicieron caso omiso a sus denuncias: las burlas de otros medios, la exclusión que padeció y los motivos que la llevaron —con tan sólo 16 años— a engañar a medio mundo.

Ahora se dirige a su barrio, ese Minuto de Dios clavado en La Heroica, el caserío africano heredado por los oriundos de San Basilio de Palenque, quienes subsisten gracias al dinero que los extranjeros les dejan por sus trabajos informales en las playas cartageneras. Desde allí Liliana espera, como la paciente Penélope, el retorno de Diógenes o, tal vez, el de Ramón Cubillos, el vecino de quien fue novia durante tres meses y el papá de la criatura que ahora tiene en su barriga.

En sus ojos se adivina cierto desasosiego, el desasosiego usual que experimenta una mujer tras el abandono de su amante. Las pocas veces que ríe deja ver una sonrisa opaca, modesta, como los pardos abalorios que cuelgan de una cadena de hilo atada a menudo alrededor de su cuello.

Entra a su casa y un hedor a humedad no deja dudas sobre la contundente pobreza. Sus hijos la saludan batiéndole el vestido rosado que lleva puesto. Se dispone a prepararles el almuerzo y camina con parsimonia hacia el rincón izquierdo de su casa rectangular. Abre la nevera que compró gracias al dinero regalado por Juan Manuel Correal, “Papuchis”, cuando la entrevistó en noviembre de 2007 para el programa radial El Cocuyo. El frigorífico todavía está envuelto en el plástico con el que salió del almacén. Sin embargo, está prendido. En su interior no hay más que un par de naranjas y tres tomates a punto de fenecer. No saca nada, cierra la nevera de un golpazo, y en esas manda a pasar a la periodista que espera en la puerta.

En seguida le expone las razones por las que no quiere darle la entrevista.
——————————————————————————————-
(*) Esta fue la crónica ganadora del concurso Guillermo Cano.

Categoria: De fondo

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Opiniones

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jjairog

9 marzo 2011 a las 1:52 PM
  

La MENTIRA puede tener consecuencias insospechadas. :-)

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mamasote

9 marzo 2011 a las 2:32 PM
  

Pobre muchacha… es que la pobreza y la falta de educacion es lo que abunda en este pais…

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juan pedro duncan

9 marzo 2011 a las 3:01 PM
  

igual pasó con unas desmovilizaciones de trapo.

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michi-to

9 marzo 2011 a las 3:24 PM
  

Excelente cronica, nos lleva de la risa a la reflexio profunda.

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adulto

9 marzo 2011 a las 3:30 PM
  

debería dar conferencias sobre el tema: “como no engañar a su pareja” … sería millonaria.

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bekim

9 marzo 2011 a las 3:34 PM
  

Muy buena crónica. Estoy de acuerdo con que lleva de la risa a una seria reflexión. No obstante, quiero hacerle una corrección al autor: ella no es barranquillera, es cartagenera. Al menos eso escuché por televisión en un programa en el que se cuenta su historia.

Opinión por:

zegalia

9 marzo 2011 a las 3:52 PM
  

EXCELENTE EL COSTO DE LAS MENTIRAS…PERO TAMBIEN EL CAMINO DEL PERDON Y LAS OPORTUNIDADES

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pachokarme

9 marzo 2011 a las 4:16 PM
  

EN EL PAIS DE MACONDO, LAS HISTORIAS DEL EMBAJADOR DE LA INDIA Y LA DE LA BARRIGA MAS GRANDE DEL MUNDO SON PALITIVAS, Y PASAN A ABUNDAR LA GENIALIDAD Y HUMOR , TAN NECESARIO EN MEDIO DE LA TRAGEDIA QUE SE VIVE POR CULPA DE LA CORRUPCION Y LA CLASE POLITICA. COMPAREMOS ESE ACTUAR CON LO HECHO POR LOS DIFERENTES HABITANTES DE LA CASA NARI Y POR SUS SECUACES, CON LO HECHO POR LOS CONGRESISTAS Y SUS SECUACES, POR EL DANE Y SUS SECUACES,POR EL DAS Y SUS SECUACES,POR LOS PARAS Y SUS SECUACES, POR LA FARC Y SUS SECUACES. QUISIERA DIOS QUE SE PRESENTEN MÁS HISTORIAS COMO LAS DE LILIANA PARA DESENMASCARAR LA CLASE DE ATENCION QUE SE LE BRINDA EN LOS HOSPITALES Y CLINICAS A MUCHAS PERSONAS QUE SIN SER EXAMINADAS LES DIAGNOSTICAN EMBARAZOS MULTIPLES.

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carlo andre

9 marzo 2011 a las 4:50 PM
  

La falta de oficio es muy critica en todo el pais pero mas en la costa atlantica donde hacen comidilla todos esos periodistas medioocres…este caso…la lechuza etcc….y otros que llegaran muy pronto. Sin embargo los periodistas a que me refiero no ven en los anillos circunvalares la cantidad de gentes que aguantan hambres sin la ayuda y la proteccion del estado, esos mismos cabrones no entienden el porque de la existencia de las guerrillas…siempre que haya hambre hay descontentos que aprovechas estas coyunturas para el manejo de masas me perdonan los foristas si estoy equivocado.

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larpia

9 marzo 2011 a las 4:57 PM
  

Es Preferible que se meta mil trapos en la panza para hacer creer q esta embarazada,,a embarazarse de verdad y traer esos pobres niños a ese mundo sin papà y a pasar hambre! el colmo!

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lira.

9 marzo 2011 a las 5:29 PM
  

JAJAJAJAJAAAAAAAAAAAAAA me rio ahora a carcacajadas como me rei el dia que descubrieron que la barriga era de trapo. Y recuerdo que, la ignorancia del machismo, el novio de la joven era el tremendo macho y lo llamaban MACHOMAN y de machoman paso ser llamado VERGAETRAPO. JAJAJAJAJAJAJAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA que rediculo tan grande el de los medicos de dicho hospital

Opinión por:

lira.

9 marzo 2011 a las 5:44 PM
  

¡haaaaaaaa! tambien hay que resaltar EL MACHISMO con que fue tratada la muchacha “barriga de trapo” por las demas mujeres del pueblo. Definitivamente el machismo entre las mujres y la falta de solidaridad entre ellas mismas es sin lugar a dudas es la causa de tanta violencia domestica.

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calvin y hobbes

9 marzo 2011 a las 6:21 PM
  

Que buena crónica.

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ministry

9 marzo 2011 a las 7:16 PM
  

NEGRA MAÑOSA, CORRONCHA TENIA QUE SER PARA SER TAN EMBUSTERA… BUENO PAISA TAMBIEN PARA SACAR A UN IMBECIL COMO URIBE Y ARIAS.. Y BUENO BOGOTA NO SE QUEDA ATRAS CON SAMY EL CORRUPTO

Opinión por:

feristoteles

9 marzo 2011 a las 7:16 PM
  

Urge una esterilización para esta manteca, no es aceptable que siga de manera irresponsable dándoselo a cualquiera y agrandando la manada, pues terminará utilizando a los menores como motivo de lástima en busca de su sustento.

Opinión por:

ivanof

9 marzo 2011 a las 7:30 PM
  

Excelente Cronica pero terrible realidad,,!!,,,,da tristeza ver gente ignorante en este foro, aun condenando a una persona que en medio de su inocencia, solo mostro parte de la excasa cultura, educacion y su entorno..Quienes somos para juzgarla??,,,,el gobierno deberi ayudar a madres solteras como ellas,,

Opinión por:

alpacino

9 marzo 2011 a las 10:33 PM
  

realmente es patetico leer a un a mano de hijos de puta….criticando a esta pobre mujer………que en medio de su ignorancia, pobreza y adolescencia cometio un error tonto…..normal en una persona de 16 anos……………ya me imagino a todos los que insultan a esta pobre negra…….deben ser una partida de higuazos ignorantes………que descargan sus frustaciones en una mujer pobre e ignorante….

Opinión por:

jimmythekid

9 marzo 2011 a las 10:41 PM
  

esa mentira cubria la verdad mas grande del mundo !!!!!

Opinión por:

swhelpley

9 marzo 2011 a las 10:43 PM
  

Excelente cronica, muy bien escrita, para recordar un episodio de la picaresca nacional, que llego a interesar a Garcia Marquez.

Opinión por:

edjogaro

10 marzo 2011 a las 2:06 AM
  

Muy bien ganado el premio, por la forma como abordó esta historia que mantuvo en vilo a medio país.

Opinión por:

santiagojuliao

10 marzo 2011 a las 3:58 AM
  

Una historia del pais de Macondo…

Opinión por:

mauricio rodriguez

10 marzo 2011 a las 8:01 AM
  

Reconciliemonos y ayudemos a nuestros compatriotas…….

Opinión por:

sergio antonino

10 marzo 2011 a las 8:25 AM
  

Muy buen artículo. Me recuerda al “Relato de un naufrago” de Gabriel García Marquez.

Opinión por:

sergio antonino

10 marzo 2011 a las 8:26 AM
  

Esto es el realimso mágico!

Opinión por:

hellrider ii

10 marzo 2011 a las 8:30 AM
  

Conmovedora historia, que duro ha pagado esta mujer su engaño.

Opinión por:

chotis

10 marzo 2011 a las 9:29 AM
  

Excelente crónica. Felicitaciones por el premio. Y efectivamente me hizo reir tanto como cuando se hizo público el ridículo que hizo Yamit Amat en su afán amarillista. Me gustó mucho el final de la crónica, en donde la escritora comenta la situación actual de la señora. Expone el lado “humano” de forma muy responsable, sin tratar de generar condolencia del lector. Felicitaciones!!!!

Opinión por:

iza.

10 marzo 2011 a las 10:21 AM
  

¡imposible olvidar a barrigadetrapo!, Recuerdo que la television en Colombia interrumpio la programción para dar la primicia de que el embarazo era una barrigadetrapo. DEBERIAN CASTRAR A ESOS MALDITOS MACHOS QUE VAN POR EL MUNDO PREÑANDO MUJERES Y ABANDONANDO SUS HIJOS. Un HOMBRE sabe ser padre, un MACHO solo sabe preñar. Felicito a barriga de trapo que a pesar de toda su pobreza y abandono se a mantenido junto a sus hijos.

Opinión por:

iza.

10 marzo 2011 a las 10:24 AM
  

Definitivamente deberian CASTRAR A TODOS ESOS MACHOS que se dedican a preñar mujeres y luego abandonan a sus hijos. UN HOMBRE SABE SER PADRE, UN MACHO SOLO SABE PREÑAR

Opinión por:

figarooo

10 marzo 2011 a las 10:25 AM
  

Muy bien narrado, recuerdo la historia que hoy me sigue robando carcajadas, pero tambien la tristeza que genera leer sobre la vida de esta chica , marcada por la pobreza y la ignorancia , no me parece bien juzgarla , antes es lamentable la situacion en la que vive hoy .

Opinión por:

johnnybegoode

10 marzo 2011 a las 11:05 AM
  

Una tragicomedia sin duda alguna. A pesar de los chistes y la mofa que se pudiera haber hecho acerca de este engaño inusual, refleja una dura realidad de la mujer colombiana, y por ende de la mujer latinoamericana, pobre, sin esperanza, sin educacion formal y cometiendo os mismos errores una y otra vez. Alli esta pues un reflejo de la miseria de este lado del mundo que muy poco ha cambiado desde hace 200 años.

Opinión por:

hispanichos

10 marzo 2011 a las 11:36 AM
  

Se imaginan todas las crónicas que van a dar de sí los Nule y toda la sarta de corruptos que descubrimos en Colombia cada día…
Una historia muy bien contada, Isabella.

Opinión por:

sijuga

10 marzo 2011 a las 12:04 PM
  

Que buena crónica, hace mucho no encontraba una nota que provocara leer hasta el final. Felicitaciones !!

Opinión por:

gomezah

10 marzo 2011 a las 12:32 PM
  

Que buena cronica, como lo dice alguie antes de mi, hace rato no leia una que diera la inquietdu de leer hasta el final.
No se que sentimiento me embarga si alegria con el solo hecho de recordar la historia o tristeza de ver como sufre la gente de barrios pobres en Colombia, ya que esa situacion se repite en todo el territorio nacional, familias sin aspiraciones ni oportunidades.

Opinión por:

bartolomé rugeles

10 marzo 2011 a las 12:55 PM
  

Excelente crónica y muy bien merecido el premio.Deja la sensación de que su situación actual pareciera un castigo a su osadía, pero en realidad termina relatando la cruda realidad que deben afrontar los pobre y marginados de este país, en especial las mujeres.

Opinión por:

lectora

10 marzo 2011 a las 1:10 PM
  

Ciertamente esta es una crónica muy digna de premio. Qué bueno que El Espectador anime frecuentemente este tipo de narración en sus páginas. Que no quede sensación de burla o tragedia solamente sino de reflexión.

¿Podría una trabajadora social de Profamilia visitar no sólo a Liliana sino a miles como ella?
¿Podría un periódico millonario repartir algunas hojas con historias como ésta entre los tugurios llenos de niños y niñas sin futuro?

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danielaugusta

10 marzo 2011 a las 3:49 PM
  

Excelente artículo. Felicitaciones a la periodista. Resulta refrescante constatar que se forman buenos periodistas en la academia y no sólo aspirantes a presentadoras-reinas. Maravilloso retrato de una joven, victima no sólo de sus circunstancias y del absurdo de la vida, sino también de una sociedad cruel-mente desigual e insensible.

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etinarcadiaego

10 marzo 2011 a las 4:34 PM
  

muy buena cronica, pobre mujer, los manes somos lo peor. jajajajaja

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themaninthehatch

10 marzo 2011 a las 5:25 PM
  

Tenía mucho tiempo sin leer algo tan bien escrito en la prensa colombiana, felicitaciones al cronista.
Ojalá dejemos de tener barrigas, desmovilizaciones, aumentos de salario y ataques a la corrupción de trapo.

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dinamarjj

10 marzo 2011 a las 5:35 PM
  

Independiente de lo ridículo que pudo ser el hecho para los medios de comunicación en ese momento, esta escritora demuestra que vale la pena eloficio del periodista en el país.

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raquelholguin

10 marzo 2011 a las 7:03 PM
  

El cura mas televisado del pais no es Rafael Garcia Herreros es el padre shusho.

Tambien Jota Mario llevo a esta pobre mujer a su programa de muy buenos dias como para tener algun tema de que hablar.

En RCN hicieron una dramatizacion muy fiel a lo que la escritora relata.

Nuestras costas Atlanticas y pacificas colombianas tienen personajes muy particulares y excentricos,recuerdo al señor Edgar perea quien fue senador de la republica y a quien le quitaron la investidura por narrar partidos de futbol. Eso Tambièn fuè una gran injusticia del alto turumequè que odia las negritudes

Felicito a Isabella porque realmente su trabajo vale la pena leerse , fue muy creativa al narrar esta histeria colectiva ,le deseo que siga teniendo muchos triunfos en el periodismo Colombiano.

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elturco319

10 marzo 2011 a las 10:54 PM
  

ahora todo tiene sentido..en la canción del checo Acosta, el Che Mapalé, la menciona “y ahora con me voy a disfrazar con la barriga de trapo”. Confirmado, se volvió todo un mito tradicional en las fiestas carnavalescas de Barranquilla, aquí entre nos las de más sabor. Felicitaciones, lograstes pasar el cerco de la utopía de la academía a la realidad de la calle.

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lagioconda

11 marzo 2011 a las 6:51 PM
  

Me parece triste la historia de esta mujer, sin esperanza atrapada en el machismo propio del hombre suramericano. Ya tienes 4 hijos, sola y esos niños sin padre en unas condiciones lamentables. No sé si la que escribe esta crónica lo hizo por un premio o por ayudar a esta pobre mujer. Bueno, sería que se hicera algo por ella, no darle dinero, pero si trabajo. Favorecerla a ella y a esos niños.

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jondmcel

11 marzo 2011 a las 6:56 PM
  

Que buena crónica, me gusto mucho.

Sólo me queda una duda, quién o como dictaminaron que el embarazo era de sextillizos? solo por el tamaño de la barriga?

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jondmcel

11 marzo 2011 a las 6:59 PM
  

Leyendo de nuevo veo que fue parte del invento… que capacidad de inventar …

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acróbata sobreviviente

12 marzo 2011 a las 11:44 PM
  

¿USTED ESCRIBE ESTO PARA QUÉ? ¿POR SU EGO? ¿PORQUE CREE QUE ESCRIBE BIEN? ¿PORQUE LE GUSTA CAGARSE EN LOS POBRES Y EN LOS OLVIDADOS Y EN LOS OLVIDADOS POBRES? ELMAGAZÍN, ME MEO ENCIMA DE USTED DESDE CONSIDERABLE ALTURA, DEJE QUIETOS A LOS INDEFENSOS MALP…IDO!

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acróbata sobreviviente

12 marzo 2011 a las 11:46 PM
  

BÚSQUESE UNA VÍCTIMA PODEROSA, NO UNA POBRE NEGRA OLVIDADA. ESCRITORZUELOS DE MIERDA!

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francisco barrios

13 marzo 2011 a las 1:49 PM
  

¡Bien! Buena crónica.

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andjim

14 marzo 2011 a las 1:48 PM
  

mmmmm pues que puedo decir yo!!! Si embarrada porque la muchacha engaño a medio mundo… Pero el periodista si fue muy cruel por no decir que fue un verdadero !”#$%&/()=?. Lo digo porque soy una madre de 3 niñas, que gracias a DIOS tengo trabajo y he logrado sacarlas adelante… Pero no se justifica que se burlen de esa manera de una mujer que cometio uno o varios errores en su vida….. El que no tenga errores o pecados en su vida que tire la primera piedra…… Además eso demuestra que en Colombia los HOMBRES son tan desgraciados de tirar y dejar a la mujer embarazada por no “amarrase” o “tirarse” la vida… que poco hombre son…

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vaacentee

23 abril 2011 a las 5:21 PM
  

Me gustò mucho esta cronica.tiene su parte de humor con frases graciosas y tambien su parte conmovedora.pobre mujer a la que le ocurriò esta historia ,la gente deberia ayudarla en lugar de criticarla …pues todos cometemos errores y esto no es algo imperdonable es simplemente algo chistoso que ocurriò pues no matò ni robò a nadie eso fue tan solo una mentira piadosa,una mentirilla que prendiò las alarmas del chismorreo y diò de que hablar por unos dias…no ma.Que buen escrito ,con toda la razòn le dieron el primer lugar en el concurso.

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rivadeneira

27 abril 2011 a las 1:44 PM
  

andaaaaaaaaaa me senti en la cooota colombiaaaaana dandome aire con un abanico y mirando pasa lo pelao.esa muje e toda una mojarra rebaladisa jajaja.Excelente cronica del periodimo colombiaano.que viva la cooota y lo coteño.

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