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07
01
2011
elmagazin

Hombre pucho

Por: elmagazin

Smoke, Flickr,  Steven Verlander Photography

Smoke, Flickr, Steven Verlander Photography

Patricia Stillger *

A Luis Miguel Rivas, que me encantó con su relato: “Las mujeres que fuman en la calle” publicada en este sitio el 21/12/10

Hay hombres que existen porque los pienso. Como un cigarrillo cargado de todos sus significados, llenando sus baches.

Dejan de existir con la misma rapidez con la que se fuman. Dejan de existir cuando dejo de fumar. Con dolor, con asco, con hastío. Pero piensas o sueñas con ellos más de lo que querrías.

Dejas de fumar. Recuperas el gusto; pierdes el miedo a morirte, pero hay partes tuyas que desaparecen con él. Con ellos, con los miles de colillas tiradas en la calle. El rey ha muerto…

Hay hombres a los que una lamenta pegarles la última pitada. Pero urge hacerlo. Debo aclarar contra toda suspicacia que hablo de tabaco.

Hasta ahora, todo muy feminista y previsible. Pero he comenzado a experimentar lo mismo con mujeres y en ámbitos que exceden lo personal. O no.

Voy a una piscina en un horario donde sólo asistimos los que necesitamos algún tipo de rehabilitación. La mayor parte es gente mayor, pero no faltan los jóvenes motociclistas que han volado varios metros y que han sobrevivido por partes; una pierna, dos brazos. En fin…

Me ubicaron en un carril con otras dos mujeres. Una se quejaba de dolor de espalda. Eso tiene un nombre clínico que ella mencionó, pero ya lo olvidé. Bastante tengo con lo mío -pensé- y le sonreí. La otra, no tendrá menos de 80. Nada como una competidora profesional. De 80.

Debo decir que también nado con dignidad y me la cruzo en la parte más profunda. Tenía la cara congestionada y parecía que lloraba.

- ¿Estás bien?- le pregunté. Allí todos no tuteamos. La discapacidad nos iguala.

Ella seguía en la misma actitud y flotaba enérgicamente con pies y brazos.

- ¿Te pasa algo? ¿Estás llorando?

- Nooo, jajajaja, me estoy riendo.

- ¿Y de qué?- pregunté azorada-

- De mi pasado fascista- me dijo con acento extranjero.

- No te preocupes, todos tenemos uno- Quise decir “pasado”, pero creo que ella entendió “fascista”.

A la semana siguiente me toca al lado de mi ex marido, con el que tengo una buena relación. Le cuento.

- ¿Esa? Imposible. Es la Mecha Martínez. Es amiga de mi tía. Jamás viajó y menos que menos es extranjera- Pero se rió mucho y me dijo: -¿Qué te pasa? ¿Estás fumando de nuevo?

Pasa un tiempo prudencial y me recupero. Me recupero de mi lesión. Sigo con mi vida con la normalidad de siempre. Hago planes, voy a la manicura. Estoy segura de que me había pintado las uñas de color granate. Estaba segura porque después quedamos con una amiga para ir de compras al supermercado y yo tenía muchas ganas de mostrárselas. Había ido especialmente a la peluquería para hacerme las manos.

Me las vi, tomadas del carrito color nada. Con las orillas, las cutículas con un resto lejano color rojizo antiguo, como si alguien me hubiera pasado acetona minutos atrás. Las escondí, aferrándome, empuñando el carro con más fuerza. En la góndola de los vinos, me animé a mirarlas de nuevo. Seguían así. Pensé si a la siesta había estado en la República Democrática de Alemania aunque allí no se consigue ese color. ¿Cómo haría para encontrarme con mi amiga con las uñas en ese estado? Me dio mucha rabia. Había gastado mucho dinero. Hay una planta en casa que me saca la pintura de las uñas, como en capas, pero no de esa manera. También noté que tenía un vestidito que no había usado en treinta años. Flores enormes rojas y blancas y mi piel muy blanca como si no fuera verano o como si fuera un verano sin sol. Mis zapatos estaban fuera de moda. Eran blancos, con un tacón cuadrado y horrible.

Fui al café donde solemos encontrarnos. Me senté y guardé mis manos en una espantosa carterita blanca, muy dura. La esperé un buen rato. Llegó muy nerviosa con algo parecido a un pasaporte en las manos. Lo guardó en una carterita más espantosa que la mía y noté que padecíamos el mismo destino de uñas. Ella jamás está desarreglada. Casi no hablamos. Pedimos café y nos trajeron unos helados oscuros, servidos en copas. Los tomamos sin chistar. Entonces me pasó un sobre por debajo de la mesa. Yo a mi vez, le pasé otro. No sé el contenido de ninguno de los dos. Probablemente sea un intercambio de catálogos de cosméticos fallidos. Así somos de envidiosas. Ya nos íbamos, pero todavía nos fumamos dos cigarrillos en silencio.

————————————————————————————–
(*) Colaboradora y escritora argentina.

Categoria: Desahogo

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Opiniones

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Opinión por:

presifans

7 enero 2011 a las 5:20 PM
  

Es cierto!! algunos hombres se fuman y otros se hacen humo, jiji.
Me fascinó el descoloque.

Opinión por:

banyulsfilms

10 enero 2011 a las 10:09 AM
  

Siempre asombrándome…
Y si, seré y habré sido pucho por ahí..y que? jaja

Opinión por:

pat stillger

10 enero 2011 a las 12:09 PM
  

Presifans: Me hiciste reir con los que se hacen humo. Es cierto. Otros son escurridizos como las anguilas.
Banyulsfilms: Un acto inesperado de valentía el suyo, teniendo en cuenta el género.

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