Página de inicio Haga de elespectador.com su página de inicio
Registro>> Ingreso>>
  • Crear nueva cuenta
  • Solicitar nueva contraseña
Ayudas  |  Quiénes Somos  |  Contáctenos  |  Mapa del sitio
ELESPECTADOR.COM
Blogs
Edición Online
  • Edición Online
  • Últimas noticias
  • Mapa de noticias

Última Actualización: 12:14 pm
  • INICIO
  • NOTICIAS
    • Wikileaks
    • Política
    • Judicial
    • Medio Ambiente
    • Paz
    • Investigación
    • Salud
    • El mundo
    • Nacional
    • Bogotá
    • Actualidad
    • Soy periodista
    • Educación
    • Alto Turmequé
    • Redes Sociales
  • OPINIÓN
  • ECONOMÍA

      INICIO ECONOMÍA

    • Monedas
    • Acciones
    • DATAiFX
  • DEPORTES

      INICIO DEPORTES

    • Automovilismo
    • Baloncesto
    • Béisbol
    • Ciclismo
    • Fútbol colombiano
    • Fútbol internacional
    • Golf
    • Otros deportes
    • Tenis
  • CULTURA
  • ENTRETENIMIENTO

      INICIO ENTRETENIMIENTO

    • Cromos.com.co
    • Shock.com.co
    • Caracoltv.com
  • VIVIR

      INICIO VIVIR

    • Autos
    • Buen Viaje
    • Ellas
    • Mi Bebé
    • Gastronomía
    • Cine Colombia
  • TECNOLOGÍA
  • BLOGS
  • Nuestras redes
      • Tweet
      • +1
      • +1
      • +1
¿Dónde estoy?      Blogs     El Magazín 
 

BLOGS Cultura

El Magazín

18

10

2010

elmagazin

Paul Auster, ese loco juego de escribir

Por: elmagazin

Tweet
Opiniones
9
 

 

 

Ilustración Andrés Sánchez

Ilustración Andrés Sánchez

 

 

Fernando Araújo Vélez *

Quería ser beisbolista. Sentir en la piel y dentro de un campo el suspenso-miedo-angustia-esperanza de lanzar un strike en el último inning del último juego de una Serie Mundial. Quería oír su nombre coreado por 50 mil o más fanáticos en el Yankee Stadium mientras él los saludaba con una gorra en la mano y una sonrisa de ¿vieron que podía?, después de haber humillado a Joe Dimaggio y Mickey Mantle, por ejemplo. O batear un home run con las bases llenas.

Sin embargo, se quedó en el asfalto, y desde allí inventó personajes desolados que querían acabar con el mundo, detectives por azar, asesinos por convicción, magos por necesidad, tramas que lo envolvían desde su humor, álter egos y niños fantásticos que aprendieron a volar. Desde allí y con un lápiz, siempre con un lápiz, creó un juego de mesa de béisbol para sobrevivir, una novela policíaca estructurada por innings, outs, bolas y strikes a la que tituló Squeeze Play, y un pitcher de los St. Louis Cardinals a quien intentó suicidar.

Pero él quería ser beisbolista. Amaba a los jugadores. Podía morir por ellos.

Una tarde de 1955 se encontró de frente con Willie Mays en el estadio de los Gigantes, que por aquellos tiempos eran de Nueva York. Paul Auster era apenas un niño de 8 años. Vio a Mays recostado contra una barda. Lo vio inmenso, negro, sobrepoderoso, un hombre que era mucho más que un hombre. Le pidió un autógrafo. Mays le preguntó si tenía un lápiz para firmarle.

Él buscó, pero no encontró entre sus ropas nada. Indagó con su padre, con los adultos que estaban por ahí. Nada. Nadie tenía ni lápiz ni pluma. Mays aguardó 20, 30 segundos. Un minuto. Miró a lo lejos. Observó al niño. Se encogió de hombros. Por fin, le dijo “Lo siento, niño”. “Si no tienes lápiz, no puedo darte un autógrafo”. Y entonces —escribiría con los años Auster— se fue caminando, fuera del campo, hacia la noche.

“Después de esa noche, comencé a cargar un lápiz conmigo a cualquier sitio que iba. Se convirtió en mi hábito nunca dejar la casa sin estar seguro de llevar mi lápiz en mi bolsillo (…). Si algo me han enseñado los años ha sido esto: si hay un lápiz en tu bolsillo, existe una buena posibilidad de que algún día te sientas tentado a usarlo. Como me gusta decirle a mis niños, así fue como me convertí en un escritor”.

Y fue escritor antes de haber escrito siquiera un par de cuentos. Fue escritor porque una tarde, tendría 14 años, en un campo de verano cerca de Nueva York, una tormenta lo agarró en pleno bosque con algunos de sus compañeros. La única salida era pasar por debajo de una cerca de alambre. Todos se turnaron. Auster iba detrás de un niño silencioso y retraído llamado Ralph, pero Ralph jamás atravesó porque un rayo le cayó encima. “Sólo tenía 14 años, después de todo, ¿qué podía saber? Nunca había visto un cadáver (…) No pensé en que había estado justo al lado de él cuando ocurrió. No pensé “uno o dos segundos y hubiera sido yo” (…) 34 años después todavía lo recuerdo. Y sus ojos mitad abiertos, mitad cerrados. También recuerdo eso”.

Fue escritor cuando se negó a asistir a su propia ceremonia de graduación en 1964 porque se fue a viajar por Europa, y se pasmó en y con Dublín. Allí estaban las calles y plazas y casas que James Joyce había caminado y descrito. Lloró. Devolvió el tiempo muy a su manera. Fue Joyce, y como Joyce (Retrato de un artista adolescente), sintió que el primer instante de la eternidad en el infierno duraba lo que un pájaro tardaría en trasladar la arena de la mitad del mundo hacia la otra mitad, grano tras grano. Entonces comenzó a escribir. Frenético, desaforado, febril. Y fue a mil editoriales y mil veces lo rechazaron. No tenía ni para su propio entierro pero igual, escribía y retornaba al béisbol, pues sólo entre letras y bates podía evadir aquella realidad, que a los 30 años, lo masacraba.

Quiso salir de su cuasi indigencia con un juego de béisbol que surgía de unos naipes. Pitchers, catchers, shortstops, fielders, umpires, managers y público y estadio y campo, todo en unas cartas. Nadie se lo compró. De todas formas, él seguía yendo y volviendo, y jugaba y escribía. Una mañana de esas de domingo, muy temprano, sonó el teléfono. Auster se había acostado tarde. Había escrito cosas como “Algo sucede y, desde el momento en que empieza a suceder, nada puede volver a ser lo mismo”. Le informaron que su padre había muerto. Nada podía volver a ser igual. Pese al dolor, a Paul Auster le cambió la vida la muerte de su padre porque le llegó una herencia que fue un milagro y con ese dinero se compró dos años para escribir.

Y escribió de mil cosas y de béisbol, y se inventó sus inverosímiles personajes. Y un día tecleó lo que siempre había querido teclear: “Mientras los Cardinals ganaran, algo iba bien en el mundo y no era posible caer en la desesperación total”. La frase la puso en boca de Walt Rawley, Mr. Vértigo, un desbordado fanático del béisbol, el niño que quiso y pudo volar y a los 13 años, cuando comenzó a ser adolescente, pesó más y más que la gravedad que había vencido y no pudo ser quien fue nunca más. Como Auster con la muerte de su compañero.

El niño, ya adulto, conoció una tarde a su ídolo, Dizzi Dean, y en vista de que percibía su declive desde el gran pitcher que había sido, quiso convencerlo de que se metiera un tiro. Dean lo creyó demente, claro. “Cuando un hombre llega al final del camino, lo único que realmente desea es la muerte”, le dijo, y después lo remató con un “deja que te mate y los últimos cuatro años quedarán olvidados. Volverás a ser grande. Serás grande para siempre”. El tipo se salvó porque su mujer lo encontró. Rawley le apuntaba con un revólver. Fue a prisión unas semanas por intento de asesinato. Paul Auster lo salvó en su máquina de escribir, con el último out del último inning.

———————————————————————————————-

(*) Periodista, escritor y editor de El Magazín online. Tiene a su cargo la edición de los Lunes Festivos del periódico El Espectador.

Categoria: De fondo

TAGS: béisbol -Paul Auster

9

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
Opinar | Imprimir|
9

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Puede escribir sus comentarios aquí

Opinión por:

devidasi

18 octubre 2010 a las 12:53 PM
  

hola soy madre soltera tengo un bebe de 5 y medio meses estoy desempleada aun no he podido encontrar empleo estoy pasando por una cituacion muy dificil.si alguien tiene un cochecito de bebe ropita,pañales que me pùeda donar yo se lo resivo mi mail es cutuka2002@yahoo.es

Opinión por:

nahuel

18 octubre 2010 a las 4:05 PM
  

Excelente este post.

Opinión por:

isidro-parodi

19 octubre 2010 a las 3:57 AM
  

Reveladora crónica…inspiradora, retadora! Gracias

Opinión por:

fabiamartinez

20 octubre 2010 a las 8:46 PM
  

Hace un par de años conveníamos con unos amigos que Paul Auster era el William Faulkner de nuestra generación. La Música del Azar, el Libro de las ilusiones o La Noche del Oráculo son experiencias que cambian la visión de la vida. Sus libros tienen ese elemento tan azaroso, tan fortuito, como en la vida misma de Auster que tan acertadamente se comenta en este artículo, que lleva a sus personajes a replantearse la inutilidad de sus vidas (de las nuestras) por la auténtica aventura humana: no saber qué diablos pasará con nuestras existencias. Les dejo aquí un enlace donde comento más acerca de Auster, sobre todo acerca de la Trilogía de Nueva York: http://www.opinionesdeunborracho.blogspot.com/2008/07/la-trilogia-de-nueva-york-avenidas.html

Post 139 de 687

Buscar en este blog

Perfil del Blogger

elmagazin

elmagazin

El Magazín Dominical de El Espectador circuló desde el 24 de febrero de 1926 hasta el 2000. Ahora regresa en versión online. Para enviar sus colaboraciones escribir a: elmagazinelespectador@gmail.com Con ...

Ver perfil completo

Todos los Blogueros en Cultura

  • tcorredor   - Cinefilia... y otras aberraciones audiovisuales
  • jmaldonado   - Todo Oídos
  • habad   - Quitapesares
  • laurgar   - El último pasillo
  • otromundoesposible   - Otro mundo es posible
  • Carlos Andrés Almeyda Gómez   - Dirección única
  • latortugayelpatonejo   - La tortuga y el patonejo
  • ricardobada   - Corazón de Pantaleón
  • conexionmusical   - Conexión Músical
  • Pilar Posada   - Lloviendo y haciendo sol
  • elmagazin   - El Magazín
  • cultura_afuera   - La cultura, desde afuera
  • cultura   - cultura
  • Gabriel Aponte   - Más que fotos
  • Berta Lucia Estrada Estrada   - El Hilo de Ariadna
  • conlosojoscuadrados   - Con los ojos cuadrados y sin gafas 3D
  • diegoleandro73   - Yo veo
  • gabriel andres rodriguez mendez   - Teatro Invisible
  • Tathiana Sánchez Nieto   - Sin Margenes
  • antojarcu   - Parsimonia
  • photomusic   - PhotoMusic
  • Adriana Roque   - Glosolalia
  • Juan Botía   - Estación de la mano
  • Camilo Hoyos Gómez   - Mirabilia
  • Tim Buendía de Aracataca   - Escenario Mágico
  • Daniel Ferreira   - En contra
  • @GabrielaMontoya   - Pase de Cortesía

Archivo

  • mayo 2013
  • abril 2013
  • marzo 2013
  • febrero 2013
  • enero 2013
  • diciembre 2012
  • noviembre 2012
  • octubre 2012
  • septiembre 2012
  • agosto 2012
  • julio 2012
  • junio 2012
  • mayo 2012
  • abril 2012
  • marzo 2012
  • febrero 2012
  • enero 2012
  • diciembre 2011
  • noviembre 2011
  • octubre 2011
  • septiembre 2011
  • agosto 2011
  • julio 2011
  • junio 2011
  • mayo 2011
  • abril 2011
  • marzo 2011
  • febrero 2011
  • enero 2011
  • diciembre 2010
  • noviembre 2010
  • octubre 2010
  • septiembre 2010
  • agosto 2010
  • julio 2010
  • junio 2010
  • mayo 2010

Enlaces

  • Premio Guillermo Cano
  • Canción
  • De fondo
  • Desde mi punto de vista
  • La esquina del cuento
  • Nacimiento y caída de la prensa roja en pdf
  • Historia
  • Donde termina mi nombre pdf
  • Dedicatorias
  • Sueños de fútbol

    Lo más...

  • Visitado
  • Opinado
  • Votado
  • Autor
  • La barriga más grande del mundo
  • La niña más odiosa del mundo
  • El mercado de las ilusiones
  • Apúntate al #CambalacheLiterario de @elespectador en la Feria del Libro
  • García Márquez y Vargas Llosa… Dos dedicatorias y un rencor
  • La novela gráfica erótica italiana
  • Fragmento de ‘El ruido de las cosas al caer’, Juan Gabriel Vásquez
  • De la eyaculación precoz y la micronarrativa
  • Paul Auster, ese loco juego de escribir
  • La niña más odiosa del mundo
  • El mercado de las ilusiones
  • La barriga más grande del mundo
  • ¿Y Messi? Silencio
  • Carta de felicitación a Fernando Vallejo
  • La niña más odiosa del mundo
  • La barriga más grande del mundo
  • ¿Por qué debería quererte si ya te conquisté?
  • Señales de humo
  • Ustedes los escritores son todos unos ijos de puta
  • Todos fuimos Ulises
  • Yo no maté al perrito
  • Motele
  • La paradoja Vilma
  • El discurso intelectual en Luterito de Tomás Carrasquilla (Cuento de Oscar “el chirrete” Benítez)

Categorías

  • Canción
  • Changuaman
  • Cine
  • Columna de opinión
  • De fondo
  • Dedicatorias
  • Desahogo
  • Desde mi punto de vista
  • Donde termina mi nombre
  • Entrevista
  • General
  • Historia
  • La esquina del cuento
  • Nacimiento y caída de la prensa roja
  • Poema
  • Premio Guillermo Cano
  • Sueños de fútbol

Tags

  • amor ANAPO Argentina Bogotá caricatura Changuaman Cine Colombia cuento cuentos De fondo Diego Maradona Donde termina mi nombre El Caminante El Espectador El Magazín El Trópico Ernesto Sábato escribir Federico García Lorca Feria de Guadalajara Feria del Libro de Bogotá Fotografía fútbol Gabriel García Márquez Jaime Ramírez Jorge Luis Borges José Saramago libros literatura Mario Vargas LLosa mujer música Nacimiento y caída de la prensa roja Navidad novela Nóbel de Literatura periódico El Trópico Poema poesía poeta Premio Nobel premios oscar religión reportaje

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.

SECCIONES:

  • Política
  • Bogotá
  • Judicial
  • Actualidad
  • Paz
  • Opinión
  • Economía
  • Deportes
  • Salud
  • Cultura
  • El Mundo
  • Entretenimiento
  • Nacional
  • Soy periodista
  • Tecnología
  • Educación
  • Multimedia

RECURSOS:

  • Imágenes
  • Audio
  • Videos
  • Especiales

RED DE PORTALES:

  • caracolplay.com
  • bluradio.com
  • caracoltv.com
  • noticiascaracol.com
  • golcaracol.com
  • cromos.com.co
  • shock.com.co
  • ojubi.com
  • soyperiodista.com
  • linkempleo.com
  • dataifx.com
  • downtown.com.co
  • clicporlalibertad.com.co
  • Paute con nosotros

EDICIONES:

  • On-line
  • últimas noticias

SERVICIOS:

  • Contáctenos
  • Quiénes Somos
  • Ayudas
  • Registro
  • Suscripciones RSS
  • Suscripciones impresas
  • Círculo de experiencias
  • Mapa del sitio
  • Móvil
  • EE.com su página de inicio
  • Foros El Espectador

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2009