BLOGS Cultura

20
08
2014
elmagazin

Libertad

Por: elmagazin

Alejandra Echeverry

Eres autónoma de tus deseos y de tus males

Soberana de punta a punta.

Ingenua, obstinada, sutil pero no conforme.

Eres mestiza en cuerpo de sirena

Nadas, pero no vuelas.

Tus ojos no son primavera

Y tu cabello es manto que cobija

Tu cuerpo resistente

¿Resistente a qué?

A cuanta piedra te

te tiran los indolentes que no entienden

de ¡libertad!

Categoria: General

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19
08
2014
elmagazin

Antioración

Por: elmagazin

P

Pedro Arturo Estrada

Que la vida me agarre confesado

libre de temor y ebrio de soles

boca arriba del miedo

aleteando en el azul

Una sola canción

una palabra sola

—dioses desconocidos

cantaré para vosotros

No pido ningún cielo

No ignoro vuestro infierno

Solo este instante es mío

No lo carguéis de eternidad

Dejadme ir cuando quiera (más…)

Categoria: Poema

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13
08
2014
elmagazin

El nuevo viaje de Diana Uribe

Por: elmagazin

Trasladar toda una vida de trabajo a la web, es la nueva apuesta de Uribe Forero, quien espera obtener los recursos necesarios a través del ‘crowdfunding’.

Mariángela Urbina Castilla

 Diana Uribe nació en Bogotá el 30 de marzo de 1959/ Cristian Garavito-El Espectador

La plataforma, tal y como ella la imagina, está pensada para ser un juguete. Un parque de diversiones que permita enlazar sus audios, caminar por mapas, conocer los lugares que su voz describe y visualizar los rostros de los protagonistas de ‘La historia del mundo’. Será un espacio que priorice el hipertexto y rompa las barreras que los medios análogos imponen sobre el tiempo y el espacio de los contenidos. Según Michel Serres, lo que permiten las nuevas tecnologías es recuperar las facultades propias de nuestros sentidos. A eso le apunta esta enciclopedia digital que cualquiera puede financiar desde ayer, durante dos meses. (más…)

Categoria: General

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12
08
2014
elmagazin

Aceptando al mundo

Por: elmagazin

Leo Castillo

Me despierto en un agudo conflicto con la existencia, tanto, que debo permanecer durante horas echado a la bartola en el lecho en un estado de receptividad apenas incipiente, y luego, de manera gradual, voy dando cabida en mi conciencia y sucesivamente en mi alma a la realidad y con esto doy en aceptar incluso a mí mismo. De donde se desprende que al despertarme no quiero a nadie, lo que no significa, ni tampoco descarta, que pasado este lapso de tiempo que digo, acabe queriendo a alguien, lo que ya es casi quererme a mí; pero esta no es la regla, y en este sentido no hay que hacerse alegres ilusiones. Si al despertarme no quiero a nadie, pudiera ser que los odie a todos, o que, en todo caso, me halle a un tris de odiarlos. Esto me lleva indefectiblemente a pensar en el llanto de los bebés, de quienes se habrá notado que lloran mucho más a menudo que los adultos, lo que denuncia un precoz e instintivo rechazo a la existencia. También lloran al  despertarse, lo que a mí tácita (aunque es de temer que se haga explícitamente) no se me permite, ¡no se me permite! Tengo sobradas razones para afirmar que los  adultos encontrarían inaceptable que cada mañana me despierte llorando a grito pelado mi condena a seguir entre los vivos. Esto me coloca en desventaja respecto de los bebés, y a este privilegio que sobre mí se les concede atribuyo esa sonrisa fácil y ese impúdico encanto suyos en que tan ostensiblemente me superan, dado que les está permitido berrear cuanto quieren, aligerándose así de la carga de odio que la vida espontáneamente genera y, una vez liberado el encono, sonríen estúpidamente, y sus rostros se iluminan con ese llamado encanto angelical que los simples encuentran irresistible, al punto que se desea besarlos. Por otro lado (y esto parece emparejar las cargas, traer a mi resentimiento y envidia algún consuelo) no es raro que igual cuando están berreando de lo lindo los adultos se sientan abusados y experimenten sentimientos decididamente hostiles  hacia sus bebés, llegando razonablemente al extremo de desear estrellarlos contra el piso. Incluso sus mismas madres, y más que nada ellas, llegan con no poca frecuencia a sucumbir a esta tentación. No puedo jactarme de haber incurrido en ello, en parte porque no conozco el compromiso de tener que soportarme bebés a mi lado, salvo cuando en algún sitio público, en el autobús, pongamos, casualmente sus madres  se me acercan más de lo deseable con ellos en brazos. Pero incluso yo, que casi los desconozco, y que en todo caso procuro ignorarlos, sufro como cualquiera la impaciencia común ante este privilegio suyo de berrear cuando y donde se les viene en la maldita gana, y aunque, como acabo de reconocerlo, nunca tuve la oportunidad de estrellarlos contra el piso, nadie puede exigirme que declare hipócritamente no haberlo deseado no sólo una, sino acaso en múltiples ocasiones, por que me tomaré la libertad de confesar haber hecho algo que seguramente no promoverá el repudio de ningún entendimiento sensato. Y es que una vez, y acepto que sólo una, bien que los suspicaces no me crean, dejé caer a mi sobrinito de seis meses de nacido contra las baldosas. Esto, de haber obedecido a mis impulsos, debí de haberlo hecho antes y siempre que se me presentara la oportunidad, lo que me habría reportado  un poco más de tolerancia a su presencia en nuestra casa. El cráneo sonó apenas como un torpe coco verde, un decepcionante ruido obtuso que de ninguna manera satisfizo mis espectaculares expectativas; un golpe sordo que mi hermana,  desde la cocina, no podría haber alcanzado a escuchar. De modo que resulta arbitrario de su parte venirme con esa áspera reprimenda, pretendiendo que lo había dejado caer adrede, por muy cierto que, en efecto, así haya sido. Lo que atribuyo más bien a la irritada respuesta de su bebé, que estalló ipso facto a llorar de manera tan estridente, aunque, cuando ella llegó volando a la sala, ya yo prestamente había izado al perverso del piso, a fin de disimular la razón de su escandalosa reacción y no delatarme, sin llegar por ello tampoco al extremo de sobarle la cholla para contentarlo. Mi hermana me lo arrebató irancunda y consternada y, acaso por aquello del famoso instinto maternal, lo besaba, en lugar de dejarlo caer de nuevo como yo esperaba, y aunque le sobaba afligida la cabeza, el condenado no paraba de chillar como si tuviera el cuerpecito enracimado de hormigas coloradas. Y así siguió berreando inconsolable hasta que se hartó de fastidiar, siendo cosa notable la manera en que se empecinaba el verraco en rechazar a manotazos cucharaditas de agua dulce que la madre intentaba hacerle tomar, y daba en verdad coraje ver con qué insolencia el intransigente se resistía a dejarse zampar el pezón en la jeta. Yo no podía, indignado, más que pedirle a mi hermana que lo dejara que se jodiera hasta desgañitarse berreando, a lo que parece haberse debido esa formidable bofetada que intentó propinarme, lo que sin duda habría conseguido de no ser por el estorbo que acunaba entre sus brazos.

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11
08
2014
elmagazin

CARTAS DE MANUELA ZIMMERMAN (2)

Por: elmagazin

Julie Paola Lizcano Roa

CARTA Nº 7

Anoche salí a caminar, me fumé un cigarrillo y de repente, me detuve frente a un parque, vi un árbol hermoso, tan frondoso que parecía un Sicomoro como esos que hay en la India, veía entonces como este se asomaba sobre una pequeña colina, iluminado por la luz de la Luna y entonces me senté sobre él, y empecé a escribirte, te lo dejo para que lo leas. (más…)

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07
08
2014
elmagazin

Nada

Por: elmagazin

Beatriz Eugenia Vera

Y me dejo llevar y me elevo

y soy inocente, tan inocente

Y no quiero ser nadie
sólo agua que corre impaciente por la ladera
buscando desembocadura
Y quiero ser aire y perderme
y desvanecerme en las cavidades de la nada
Hay en mí tanto de ella.

Categoria: Poema

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07
08
2014
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Poema al revés

Por: elmagazin

Jesús Ernesto Urbina Cárdenas

No todo lo que ves es, ni todo lo que escuchas

Es música.

Ni lo que tocas tiene sentido

Y lo que hueles, no siempre es lo que quieres

Menos aún, si saboreas lo que no quieres.

No todo lo que brilla es oro

Ni lo bueno es tan bueno

Ni lo malo es tan malo

No todo es lo que es

Y lo que no es, no es… (más…)

Categoria: Poema

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06
08
2014
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Homenaje a García Márquez en Barcelona

Por: elmagazin

 

Isabel-Cristina Arenas

El lunes 21 de julio se llevó a cabo en Barcelona un homenaje a nuestro nobel llamado ‘Vivir para leerlo’. Participaron en la charla los escritores Rosa Regàs, Juan Gabriel Vásquez, Jordi Soler y Daniel Samper Pizano. La celebración estuvo acompañada de música: vallenatos, cumbias, puyas y boleros recordaron las canciones preferidas por García Márquez. (más…)

Categoria: General

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05
08
2014
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Instrucciones para un ídolo (El caminante en video)

Por: elmagazin

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Ya sé que no tengo ningún derecho a escribirle estas líneas, pero le quiero aclarar que no sé en realidad cuáles son mis derechos y cuáles no.

Por: Fernando Araújo Vélez y Alejandro Araújo Larrahondo

Por eso, de antemano, le pido que me excuse si llego a herirlo. Este pequeño manual no es más que una suma de palabras, de consejos, si quiere, para que usted llegue a la posición de ídolo que tanto añora lo más pronto posible. Ídolo de multitudes, ídolo de transeúntes, de mujeres, de niños, de futuras generaciones tal vez. Ídolo. Se nos llena la boca con esa palabrita, ¿no le parece? Y ni siquiera sabemos lo que significa, lo que puede significar para la gente que lo adora, que le cree, que lo venera, que sigue sus pasos y su vida, que lo considera un ejemplo pese a que usted no lo haya buscado. (más…)

Categoria: El Caminante

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05
08
2014
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La casi inaudible genialidad de Simón Mesa

Por: elmagazin

Mariángela Urbina Castilla*

Simón Mesa Soto habla a un volumen inaudible cuando está nervioso y ahora casi siempre anda en ese estado. “Te necesita la periodista de CMI”, le dice una de las organizadoras de la rueda de prensa previa a la presentación de ‘Leidi’ en Colombia. Él dice “bueno”, otra vez muy pasito y queda medio aturdido. Arriba lo espera una presentadora en minifalda, cámaras, luces y una parafernalia de medios que quieren conocerlo. A él de verdad le cuesta hablar de sí mismo: se le nota en la pierna que mueve sobre el piso, en la tensión del cuerpo, en la mirada tímida y en el despiste que le impide ver con claridad la magnitud de su logro: tiene una Palma de Oro guardada en su casa. (más…)

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