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29
08
2014
elmagazin

Jaume Vallcorba

Por: elmagazin

Vallcorba

Andrés Caro*

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Categoria: Columna de opinión

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29
08
2014
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CARTAS DE MANUELA ZIMMERMAN (3)

Por: elmagazin

Julie Paola Lizcano Roa

Me he levantado temprano hoy, he escrito un poema con letras pequeñas de versos irreales y de amores inciertos, caminé desde la 51 con 13 hasta la 67, compré un libro a un hombre de barba larga y ojos castaños que me costó 3 pesos, enseguida tomé un bus hasta la Calera, hacía un sol hermoso, tan hermoso era que los ojos se me aguaron de lágrimas al ver a mi hermosa Bogotá sobre un cielo azul marino, bordeada por una línea verde de hermosas montañas que se pronunciaban desde la lejanía y que se difuminaban entre el cielo y la tierra, luego leí algunos versos de Bretón para hacerme compañía, al terminar de leer, abracé el libro fuertemente con mis brazos colocándolo justamente sobre mi pecho, como si deseara sentir sus latidos; al instante cerré mis ojos, dejando al aire refrescar mi rostro, marcado levemente por una sonrisa triste.

Después de dos horas de andanza, fui a la pastelería, ¿creíste, amor mío, que iba a olvidar celebrar tu cumpleaños? Subí al apartamento, me senté en el comedor, abrí la caja que contenía un pequeño pastel de chocolate, de esos que a ti tanto te gustan, el cual iba marcado con una frase que decía: “Arthur, feliz cumpleaños”, saqué una copa de vino, la coloqué sobra la mesa junto al pastel, canté  solitaria tu cumpleaños, al terminar partí una rebanada de pastel, me la comí lentamente saboreando su exquisito sabor mientras miraba por la ventana al cielo deseando que estuvieses aquí para poder decirte “Te quiero amor mío, te quiero…”, esta fue una de las únicas cosas que en definitiva me puso profundamente triste, esa rebanada de pastel parecía que tenía dentro de sí, no solo chocolate, sino una cantidad de recuerdos y sentimientos, que en mi boca se fueron desvaneciendo, tragándote en cada bocado disoluto.

Finalmente prendí el último cigarrillo que me quedaba, me terminé la botella de vino, me recosté sobre la cama, y dormí con tu imagen sobre mis párpados.

Amor, feliz cumpleaños, no abandones tus letras.

Con cariño, Manuela Zimmerman

CARTA 20 (6 de Diciembre de 1987)

Amor mío, estuve por fuera de Bogotá dos semanas, a veces me cansa la ciudad, tu sabes que aquí todo huele a mierda y marihuana, necesitaba salir y despejar mi mente, apartarme de tanta tristeza que recorre las calles y las autopistas, de los lugares oscuros, de los mendigos y de las prostitutas que dejan oliendo las calles a sexo sin cariño.

Anoche apenas llegué me puse a la tarea de revisar el correo y leí tus cartas, parece que todo está bien contigo en la lejanía, esta semana quizás vaya a visitar a mi madre que no la he visto después de que falleció mi padre, pero quizás ni me necesite, sin embargo creo que ahora yo la necesito a ella, aunque ella nunca lo sepa.

¿Has sentido que no tienes ganas de escribir porque las letras se las lleva el viento, la mente no teje las palabras y la disonancia con el sentimiento es menos profunda?

Me disculpo amor mío, por no comprender tu sentir. Te escribiré pronto.

Con cariño, Manuela Zimmerman

 CARTA 21 (17 de Diciembre de 1987)

A veces creo que mi feminidad está determinada por la necesidad de tener un hombre a mi lado. Y cuando no estas junto a mí, siento como si yo por un instante desapareciera de la faz de la tierra, y entonces creo que de alguna forma estoy desperdiciando mi juventud, y mis esfuerzos por recuperarme es menester de una tarea profundamente espiritual, que empeora en mis periodos de total caos y ausencia emocional. Cuando creo sentirme segura, es decir cuando te leo de alguna manera o estoy junto a ti, mi cuerpo reacciona pavorosamente a tu cercanía afectiva que hace deshojar esta dualidad que se rebela justo cuando nuestras almas se encuentran desnudas, una junta a la otra.

Yo aspiro que mis dotes literarias, así como las tuyas nos permitan seguir encontrándonos en letras, y así acortar la distancia que hoy nos separa indescifrablemente; quiero pensar que no erré en la elección hoy de mis palabras, y que espero no temas de esta trágica descripción de una mujer inmadura que es absorbida por la aridez de la noche oscura que traspasa justo por las cortinas de su sala. Solo deseo que conozcas mis inquietudes y mis angustias, que son excesivamente desesperantes, siento culpa ahora, y no quiero pensar en lo que sucedería si tú te apartaras de mi lado, yo sigo soñando contigo cada día, eres mi delirio y mi mayor consuelo.

¡Dios mío! no sabes cuánto te necesito, deseo saciarme sobre tu cuerpo y no desearte más, pero todo esto es evaporado por la distancia y tu ausencia. Aspiro profundamente a que el tiempo me dará las respuestas, y me devolverá tu cuerpo intacto que tanto extraña mi ser. Creo que jamás desearé apasionadamente a hombre alguno que no seas tú, y quiero que lo comprendas. Me dormiré con la sensación plena y con una lucidez implacable, pensando que mis letras te harán compañía, al fin y al cabo ¿qué es un puñado de letras en un corazón desahuciado? Por ahora solo me queda seguir aceptando la distancia, espero que me sigas escribiendo.

Con cariño, Manuela Zimmerman.

CARTA 22 (22 de Diciembre de 1987)

He decidido viajar a New York, y quedarme a vivir allí por unos meses, me han ofrecido un trabajo en una revista literaria y no quise rechazar la oferta, apenas llegue te escribiré y te mandaré la dirección para que mandes tus cartas a mi nueva residencia.

¿Sabes? el tiempo pasa, y lo único que escucho es el resonar las manecillas del reloj que cuelgan sobre la pared de mi habitación, anoche caminé bajo la lluvia mientras un silencio profundo, lleno de formas y visiones me hacían recordar los días en que los dos caminábamos por esas mismas calles, sin temerle a la distancia que hoy desafortunadamente nos separa. Aún me atrevo a pensar que el tiempo será la golondrina de nuestro destino y de nuestro refugiado amor, a veces siento que lo he perdido todo, y tengo miedo de perderte, pero mantengo la esperanza de que si existo es por algo, y en la soledad me limito a recoger los besos mojados y los abrazos que dejaste sobre mis sábanas.

Tal vez esta noche en sueños rezagados se tropezarán nuestras almas, el silencio será nuestro encuentro, llenarás mi corazón vacío y la vida dejará de doler, pues tú haces que las aves aleteen para que escalen lentamente los remolinos de aire que recorren nuestra ahogada respiración. He comprendido que escribiéndote acorto la distancia y abrazo sin naufragio tu vos, imploro a Dios que mañana pueda vestirme de blanco para recibirte, pues tu ausencia hace que los días sean más tensos, grito internamente, me confino y me doy cuenta que cada día es más difícil hallarme. Estallará el destino, y las sombras serán cada día más negras, los miedos acariciaran mis insomnios, necesito de tus brazos que me levanten y me lleven a la otra orilla, donde el sol iluminará nuestros días, por fin juntos.

He de partir ahora, acurrucada bajo los relojes sin manecillas, te espero.

Con cariño, Manuela Zimmerman.

CARTA 23 (24 de Diciembre de 1987)

Contemplo mi habitación, escribo mientras siento que la vida se me va, algo está por venir, no sé qué es, me escondo bajo las cobijas, lloro profundamente, siento que el cansancio recorre todo mi cuerpo, siento en mi alma la distancia, esta dolorosa realidad que me hace sentir tan angustiada y melancólica, el cielo se cubre de tristeza y toda esperanza se esfuma en el ahora. Los recuerdos de ti me hacen sentir tan vacía que empiezo a sentir que ya nada me sorprende, ni mucho menos me sostiene, es como si poco a poco estuviera empezando a perder la facultad de sentir, de disfrutar, de admirar, la vida se ha convertido en el depositario de mis culpas y penas. Esta necesidad absurda de retroceder el tiempo, para recobrar los recuerdos cuando sé que es ya demasiado tarde abruma y empeora mis sentimientos de soledad; no soporto no sentirte, la vida pasa con miles de poemas sobre mi espalda, llenos de incertidumbres y temores, intento aprender y distinguir estos estados que me ponen en la balanza entre la vida y la muerte que se reparten en la oscuridad de mis días, especialmente cuando el sol se oculta detrás de las montañas y el horizonte se torna oscuro sin probabilidades de narrarle a alguien lo que siento, sin un compañero con quien quejarme de las desgracias que se anudan dentro de mi garganta y en el interior de mi pecho. Solo se me ocurre pensar que esta sensación de soledad es tan grande, que lo único que deseo es huir despavorida a algún lugar donde no tema hallarme, y así encontrar la lucidez que tanto necesito.

Hoy es navidad, y pensaba escribirte algo que demostrara mi amor por ti, pero solo he rociado esta hoja de angustias y melancolías baratas, esto realmente es una deshonra para nuestra relación idílica. Ahora solo deseo abrir mis brazos e imaginar que tú apasionadamente me abrazas y que la vida vuelve inesperadamente a mi cuerpo. ¡Feliz navidad!

Con cariño, Manuela Zimmerman.

CARTA 24 (1 de Enero de 1988)

Mis lecturas se han vuelto tan lentas, al igual que mi escritura, veo pasar los días, vacía, desdichada por mi cruel existencia, angustiada, he llorado leyendo tus libros y recordándote en fotografías. Pero no puedo quejarme, porque la vida, aceptando mi llanto tal y como llega, me hace recordar con cada lágrima la estrecha relación que existe entre tú y yo; sueño con encontrarme contigo, ir al mar, y hacer el amor detrás de una gran roca con sabor a mar, donde las sirenas nos envidien por nuestros calurosos actos de afecto, ésta imagen es definitivamente la imagen de la felicidad. Esa sería la única poesía que podría tatuar en tu cuerpo, para siempre; la expresión de mi suceder anímico, que responde a una vida carente de cualquier manifestación del tiempo, sería la descripción de una novela ortodoxa, casi infantil que residiría en la suma de mis frustraciones, cuando todo se viste de miedo. No habría entonces verso salvador, que prolongue el infinito y que acalle mi dolor.

Quizás este exagerando, no lo sé, no sé hablar mejor de mi vida, y lo sabes, sólo sé hablar bien de la literatura, a pesar de mi gran inexperiencia; esta distancia, ha creado entre nosotros una nueva forma de comunicarnos, no sé si tú te habías dado cuenta, pero se ha quebrantado el tiempo para encontrarnos de manera diferente, no de cuerpo frente a frente, pero si hemos hablado con nuestras almas, de una manera tan cercana, que ya no le temo a las sombras, y eso ahora se llama: «valentía». Esta realidad me está disolviendo en pedazos, al igual que lo hace el humo del cigarrillo con mi vigilia, siento una gran vergüenza, esta loca y torpe manía que no se aparta de mí, como lo diría Benedetti, definitivamente necesito una tregua, quizás allí logre encontrarme a mí misma, entera, sin que la distancia sea el motivo de mi desarraigo interior, tanto llanto, tanta ausencia, tanto desazón está haciendo agonizar mi razón, esto no es la vida que elegí vivir contigo, ahora todo se reduce a silencios ensordecedores que se convierten en clavos que oprimen mi pecho, sé que las sombras empezarán a dejar de existir cuando el afecto deje de alimentar nuestra relación, y entonces quizás la muerte llegue y calle lo que alguna vez los dos construimos. Dime, ¿Cuánto más debo esperarte? esta es una prueba suprema, que consiste en apagar nuestros gritos, amarrar nuestros corazones e invocar a la Luna, para que intente iluminar en la oscuridad, lo que queda de nosotros.

Ya estoy en New York, al respaldo va la dirección.

Con Cariño, Manuela Zimmerman.

Si quiere leer la segunda parte de esta novela epistolar haga clic aquí

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29
08
2014
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Yo soy mejor que tú

Por: elmagazin

Federico Acevedo

Cuando a Ricardo, experto en liderazgo y emprendimiento empresarial, le propusieron trabajar con los dos centros de salud más relevantes y prestigiosos de su ciudad, entró en estado de éxtasis. Sus esfuerzos empezaban a rendir frutos. Llevaba años allanando el camino para lograr vincularse con las organizaciones más importantes de la región. Estas dos clínicas lo eran. Ambas se esforzaban para lograr ser la primera institución prestadora de servicios de salud de alta complejidad y tecnología del país.

A Ricardo se le ocurrió diseñar un plan de trabajo conjunto. Para eso era necesario que los directores de cada organización asistieran simultáneamente a las sesiones e interactuaran. Pero fue imposible. Los dos hombres no solo eran colegas sino rivales, casi enemigos. Ninguno accedió a reunirse con el otro y compartir experiencias. En su necesidad de demostrar la superioridad de la respectiva institución, cada director había recurrido a “inocentes” triquiñuelas y a las conocidas campañas de desprestigio. En la carrera por el primer lugar, se habían desdeñado mutuamente. Pese a los ingentes esfuerzos de Ricardo, no fue posible reunirlos en una misma sala y lograr que conciliaran sus puntos de vista. Cada uno estaba plenamente convencido de su superioridad moral.

La superioridad moral es aquella moral que más en armonía está con el “bien”. Por supuesto, que en una sociedad tan competitiva, donde se quiere demostrar constantemente que se es “mejor” que el otro, la necesidad de hacer patente una moral superior cobra especial importancia. Ejemplos hay muchos: los judíos dicen ser el pueblo elegido por Dios para ser su embajador en el mundo (una creencia muy excluyente); el nazismo consideraba que la raza aria no solo era superior, sino que además era el “alma de nuestra civilización”; católicos y cristianos protestantes se miran por encima del hombro; el amor heterosexual es digno de admiración, pero el homosexual es aberrante y “excre mental” (como dijo un honorable padre de la patria, cuyo nombre no vale la pena mencionar), etc.

¿Quién tiene la verdad? Ahí está el meollo del asunto. Tal vez solo el tiempo la revele o ratifique lo expresado por el escritor Fernando Araújo Vélez en su columna El manual de sus verdades: “Creí en la verdad, pero luego me di cuenta de que la verdad eran varias verdades”.

Llegar a un acuerdo con nuestros rivales es casi imposible si se piensa bajo el influjo de la superioridad moral. No es casualidad que hoy, cuando se pueden salvar millones de vidas gracias a los avances de la ciencia, se maten otros millones por cuenta de la intolerancia y la imposibilidad de conciliar puntos de vista diferentes. Demostrar superioridad provoca rivalidades. Si bien la competencia ha traído mucha productividad, también puede convertirse (como lo aseguran en el documental argentino La educación prohibida) en el principio de toda guerra.

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28
08
2014
elmagazin

El arte de fracasar (El caminante en video)

Por: elmagazin

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Fernando Araújo Vélez y Alejandro Araújo Larrahondo

Fracasar era una obsesión, una venganza contra todos, pero más que nada, una venganza contra aquellos que habían dividido el mundo entre ganadores y perdedores. Entre exitosos y fracasados. Entre buenos y malos. Fracasar era un plan sin método, la mejor manera de decepcionar a los exitistas que, en últimas, eran, son, quienes desde sus supuestas alturas, desde su poder y su gloria, desde sus absolutos, decidían y deciden al triunfador y a su opuesto, y lo determinan de acuerdo con sus propias conveniencias. (más…)

Categoria: El Caminante

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27
08
2014
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Ciudad de perro y palomas

Por: elmagazin

Prostitución en Bogotá

 

Nicolás Peña (más…)

Categoria: Poema

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27
08
2014
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Las ilusiones de la muerte

Por: elmagazin

Andrés Felipe Sanabria

                          

  A Juan Sebastián

Hemingway le apunta a mi corazón.

Veo el mar de Cuba

de La Habana

cómo un látigo girando.

Fue mi primera lectura de su cortés héroe legendario,

y el cinismo inminente de su hazaña;

con su presagio de ver volar el mar

a la altura de su sensatez.

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26
08
2014
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La ira ilustrada

Por: elmagazin

Ángel Castaño Guzmán

Triste el destino del columnista de opinión: dedicar su energía cada semana a dejar al respetable con la boca abierta y, luego de años de hacerlo con mayor o menor acierto, ser olvidado casi de inmediato. ¿Quién lee hoy los larguísimos artículos de LENC o de Calibán? ¿Quién, salvo un roedor de biblioteca o un furibundo militante, leerá en un lustro los de López Michelsen o Valencia Tovar? Nadie. Intérprete de la actualidad, el columnista brilla y muere al ritmo de los acontecimientos. De él se esperan una prosa precisa y clara, la capacidad de dar luces en medio del caos. Ni el poeta ni el cuentista alcanzan en vida la mitad de su prestigio de bisutería. La gente lo saluda en la calle o lo cubre de escarnio en los foros virtuales. Los políticos lo cortejan, las revistas chic lo retratan en manteles. Y, sin embargo, una misiva del gerente o del director agradeciendo los servicios prestados lo aleja de los reflectores, lo convierte en festín de las polillas. Ese es el pago a desvelos y a crisis nerviosas. O, si es iconoclasta y valiente, ni el retiro por la puerta grande consigue. A lo sumo un tiquete de ida al destierro o un balazo en la espalda. Después se le momifica: crean con su nombre premios o cátedras universitarias. Repito: Amargo destino. En la prensa colombiana, no obstante, han hecho carrera notables escritores públicos: Luis Tejada, Jaime Barrera Parra, Armando Solano, Adel López, Lucas Caballero, Jorge Gaitán Durán, Guillermo Cano, Silvia Galvis, Plinio Apuleyo Mendoza, Antonio Caballero. Hay uno cuyos textos, compilados por Mauricio Hoyos, dan cuerpo al estupendo libro El arte de disentir (2014, Coedición de Sílaba y del Fondo editorial de la EAFIT): Alberto Aguirre.

 La línea de apertura de la primera columna incluida en el volumen da una idea del tono periodístico de Aguirre: “Nos estamos convirtiendo en una sociedad de asesinos” (pág. 55). Concluida la lectura de la antología, la imagen de Aguirre adquiere dimensiones admirables: en los decenios de su magisterio intelectual no dudó en introducir el dedo en los agujeros de la rapacería y la brutalidad ni empleó eufemismos para atacar la injusticia intrínseca del capitalismo; léase a manera de ejemplo la diatriba publicada en Cromos con el sugestivo título de Repartir el pan (pág. 101).Conmueve la ira de la nota escrita con motivo de la muerte violenta del médico Héctor Abad Gómez. Una y otra vez recurrió Aguirre a la razón y al discurso argumentado como salvavidas en medio del naufragio ético del país: al plomo antepuso la palabra. Censuró el provincianismo antioqueño y colombiano, origen de los ídolos de barro encumbrados en el discutible parnaso nacional: lanzó tomates a las efigies de Alberto Lleras, Eduardo Carranza, Álvaro Mutis y Andrés Caicedo. El Ministerio de Cultura tampoco salió ileso de la metralla retórica: con tino envidiable lo comparó con un paquidermo en una cristalería. Vale la pena detenerse un instante en este punto. Para Aguirre la cultura siempre se opone al poder, lo fiscaliza, señala a grito herido la desnudez del monarca. El intelectual y el artista, en consecuencia, son disidentes: “La misión del intelectual es desafiar el status quo. Esta es su fe de bautismo” (pág. 247). Abandonar la trinchera en busca del bíblico plato de lentejas, hipotecar la conciencia por un puesto en la embajada o por una beca en el extranjero, equivale a hartarse de algarrobas. Contundente el cierre del artículo Prensa y poder: “Del Poder, ni agua” (pág.201).

 Confeso antiimperialista, Alberto Aguirre defendió al sistema castrista y, según dice en uno de los exordios Héctor Abad F., al chavista. Admiró sin reservas al Che Guevara, de ahí la urticaria que le producía Fernando Savater: el español llamó Rambo tropical al argentino. En el ocaso, cuentan sus conocidos, se hundió en la neblina mental propia de la senectud. Quizá por ello elogió los devaneos líricos de Abad F. La pregunta hecha por Aguirre en la reseña a la obra periodística de Lleras Camargo se puede formular ante la suya ¿por qué la publican? La respuesta la da Carlos Gaviria: en Colombia opinar con solidez e independencia es una tarea de salud pública. Aguirre lo hizo; sus columnas merecen una segunda lectura.

Categoria: Libros

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26
08
2014
elmagazin

El héroe malo

Por: elmagazin

Breaking Bad

La serie Breaking Bad, que sumó cinco temporadas, es un retrato de la ambición que corroe al mundo: cuanto deseamos tiene efectos colaterales. A propósito de los cinco premios Emmy que ganó, recordamos este texto publicado en El Espectador: una mirada a su historia y a sus personajes, que exploran la pureza en la maldad.

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Categoria: General

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26
08
2014
elmagazin

Destello

Por: elmagazin

Andrés Felipe Sanabria 

A Juan Sebastián.

Hay alguien que no está tan lejos…

Alguien para quién mi vida sólo es un sueño de otra vida.

(Otra vida)

Alguien que es el estruendo soterrado de estos cielos

que se difuminan en su mirada sin incertidumbre.

No sé si estás lejos hermano

pero yo te he esperado

lo que se demora una noche

en existir una sola vez con la Tierra.

Categoria: Poema

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25
08
2014
elmagazin

La vanidad genial de Truman Capote

Por: elmagazin

Truman Capote (1959)

Hace tres décadas falleció el periodista estadounidense, que escribió obras reconocidas como ‘A sangre fría’, ‘Música para camaleones’ y ‘Desayuno en Tiffany’s’. Adorador de sí mismo, Capote fue escritor por decisión y célebre por voluntad propia. Su vida combina la genialidad con el narcisismo.

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Categoria: Libros

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