BLOGS Cultura

11
02
2016
elmagazin

Engañémonos en nombre del amor

Por: elmagazin

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Fernando Araújo Vélez 

El amor es un milagro, dicen las canciones. Y es un milagro porque es nuestro mayor engaño, pero eso no lo dicen. Depende de diminutos detalles que interpretamos a nuestro acomodo, mentira sobre mentira. El gesto que nos enamoró, el detalle de recoger un lapicero que se nos cayó, la palabra que queríamos oír, la canción que nos dedicaron: esos y muchos más fueron los detalles que quisimos ver como los queríamos ver, porque en ese momento necesitábamos verlos. Si estábamos vacíos, una mirada llenó ese vacío. Hubiera podido ser cualquier otra mirada. Sin embargo, fue esa, única, irrepetible. Así la recordamos, así la multiplicamos, así la coleccionamos. Si estábamos tristes, una sonrisa nos alegró, y confundimos la sonrisa que requeríamos, cualquier sonrisa, con una sola sonrisa, esa sonrisa especial que, creímos, nos salvó.

Nos mentimos, nos engañamos en nombre del amor, porque el fin parece ser el amor, y la salvación parece ser el amor, aunque no sepamos qué es el amor. Lo buscamos, desesperados. Lo oímos, lo leemos, lo vemos, lo imaginamos y nos convencemos de que hay un Amor, un Amor que es absoluto, cuando en realidad hay miles de millones de amores-amantes, uno por cada persona. Lo concebimos como ese algo invisible e intangible que más tarde o más temprano nos llegará y nos trastornará, como si estuviera escrito que así debe ser. Y en un momento, nos ilusionamos con la certeza de que llegará alguien que encarnará ese amor, alguien con quien compartiremos una vida repleta de ese amor. Nos subimos en una nube imaginando su mirada, su voz, su cuerpo. Todo luz, todo esplendor, y ni por equivocación pensamos en los momentos oscuros, en el hastío, en la dependencia, en la desidia que luego, muy luego, vivimos.

Es que no nos han vendido amores reales, pues los amores reales no venden. No nos han vendido lagañas, obsesiones, ropa sucia ni salsas regadas en el piso. No nos han vendido celos ni envidias ni desidia ni costumbre. Y si alguna vez alguien ha preferido hablar de lagañas, lo hemos tildado de amargo, y si alguna vez alguien ha osado hablar de hastío, hemos cambiado el canal. Nos engañamos. Somos un eterno e infinito engaño multiplicado. Vamos caminando en busca de eso que llaman amor con una venda en los ojos, y elegimos a otro con otra venda y nos convertimos en un par de ciegos que comparte ceguera. Nos engañamos porque no tenemos la valentía de vernos como somos, de aceptarnos como somos: humanos, demasiado humanos, como decía el filósofo. Nos da pánico aceptar que somos humanos y cambiantes; cambiantes, e incluso, impredecibles. Por eso condenamos a quien deja de amar, como si dejar de amar no fuera humano y lógico, y por eso cargamos al amor con toda la gravedad de la que somos capaces.

Nos dividimos en lo bueno y lo malo, de acuerdo con antiguos preceptos y mandamientos y conveniencias, en lugar de aceptar nuestro todo natural, y nos desbordamos de culpas por amar o por no amar o por olvidar. Y la verdad es que somos pétalos y espinas, aunque pretendamos amar sólo los pétalos y tratemos de esconder las espinas. Somos rebaño e individualidad, blanco, negro y gris. Somos cursis aunque lo ocultemos, y aparentemente graves y aparentemente trascendentales. Depresivos y eufóricos, tristes y alegres, calmados y desesperados, pacientes y frenéticos, burleteros y susceptibles, solitarios, comunitarios y comunes, envidiosos y bondadosos, honestos y traicioneros, inteligentes y estúpidos. Somos un ejército de voluntades guiado por verdades y absolutos que no hemos querido desentrañar y desfilamos tomados de la mano sin saber a dónde vamos. En ese ir, que es en ese engaño, celebramos días de amor, de amistad, de besos, de renos, de san valentines, para seguirnos engañando. Para negar que estamos y somos solos, eternamente solos.

 

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11
02
2016
elmagazin

La historia de mi muerte

Por: elmagazin

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Luis Carlos Muñoz Sarmiento

Cuando me trajo mi mujer a este lugar, jamás me imaginé que no volvería a salir. Pero ya sabes, hijo mío, cuál es el destino final de los viejos. Y no te lo digo como crítica sino como hecho objetivo. Ya sabes que este es un país que tradicionalmente los ha desdeñado, maltratado si no vilipendiado. Ahora bien, lo que aquí te cuento nunca podrá aclararse del todo, pero es de buena fe y con la verdad por sobre todo. Sé que no es fácil hablar sobre la muerte desde ella y sin embargo esto es lo que siento ahora aunque aún no me haya ido. No te desanimes por lo que te pueda contar, ni vayas a dejar llevarte por los nervios ni por la depresión. Cuando le damos forma a un dolor, ella automáticamente nos lleva hacia el alivio, no hacia la derrota. Esta es la ventaja mayor del arte: separarnos de la muerte, pasar por encima de ella. Hacernos sentir que todo, pese a la injusticia, al dolor, a la enfermedad, a la desmesura de los seres humanos, no pasa de ser una anécdota frente a la trascendencia del arte, de la escritura, por ejemplo. Aclaro que nada de lo dicho hasta ahora tiene que ver con quienes manejan este ancianato ubicado aquí en esa augusta villa creada en 1572 con el nombre de Villa de Santa María de Leyva en los solares del colono español Juan Barrera. (más…)

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09
02
2016
elmagazin

El ruido que aún sigues causando

Por: elmagazin

 

 

 

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Luisa María Rendón

Pasé por un bar para olvidar que el ruido ya no tiene tu nombre. Cuando soporté mi cuerpo en la silla supe de inmediato que mi presencia en el lugar iba ser tan incómoda como el mismo motivo que me había llevado hacia él. El primer trago y de primera impresión tu presencia sentada a mi costado; varias sonrisas,  coqueteos de miradas y un poco de regocijo.  Para desgracia o fortuna no eras tú, sino el reflejo que guardó mi alma de tu cuerpo para refugiarme en esos momentos de desesperanza. (más…)

Categoria: Desahogo

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09
02
2016
elmagazin

Sepsis

Por: elmagazin

 

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Nelfer Velilla González

Cuando iba saliendo a Cartagena pensé en que todo habría sido más fácil si me hubiese quedado en el pregrado de filología hispánica, pero uno acaba haciendo caso a la costumbre, a la verdad. Te dicen que no, que todavía eres joven, que lo puedes reconsiderar, y a veces te encuentras a ti mismo dándole la razón a tu padre cuando argumenta que, por cultura, en este país no nos dan plata por ser cultos, y pasas por alto el efecto retórico que tiene esa frase, olvidas para siempre la duda que debe primar, la crisis que tiene que existir sobre la premisa de que obligatoriamente lo que se hace se tiene que hacer por plata. Entonces acabas un pregrado de medicina (con los azotes múltiples que se esconden en tal experiencia), orgulloso, bien vestido, con el mundo a tus pies, delante de ti, y alguna cosa por allí escondida, quizá una idea, viéndote la cara de marica porque ni te enteraste. (más…)

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04
02
2016
elmagazin

Anécdotas femeninas: Tú y yo

Por: elmagazin

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Olga Yolanda Rojas Torres

En estos tiempos de búsqueda de la paz, una narradora se desdobla para contar las historias de algunas mujeres que han vivido el desgarro y la pasión por construir su entorno.

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Categoria: General

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04
02
2016
elmagazin

Te quiero

Por: elmagazin

 

 

Nubes

Vivian Delgado

Te quiero, pero no te quiero porque te quiero ni para quererte, te quiero para vivir, para que estés constantemente recordando que los días caídos sí se solucionan con una sonrisa,  para vivir cada rutina con un alocado día, te quiero porque cada mañana lo primero que deseo ver es tu sonrisa y dudar si son tus ojos los que dan vida al sol, o es el sol el que espera con ansias el fin de la noche para poder tener el placer de ver tus ojos, te quiero para que me sigas enseñando cómo llegar a las notas perfectas de cada melodía, y también a perfeccionar mis letras, te quiero porque sabes sacar lo peor de mí y lo más triste de mí, te quiero porque sabes hacerme sentir humana, vulnerable, amada, soñada, deseada, bella, te quiero porque te arriesgas a hacerme reír mientras nuestros sexos tibios se unen, te quiero porque me haces creer que hay cosas más importantes en la vida, aún más que la vida propia, te quiero porque me haces llorar y también arrancas lágrimas dibujando felicidad en mi alma, te quiero para darme cuenta día tras día que estoy viva, te quiero porque cada día pienso que tengo una pequeña y nueva oportunidad de sentirte vivo, te quiero porque quiero oír de ti una carcajada fuerte, de esas que odia la gente porque obstruye sus caminos desdichados, te quiero para hacer uso de esos silencios de amor que he tenido guardados por tanto tiempo, te quiero para desempolvar libros que habían quedado en el olvido y revivir letras que el tiempo había hecho creer muertas, te quiero para hartarte de mí, para que me odies por cada vez que desafine, por cada vez que te despiertes y no esté, por cada vez que te haya hecho esperar, por cada promesa incumplida, por cada lágrima absurdamente derramada, por cada vez que te discuta, para que creas en un posible fin, mientras estoy pensando cómo recomenzar contigo , te quiero para poder hablar sin cruzar palabras, te quiero para que me quieras, pero lo que más quiero, es que me detalles, sientas mi existencia, me abraces, me acaricies las mejillas antes de cada beso, me subas a nubes rosadas y azules de muchos colores y sabores, viajemos a planetas rosados donde tus sueños sí se hagan realidad, y para finalizar, para que me dejes ir antes de saber que de verdad te quiero y te quise tanto, que tu ausencia puede resultar lo más doloroso en la historia.

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Categoria: Desahogo

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03
02
2016
elmagazin

La última cena

Por: elmagazin

Funny cat and birds

Jerónimo García Riaño

Yo creo que las tórtolas que se posaban en el tejado del patio de mi casa le entendían a mi papá cuando decía que había que espantar al gato que se paseaba por el techo, porque el muy desgraciado se comía a los pajaritos.

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02
02
2016
elmagazin

Los sueños: ¿espada sin filo o con doble filo?

Por: elmagazin

 

 quijote

Manuel Felipe Álvarez-Galeano

 

 

Ves cosas y dices, “¿Por qué?”.

Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, “¿Por qué no?”

George Bernard Shaw

 

En una sociedad donde el ser humano se convierte progresivamente en una máquina, la salvaje subsistencia lo esclaviza en ese molde opresivo de ser lo que un sistema dice que se debe ser y donde los roles están casi preestablecidos, soñar se convierte en un acto de rebeldía y forja un discurso vital. Porque hay distracciones y voraces fanatismos que, a veces, nos sumergen en la ceguera y es más fácil caer en la demencia global. (más…)

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02
02
2016
elmagazin

Schopenhauer: Estilística del pesimismo

Por: elmagazin

A Sho

Leo Castillo   

La elegante eficacia de su pensamiento saludado como “pesimismo profundo”, halla descomedida sanción en los campos de concentración nazi, en el otro holocausto a que los judíos someten a Palestina como en la pomposa sevicia del paramilitarismo de Estado en conflictos latinoamericanos: “Más de un hombre sería capaz de matar a un semejante, simplemente para lustrase las botas con la grasa del muerto”, escribe. He dicho elegancia, solvencia de estilo, toda vez que por sus virtudes literarias Die Welt als Wille und Vorstellung  (El mundo como voluntad y representación, según él mismo su Haupwerk, “gran obra”─ la que, por cierto, resultó un rotundo fracaso editorial. La tirada de apenas ochocientos ejemplares fue en parte reciclada y todavía nueve años después quedaban ciento cincuenta ejemplares en los depósitos de la editorial Brockhaus),  tasada como una de las cumbres de la lengua alemana de todos los tiempos, ha merecido de Safranski la exaltación de Schopenhauer a la jerarquía de “mejor estilista entre los filósofos del siglo XIX”. Susana Aguiar, habiendo dicho “curiosamente parece haber tenido más influencia sobre la literatura que sobre la filosofía”, sentencia con una “agudeza” poco menos que frívola y espuria: “es machista a grado tal, que parece increíble en un ser intelectualmente brillante. Sus frases contra la mujer no pueden tomarse más que con humor, perdonarse y dejarlas pasar.” Esta mujer responde como mujer (respuesta de  género), no como consciencia universal capaz de une idée generale, tal como cabría esperarse de un juicio, de una sentencia, mejor, acerca de semejante pensador o de todo asunto que demande alguna probidad intelectual. A esta distinción de maneras parece aludir Borges cuando dice, no sin alguna brusquedad, a Bioy Casares que “la inteligencia no está en lo que las personas dicen (…) Todo el mundo dice las estupideces de Schopenhauer”. (más…)

Categoria: De fondo

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29
01
2016
elmagazin

El faro (Emergentes XXII)

Por: elmagazin

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En el capítulo XXII de la serie Emergentes, que busca dar a conocer a los grupos y músicos que comienzan a tocar en el país, presentamos una banda de Medellín. (más…)

Categoria: Emergentes

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