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07
07
2013
Berta Lucia Estrada Estrada

EL ÁRBOL EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Por: elhilodeariadna

bosque

Ilustración encontrada en Internet

El árbol, las plantas, las flores, los lagos, o los ríos, han jugado un rol muy importante en el pensamiento religioso de las comunidades campesinas, independientemente si son europeas, asiáticas, africanas o americanas. El árbol, especialmente, ha tenido una fuerte significación espiritual. A veces ha sido visto como una fuerza del bien, considerándosele a una divinidad benefactora, y otras como una fuerza del mal que devora a los intrusos que osan internarse en sus dominios. En otras ocasiones el árbol, o el bosque, es considerado un refugio para ermitaños, sabios, hombres y mujeres solitarios que desean huir de las veleidades de la vida de la vida comunitaria.

Con respecto al origen sagrado de los árboles Mircea Eliade dice:

“La imagen del árbol no se ha escogido únicamente para simbolizar el Cosmos, sino también para expresar la vida, la juventud, la inmortalidad, la sabiduría… El árbol ha llegado a expresar todo lo que el hombre religioso considera real y sagrado por excelencia, todo cuanto sabe que los dioses poseen por su propia naturaleza y que no es sino rara vez accesible a individuos privilegiados, héroes y semidioses… todas las plantas cultivadas actualmente se consideran en un principio como plantas sagradas”. (Lo Sagrado y lo Profano de Mircea Eliade, Editorial Labor, Punto Omega, 5º edición 1.983 pág. 128-129)

 

Este aspecto sagrado puede observarse muy bien en el maravilloso libro El Señor de los anillos; puesto que Tolkien rescata la rica tradición celta que reverenciaba a los robles, con la figura mágica de los Ents, cuya figura principal es Bárbol. Estos míticos personajes son árboles enormes y su misión es la de ser pastores de otros árboles, son poseedores de una gran sabiduría y viejos  “como los montes”. Uno de los hobbits, Pippin, no olvidaría nunca su encuentro con Bárbol, y la fuerte impresión que le causarían sus ojos profundos y penetrantes, es uno de los párrafos más significativos de la obra, poseedor de una gran calidad estética:

“- Uno hubiera dicho que había un pozo enorme detrás de  los ojos, colmado de siglos de recuerdos, y con una larga, lenta y sólida reflexión; pero en la superficie centelleaba el presente: como el sol que centellea en las hojas exteriores de un árbol enorme, o sobre las ondulaciones de un lago muy profundo. No lo sé, pero parecía algo que crecía de la tierra, o que quizá dormía y era a la vez raíz y hojas, tierra y cielo, y que hubiera despertado de pronto y te examinase con la misma lenta atención que había dedicado a sus propios asuntos interiores durante años interminables”. (El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien, Ediciones Minotauro, S.A. Séptima reimpresión, julio de 2001, pág. 496-497).

Por otra parte, la figura de los Ents, como pastores de un gran rebaño de árboles, está haciendo alusión a antiguas creencias campesinas, donde los bosques han jugado un papel preponderante en su cultura y en sus ritos. Los árboles, y sus misterios insondables, aparecen una y otra vez en los cuentos de hadas tradicionales: Hansel y Gretel, La Bella Durmiente, Blanca Nieves y los 7 Enanos, La Bella y la Bestia, entre muchos otros. Penetrar en un bosque, perderse en él y encontrar de nuevo el camino a casa, es el equivalente a un viaje interior, al conocimiento que todo ser humano debe tener de sí mismo. También significa superar las diferentes pruebas que la comunidad exige para que los infantes pasen a la edad adulta y puedan integrarse como una persona útil y productiva a la vida en comunidad. Este aspecto está relacionado con la creencia  en la sabiduría de los árboles y en el rol mágico que se les atribuye. No obstante, el culto al árbol hay que buscarlo en pueblos más antiguos que los mismos celtas, y para ellos tendríamos que remontarnos a los persas (1.500 a.c.). En el Museo del Louvre se conserva una tabla de bronce denominada Sit-Shamsi, en la cual se relatan los rituales de esta extraordinaria cultura, los cuales incluían su devoción  por el árbol, y la concepción religiosa que tenían de los bosques.

Esta característica sacra con respecto al árbol, y a todos los mitos que lo rodean, sigue presente en otro de los más fuertes sincretismos religiosos, El Árbol de Navidad. A comienzos del siglo XVI, cuando surge La Reforma y se plantea la escisión de la Iglesia Católica, dando paso a la Iglesia Luterana, surge un dilema teológico, si el protestantismo le niega a María su condición de virgen, no puede ni debe realizar un pesebre, puesto que ella es su figura central. No obstante la celebración de la navidad debe ser continuada, para lo cual se acude a los antiguos ritos campesinos en torno al culto de los árboles, especialmente al roble.

Las antiguas religiones europeas, y  su culto a la naturaleza, especialmente a las especies vegetales, y el culto a los druidas, nunca desapareció totalmente, o al menos no entre las comunidades campesinas europeas; especialmente en Gran Bretaña, donde aún existe una creencia popular con respecto al roble. Se cree que la persona que abrace uno de sus inmensos troncos, estará protegido de los malos espíritus y el roble le otorgará la fuerza necesaria para continuar el camino de la vida. Esta presencia se constata cada  vez que se visita un antiguo monasterio o una catedral, puesto que fueron construidas en sitios de culto de los celtas; otra de las manifestaciones del sincretismo religioso, pero sobre todo el ardid de los cristianos para imponer el nuevo culto y ahogar el antiguo.

Por otra parte, la tradición navideña del muérdago aún sigue tan vigente como lo pudo haber sido hace dos mil o mil quinientos años atrás. La costumbre de besarse debajo de una de sus ramas, está íntimamente relacionada con los ritos druídicos de fertilización, puesto que su savia era considerada por los sacerdotes celtas como el semen del Señor de los Bosques. Plinio, el historiador latino, hace referencia a una antigua leyenda y describe el ritual que la acompañaba. En la sexta noche del plenilunio un druida, preparado por un previo ayuno y vestido de blanco, se subía al árbol y con su mano izquierda cortaba una rama, poco después se sacrificaban dos toros; su sangre, mezclada con la savia de la rama recién cortada, era enterrada a los pies del árbol. Este rito permitía la regeneración del tiempo y la permanente fertilidad de la tierra. Esta planta es conocida también como arfueyo o almuérdago. Hoy en día son reconocidas sus propiedades medicinales, pero durante muchos siglos esta creencia fue ridiculizada, se creía que eran inventos populares y poco científicos.

Hay muchas leyendas que tienen como protagonista a un árbol o a un bosque. Bernard Clavel hace alusión a una leyenda de las Islas Baleares, llamada Bosquecillo. Su protagonista, una hermosa y joven mujer vive aislada en las profundidades de un bosque, y como única compañía están los árboles -su verdadero refugio- y los animales que la proveen de lo más esencial. Entre todos ellos la cuidan y la llaman Bosquecillo e impiden que cualquier forastero entre a perturbar la paz que la rodea, finalmente logra llegar hasta ella un príncipe. La historia sigue el tópico tradicional de los cuentos de hadas, se enamoran y el príncipe renuncia al trono con tal de no perder a su amada. En este caso, Bosquecillo no tiene que abandonar el bosque, como es el caso de Blanca Nieves y los Siete Enanitos, es el príncipe quien abandona el boato de la corte por la vida  salvaje y ruda del bosque.

En otra región de España, en Cantabria, se encuentra la leyenda del Roblón. Este era un viejo roble con un gran hueco en el tronco. Un día una hermosa jovencita, cansada de caminar por el bosque, se recostó a descansar, y luego lo abrazó. El viejo roble se sintió rejuvenecido ante su calor, por lo que decidió atrapar a la joven doncella. La joven vida hizo que su savia volviera a correr por dentro del viejo tronco, el viejo roble se transformó en una mezcla de diversos árboles y adquirió la habilidad del desplazamiento. Los demás árboles le tienen miedo ya que se alimenta de su savia y a los riachuelos los deja completamente secos.

Nota: Este artículo hace parte de mi libro … de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos, Ble Ediciones, 2008. Es solo un manual de consulta para padres de familia, profesores, estudiantes, animadores de lectura o bibliotecarios, por lo que no pretende abarcar todas las leyendas que existen con relación al árbol o al bosque.

Pueden ver otros los otros capítulos que ya he publicado en El Hilo de Ariadna:

http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/30/el-dragon-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/

http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/23/ondinas-personajes-de-la-literatura-infantil-y-juvenil/

http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/17/los-cisnes-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/

http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/12/las-hadas-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/

 

 

Categoria: Cultura

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