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02
12
2012
Berta Lucia Estrada Estrada

MARC CHAGALL

Por: elhilodeariadna

 

 

Ayer tuve la fortuna de conocer un museo que tiene un nombre poco artístico, La Piscina, situado en la ciudad de Roubaix (Francia), y se llama así ya que está situado en las antiguas instalaciones de una piscina pública, pero que al haber sido inaugurada en 1932, ya no cumplía con la normatividad francesa de finales del siglo XX, por lo que fue clausurada en el año de 1985. En el 2001 la Piscina abrió nuevamente sus instalaciones. Esta vez convertida en un museo que desde entonces no ha dejado de sorprender a los amantes del arte con nuevas propuestas; tanto desde el punto de vista de la plástica, como de la danza, la música o el teatro. Y es en este recinto donde pude visitar una retrospectiva de Marc Chagall (Rusia 1887- Francia 1985), compuesta por doscientas obras, que van desde la pintura, la escultura y la  cerámica, hasta el vestuario realizado para una de las obras de ballet en las que tuvo la oportunidad de participar, no sólo como diseñador de disfraces sino como escenógrafo, me refiero a Aleko. Y aunque la exposición a la que hago referencia no habla de Chagall en otra de sus dimensiones artísticas, considero que omitirlo sería una gran falta de mi parte, me refiero, a la poesía.

Pero ya en el mes de mayo había visitado la catedral de Reims, la misma donde se llevaba a cabo la consagración de los reyes de Francia, donde se encuentran los vitrales diseñados por este polifacético artista. Es de anotar, que los vitrales de la catedral, construida en el siglo XIII, fueron destruidos en gran parte por un incendio ocasionado por un bombardeo alemán en la Primera Guerra Mundial; es por ello que Chagall trabajó en algunos de ellos. Pero aparte de esta obra era poco o nada lo que yo conocía de este insigne artista, me refiero a sus obras originales, no a las ilustraciones que pueden verse en cualquier libro de historia del arte.

Lo primero que me impactó en su obra pictórica es la deconstrucción del espacio, recuérdese que su obra no solo es onírica sino fantástica. Algunos de sus paisajes son atmósferas lúgubres, otros tienen una fuerza telúrica que viene del interior del artista; con esto quiero decir que sus paisajes son algo así como retratos psicológicos de los múltiples personajes que habitan en su interior, algunos con características verdaderas, o al menos lo que consideramos verdadero, otros son personajes fantásticos que flotan en atmosferas violetas, grises, naranjas o negras.  Pero antes de llegar a esta utilización del color había pasado por una etapa fauve y luego, al final de su vida, el color lo abandonó, por lo que Chagall se inclinó por la exuberante simplicidad del negro y del blanco.  Y aunque sabía que algunos de sus cuadros hacían alusión a la música, no era consciente hasta que punto había influenciado su obra, puesto que la música es como el eje central alrededor del cual gira su rica cosmogonía personal; esto hace que el sentimiento de alegría emane de una gran parte de su obra. Incluso al mirar algunos de sus cuadros no pude evitar pensar en esa hermosa película titulada El violinista en el tejado  (1971) de Norman Jewison. Otro de los aspectos que me llamó la atención es la recurrencia religiosa en toda su obra. La religión judía y la católica están presentes en gran parte de su obra. El sentimiento religioso se convierte en un abrigo que lo protege de los avatares de la vida, sin que él se preocupe mucho si es correcto representar un rabino o pintar una cruz. Yo diría que encontró el equilibrio necesario para no caer en los excesos religiosos que impiden la tolerancia en muchos creyentes. Pero tampoco sé si él lo era o no, tampoco me importa. Creo que es su obra la que prevalece, independientemente de lo que él hubiese podido pensar o creer. Por último no  puedo dejar de hablar de la presencia de la mujer en su obra, la cual es representada con un gran respeto y admiración. Al salir del museo tuve la sensación de flotar en el espacio; Chagall me había atrapado y sin que yo hubiese puesto resistencia me hizo un personaje más de su inmenso universo artístico.

 

Categoria: Cultura

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Opiniones

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swhelpley

2 diciembre 2012 a las 12:52
  

Ahora que habla de Chagall, Lo unico que he visto de el, es una vidriera del Lobby de las sede de la ONU. Iba en un tour de visitantes, y me quede un rato viendolo: Es de una gran belleza, y me llamo la atencion los colores, y la vision onirica de la obra. Chagall era judio de Europa Central, y heredero de una gran tradicion religiosa y cultural, que fue exterminada por los Nazis. Cuando usted dice que recuerda al Violinista en el tejado, de alguna forma es testimonio de algo que no existe, asesinado por barbaros. Y uno de los grandes mecenas de Chagall, fue Vollard, el famoso Marchant d´art que le comisiono muchas obras de arte religioso: Chagall, muy juicioso se aplico a estudiar la Biblia, y de ahi muchas de sus obras.

Opinión por:

estrellaerrante

2 diciembre 2012 a las 17:10
  

Muy buen homenaje a este pintor fantástico y fantasioso, un genio del azul, de la evanescencia, y del vuelo. Y qué alma rusa no está influenciada profundamente por la música?Gracias por el dato de los vitrales en la Catedral de Reims. Deben ser bellos con esa transparencia de los juegos de la luz. Como siempre un buen artículo.

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pasao

5 diciembre 2012 a las 9:03
  

….recuerdo como mi hijo cuando lo llevé al museo Botero en Bogotá, se quedó mirando el mismo cuadro que siempre me ha cautivado de ese museo…el payaso volador…..

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