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11
2012
Berta Lucia Estrada Estrada

SCHOLASTIQUE MUKASONGA – PREMIO RENAUDOT 2012

Por: elhilodeariadna

Mukasunga

Uno de los premios más importantes de la rentrée littéraire francesa es el Renaudot, otorgado hace una semana a Scholastique Mukasonga (Ruanda-1956), por su libro Notre-Dame du Nil, Ediciones Gallimard, en su colección Continents Noirs. Es de anotar, que esta obra fue publicada el pasado mes de marzo, por lo que no estaba en la lista de los libros que aparecen en septiembre, y tampoco figuraba en la lista de los libros que podrían ganar el premio Renaudot. Cuando el representante de Ediciones Gallimard la llamó para anunciarle que se había ganado el premio su respuesta inmediata fue: usted se está burlando de mí. Una vez supe que el premio había sido fallado fui a comprar el libro a la FNAC, una de las librerías más importantes de Francia, y el vendedor me dijo que no sólo no lo tenían sino que nunca había estado en sus anaqueles, al menos de la librería de la ciudad donde actualmente vivo, pero que esperara a esta semana porque ya habían hecho el pedido. En otra famosa librería, Le Furet du Nord, me dijeron que el libro lo habían tenido desde marzo hasta agosto, y que habían devuelto los ejemplares porque no habían vendido ni uno solo, pero que a partir de esta semana podría adquirirlo. Y eso fue lo que hice. Esperé a que llegara y ayer lo compré, ansiaba leerlo, puesto que estaba convencida que su lectura me iba a gustar mucho, desafortunadamente no fue así. Otra de sus obras, La mujer con los pies desnudos, (2008), recibió el Premio Seligmann contra el racismo, y su libro L’Iguifou (2010) ganó el Premio Rennaisssance de la Nouvelle y el Premio de la Academia de Ciencias de Ultramar.

Nilo

Notre-Dame du Nil (Nuestra Señora del Nilo), ya había recibido el Premio Ahamadou Kourouma 2012, contra el racismo, otorgado en Suiza. Este libro narra la vida de unas adolescentes resguardadas en un selecto colegio, dirigido por monjas, cuando Ruanda aún era una colonia belga. El colegio, perdido en las montañas, de difícil acceso en épocas de lluvia, como si fuese un diluvio que trae todos los dramas incluyendo el fin del mundo, es un microcosmos donde se viven los odios raciales, los celos, las esperanzas fallidas, el acoso sexual por parte del único cura que las asiste, el odio de los blancos, el odio de los negros, el choque cultural entre dos mundos completamente diferentes. En dicho centro escolar asisten las hijas de una selecta clase política y económica de la Ruanda  de los años 50 y 60, y que van allí no sólo para aprender la lengua y la historia del invasor, sino para recibir una educación esmerada para que sus familias y clanes las puedan casar con alguien que les sirva a sus propios intereses.

Scholastique Mukasunga es una sobreviviente del terrible genocidio que se vivió en Ruanda en 1994, gracias a que en ese momento ya se encontraba viviendo en Francia. Un millón de tutsis fueron masacrados, principalmente a machetazos; entre ellos murieron 27 miembros de su familia, incluyendo su madre.

Mukasunga es una heredera de la rica tradición oral africana. Conocedora de su historia, de sus leyendas y del peso de la tradición milenaria, pero sobre todo del terrible peso del coloniaje belga, y todo lo que eso supone. Este aspecto es muy importante tenerlo en cuenta si se quieren entender los genocidios entre las dos etnias principales ruandesas, los tutsis y los hutus, como bien lo deja entender la autora en cuestión; puesto que su libro es una denuncia del odio, de la exclusión y del racismo.

En su relato desfila el otro peso, el de la religión católica, sin el cual el Estado belga, no hubiera podido ejercer el inconmensurable dominio sobre dichos pueblos. Y al mismo tiempo aparecen sus dioses ancestrales, disfrazados de santos o disfrazados bajo el manto de la virgen María. Un sincretismo religioso atraviesa la obra, en realidad es su columna vertebral. Allí vemos, al lado de las misas y de las oraciones, las prácticas comunes de la brujería milenaria, práctica que nunca ha desaparecido, sigue presente en el marabú (brujo) que controla la vida de cada persona, de cada clan, de cada pueblo, y que puede incluso encontrarse en cualquier ciudad francesa. Al lado de la religión vemos el abuso sexual ejercido por el cura del colegio contra las estudiantes. Nuestra Señora del Nilo es también una reflexión sobre la condición de la mujer africana, objeto de cambio para los padres y objeto de placer para el esposo.

Cada capítulo del libro está concebido como un pequeño cuento, así que podría leerse libremente, me refiero a que se podrían saltar capítulos y luego leerlos sin que se pierda ilación en el relato. La narradora es una adolescente, por lo que la crítica aparece oculta detrás de una mirada bastante ingenua; por supuesto que dicha mirada no es gratuita, por el contrario ha sido pensada. Las historias son evocaciones de un mundo perdido, de un mundo que gestó una de las más grandes tragedias  del siglo XX. No hay que olvidar que el genocidio, en este caso me refiero al de 1994, se dio bajo los ojos de los franceses que no hicieron nada para evitarlo, y los otros países, que se dicen civilizados, tampoco movieron un dedo para impedirlo. A mi modo de ver la narración de Nuestra Señora del Nilo es bastante plana, no  hay emociones fuertes, no hay críticas, así se cuenten dramas. Es como si se aceptaran de antemano la sumisión, la pesadumbre, la pobreza, y como si cada una de las protagonistas renunciase a unas condiciones mejores para su propio país, y lo que es peor, como si se renunciase a luchar contra las prácticas culturales que ahondan el odio ancestral entre los grupos tutsi y hutus, y como si se aceptase también que el blanco es mejor que el pueblo colonizado. Podría decirse que es así como un adolescente ve el mundo, pero me niego a creer en esta teoría facilista, los adolescentes pueden ser bastantes reflexivos, analíticos y críticos.

Y aunque el libro no es malo, no creo que tenga el valor suficiente para haber ganado el Premio Renaudot. A veces el deseo de congraciarse con la historia hace que se hagan movimientos, como si se tratase de los movimientos de ajedrez, que no siempre son los más adecuados. Digo esto, porque si bien soy feminista, y defensora a ultranza de los derechos de la mujer, también soy consciente que los premios deben ser ganados por la calidad de la obra, no por quien la escribe, así la autora sea una víctima y una sobreviviente de un horror que nunca ha debido de existir.

Categoria: Cultura

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Opiniones

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Opinión por:

swhelpley

13 noviembre 2012 a las 11:02
  

No conozco a la autora, pero su comentario sobre la calidad del libro, me ha hecho recordar una anecdota: Una vez fui a ver una pelicula taiwanesa con 4 o 5 premios todos de Francia. Pero cuando vi la cinta, resulto una aburridora y atroz cinta sobre la vida de unos muchachos, mal hecha, y peor filmada. Sali de la pelicula, y un conocido que es director de cortometrajes, dijo que “Que cosa tan mala, hay que ser muy frances para darle un premio a esta cosa” Desde ese dia, desconfio de los premios franceses. Sin embargo, a lo mejor es que quienes la premiaron vieron algo que los demas no vemos.

Opinión por:

ricardo bada

16 noviembre 2012 a las 8:57
  

A mí lo que me parece muy francés es que le den el premio a una novela que trata de una escuela y cuya autora se llama Escolástica. Bromas aparte, todos los premios literarios tienen sus fallos (uno más, otros menos), incluso los serios, como el Renaudot. Pero Berta Lucía apunta algo que es muy cierto, incluso aunque no se aplicase a este caso, y es que en algunas ocasiones se premia al autor y no a la obra, y ahí es donde se desvirtúa el sentido final de la premiación. Vale.

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