El Mal Economista

Publicado el El Mal Economista (EME)

Acreditación de calidad: ¿la plata pesa más que la pedagogía?

A mediados del año 2016, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) informaba a los colombianos que el país ya contaba con 44 universidades con acreditación de alta calidad.

andes
Fuente: Universidad de los Andes. Disponible en: https://goo.gl/jPvdI2

Por: Pedro O. Hernández Santamaría

  • Twitter: @peter_ohs
  • Facebook:           El Mal Economista
  • Twitter:               @maleconomista
  • Instagram:          @maleconomista

A mediados del año 2016, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) informaba a los colombianos que el país ya contaba con 44 universidades con acreditación de alta calidad (https://goo.gl/LRHHS2). Un sello de excelencia otorgado por el MEN por recomendación del Consejo Nacional de Acreditación (CNA) que, a su vez, representa para las instituciones de educación superior (IES) amplios esfuerzos a nivel administrativo, financiero y humano.

Sin embargo, ¿está este proceso fundado en una voluntad genuina por un servicio educativo de calidad o responde también a otro tipo de incentivos? Parcialmente no. Si bien, debe reconocerse que hay universidades comprometidas con la calidad de sus procesos educativos que le aseguren una formación de avanzada a sus estudiantes, otras instituciones pueden estar respondiendo a otro tipo de incentivos económicos como la potencial reducción en financiación del Icetex o incluso la posibilidad de ser parte del programa Ser Pilo Paga.

Por un lado, se ha llegado a afirmar que el proceso de acreditación de las universidades en Colombia se ha profundizado en los últimos años debido a la presión que desde 2015 planteó el MEN, bajo la dirección de Gina Parody en ese momento, al establecer que a partir del 2018 los préstamos del Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (Icetex) no podrán ser usados para estudiar en instituciones colombianas de educación superior que no estén acreditadas (https://goo.gl/P5ZJdW).

Por supuesto, ante tales incentivos las instituciones universitarias prendieron las alarmas y emprendieron una afanosa carrera por la acreditación de manera que sus capacidades financieras no se vean afectadas ante la potencial reducción de ingresos por matrícula de estudiantes con créditos del Icetex.

Por otro lado, otro de los incentivos que han motivado a las IES para embarcarse en el proceso de acreditación de alta calidad es el programa Ser Pilo Paga. Desde su creación en 2014, este programa está dirigido a los mejores bachilleres del país (alto puntaje en las pruebas SABER 11), con menores recursos económicos (tener registro con bajo puntaje en la base del SISBEN o ser indígena registrado en la base censal del Ministerio del Interior) para que accedan a IES acreditadas en alta calidad.

Mi idea sobre la presión de Ser Pilo Paga en la voluntad intempestiva de acreditación de las universidades radica precisamente en el requisito que el reglamento operativo del programa les exige a sus beneficiarios acerca de elegir una universidad de alta calidad, exclusivamente. En efecto, la intención de este requisito es loable y conveniente: no se puede financiar la educación de un estudiante en una institución que no le brindará educación de alta calidad.

Sin embargo, no importa si la institución recibió su acreditación este año, el año pasado, o hace muchos años. De hecho, aquí no importó la experiencia ni la maduración de unas competencias de calidad educativa a nivel institucional para atender a los estudiantes del programa, sino simplemente el cumplimiento de unos requisitos básicos de calidad que aseguraran la recomendación del Consejo Nacional de Acreditación (CNA) y luego, el beneplácito del MEN.

Iniciemos con las cifras de acreditación de alta calidad institucional del MEN. A continuación, la evolución del número de IES con acreditación institucional vigente a finales de 2016.

Fuente: MEN, 2017
Fuente: MEN, 2017

De las cifras previas, aunque debe reconocerse una tendencia creciente desde el 2012 en el número de IES con acreditación de alta calidad, debe notarse también que el promedio de IES con acreditación institucional en el periodo analizado (2010-2016) es de 6,7 IES acreditadas. Ahora, si revisamos el promedio de IES acreditadas entre 2010-2013 y 2014-2016 notaremos amplias diferencias respecto al promedio para todo el periodo. De hecho, entre 2010-2013 el promedio de IES acreditadas fue de 5.3 IES; por su parte, entre 2014-2016 el promedio fue de 8.7 IES.

Queda claro que desde 2014, con la introducción del programa Ser Pilo Paga, y luego con la amenaza de financiación del Icetex del MEN, el número de IES con acreditación aumentó significativamente, profundizando la tendencia positiva observada desde 2012. Igualmente, debe señalarse que del total de 44 IES con acreditación, 27 son IES privadas y las restantes 17 IES públicas.

Ahora, queda la inquietud acerca de si esas nuevas IES que se suman al sello de excelencia de alta calidad desde 2014 están en efecto preparadas y tienen la madurez institucional como para recibir y atender a una población como la beneficiaria de Ser Pilo Paga. Igualmente, si se trata de asegurar un mejor futuro para estos estudiantes ¿no convendría enfocarse en las universidades de mejor desempeño en términos de rankings nacionales e internacionales de calidad, así como en relación con absorción laboral y remuneración de sus egresados? (Ver cuadro a continuación).

Cuadro: Distribución de IES universitarias según sector y número de años de vigencia de su acreditación de alta calidad
Cuadro: Distribución de IES universitarias según sector y número de años de vigencia de su acreditación de alta calidad

Nota: Los años de vigencia de acreditaciones de alta calidad van de 4 hasta 10 años. Fuente: MEN, 2017

Con todo, es positivo contar con un sistema de educación superior con instituciones acreditadas en alta calidad. De eso no cabe duda. Sin embargo, un sistema así debe ser sostenible y no afectar las posibilidades de ingreso y egreso de los estudiantes de educación superior.

De hecho, como lo plantearon la Revista Semana y la Fundación Compartir (https://goo.gl/Uf73w1) aquí radican sus preocupaciones e inquietudes acerca de los riesgos y consecuencias en los que diversas IES se han embarcado con la intención de cumplir los estándares que exige el MEN, sin medir el impacto en costos y oportunidad de sus programas académicos para los estudiantes.

Por ejemplo, uno de esos factores puede ser el aumento desmesurado en el costo de las matrículas universitarias. Por ejemplo, como lo mostró el ingeniero Ricardo Cocoma (https://goo.gl/yl0HtO) sólo al revisar el caso de la Universidad de los Andes, donde se ha observado una tendencia creciente en los incrementos porcentuales anuales durante los últimos años, contrario a un comportamiento relativamente estable desde 2010.

Lo anterior nos trae a una reflexión sobre la educación superior y la calidad. Si consideramos a la educación superior como un servicio con una función social estratégica, por su fundamental labor en la formación de competencias requeridas para la productividad creciente de la sociedad y para la vida democrática, se hace obvio que requiere la mayor calidad posible.

De ahí, que la evaluación como la acreditación hayan tomado gran importancia en la discusión pública acerca de la credibilidad de los procesos educativos y que las instituciones responsables de la educación superior deban rendir cuentas ante el Estado y la sociedad sobre el servicio que prestan. Así, la acreditación de alta calidad permite mayor control, inspección y vigilancia de la educación superior por parte del Estado y la sociedad civil, lo cual es muy conveniente.

Lo anterior exige que este proceso, en el que se autoevalúan las IES y se ponen a prueba de acuerdo a evaluaciones de pares académicos externos que le dan el aval frente al CNA y el MEN, sea un proceso que no esté presionado fundamentalmente en incentivos económicos. Estos incentivos pueden resultar efectivos, pero al mismo tiempo, pueden resultar inconvenientes (https://goo.gl/QUYOJn) para el objetivo último de la educación: formar ciudadanos integrales.

Comentarios