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28
07
2016
ealvarez

PastraNO

Por: alter eddie

Categoria: General

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16
07
2016
ealvarez

DESPEDIDA A UN GRAN AMIGO

Por: alter eddie

Esta semana murió Jorge en una esquina del centro de Los Angeles ¿de qué? nadie sabe, ¿cómo? ni idea ¿era realmente Jorge el que estaba debajo de aquel plástico blanco?, eso dicen algunos que lo vieron allí sentado y pálido el día anterior.

Lo vi por primera vez tirado en la calle segunda con Spring, cortando con una navaja los callos que le salían en los pies de tanto caminar, tenía una mirada serena, barbas blancas y cierto aire de sabiduría. A veces me lo encontraba rayando pedazos de papel y siempre me preguntaba ¿qué escribía?, una vez espere a que botara sus cartones y los saqué de una caneca de basura, eran letras y símbolos sin orden alguno para mí, de un lado para el otro, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, eran diagonales, flechas, parecía un tablero de fórmulas químicas, descifrar lo que allí decía era digno de un Champollion, eran sus sinsentidos consentidos.

Me gustaba observarlo a veces sin que me viera, estaba ahí como yo, solo en un mundo de locos, loco en un mundo de solos. Caminaba lentamente mientras hablaba consigo mismo, paraba en cualquier lado, se sentaba por allí, por allá, escribiendo sobre botánica o filosofía, en ruso, en mandarín, en euskeda, ¡daba igual!. Siempre estaba en las mismas ocho cuadras que delimitaban su mundo, jamás lo vi tomar un bus. Le preguntaba a mis vecinos y a algunas personas sobre él, unos me decían que era un médico caído en desgracia, otros creían que era un escritor italiano o argentino, otros hasta lo comparaban con una especie de quijote español, también lo llamaban “el cigarrete hunter” ,el cazador de cigarrillos, esto por su costumbre de recoger colillas en el piso cuando no tenía para comprar su vicio.

Empecé a dialogar con él varios meses después y descubrí su acento cubano, pese a esto insistía en decir que venía de Camelot, pero no del Camelot del rey Arturo, era su propio Camelot ubicado entre España y Francia. Al saber que yo era colombiano me mencionó la gota fría de Carlos Vives y a un personaje del que había oído hablar en Cuba, un tal tirolindo o tirofijo. En nuestras primeras charlas hablaba como escribía, con un orden que solo su cabeza podía descifrar, empezaba con un tema, daba vueltas y vueltas y todo terminaba en conspiraciones en su contra, se enojaba, hablaba cada vez más rápido, repetía entre frase y frase una muletilla, bien, sus ojos se agrandaban y parecía como si fuera a pegarme, hasta que me decía tajantemente “me voy Edgar”. Jorge tenía esquizofrenia.

Con él descubrí a un compañero en esa soledad de la que tanto se padece en los Estados Unidos, Jorge tenía una de esas cosas que uno valora como inmigrante reciente, algo llamado “tiempo libre”.

A veces me paraba sorpresivamente en la calle y me contaba sobre sus viajes y anécdotas:
- Edgar, ayer estuve en Corinto en Grecia y vi varios muñequitos como los que tu haces.
- Edgar, cuando estuve en la Guayana francesa me decían “Pete Zamora“ y conocí a un tal Papillón, te cuento que quede aterrado con sus tatuajes.
- Edgar imagínate que hace unos años conocí a Pelé, cuando yo jugaba con la selección uruguaya, allí me decían el charrúa.
Recuerdo especialmente un día en el que me vio y cruzó de manera peligrosa una calle llena de carros para decirme:
- Edgar estuve en Jamaica, estaba caliente el sitio. Chao.
Hablaba de John Lenon y pasaba al nazismo, de Daniel Santos giraba a Julio César, de Vicente Fox a Walter Lanz, de Bush a Marilyn.

Jorge dormía generalmente en la calle Main entre quinta y sexta al frente del hotel Cecil, un ícono del terror en los Angeles, allí había estado hospedado el famoso asesino en serie Richard Ramirez, allí mismo murió la llamada Dalia Negra y por estos años había muerto en el último piso del hotel una muchacha canadiense llamada Elisa Lam., un caso muy resonado por la prensa. Era un lugar con una energía extraña que contrastaba con su historia musical al ser escenario de varios videoclips famosos, entre estos el de “Where the streets have no name” de U2. La primera vez que nos tomamos un tinto fue allí cerca, en Skid Row, el Bronx de los Ángeles, me contaba que quería reencontrarse con su familia que vivía en un país llamado Nueva Zelanda, según él allí estaba su mujer y tres o cinco hijos, estaba desesperado por que le habían negado varias veces unos documentos y no le llegaban a su casa, la calle ¡Chingaos gringos de inmigración!. Cuando le preguntaba con detalle por su familia se empezaba a molestar, alguna vez hablando de sus momentos felices en la vida, me dijo que su recuerdo más feliz era cuando había nacido su hijo o hija, no recordaba muy bien, le daba igual.
¿Cómo es tu esposa Jorge?
- No sé, no la recuerdo, morena, rubia, oscura.
¿Cómo se llama?
- Se me olvidó.

Dejé de verlo por un año y medio, volví al centro de Los Angeles directo a la calle en la que dormía y allí estaba, me vio y con una sonrisa de esas tan poco comunes en su cara me dijo:
¡Edgar, Colombia, el de los pulgarcitos!
Fue emocionante saber que mi amigo de mundos paralelos me recordaba. Mientras hice mi corto de The invisibles Jorge fue mi gran inspiración, varios de los personajes que hice tenían algo de él, sus manos, sus piernas, su cara, sus cigarros, su escribir, a veces él me veía en la calle mientras animaba y probablemente pensaba que yo estaba loco y tenía toda la razón, éramos colegas de locura, yo jugando con mis pulgarcitos en la calle y el jugando con su inmensa imaginación.

Me pidió que le tomara una foto para mirar como estaba ahora.
- Estoy más viejo pero me veo bien, tu también Edgar .

Esta vez Jorge me contó que había estado hospitalizado, según él tenía una enfermedad rara llamada el ébola, una de esas cosas que inoculaban los yankies a los aliens o extranjeros, pero de acuerdo a las fórmulas que me mostraba, padecía problemas respiratorios severos y su corazón no contaba con la fuerza necesaria para bombear la sangre.

Hablábamos casi a diario, nos tomábamos un café en una taquería mexicana llamada “margarita’s place”, en la que los empleados como juego siempre le ofrecían comida que nunca llegaba a aceptar, él solo quería café, ni pan, nada, solo café.

En esos días hablamos sobre la música que le gustaba y empezó a cantar, era una mezcla entre regaño, parafraseo y armonía, pasó por Joan Manuel Serrat, por Gardel, por Nino Bravo, por Daniel Santos, por Javier Solis, por José Feliciano, él mismo al terminar se reía de lo mal que cantaba, pero esto lo alegro.

Ahora Jorge me contaba que había venido desde Cuba pero no había nacido allí, su patria era un lugar entre Alemania y Portugal llamada Royale, en la que hablaban el “Hausen” un idioma muy complejo revuelto de austriaco, alemán y portugués, luego con cierta arrogancia cómica me dijo “Edgar, este es un idioma que tú jamás vas a hablar”.

Jorge decía que había estado en Vietnam y lo conocían como Moreland, Había sido parte de las fuerzas especiales que venían de la isla de Gerona. La última película que había visto era “la colina de la hamburguesa”, su último libro era Cujo, de Stephen King, era un libro que le daba miedo y por este no había vuelto a leer, a veces cuando se despertaba en la calle y veía perros cerca se asustaba, le recordaban al Cujo del libro.

En nuestra última charla vi mal a mi amigo, ese día llovía fuertemente en el Downtown, Jorge estaba afónico, borracho, molesto, me decía que estaba cansado de esperar, por primera vez me contó que había sido preso político en Cuba, que había llegado a Los Estados Unidos como un balsero con su madre, que había agredido a un policía de inmigración en un ataque de ira y por eso había estado en la cárcel por unos meses, que había sido celador, que tenía un primo y una sobrina en Los Angeles pero que realmente no eran su familia, pues los había visto muy pocas veces.

Le pregunte sobre Dios, sobre si rezaba y me dijo:
- ¿Rezar yo?, no, agradecer, agradezco otro día.

¿Y la muerte Jorge? ¿no te da miedo que te encuentre en la calle?
- Edgar, cuando duermes en la calle a diario, morir en la calle sería como morir en casa.

Jorge se despide, ya hablamos la hora de rigor en la que sube su tono y se vá, “nos vemos Edgar” , me quedo dialogando un rato con los empleados de la tienda, salgo y veo a mi amigo de lejos sin que me vea, va con su andar lento y pausado, se detiene y mira a su alrededor cada cierto tiempo, camina, pausa, camina, pausa, lo saludo nuevamente, veo sus ojos enrojecidos y algo que parece una lágrima en su cara; me mira y me dice que espera que tome buenas fotos, luego me da una palmada fuerte en la espalda mientras pronuncia esta frase

- “No hay nadie destinado a ser mejor que nadie”

Jorge fue un hombre libre, vivió libre en su locura, vivió libre en la calle y ahora está en la libertad de la muerte. Cuando me alejaba de él tenía la incógnita de saber si lo volvería a ver, por eso cada despedida tenía un aire de ser la última y esta última lo fue…

Adiós maestro, compañero de la vida, inspiración y gran amigo…

Jorge Luis Fernández USIA (United States Inmigrant Alien)
Camelot, 15 de diciembre de 1956 – Los Angeles, 10 de Julio de 2016

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15
07
2016
ealvarez

Luis Orlando Saiz

Por: alter eddie

Categoria: General

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05
07
2016
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Para que las palomas no hagan el oso

Por: alter eddie

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06
2016
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MANIFIESTO CALLEJERO

Por: alter eddie

Durante varios siglos los habitantes de calle hemos sido atendidos por grupos religiosos o asociaciones privadas dedicadas a la caridad, todas las cuales con una fuerte carga moral y mística nos han inculcado que el origen de sus dádivas proviene directamente de la mano de Dios, y con lo poco que nos dan, nos hacen creer que como somos los culpables de dañar la sociedad, tenemos que devolver el favor de rescatarnos, engrosando un ciclo de caridad, culpa y dependencia que no soluciona nada.

Estas acciones, aparte de ocultar la incapacidad o la indiferencia del estado para cumplir prioritarios deberes sociales, terminaron por acostumbrarnos al asistencialismo sin consulta, es decir que otros deciden por nosotros lo que necesitamos y lo que debemos ser.

En Bogotá, enseguida del desalojo del CARTUCHO se fortalecieron hogares de paso, centros de desarrollo personal, centros de atención integral, comunidades terapéuticas, instituciones al servicio de los habitantes de calle que no obstante laicas nos ofrecían la asistencia como acciones caritativas aunque las órdenes salían de los comités técnicos de la Secretaría de Integración Social como respuesta a la restitución de derechos, esa fue la realidad de ese entonces, porque actualmente por ejemplo IDIPRON vuelve a la comunidad claretiana y es  obligatorio el credo en Dios.

Valga decir que los habitantes de calle, ni nos portamos ni somos tratados como el gremio, o como comunidad, así que nunca hemos pedido o reclamado lo que nos corresponde o necesitamos, todo se nos ha dado al antojo de los filántropos o de los pensadores nombrados por el estado. Para algunos incluso no somos nadie para exigir pues para muchos, aunque no sea políticamente correcto en el fondo seguimos siendo desechables, como acotaría este término a la historia del país un celador en  los años 80’s cuando le preguntaron por qué mataba indigentes para vender órganos a la facultad de medicina en Pereira.

Según una máxima sociológica: “Las acciones, la asistencia a los servicios que se prestan sin consultar a los implicados están condenadas al fracaso”.

De hecho, de los casos atendidos durante un lapso de 4  años, atención que incluía programas de emprendimiento, tratamiento terapéutico, unidades productivas, contrataciones propiamente dichas, según estadísticas los casos exitosos que arrojaron no pasaron del 15%, aún así, ni la Secretaría de Integración Social, ni las comunidades terapéuticas revisan sus paradigmas y culpan con drasticidad  al que padece la problemática, argumentando con un aforismo tan tendenciosos como tramposo “solo tú puedes pero no puedes solo”.

Por tratar a los habitantes de calle como INTERDICTOS se nos suelen olvidar, tanto a los que atienden como a los atendidos, los conceptos que rigen el proyecto 793 ; por ello, este manifiesto se ocupa en recordar y en lo posible enriquecer tales principios:

1.     RECONOCIMIENTO: Apunta a la comprensión del fenómeno habitabilidad en calle desde lo sociológico, lo siciológico, lo antropológico, lo histórico, lo cultural, y por qué no, lo filosófico.

Es importante reconocer las diferentes causas de esta situación social: El desplazamiento forzado o consentido del campo a la ciudad, violencia intrafamiliar, disfuncionalidad   del hogar, drogadicción, pobreza absoluta, enfermedades psicológicas o nerviosas graves, minusvalías, impedimentos físicos, hay también los que se refugian en las calles de la justicia o de enemigos mortales, también los que construyen en la vida callejera una forma de existencia y de subsistencia. Si la pobreza y la desigualdad social crearon la guerra durante más de 50 años, ¿no podría ser acaso la misma raíz la que nos tiene a muchos sin hogar o refugiados en una adicción rendidos ante el sistema?

Cada una de estas razones genera un habitante de calle particular y distinto, acaso por lo mismo, amerita una atención diferenciada.

El reconocimiento incluye la valoración de los rituales, las cosmovisiones y el lenguaje, entre otras expresiones de la vida callejera; obliga también a la cedulación general en razón del derecho fundamental a la identidad. También implica un censo real y con todo el recurso humano, que permita reconocer no sólo cuántos somos sino quiénes somos; qué talentos, qué estudios, qué experiencia laboral se tiene y en lo posible, con base en ello elaborar los programas de inclusión socio laboral.

2. RESIGNIFICACIÓN: Implica, en primera instancia las acciones que propicien la corrección de imaginarios negativos o malformados que tiene la sociedad y nosotros mismos sobre los muchos aspectos que definen la habitabilidad en calle, para ello útiles serán las acciones culturales y artísticas que generen nuevos diálogos y nuevas relaciones. Aquí la participación de los medios de comunicación y de los centros educativos será pertinente y perentoria son ellos los que ayudan a crear una cultura educativa de la inclusión social desde la sociedad.

El miedo, la lástima, el desprecio son sentimientos hacia los callejeros que deben ser superados, para alcanzar a cumplir los dos hechos básicos para una inclusión social verdadera, estos son: la interrelación y la participación. En otras palabras, la RESIGNIFICACIÓN son todas las acciones que contribuyan a la cualificación el individuo hasta alcanzar la realización existencial.

3. LA REEDUCACIÓN: La palabra ya está gastada y deformada, aquí proponemos entender este principio como el voluntario devenir a un bienestar, para ello debemos ser ayudados a tomar decisiones coherentes sobre nuestra condición psicosomática (la salud mental y física) y sobre nuestra participación en la dinámica social y cultural de la vida civil “normal”.

En Colombia el tratamiento a las adicciones ha partido de la terapia que a principios del siglo pasado desarrollaron Bill y Bob, un médico y un corredor de bolsa gringos creadores de Alcohólicos Anónimos: Los famosos 12 pasos y el “SOLO POR HOY” extendieron su aplicación a Narcóticos Anónimos y de allí a muchos centros y comunidades terapéuticas del mundo y con fanatismo en Latinoamérica.

Los primeros abanderados del tema fueron los religiosos Claretianos y Benedictinos que desarrollaron una especie de “SINCRETISMO”, ya que mezclaba la terapia de confrontación con la Teoterapia. Como, por cierto su escuela trascendió a facultades de pedagogía, de psicología y de terapéutica, muchos de los egresados fundaron centros de rehabilitación de garaje toda vez que entendían que la atención a drogadictos era un negocio muy lucrativo. También el discurso y los métodos de los Claretianos y Benedictinos y de Alcohólicos y Narcóticos anónimos fueron acogidos por los centros terapéuticos del estado como El CAMINO, EL COPT y BALCANES, cuyos resultados buenos fueron los egresados que acogía la misma Secretaría de Integración como operadores de sus servicios, pero, la verdad, los resultados fallidos fueron muchísimo más que los exitosos. No existe una sola terapia para tantos casos de consumo diferentes y en ello ya se ha avanzado mucho más, pero en las instituciones no se ve inversión en investigación, interés en tratar el tema con prioridad siendo ya nosotros casi alrededor de diez y seis mil personas.

Ahora último gracias a un afortunado derecho de petición, la comunidad terapéutica EL CAMINO se transformó en CENTRO DE DESARROLLO PERSONAL, lo cual podía ser la oportunidad preciosa para desarrollar un centro de tratamiento a las adicciones alternativo y novedoso. Pero para nuestra desgracia, los sicólogos, terapeutas y funcionarios de dicho centro porfían en aferrarse a los paradigmas con los que los formaron en sus respectivas universidades y por burócratas, no se atreven a proponer métodos alternos, por ejemplo: el caso de la técnica del Yoga (el ayuno, la meditación y la relajación para fortalecer la voluntad, tomas dirigidas de Yagé como ayuda a la desintoxicación, entre otras prácticas de la medicina tradicional y/o popular, en cambio del uso excesivo de drogas antidepresivas y ansiolíticas (Clonazepam, Fluoxetina, Ácido valproico).

Sin consultarnos el combate por las ollas y los capos, nos arrastró como si todos nos lucrarámos de ese negocio, a los consumidores y / o los que simplemente estabámos cerca o nos desplazaron como una bomba atomizadora o nos encerraron en los centros de acogida, vimos correr a las directrices para multiplicar camas y comida de un día para otro, así como adaptar hogares que no eran de acogida para darle techo de emergencia a los nuevos, muchos compañeros se quedaron por fuera, ¿ A eso le llaman planeación?  ¿la solución es un techo pasajero? ¿acaso no tenemos derechos por simplemente  ser personas consumidoras y vivir en la calle? ¿ese no es el mismo pensamiento que tenía el F2 cuando en los 80’s y 90’s sobre todo hacía limpieza social para no ver tan sucia la ciudad?

Este manifiesto ante todo es para mostrarles que sí tenemos voz, aunque muchas circunstancias de la vida apaguen nuestra dignidad, también la tenemos, somos seres que sentímos, vivimos, un potencial humano que simplemente error o no, tomamos otra opción vida… Y eso, porque no todos tuvimos la libertad de tomar la decisión, a otros no les quedó de otra, han vivido siempre allí generación tras generación, o simplemente la vida los trajo… así algunos necesiten el argumento científico para comprobar ello, a veces simplemente pasa.

En fin esta es una invitación cariñosa y respetuosa a que entre todos concibamos un camino hacia la superación de la vida discriminada de los habitantes de calle, y mejoremos nuestra  calidad de vida respetando su elección y su libertad.

Coalición de habitantes de la calle desplazados del Bronx

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22
06
2016
ealvarez

Respeto al opositor

Por: alter eddie

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18
06
2016
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¡Grande David Ospina!

Por: alter eddie

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17
06
2016
ealvarez

Se me chispoteo

Por: alter eddie

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06
2016
ealvarez

¿Juanpa, por qué no te callas?

Por: alter eddie

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07
06
2016
ealvarez

Vivir en el Bronx

Por: alter eddie

Centro de Bogotá, 8 de la mañana, Junio 4

 

Llegan Pedro, Jorge y su novia Matilda. Los tres vivían en el Bronx y estuvieron el día del desalojo.

 

Jorge tiene 32 años, estudió dos semestres de Diseño en Bellas artes de Cartagena y luego cuatro semestres de psicología en la Luis Amigó de Medellín, dice con risa que allí fue que se enloqueció.

 

Pedro tiene 35 años, estudió en la armada de infantería de Cartagena hasta que lo sacaron y cuenta que allá fue donde se desvió.

 

Los dos nacieron en Bogotá en la zona del cartucho, vinieron de Risaralda pero los hermanos de sus padres los ayudaron para que estudiaran,  la mamá es sana, ellos venían a sacar al papá de las ollas, y terminaron en ellas,  dicen que son los genes, pero también que cada quien es responsable de su destino.

Los dos hablan casi al tiempo, mientras la novia de Pedro calla y sonríe a veces.

 

Vamos a desayunar a un Dunkin’ Donuts y empezamos el diálogo:

- Jorge: Sabe que yo no vengo a un sitio de estos hace como diez años y con eso que usted pagó hago mercado y me sobra.

 

¿Ustedes qué opinan de lo que paso en el Bronx con la toma?

- Pedro: En el momento lo que paso es malo, nos quedamos sin nada,  yo tenía mi habitación y nos quedamos sin nada, todas las cositas  se nos quedaron allá pues no pudimos sacar nada, la cama, la ropa, el televisor, la estufa, pero yo creo que pronto lo malo va a pasar a bueno, porque ya no estoy allá metido, no hay vicio a la mano y espero no estar en un sitio tan podrido como ese. Una cosa somos nosotros, pero hemos visto a mucha gente que está peor de llevada, que no tienen para pagar una pieza y corren para donde los deja estar la policía, el que quiso está en hogares de paso como Bacatá, autocuidado o vía libre y el que quiere consumir para eso están cinco huecos o el san Ber.

 

¿Ustedes creen que va a haber un nuevo Bronx?

- Pedro: Pues como en el cartucho que lo desalojaron  y se riega la gente para todos lados.

 

¿Bueno y cómo fue la toma del Bronx?

- Pedro: Pues eso fue como a las cinco y media de la mañana, eso había gente en el techo, por todos lados, un operativo muy bien planeado para que, cogieron a los sayas tomados o enguayabados por eso no hubo una respuesta armada, por eso se volaron.

- Jorge: Yo estoy hablando con ustedes porque diosito lo quiere, a mi me empacaron 6 cajas de popper nuevas, una libra de coca, una bolsita de heroína y pepas de cualquier cantidad, mucho visaje.

- Pedro hablándole a Jorge: Pero eso le pasa por piraña, por querer aprovechar el desorden.

- Jorge: Pues yo vi una lona y la cojo y cuando es que encuentro todas esas cosas, ufff, y me cae un policía y me dice que me iba a judicializar por eso, pero el tipo me vio con cara de yo no fui y sin embargo me encanaron.  Por suerte la jueza me vio la cara de habitante de calle, yo estaba todo sucio y mechudo y bueno la fiscal no me dio tan duro, pues esas fiscales lo que quieren es meterlo a uno, yo acepte cargos y me quedo en 10 meses lo cual es excarcelable. ¡De la que me salve!, eso era un descargue de alguien y yo por solo mirarlo prácticamente, mire en el lío que me metí.

Eso todo el mundo estaba pirañeando, se sabía que todo se iba a perder, los tombos rompieron las máquinas de monedas, llovían monedas por todos lados, tocaba cogerlas antes de que se las llevaran los tombos.

- Jorge: A mi mamá  que es toda buena y  vende guacales por esos lados días después le robaron la moneda, tenía como cien mil pesos en monedas, pero eso para los tombos es sinónimo de ser expendedor de drogas, pues todo se pagaba en el Bronx con monedas y se pesaban, no tenían tiempo para contar tanta moneda, tenían básculas, la gramera.

 

¿Cuanto pagaban allí?

- Pedro:  $7000 por la pieza  para los dos, eso lo pagábamos diarios.

- Jorge: Yo  $4000 por un camarote.

 

¿Todo el mundo piensa que el Bronx era un infierno, ustedes qué opinan?

- Jorge: Sabe que para el que fuma ese es el paraíso, el paraíso del infierno, excesos de todo tipo.

- Pedro:  Es tan infierno que la gente que andaba allí está por obligación, por la adicción, la necesidad de consumo, la bazuca. Mire allá si hay gente sana, pero los sanos son los que se lucran con la adicción de los otros, son los que la venden entonces no son tan sanos.

 

¿Oigan y todas esas historias de que tenían un cocodrilo en el Bronx?

- Pedro:  habían dos cocodrilos aquí me traje uno, je,je (señalando a su novia Matilda a la que le da un beso), mentiras solo había uno.

- Jorge: Había una serpiente y un tigre como esos de circo, ese lo sacaron por el túnel, eso dicen y pitbulls, esos animales los usaban para la gente que tienen que picar, policías infiltrados, para los sapos que se dejan pillar, con eso les desaparecían hasta los huesos, ni huellas, ni nada.

- Pedro:  Menos mal que esos manes los sayayines no son árabes o de esos lados sino se inmolaban ese día, por Alá.

 

¿Se dice que allá lo que había era armas, ustedes porqué creen que no se dio un enfrentamiento?

- Pedro:  Ese operativo estuvo tan bien hecho que  fueron el día que más se rumbea y los jíbaros por más sanos que sean echan cerveza, perico, popper, sus visajitos y  a las cinco y media están todos paspeados, amanecidos, enfiestados y no les dieron tiempo de reaccionar, los cogieron meando y ahí fue. La reacción fue esconderse, por eso estuvo super bien, se sabía que eso iba a pasar, pero esta vez no hubo fuga de información, fue sorpresa, yo que fui militar pienso que así fue, yo estuve en la seguridad del man ese en Cartagena, de Bill Clinton en el 2000, yo era de la armada, no es por chicanear.

 

¿Y qué era lo bueno del Bronx?

- Pedro:  Que uno podía hacer lo que quería sin que lo estuvieran jodiendo, cada quien en lo de cada quien, eso era lo bakano, allá el raro es el que no consume nada, ese es el sospechoso, pero ya la gente estaba cansada, estaban poseídos “a mosco, a escalera, manguera, morado, nacional”, esos son los ganchos, las líneas fuertes.

 

¿Y cómo era un día corriente en el Bronx?

- Pedro:  Entre y salga, entre y salga, entre y salga, consiguió diez mil  y a consumir, luego salga a conseguir  para consumir más. Es como ir a Salitre mágico y después ¿de dónde venimos? (con tono cansado) de Salitre Máaaaaaaaaagico. ( todos ríen o mejor reímos)

Uno sale es aburrido cuando se va, y llega contento cuando tiene billete para consumir.

- Jorge: Para mí el puro vicio allá eran las máquinas, la ludopatía, eso era peor, había gente que vendía sus bazucas para jugar.

- Pedro:  Esa era la clave del Bronx, usted jugaba y metía bazuca, el pipazo y el maquinazo, el pipazo y el maquinazo, es un complemento, es como el que toma y fuma, esto era único del Bronx. Un pipazo sin maquinazo no era lo mismo. También jugábamos los dados o la cajita de fósforos, la que caiga parada, es un juego muy bakano, es el deporte nacional colombiano.

 

¿Ustedes qué opinan de lo que pasaba con las niñas?

- Pedro: Hermano yo creo que eso es falso, las niñas se corrompieron en su barrio, en el barrio de ellas fumaron y alguna amiguita les dijo que en la L se conseguía mejor bazuca, y la trajo para acá, la niña llegó y no se quiso ir , ¡amarrados aquí los secuestrados!, o el cocodrilo, pero las niñas no, amarradas por el vicio que es distinto y ese amarra peor, los jíbaros abusan de que las nenas consumen, entonces si usted me da de esto yo le doy de esto, pero amarradas no. Es malo que las niñas llegaran allá pero es la lógica de la adicción por el vicio.

- Matilda: Yo llegué menor de edad llegue en el 2000 a los 16 años y me quede, a mí nadie me llevo, llegue sola. Me obligo el vicio que es el infierno.

 

¿Bueno y qué es lo peor de allá, del Bronx?

- Pedro: Que se acabara hermano, eso es lo peor. ( todos ríen)

- Pedro: Lo peor es que muchos amiguitos, amiguitas mías que llegaron allá, que cometieron alguna falta, algún error nunca más los vi, eso es lo peor que puede pasar.

- Pedro diciéndole a Javier : se acuerda de Homero, Homero se murió allá, un rapero, puro talento impresionante , pero se degeneró, el vicio lo jodió, el consumía muchas pepas, el pirobo era un zombie, alguna cagada hizo todo pepo y la embarro, Homero paila, nunca más lo volví a ver, fijo lo tuvieron que haber picado, lo mataron.

- Jorge: ¿Saben que más malo a mi me parece?… Chinos que sí he vuelto a ver, que los vi varios días antes así normales y a la semana los veo y ya no tienen una mano o una pierna  ¿y sabe qué?, mutilados, ¿qué les paso? ¿Sabe qué?… nada, nada, nada, ni hablan, nada se cuenta, eso es un trauma, sabe que si usted cuenta le quitan la otra, están muertos en vida, yo prefiero que me maten a que me quiten las manitos.

 

¿Y entre el Bronx y el cartucho qué era peor?

- Pedro: El cartucho, claro el cartucho, eso era cinco veces más grande.

- Jorge: Mire si este no fuera mi hermano y yo saco y pum, pum, pum, le pego unas puñaladas a lo mal hecho, en frente de todo el mundo, nada hubiera pasado, lo que si tenía que hacer después, es sacar unas bichas, unas monedas y tirárselas encima para que los que las quieran coger lo cojan y lo tiren al container.

 

¿Como quien dice en el cartucho no existía ley?

- Jorge: No allá no había ley, allá no importaba nada, la EDIS llegaba todos los días a recoger la basura y antes a llamar a medicina legal para recoger los muertos, por eso medicina legal quedaba ahí al lado, eso era diario. Eso era ver gente asando ratas a media noche.

- Pedro: El cartucho era como ver la fuga de Absolom, ¿si pilló esa película? Eso era Sodoma y Gomorra, o peor, impresionante.

- Jorge: El Bronx si era seguro, allá había autoridad, en el Bronx se podía entrar, en el cartucho no, allá estaban enfierrados muchos.

 

Y ustedes qué opinan de lo que van a hacer allí en el Bronx a futuro?

- Pedro: Pues mire,  Peñalosa acabo con el cartucho y bueno hizo un parque y esa es la letrina de los locos, pero es su parque, igual la cagaron en esa época, ahí no había sitios para que la gente fuera a bañarse y a descansar por lo menos, ahora si los hay, en esa época decían que se llevaron a la gente en camiones, ahora no necesitan hacer eso.

 

Nos vamos del Dunkin’ Donuts y vemos a la salida a una celebridad de la séptima, “El Halcón” ex cantante de “el nene y sus traviesos” y habitante de calle, Jorge lo escucha aterrado mientras canta uno de los éxitos de su pasado “La barola” y se acompaña con una percusión improvisada en un balde.

- Jorge: ¡Uff es que este vicio si es muy hijueputa!

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