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16
04
2013
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Cosas que me aburren

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

LW399Primero que todo, me aburren las listas. Me aburre la falta de tentaciones, los amores de más de dos años o de menos de una semana; la austeridad excesiva, y, como a Nicolás Guillén, me aburre el agua químicamente pura y la ausencia de bacterias en casa, el pundonor y la mesura, me aburren los uniformes -a menos que sean para usos lascivos o para vestir el muñeco de año viejo-; me aburren los himnos nacionales en los grados; los teloneros en los conciertos  (como el espanto de que Natalia París haya sido telonera de Chemical brothers. Plop!); en general, me aburren los conciertos. Me aburre la cerveza en medio de las multitudes; me aburren más de cuatro personas en una misma mesa; me aburre el nombrar a dios para pedir favores o plata en el transmilenio; me aburre que los domingos el rigor social me obligue a hacer deporte o comer helado o reunirme con la familia; me aburre la sobriedad tanto como la borrachera abismal; me aburren esas personas que hicieron de los gatos en casa un cliché molesto y a menudo postizo, que les usan como parte de una puesta en escena, emulando escritores o estrellas excéntricas de antaño; me aburren los coleópteros; los French poodles, los e-books.

Me aburren esos pasajeros del bus que no llevan encima sus audífonos y me obligan a padecer sus vallenatos sospechosos o su regguetón de barra de burdel; me aburren los ex presidentes que se meten en todo sin tener ya velas en el entierro; me aburren los ex presidentes poetas; los ex presidentes filántropos; los anfitriones de kermeses literarias tipo sisben o geriátrico;  me aburre la franja de los noticiarios sobre la ciudad de noche, noctámbulos reporteros a la caza de accidentes y borrachos, con una música de fondo que suena a película clase B.; me aburre el boom de universidades con ‘carreras’ de criminalística que juegan al CSI en Fusagasugá y la sábana -”Señor pasajero, en caso de accidente con muerto y/o herido favor llamar al…”-.

Me aburre el amor tardío por los cantantes muertos; las estrellas muertas; los políticos muertos. Me aburre que a alguien le parezca que todo lo que lee es bueno; me aburre la amistad ciega, el mal lector, el lector monotemático; el lector lambón; el lector demasiado entusiasta -el que no sospecha, el que no ve los gazapos ni se atreve a pensar más allá de su amor de agente literario-; el lector de fila de supermercado; el lector de novedades; el lector de listas de números uno; me aburren los editores de novelas rosas y los editores y lectores de autoayuda o superación; me aburren las corbatas en la mañana y el hedor a perfume en los colectivos y las oficinas de los bancos; me aburre contar billetes o ver contar billetes; me aburren los pagos mensuales; las quincenas; los días pro tal cosa; las sirenas de barrio que cada 10 minutos una abuelita activa desde la casa porque un muchacho encendió un cigarrillo junto a un poste, me aburren las lecturas de poesía de más de cinco minutos; me aburren los audio libros; el lector para invidentes que suena a grabación de Stephen Hawkings.

Me aburre aterradoramente el maniqueismo de todo el mundo al momento de venir a pontificar sobre la izquierda o el neoliberalismo o el tio sam; me aburren los pro yanquies; me aburren los anti yanquies; me aburren las marchas y los pitos y las ventas de mazorca.

Me aburre que conviertan las redes sociales en micrófonos de estadio para repetir como cotorras lo que pasa cada que hay un pinche partido de fútbol. Me aburre que me llenen el spam y el inbox de mis redes y correos con solicitudes o etiquetas o llamados de atención y convocatorias para firmar; de fotos de  matanzas y perros perdidos; me aburre la función de autocompletar en google y los mensajes de texto (iba a escribir Escher y escribió en su lugar escherichia coli); me aburre el what’s up, el pin y los soniditos de skype.

Me aburren las mil y una páginas de facebook que intentan ser graciosas a punta de mostrar nuestra mal habida idiosincrasia; me aburren los perfiles de modelos improvisadas y sus fotos mil veces comentadas a punta de incorrecciones idomáticas y palabras impunemente desmembradas estilo msn o blackberry; me aburre la señora africana que siempre me propone matrimonio en el gmail para que la saque de su país y así poder darme diez hijos; me aburre el banco inglés en el que cada semana me gano veinte millones de euros y al que nunca le consigno los cincuenta que me pide por derechos de transferencia; me aburre el mismo correo de la niña perdida que hace más de veinte años seguramente habrá muerto de vejez.

Me aburren los veganos extremos, los antitaurinos que cada fin de semana se dan su banquete de caldo de raíz en Paloquemao. Me aburre la novia que fuma endiabladamente o la que calienta una cerveza en el bar por más de tres horas. Me aburre el trago caliente, la sopa fría; me aburren las chicas águila; los animadores de rumbas; me aburre el espantoso vino dulce que yo tomaba en las épocas de universidad; me aburre la charla a grito pelado; el mesero servil; el maní insípido sobre la mesa; me aburre la cosa snob por la que hasta Piazzolla se volvió plan de viernes de los tontos.

Me aburre ‘canaliar’ -o decir zapping cuando se puede decir en cristiano-; me aburre el canal del congreso; Jersey Shore; Sábados felices; The suzos show; me aburre nuestro humor de mingitorio de carretera.

Me aburre que los noticieros estén llenos de farándula y deporte o el hecho de que los sábados y domingos en la tarde Caracol y RCN pongan al aire a unas locas frenéticas  de quienes siento vergüenza ajena y quienes de paso degradan la condición homosexual con su alharaca sin sentido y su costurero de pacotilla, exhibiendo sin pudor la traza mediocre de libretistas y ‘creativos’ truculentos; me aburre el periodismo de escritorio o de twitter -el periodismo de RT- me aburre Bogotá cuando no estoy en casa; me aburre que aburrirse parezca cosa de adolescentes o de góticos o de emos cuando yo soy ni lo uno ni lo otro; me aburre tener que aburrirme tanto.

Categoria: Cultura

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Opiniones

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Opinión por:

digoall

16 abril 2013 a las 17:38
  

A mí me aburre que alguien embuta en un texto una letanía con una sola palabra como pretexto para lograr su entrada. Nadie lo obliga, hombre, a repetir y repetir lo mismo cuando claramente hay muchas cosas de éstas que no aburren sino que: molestan, hastían, repelen, asquean, dan grima, no gustan, etc. El aburrimiento es un estado de no reacción, de letargo. Muchas de las cosas que menciona inducen a todo menos al letargo. Uno reacciona ante ellas. Por ejemplo, “el hedor a perfume en los colectivos” a mí me EMPUTA y me ASQUEA, pero está bien lejos de provocarme un bostezo de aburrimiento..

Opinión por:

lospasajes

18 abril 2013 a las 10:59
  

Carlitos, eres un gigante. Comparto absolutamente todo lo que mencionas allí, en tu documento. Perdón, no todo, en lo único en que no estamos de acuerdo es en que nos aburren las marchas, pues yo vivo de ellas, qué sería de los pasajes sin la movilización social? qué sería de nuestras vidas sin en el tropel? de resto todo me aburre en esta bendita existencia, excepto, María Alejandra, mi barca que rema hasta su sueño.

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