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28
03
2013
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Maestra, milagro o misterio: dios entre las sombras

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

El gran diseño
Stephen Hawking
Leonard Mlodinow
Ed Crítica
Bogotá, 2011
232 páginas

 

gran_diseño_HawkingEl trabajo emprendido por Stephen Hawking en compañía de Leonard Mlodinow en The grand design (estudio publicado en el Reino Unido a mediados de 2010) causó tras su aparición algún ruido proveniente de las esferas de la religión –sobre todo de la Iglesia católica en Roma, cuyo sumo pontífice estaba precisamente por visitar Inglaterra por esos días– en cuanto, como es su costumbre, Hawking pondría una vez más en entre dicho el papel de Dios en la creación del universo. Palabras más, palabras menos, no se trata en este caso más que de la ya sabida disputa entre las teorías científicas y el lugar que Dios puede o no tener desde su lugar de sombras y superstición.

El presente libro, cuyo tema no es tanto el divagar sobre el creador como sí sostener una teoría unificada sobre el origen del universo, la Teoría M, está compuesto de siete capítulos que van de la formulación vertiginosa y algo nebulosa de dicha teoría hasta una suerte de síntesis histórica aquí consignada a vuelo de pájaro y a menudo invadida por interjecciones que se quieren hacer pasar por pedagógicas y que al parecer están allí para aliviar el acartonamiento académico propio de estas obras de divulgación científica.

 

Pues bien, la teoría M, “toda una familia de teorías distintas”, se ejemplifica mediante la figura del mapamundi, el cual, y dada la forma de nuestro planeta, no podrá nunca mostrar todos y cada uno de los lugares del planeta, de manera que para hacer tal cosa se hace necesaria una serie de mapas individuales que sumados mostrarían el total de la superficie terrestre. Como las respuestas al porqué estamos aquí ya no pueden ser brindadas por la filosofía, pues ha muerto como bien lo anuncian Hawking y Mlodinow en la etapa liminar del libro, y la religión no es otra cosa que un panteón de deidades y seres sobrenaturales que a capricho parecen manipular las leyes que la ciencia ha formulado a través de los años, el libro quiere de manera sucinta revelar una serie de estudios a través de los cuales se responde a tres preguntas fundamentales, esto es, ¿por qué hay algo en lugar de nada? ¿Por qué existimos? Y ¿Por qué este conjunto particular de leyes y no otro?

La respuesta parece venir de la Teoría M y que en todo resulta convertirse en una suma de teorías que redundan en una incógnita criptica y mayor, como la ofrecida en la Guía galáctica de Hitcciker, en la cual, ya en la primera novela de la saga Guía del autoestopista galáctico, una raza de seres extraordinarios construye una  imponente computadora, Deep Thought –algo parecido a aquella que perdiera una ya mítica partida de ajedrez frente al entonces campeón Gary Gasparov y de la que luego cobrara revancha un nuevo contendiente electrónico, Deep Blue– con miras a descubrir el sentido y porqué de la existencia, luego de siete millones y medio de años la respuesta es apenas “Cuarenta y dos”.

 

El problema había radicado en ignorar cuál era en efecto la pregunta. De allí que tras interrogarse sobre el significado de la M, los autores acudan a algo tan paradójico como esto: “La teoría más fundamental es la denominada teoría M, como dijimos antes. Nadie parece saber qué significa la M, pero puede ser Maestra, Milagro o Misterio. Parece participar de las tres posibilidades. Aún estamos intentando descifrar la naturaleza de la teoría M, pero puede que no sea posible conseguirlo. Podría ser que la tradicional expectativa de los físicos de una sola teoría de la naturaleza sea inalcanzable y que no exista una formulación única”. De paso y haciendo un breve recuento del camino trazado por la curiosidad humana desde sus inicios hasta la física Newtoniana y posteriormente la física cuántica como tal (Tales, Aristóteles, Demócrito, Aristarco, Epicuro, Kepler, Galileo, Descartes, y tantos otros). Recurriendo a anécdotas bastante singulares que expresan el eterno conflicto entre Dios y su aparente creación, los autores recuerdan a Pierrre Simon, Marqués de Laplace, figura central en el llamado determinismo científico y quien, ante los cuestionamientos de Napoleón alrededor del lugar de dicho creador en la identificación de las leyes y el comportamiento de la naturaleza, atinó a responder:

“Señor, no necesito incluir a Dios entre mis hipótesis”.

miracle

A esta confrontación, le sigue un capítulo que constituye la parte más interesante del libro. A través de la idea de una pecera, los autores desarrollarán una teoría muy interesante alrededor del concepto de realidad, por cuanto los peces, al ver el mundo exterior en una pecera ovala ven apenas una imagen distorsionada de las cosas y por lo tanto su concepto de realidad ha de diferir de otros. En este camino, se explican los conflictos subyacentes a los modelos científicos hasta llegar a analizar la naturaleza de la luz, por la cual se daría cabida al análisis de la física newtoniana, los modelos ondulatorios y consecuentemente a aquello que abriría las puertas a la física cuántica como tal.

Más adelante el libro se encargará de exponer los experimentos de doble rendija –en los cuales se dispara un haz de electrones hacia un blanco opaco con dos agujeros– para llegar así, en un nuevo capítulo, al principio de incertidumbre y luego arremeter con otra explicación condensada sobre la teoría de la unificación (con la cual los autores habrán de pretextar su Teoría M). Se repetirá dicha clase intensiva para abordar la teoría cuántica (electrodinámica cuántica, electromagnetismo y cromodinámica cuántica), las fluctuaciones simétricas, la teoría de las supercuerdas, hasta llegada la gran teoría que habrá de unirlas a todas, desde la idea de las once dimensiones que ésta sostiene y por la cual la posibilidad de multiuniverso llega a tener adeptos, la Teoría M.

pecera para hawking

La pecera de Stephen Hawking

 

En sí, cada uno de estos universos posee sus propias leyes, lo que da cabida al tema que se expone en el capítulo “Escogiendo nuestro universo”. En este, se vuelve a la exposición científica sobre dicho multiuniverso y la idea de que nuestro cosmos es apenas uno de tantos que se forman en una suerte de sopa de burbujas, creada desde las fluctuaciones del vacío cuántico. Los autores regresan a la posibilidad de Dios y su relación con las leyes y el gran diseño que supone el equilibrio en estos universos, lo cual lleva a los autores a plantear, en el capítulo que sigue, toda suerte de conjeturas alrededor del principio antrópico y con las cuales nuestros universos estarían especialmente ajustados para permitir la existencia de observadores inteligentes.

Llegado el capítulo final, regresa la ficción al programa científico de Hawking y Mlodinow, esto es, retomar el asunto de la injerencia de Dios en la creación o el que la creación espontanea sea aquello que permite que exista algo en lugar de nada, una creación salida del vacío absoluto y privada del ingrediente principal de la existencia: el tiempo; y, así mismo, una creación espontanea sin un dios que estuviera allí para poner sus manos en ella. La filosofía regresa para estipular que ante la muerte y ausencia de este creador misterioso, lo que queda para explicar y unificar una teoría sea precisamente la Teoría M, que en algún trecho del libro se traduce como Maestra, Milagro o misterio.

 

*Una versión de esta nota acaba de ser publicada en la revista Génesis de la Universidad Antonio Nariño.

Categoria: Cultura

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