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23
03
2015
Carlos Andrés Almeyda Gómez

A este lado del charco, sobre un libro de Plinio Apuleyo Mendoza

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

Entre dos aguas, Plinio Apuleyo Mendoza, Ediciones B, Bogotá, 2011, 442 páginas

 

ENTRE-DOS-AGUASLuego de “más de ocho años de silencio literario”, como consta en la nota que aparece en la contratapa de este libro, Plinio Apuleyo Mendoza entrega a la imprenta Entre dos aguas, novela con intenciones un tanto autobiográficas que relata la historia de Martin Ferreira, “un periodista con alma y transpiración de poeta” que, luego de vivir por un largo tiempo en Europa, regresa a Colombia para averiguar por la suerte de su hermano Benjamín, oficial del Ejército, quien aparentemente se ha quitado la vida. En su periplo no hace otra cosa que internarse en la selva para protagonizar otra tonta serie de acción mientras rememora las tardes en París o la cúpula de la Catedral de San pedro en Roma no sin antes haber relatado la historia de su vida y su partida a Europa, hijo de una familia humilde que no le ofrecía en Colombia más porvenir que el de la agricultura:

“Y tiempo después, mientras él andaba en aquel Saint-Germain-des-Prés existencialista de los años cincuenta, sumergido en el hervor de las cavas y de sus delirios de jazz o escuchando cantar a Juliete Gréco en las penumbras de la Rose Rouge, su padre estaba empeñado en sembrar ciruelos valiéndose de una técnica japonesa que había aprendido”. (p.59).

Se trata, como podrá evidenciarse tras la lectura del libro y de la vida y vicisitudes de su autor, de una muy particular mezcla entre un tema siempre ‘taquillero´ como lo es la realidad política y social de un país vista desde la lógica del statu quo pero finalmente expugnada por un rumor en contra de Benjamín, junto al libro de viajes de Plinio Apuleyo en donde relata su periplo por países como Francia, Italia y Portugal, lugares a los que lleva a su personaje principal para permitirse cada una de sus anécdotas, en muchos casos innecesarias si de hablar de la trama central se trata. Antes de retornar al país, obligado por el duelo y la duda sobre el porqué de la muerte de su hermano, Martín no pierde tiempo para evidenciar el resquemor que el regreso le provocaría, regresar a una realidad que el tiempo había desvanecido “y que ahora reaparece idéntica al recuerdo, tal vez más paciente y sufrida, como un pariente pobre que uno vuelve a encontrar a la vuelta de los años”.

 

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De entrada, aquel pariente pobre, la Colombia en que la búsqueda no significa otra cosa diferente a revisar el conflicto de manera evidentemente maniquea (pues se trata en este caso de una lucha entre guerrilla y ejército, malos y buenos, delincuentes y mártires al servicio de la comunidad que se enfrentan a muerte bajo premisas gastadas de los años sesenta), se presenta en la novela no más que como un caserío plagado de mosquitos y narcos; al otro lado, esperan esas calles del intelecto y la dolce vita. Martín regresará, a su pesar, a aquella “ciudad extendida en la oscuridad, más allá de la ventana”, llena de una carga enorme “de violencia, muertes, secuestros, delirios revolucionarios”. De allí el título de esta novela, “vivo en dos mundos –piensa–. Entre dos aguas”. En el curso de la novela podrá verse la forma en que ciertos estereotipos trasnochados permanecen en pie entre el barro y las calurosas montañas. Se habla de marxismo y juventudes comunistas, de sueños de revolución, de utopías marchitas. El curso de las averiguaciones de Martín no incluye más que bandoleros y oficiales del ejército, con quienes éste mantiene disimiles conversaciones en brega de una historia más o menos coherente que revele lo sucedido. El parte oficial habla de un infarto mientras que en el aire una sospecha creciente intenta alimentar el libro sin lograrlo efectivamente. Por lo demás, el ir y venir de los capítulos de Entre dos aguas no ofrece mayor avance en el libro y se deambula sin brújula entre cartas familiares y toda suerte de anécdotas personales y amorosas, hasta regresar atribulado por tanta pretensión intelectual y paseos por el Sena a las derruidas trincheras colombianas donde el ELN y las FARC defendían el naciente negocio del narcotráfico. Allí, el paramilitarismo aparece someramente, se trata del recuerdo que Plinio tiene de los años noventa y de su situación como periodista de escritorio, lo que explica según parece la ingenuidad con la que aborda el tema, a través de los ojos de un poeta que viene reconstruyendo la vida de su hermano, en principio un ejemplo de militar, ávido en conocimientos de filosofía y todo un presunto humanista que aconsejaba a los guerrilleros el desertar de las filas. La prosapia elegante y plagada de expresiones francesas, inglesas e italianas, muestran a Martín más allá de la historia central y parece a ratos que dos libros distintos se hubieran traspapelado por error de imprenta. Entonces, por boca del propio Apuleyo se tiene noticia sobre la intención final de su novela: “rescatar vivencias que perdurarán en el tiempo”. Las vivencias colombianas tienen el tinte de algo que se desconoce, palabras prestadas, nombres comunes, ONGs, Derechos Humanos, fusiles, oficiales, deserción, celadas, pillaje. El mundo al otro lado del charco, el tono de un libro de Víctor Hugo leído a medias. Bien lo entiende Martín al hablar sobre su ignorancia infantil ante esa otra realidad para él asunto de ideologías y películas de época:

“Esa noche, como nunca, mido toda la infinita distancia entre el mundo de Benjamín y el mío, entre su destino y el elegido por mí. La realidad vivida por él aquí adquiere su real dimensión. Nada que ver con esa visión romántica que en los años sesenta, todavía muy joven, mis amigos de entonces y yo nos hacíamos en Europa de la lucha de guerrillas, visión inspirada por el Che Guevara y la revolución cubana. Mitos. Entonces teníamos claro, sin duda, lo que había sido el estalinismo, después de lo ocurrido en Budapest y en Praga y el informe de Kruschev en el XX Congreso del Partido Comunista. Pero pensábamos que lo ocurrido en estas latitudes era distinto, algo que reivindicaba nuestros sueños de un socialismo generoso y liberador. ¡Cuánta tontería debí escribir entonces!”

Martín, como se verá constantemente en el curso de la novela, sostiene en la narración los dos oficios por los que quiso sobreponerse a su condición rural para llegar a granjearse cierta reputación como poeta y escritor. Al tiempo que funge de detective y va de un lado al otro, la memoria de su hermano es pronto manchada por la duda al inculpársele de la muerte de unos campesinos. En este punto Plinio Apuleyo demuestra querer equilibrar la balanza para no dibujar personajes-tipo tan pantallescos con los cuales no cabría una segunda lectura, caso del típico poeta que se revela ante su familia para cumplir el sueño de gloria intelectual lejos de las vaguedades del trópico –“sobrevivir, abrirse paso y darse a conocer un día como periodista en un ámbito internacional”– o del militar que se revela para convertirse en un defensor de los desprotegidos. Entonces resulta que la historia del periodista –Martín– junto a la de su hermano el filósofo –Benjamín–, cobran significados cambiantes aunque finalmente sepamos a dónde nos llevará la historia: un hermano que se entrega como de costumbre a un sainete amoroso –Irene– al tiempo que el muerto sigue precisamente así, muerto. Sin más gloría que el descrédito o la conmemoración, lo que en la práctica resulta ser la misma cosa. Benjamín va del olvido a la honra o la murmuración. Se cuenta de sus obras humanas, de su carisma a prueba de todo, de su personalidad tan poco ortodoxa, de su aparente suicidio o de sus acciones dignas de un héroe de cinematógrafo:

“¿Pero qué pasó? ¿Qué hizo Benjamín para que todo cambiara? ¿Cómo logró que cuatro mil campesinos marcharan hacia el campamento del ELN para advertir que no querían más reclutamientos?

-Fue un verdadero milagro –suspira doña Adela–. Mi Dios debió ayudarlo.

(…)

Sólo le puedo anticipar una cosa- [Dice el capitán Ramírez] Su hermano, le hizo honor al apodo que le ponían. El filósofo. Más como filósofo que como militar acabó quitándoles a los bandidos del ELN este pueblo. Y algo sorprendente: sin disparar un tiro. Sí, como dice doña Adela, fue un verdadero milagro” (p. 157).

El conflicto en el libro y al mismo tiempo una de las pocas particularidades que le salvan del aburrimiento, es el saber que el personaje ausente, el filósofo Benjamín, se desdibuja en algunos trechos de la narración. Dado a la correspondencia con la guerrilla o a la transmisión regular de un espacio radial en La Voz del Caguan, se trasfigura y termina por semejarse a otro personaje-tipo, algo más revolucionario y, como su hermano, amante del vacío de los discursos ajados y la entelequia. Habla entonces a los guerrilleros sobre Marx y Engels, la caída del capitalismo y el advenimiento del socialismo:

“Y para mostrar que ese proyecto nunca había logrado sus objetivos, hablaba de lo sucedido en Cambodia, Laos, Vietnam, Corea del Norte, Checoslovaquia, Polonia o Chechenia así como de las razones por las cuales el muro de Berlín había caído. Muchas de esas cosas, la verdad sea dicha, yo no las conocía tan bien como él porque mi formación había sido esencialmente teórica sin confrontarla con la realidad política del mundo socialista”.

Lo que nos hace bastante incoherente la lectura es tratar de hacer verosímil el cambio en los hechos y las teorías que no hacen otra cosa que flotar en la nada del éter para dejarnos en mitad de ninguna parte. Para colmo, los guerrilleros y  soldados con los que Martín habrá de entrevistarse están perfilados de manera poco imaginativa, se trata aquí de guerrilleros que antes, como Cástulo, pasaron por la Universidad Nacional, estudiando Derecho, junto a carteles de la JUCO, panfletos de izquierda y obras “de Lenin, del propio Mao, pero muy especialmente de Gramsci” hasta textos de Marta Hornecher, una suma de personajes hechos sin más alma que la estampa ochentera de la plaza Che.

No podría cerrarse la novela sin un ataque sorpresa, una celada repentina con muertos y helicoportados que recogen a quienes aún se mantienen con vida en medio de la confusión de metralla y estruendos cercanos, minas antipersona y el viento que las hélices transforman en una estrepitosa polvareda. Días después Martín descansa en Lisboa,  una ciudad de aires y resplandores otoñales, con una memoria apenas manifiesta de lo sucedido, viendo a través de la televisión el caos de la violencia y escuchando junto al estéreo los bellísimos fados de Amalia Rodríguez. Días más tarde regresará de nuevo a Roma, como se debe.

 

CARLOS ANDRÉS ALMEYDA GÓMEZ. Boletín  Cultural y Bibliográfico, Banco de la República No. 86.

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21
11
2014
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Tres actividades culturales recomendadas en Valledupar y Bogotá

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

3er Festival de las Letras Ciudad Valledupar

 

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En el Tercer Festival de las Letras Ciudad Valledupar participarán cerca de cien escritores del Cesar y de otras regiones del país, para debatir y compartir -durante los próximos 26, 27 y 28 de noviembre- alrededor de los intereses comunes de la literatura y el proceso creador, acompañados por estudiantes, docentes y público en general. Se rendirá homenaje al laureado nobel Gabriel García Márquez.
Las actividades están previstas en instituciones escolares de Valledupar, la Universidad Popular del Cesar, la Biblioteca Departamental y otros sitios públicos, para un total de 14 actos culturales, incluyendo la presentación de nuevas obras.

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El poeta y periodista cartagenero Gustavo Tatis en la anterior versión del festival, 2013. Archivo particular.

El evento cuenta con el patrocinio de la Administración Departamental del Cesar. El primer día, miércoles 26 de noviembre, la programación inicia a las diez de la mañana con la instalación del evento. El segundo es a las tres de la tarde con un conversatorio sobre Literatura y Periodismo en Gabriel García Márquez. El tercero, a las siete de la noche con un acto teatral, musical y literario, en la plazoleta de la Biblioteca Departamental.

Invitados

Entre los escritores invitados se encuentran: Gabriel Eligio Torres García, de Cartagena (sobrino de ‘Gabo’); Ricardo Vergara, de Sincelejo; Oscar Perdomo, de Ibagué, Jesús María Stapper, de Bogotá, Juan Carlos Céspedes, de Cartagena; Antonio Dumetz, de Lorica, Córdoba; Antonio Mora Vélez, de Montería y Nora Carbonell, de Barranquilla, entre otros.

También está confirmada la presencia de autores del departamento del Cesar, provenientes de los municipios de Aguachica, Becerril, Bosconia, Curumaní, Chimichagua, Gamarra, La Jagua de Ibirico, San Diego, Tamalameque y Manaure, entre otros, y de los escritores residentes en Valledupar, con el propósito de que se integren con los que vienen de otras partes del país.

El jueves 27 de noviembre la programación será desde las 8:30 de la mañana en las instituciones educativas Villa Corelca y del corregimiento de Aguas Blancas. Universidad Popular del Cesar, Biblioteca Departamental y Biblioteca Municipal de San Diego.2:00 a 6:00 p.m. en la Biblioteca Departamental serán presentadas ponencias y disertaciones sobre literatura infantil, creación literaria, autores y presentación de libros.  El viernes 28 se realizará el foro para debatir la situación actual de los escritores de la región.

 

Presentación de libros en la Casa de Poesía Silva

Beatriz Carretero de Cancelado, Mauricio Guzmán y Carlos Eduardo Castañeda presentarán sus libros el próximo 27 de noviembre de 2014 en la Casa de Poesía Silva a las seis y treinta de la tarde. Entrada libre.

 

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Lectura de la novela Retrato de un amante holandés de Karim Quiroga en Puntos de Convergencia, Punto Theca, Bogotá

El día 21 de noviembre de 2014, como parte de los ciclos de conferencias “Puntos de Convergencia”, encuentro literario que se realiza cada viernes a las siete y treinta de la noche en el café-restaurante, galería y bar Punto Theca en Bogotá  y que ya llega a su número 37, la escritora Karim Quiroga leerá parte de su novela en el cuarto piso de este espacio cultural en el centro de Bogotá.

Luego de un par de eventos más, estos encuentros tendrán un breve receso por época de vacaciones y volveran a realizarse en este mismo lugar hacia febrero de 2015, como siempre en este punto de la ciudad, ubicado abajo de la carrera octava y al paso de la Avenida Jiménez en el edificio que hace algún tiempo albergara una de las librerías más importantes del país, la Librería Buchholz (Avenida Jiménez, No. 8A-04). El día 12 de diciembre despediremos las actividades de 2014 en compañía de varios de los autores y el público en un coctel de cierre. Pueden descargar en el siguiente enlace parte de la presentación, folleto que se obsequia en cada oportunidad a quienes acudan a esta invitación: Descarga aquí.

 

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26
07
2014
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Íntimos enemigos que se cruzan: Puntos de convergencia

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

En los encuentros literarios organizados por el editor Mario Torres se cuecen estas cosas, toda suerte de conversatorios sobre literatura que conjuntamente hemos venido organizando cada viernes en el café y restaurante (galería, centro de reuniones, librería) Punto Theca, antiguo edificio Buchhollz, ubicado en la avenida jiménez 8-4, en pleno centro de Bogotá; un espacio que se viene abriendo para la tertulia, el arte y la rica exploración gastronómica, en su mayoría proveniente del Brasil. Comparto mi presentación junto a los poetas Celedonio Orjuela y Jaime Londoño, este pasado viernes 25 de julio.

Falso diálogo entre Pessoa y Caeiro

Pessoa: La lluvia me moja

Caeiro: A mí me deja triste

 

José Paulo Paes

 

10562536_10152255264991546_1229861591230748514_o (1)En ese tan conocido falso diálogo entre el portugués Fernando Pessoa, y su heterónimo, Alberto Caeiro, el brasileño José Paulo Paés hace lo que viene a suceder ahora, en esta mesa, casi como enfrentar en sana ironía dos ramas del mismo árbol; en este caso, el del portugués, un poeta infinitamente metafísico, al  otro lado, y de su misma carne, está ese Caeiro estoico sin dureza y al parecer maestro de su nave nodriza, el portugués de las varias máscaras. El Pessoa medular entristece con la lluvia que cae sobre su cabeza, el otro, apenas se moja con ironía. El diálogo de dos poéticas que ahora, en este otro caso, el de Celedonio Orjuela y Jaime Londoño viene a corroborarse de  manera singular; asistimos a una puesta en escena donde convergen dos formas distintas de visitar el mismo abismo. A ambos les alimenta el ejercicio de la poesía como una cuestión ética, el lenguaje como una cuestión estética, y de igual forma comparten desde sus guaridas el ejercicio de la docencia, el trabajo editorial y la gestión cultural; Orjuela es novelista, cuentista, ensayista; es tallerista de poesía en la Cárcel Distrital de Bogotá y actualmente se desempeña como subdirector de Periódico de Libros; Jaime Londoño, aparte de su ejercicio en la poesía, es editor, dirige la editorial Domingo Atrasado, que comparte este nombre con el taller que este realiza cada domingo en el parque de Usaquén en el norte de Bogotá, practica toda suerte de artes milenarias y dice ser un buen cocinero; a ambos les atormenta gran cantidad de asuntos, comparten y se apasionan como compadres, colegas y amigos por otros, buscan las mismas musas de sus poetas principales, Verlaine, Cesar Vallejo, Wilde, hasta el bello borracho de las cofradías y las tabernas, su hermano el ladrón François Villon. De allí el particular gusto de ambos por el anarquismo como máscara anti jerarquías pontificias, anti etiqueta, anticlericalismo de velatorio y de escuela, anti santidades enhiestas y olorosas a responso y a incienso. Su distancia se configura, como en Pessoa y su hermano perpendicular, en meras cuestiones cosméticas, de estilo, que configuran otro interesante falso diálogo, el de los enemigos íntimos (como Sabina y Serrat), donde puede irse del tono burlesco y de “pequeñas subversiones” de Londoño (como bien lo escribe el poeta Victor López Rache) y su ir y venir por la filosofía zen, el T’ai Chi Ch’uan, la docencia poética con jóvenes en el parque de Usaquén y sus juegos dialécticos y una particular mística de pequeño surrealista, acaso patafísica, un Boris Vian sin trompeta que, como en el poema-canción de Vian, “je bois,” bebe sistemáticamente para olvidar todas sus metidas de pata, a esa otra región que configura la poesía de Celedonio Orjuela,  una larga calle de salones de baile y bellas doncellas que la noche ha olvidado por ahí, en medio de un remedo de cuadros de Degas, bailarinas “de rostro pálido y túnica negra” acopiadas en los bordes del poema mientras que, al otro lado, pareciera que Jaime Londoño se  “mofara de cuestiones importantes”. Agrega entonces López Rache sobre la poesía de Jaime Londoño:

“La religión, los personajes tradicionales y literarios, en sus poemas, son amigos que cuentan una historia sin conceptos categóricos ni bellezas rebuscadas”.

Celedonio Orjuela, entre tanto, parece descender a un lugar que solo hemos visto en viejas postales extranjeras. De tanto en tanto sus poéticas se encuentran, hay por ahí un Rimbaud que se hace manipulación de lógicas y voluptuosidades en el uno, para ir a descubrir los infiernos y las mareas del erotismo en el otro. Jaime Londoño ha querido verse desde un caleidoscopio para decretar los males de nuestra época y Orjuela prefiere las clepsidras y los raros aparatos de cirujano, las pócimas y los ungüentos de botica, aquí los mitos que a la poesía tanto animan; el regreso a la casa de la infancia y su cadencia silenciosa:

“La infancia llena de bosques /Leños que arden desde siempre /En una casa que se lleva el viento.”

Se trata de una obra sostenida por estructuras móviles pero definidas bajo una estética casi que precisa en su forma de configurarse como una voz evidentemente suya. Para ello no hay más que recordar lo que el catedrático peruano Ricardo Silva-Santiesteban escribiera sobre su poesía:

“Celedonio Orjuela intenta dejarnos ese testimonio: el de una vida y un verbo. El poeta ofrece la experiencia de su paso vital sobre el planeta mediante su acercamiento a la mujer, al paisaje y al tiempo, textos insustituibles sobre la fraternidad humana”.

Junto a la puerta de la taberna de Carmina Burana, su compañero Jaime Londoño lo espera, con el sabor del vino sin beber en la boca, porque tal y como dijera el poeta Teillier, “es mejor morir de vino que de tedio”.

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08
06
2014
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Rafael Baena, Siempre fue ahora o nunca

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

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Alfaguara acaba de publicar la novela Siempre fue ahora o nunca, del “lector y escritor de tiempo completo” Rafael Baena –así reza la nota de solapa de este libro– que se presentará el próximo martes 10 de junio en la librería del Fondo de Cultura Económica (Centro Cultural García Márquez) en el centro de Bogotá. Reproduzco aquí como abre bocas a dicha presentación y a la lectura de su novela, parte de la entrevista que en 2011 publicara el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República y en la que tuve la suerte de conversar con el autor a propósito de sus libros Tanta sangre vista, ¡Vuelvan caras, carajo! y Samaria films XXX . Alfaguara publicaría tiempo después su novela La bala vendida. Aquí un aparte de la entrevista.

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30
04
2014
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Germán Espinosa, setenta y seis años después (1938-2007)

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

Un 30 de abril, por allá en 1938, nació el maestro cartagenero Germán Espinosa. Aquí una reseña para recordarlo.

“Un largo fantasma cruza la habitación en tinieblas”

 

Cuando besan las sombras
Germán Espinosa
Alfaguara, 2004,
Bogotá, 311 págs.

 

 

portada-cuando-besan-sombras_grandeUna mujer cuyo espectro aparece en medio de la noche para sentarse al piano y tocar aquel lied (y cuarteto) de Schubert: Der Tod und das Mädchen; la persecución del rara avis, exótica ave tropical que se siente invisible al sorprender a alguien antes de ser observada; el encuentro con Oscar Wilde en un restaurante de la plazoleta de Saint-André-des-Artes y, en general, el tono de erudición siempre vigente en la obra de Germán Espinosa (Cartagena de Indias,1938-Bogotá, 2007) son el pretexto para proponer una lectura muy sui géneris de los fenómenos paranormales que amenazan la tranquilidad de una pareja de amantes, recién instalada en una casona de la calle del Escudo, en Cartagena de Indias . (más…)

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09
01
2014
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Una flor entre dos abismos

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

El presente cuento acaba de ser publicado por el Instituto de Cultura Brasil- Colombia como parte de los finalistas de su concurso El Brasil de los Sueños dedicado en 2013 a  la figura del poeta y diplomático Vinicius de Moraes (Río de Janeiro, 19 de octubre de 1913 – Río de Janeiro, 9 de julio de 1980). Fue por igual incluido en la Revista Letras de Valledupar, que el pasado mes de septiembre organizó el Segundo Festival de las letras Ciudad Valledupar al cual fui amablemente invitado junto con autores y periodistas de la Región Caribe y del interior. Se trata de un texto que sigue un par de versos del poema “Soneto de Fidelidade” y que, en este caso, no es otra cosa que mi declaración de amor por una ciudad entrañable y una literatura tan infinita como el país que la envuelve.

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“Puedo decirme del amor (que tuve): que no sea inmortal puesto que es llama, pero sea infinito mientras dure…”. (más…)

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23
05
2013
Carlos Andrés Almeyda Gómez

“La vida no se parece a lo que cuentan los grandes libros”

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

Otros colores
Orham Pamuk
Mondadori
Barcelona, 2008
480 páginas

 

10178_642783602405880_963613810_n Otros colores, libro del Nobel de literatura turco Orhan Pamuk es, además de un compilado de carácter testimonial “hecho de ideas, imágenes y fragmentos”, un retrato a mano alzada de la vida y de la condición humana. En este libro, la idea de identidad aparece como centro de una compleja cosmogonía que, desde su natal Estambul, retrata el mundo en sus más variados matices y de una forma universal, probable, sobre todo, desde la literatura. (más…)

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28
03
2013
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Maestra, milagro o misterio: dios entre las sombras

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

El gran diseño
Stephen Hawking
Leonard Mlodinow
Ed Crítica
Bogotá, 2011
232 páginas

 

gran_diseño_HawkingEl trabajo emprendido por Stephen Hawking en compañía de Leonard Mlodinow en The grand design (estudio publicado en el Reino Unido a mediados de 2010) causó tras su aparición algún ruido proveniente de las esferas de la religión –sobre todo de la Iglesia católica en Roma, cuyo sumo pontífice estaba precisamente por visitar Inglaterra por esos días– en cuanto, como es su costumbre, Hawking pondría una vez más en entre dicho el papel de Dios en la creación del universo. Palabras más, palabras menos, no se trata en este caso más que de la ya sabida disputa entre las teorías científicas y el lugar que Dios puede o no tener desde su lugar de sombras y superstición.

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10
03
2013
Carlos Andrés Almeyda Gómez

De cazadores, guerreros y otros encantadores de serpientes

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

Viaje a Ixtlán
Carlos Castaneda
Traducción: Juan Tovar
Fondo de Cultura Económica
Bogotá, 1998
365 páginas
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Síntesis de sus dos libros anteriores, Las enseñanzas de don Juan (1968) y Relatos de poder (1971), el presente título inscribe las bases de lo que serán los conceptos e instrucciones recogidos por Carlos Castaneda junto a la presencia ‘física’ del yaqui Juan Matus. Viaje a Ixtlán examina los puntos básicos de este aprendizaje, formando al iniciado en el camino del conocimiento tolteca y guiándole por una prosa colmada de complejas reflexiones sobre nuestra civilización y su sesgada  noción de la realidad.
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23
01
2013
Carlos Andrés Almeyda Gómez

Algunos poemas de Owen Sheers, invitado este año al Hay Festival Cartagena

Por: Carlos Andrés Almeyda Gómez

A propósito de la nueva visita del narrador y poeta galés Owen Sheers (1974) al Hay Festival Cartagena, recojo a continuación algunos de los poemas que presentamos en el marco del primer Hay Festival (2006) en un breve libro de su poesía (junto al poeta y narrador Vikram Seth: Dos poetas en lengua inglesa, Nómadas colección de poesía), publicado con su aval y traducido por este servidor junto al poeta Mauricio Contreras. De Owen Sheers Alfaguara presentará en Cartagena, la novela Resistencia.

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