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EL ROCKERO DEL FUTBOL

Es un rockero que baila sobre la raya de cal. Combina el volumen de su música futbolística con un carisma sobresaliente y una sonrisa contagiosa. Vive cada partido como un concierto, y planea cada juego como si fuera una composición. Responde con sabiduría y conecta con empatía. Es Jürgen Klopp.

Cumplió tres años y medio como entrenador del Liverpool. Ya es subcampéon de la Premier este domingo con uno de los cinco mejores puntajes de Inglaterra en toda su historia; subcampeón de Europa en 2018 y ahora finalista de la Champions luego de la remontada más memorable de que se tenga historia en las gradas de Anfield.

Nada fácil para un equipo histórico,  dirigido por este alemán quien empezó en un lejano 2001 como estratega del Mainz, luego de haber jugado allí en posiciones tan disímiles y complementarias como defensor y atacante.

Extraordinario seguir su fútbol y sus maneras. Es consecuente entre el cómo piensa, cómo vive y el juego de sus equipos. Hay desenfreno tras sus gafas en el campo, pero análisis y calma en su vida diaria. Conoció a su actual esposa en un pub durante un Oktoberfest hace 14 años. Destronó al Bayern en su hegemonía y transformó a la Bundesliga con su espontaneidad y su acciones sistemáticas, siempre  en contra de construirse y planearse una imagen de mercadotecnia -siempre pedida en estos tiempos-.

No consiguió este mayo el título de la Premier con 97 puntos –suficiente botín para ser campeón en cualquier parte del mundo-, pero disputará en un par de semanas su tercera final de Europa –perdió una con el Borussia Dortmund-. Sin embargo, mejor aún, ya ganó el trofeo más importante de todos: el respeto.

“Es brillante”, dicen unos. “El perfecto entrenador para el Liverpool”, gritan otros. “Lo que hizo contra el Barcelona fue mágico”, resaltan aquellos. Así lo ven en diferentes países y aficiones con diferentes camisetas.

El Liverpool siempre grande y exigente en el todo, encontró en Klopp al líder perfecto para revivir la épica y la gloria en el club, y construir un once basado en la extra-ordinariedad de todos los jugadores.

Aseguró la portería con Alisson, hay juventud en una defensa dinámica  en los costados, y potente con Virgil en el centro. El medio mezcla la versatilidad  y el músculo de Keita con la doble capitanía de Hendersen y Milner; el tridente de ataque es una melodía de tambores africanos, samba brasileña y una pegada faraónica inigualable.

Hasta 14 nacionalidades mezclan el equipo que cada semana hace vibrar a los 54,000 aficionados que abarrotan Anfield y hacen sentir al once como un grupo de fantasía en una noche musical trepidante en las grutas de The Cavern. El martes contra el Barcelona, Anfield fue the Cavern como nunca antes en la escena de Europa.

“Me obsesiona ayudar a los jugadores para que sean de clase mundial. Ellos saben que tienen talento para llegar al 100% de sus capacidades. Usualmente están en un 80%, mi trabajo diario es ayudarlos a lograr ese 20% restante”, dijo Klopp bebiendo té en una entrevista a la DW.

El entrenador es famoso por su apuesta de fútbol al “Vollgs FuBball”, el fútbol a todo gas. El rendimiento de su equipo no está determinado sólo por los goles o las victorias. Eso sí, casi siempre por la mezcla de emoción y pasión con la pelota. Tal vez, el reto es regular en ciertos momentos esa energía de rock pesado con notas más pausadas dependiendo del rival o del marcador.

Lo consiguió esta temporada. Alisson fue el mejor portero de la Liga, el equipo solo perdió un partido de 38, hizo el mayor número de goles en Anfield en una temporada en toda la historia, y Salah y Mané se llevaron la bota de oro como máximos goleadores en Inglaterra cada uno con 22.

Tras cada juego, su analista de videos, Peter Krawietz,  le muestra cómo se desarrolló el partido. Nunca ven los goles, si no las formas, los caminos. Se enfatiza en el proceso, por allí pasan los métodos, los resultados, las metas, los planes.

Invierte mucho tiempo en hablar con sus jugadores, en conocerlos, y en establecer diálogos más allá del fútbol. “Tengo más preguntas que respuestas, y eso me hace alguien normal”, dice el entrenador.

Siempre de pie desde la banda, con su inflatable gorra y gafas que mezclan con su barba espesa, y con Anfield cantando sin parar, Klopp cumplió una temporada de ensueño en Inglaterra y más allá de las fronteras que dibuja el fútbol.

Su próxima cumbre es levantar la Champions en Madrid este 1 de junio ante el sorpresivo Tottenham Spurs. Sería la sexta para los Red y la primera para él.

Pero su música existencial no sólo aplica al fútbol, si no a su diario vivir. “Sólo siento presión por ser un buen ser humano”, es su sentencia.

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