Roberto Payán, muelle.

 

Siguiendo al norte, desde Barbacoas, por el hermoso y verde rio Telembí, se llega a un municipio que encanta por su belleza y su organización, Roberto Payán, cuya cabecera municipal se conoce como San José de Las Lagunas, nombre con el que fue bautizado en el año 1730 por Ignacio Gómez y su esposa Beatriz de la Cruz, sus fundadores, quienes en compañía de otros paisanos buscaban, río arriba, otras minas para explotar.

Pese a lo dicho, como muchos de los pueblos del litoral Pacífico colombiano, su origen se pierde en la noche de los tiempos. Ancestralmente estaba habitado por los temerarios Sindawas, llamados los Mayas del Pacífico Sur, ya que según la mitología recogida, de allá vienen sus ancestros más próximos, ubicándose principalmente en las cuencas y riveras de los ríos Ispí, Gualpí, Saundé, Telembí y Patía. Ya con la invasión hispánica, y asentada la ambición de la búsqueda de oro en Popayán y Pasto, se buscan aquellos lugares donde los indígenas obtienen el oro, de tal manera que la matrona caucana Concepción Riascos se hace escriturar estas tierras, para finalmente venderlas a Ignacio Gómez, quien se considera el fundador del poblado; éste, deja sus propiedades a nombre de su esposa, la española Beatriz de la Cruz, quien finalmente vende sus propiedades para que funcione ahí el poblado de San José, nombre tomado en honor a un supuesto santo aparecido en el territorio. La erección como municipio fue concedida mediante ordenanza del 7 de julio de 1937.

Pero también la memoria puede ser susceptible de perecer en la misma noche de los tiempos. Intrigado por el nombre del municipio, averigüe cuanto estuvo a mi alcance, sin obtener ninguna respuesta. Las indagaciones conducen a lo siguiente: después de la guerra de los Mil Días (1899-1902), el territorio que hoy comprende Magüi Payán, Roberto Payán y Satinga, fue concedida al Coronel Roberto Payán, de donde salen estos tres municipios. Este Coronel liberal fue hermano de quien fuera el vigésimo Presidente de la República de Colombia, Eliseo Payán Hurtado, descendientes de los antiguos pobladores del Cauca, asentados principalmente en el Valle del Cauca. Roberto fue padre de Guillermo Payán Archer, uno de los más reconocidos poetas del Pacifico nariñense, nacido en Tumaco en 1921. No sobra recordar que Ramón Payán, pariente próximo de Roberto, fue próspero comerciante de oro quien compró parte de la Isla Gorgona, cuyos herederos detentaron dicha propiedad hasta 1960, junto con los herederos del militar Federico D’Croz a quien en 1820 Simón Bolívar le concedió las islas Gorgona y Gorgonilla.

Lo cierto es que una de las más gratas impresiones es llegar a este municipio. Cuando se sigue el Telembí, esa majestuosidad del Chocó biodiverso se presenta en toda su magnitud; agua por doquier, algunas cascadas que de solo oírlas y verlas refrescan, tanto el cuerpo como el alma, del calor propio de la región; las aves que van y vienen surcando los cielos y anunciando con sus cantos la vida que siempre pulsa por existir, para finalmente divisar un lindo y acomodado muelle que recibe gustoso a todos quienes llegan a San José.

El orden salta a la vista. Las casas, en maderas finas o en modernos materiales, están bien dispuestas a lo largo y ancho de todo el poblado; el parque principal tiene todas las comodidades para recrearse y disfrutar del mejor escenario para cualquier evento público, ahí los niños y jóvenes se divierten con las travesuras propias de la edad y los ancianos asientan sus sueños con la calma que dan los años. Un moderno templo católico se ubica en una de sus esquinas, donde se rinde culto a su santo patrón. Y próximo a él, se levanta el moderno edificio de la Alcaldía Municipal, que sin duda alguna constituye una de las mejores edificaciones públicas de toda la región, construida con los más modernos diseños que permiten un ambiente fresco y dinámico.

Muy cercano a la plaza se levanta un moderno edificio que funciona como hotel, con todas las comodidades y servicios propios de las grandes ciudades; con amplias habitaciones, cómodas camas y modernas duchas, pero lo más hermoso es la vista que se tiene desde los balcones, ahí se expande en una llanura verde el municipio que acoge a todos por igual, se alcanza a ver el rio que busca, serpenteante, seguir su destino, como una metáfora de la misma vida en este territorio que también ha padecido los exabruptos de la violencia.

Los habitantes de sus 72 veredas están organizados en Consejos Comunitarios: Integración del Telembí, Catangueros, Gualpí La Honda, Unión de Cuencas, El Progreso y Agricultores del Patía y Unión del Patía Viejo que comparte territorio con el municipio de Magüi Payán, y en el Resguardo Indígena Awá Saundé Guiguay.

De lo dicho, se desprende las contradicciones propias que se dan en estos territorios. Un buen administrador puso al municipio a la vanguardia en infraestructura y algunos servicios, sin embargo aún no se cuenta con acueducto y alcantarillado, de tal manera que el líquido se toma de ríos, pozos, lagunas, manantiales y agua lluvia, problemas que se intensifican en la zona rural, donde vive la mayoría de la población, quienes no cuentan con servicios públicos de ninguna especie y género. Enfermarse en estos territorios está casi que prohibido, ya que aunque en San José se cuenta con el Centro Hospital Las Mercedes, uno de los más modernos y mejor dotados de la región, las distancias son muy grandes, los recorridos muy largos y el transporte fluvial sumamente costoso.

Igualmente pasa con la educación, en la cabecera se cuenta con un importante centro escolar donde se imparte la educación primaria, básica y bachillerato; en las veredas la deserción es muy alta, ya que los niños y jóvenes deben hacer largos desplazamientos para llegar a sus centros de estudio, donde no hay implementos adecuados, se carece de baterías sanitarias y en donde el alimento escolar queda en manos de los intermediarios; los docentes no cumplen la intensidad horaria requerida, ya que muchos de ellos salen a la cabecera municipal antes de tiempo para poder abastecerse de lo necesario. Y así se somete a los jóvenes bachilleres a un examen de Estado para limitarles el acceso a la universidad, ya que se miden en igualdad de condiciones a los estudiantes de los más ponderados y eximios colegios capitalinos, cometiendo con ello el más grande acto de injusticia, ya que se trata condiciones totalmente diferentes como si fuesen iguales.

Como en toda la región del Telembí, hay presencia de minería ilegal, los gélidos dragones se levantan incólumes por entre los ríos y quebradas del territorio, únicamente el clima parece cobrarles su asiento y el óxido afea aún más sus toscas formas; ahí sacan el oro de manera continua, sin descanso, sin darle tregua a la naturaleza para que tome un aliento y pueda volver a vivir, por eso es triste ver que en medio de tanta naturaleza, de tanta vida, existan unos claros donde el río parece muerto. Frente a esos grandes dragones, frente a las concesiones y a la denominada minería ilegal, deben competir nuestros hombres y mujeres afros para sacar el sustento para sus familias, ahí se ven los barequeros partir, con sus instrumentos ancestrales, con las tonadas en la punta de la boca para invocar a sus dioses primigenios y pedir que la jornada sea buena.

En Roberto Payán también hay cultivos ilícitos, y con ello la violencia y los desplazamientos se incrementan y victimizan nuevamente a las personas más vulnerables, por ello cientos de robertopayanenses han tenido que salir de la zona rural a la zona urbana, otros han salido a Barbacoas, a Tumaco y otros cuantos a Pasto y a Cali. Y como si eso fuera poco, los ríos y quebradas se desbordan y los damnificados por el invierno cada vez son más. La minería, la tala indiscriminada de bosques, la siembra de cultivos ilícitos, trae graves consecuencias al territorio, sin que pareciera haber dolientes para solventar las necesidades y calmar las angustias. En la zona del Telembí no se necesita la presencia de gobernadores y presidentes, se requiere es una política pública acorde con el territorio, capaz de hacerlo sostenible con las riquezas naturales que ahí se generan; se requiere es voluntad política para que los servicios públicos sean de calidad y para que la brecha entre el campo y la ciudad sea cada vez menor y, por ende, más equitativa la inversión social.

Ahí existen cantidad de recursos naturales que permiten fomentar el ecoturismo, hay hermosas lagunas y quebradas que hacen la delicia de sus habitantes y de quienes la visitan; vados naturales. como Coata y Cualiman, son escenarios paradisiacos, propios para la alegría y la camaradería, ahí las contagiosas risas de los visitantes se confunden con la algarabía de las aves, con las tonadas de la música que nunca puede faltar donde hay un afrocolombiano; las corrientes forman especies de jacuzzis naturales, y en medio de todo esa majestuosidad, le da a uno por pensar que tanta belleza junta no puede ser verdad, pues son paisajes que envidiaría el más conspicuo de los artistas, son postales detenidas donde sus visitantes son los protagonistas. Lástima grande que para llegar a uno de estos rincones, tengamos que haber pasado por un verdadero basurero ubicado en medio de la vía, lo que demuestra tanto la falta de cultura ciudadana como la ausencia del debido manejo de los residuos sólidos por parte de la administración municipal.

Hemos dicho que la principal vía de acceso a San José es por el Telembí, sin embargo, sus habitantes han empleado ancestralmente un camino que comunica al municipio con La Guayacana, el cual está siendo habilitado y ampliado para que verdaderamente acorte la distancia entre Tumaco y la zona del Telembí, así como la imperiosa necesidad de abaratar los costos de transporte, que son tan altos para todos y que golpea tremendamente a la canasta familiar. Esta vía, tenemos entendido, va por buen camino, lo que realmente nos alegra, ya que ello ampliará el espectro de ingresos para un municipio donde algunas de sus administraciones han correspondido a la expectativa de sus habitantes, convirtiendo a Roberto Payán en uno de los municipios más hermosos del Pacífico nariñense.

Por lo pronto, debemos emprender el retorno, tomamos el Telembí, para salir a Barbacoas; pasamos por el camino que nos condujo a Magüi Payán y viene a nuestra memoria toda la grandeza natural, histórica y social que implica la región del Telembí para Nariño, para Colombia, para Latinoamérica. Lugar donde los foráneos se enriquecieron y donde la miseria hizo también su curso; lugar donde españoles, ingleses, franceses, estadounidenses, canadienses, italianos, pusieron sus ojos visionarios y sus garras rapaces; lugar donde los herederos de los sefaraditas de las huestes de Robledo han marcado el triste destino de un territorio que les ha dado todo y al que únicamente le han devuelto infortunio y violencia.

Pero ahí continúan los Awá, moradores vernáculos, quienes buscan sostener el territorio con el equilibrio cósmico que pregonan; ahí están los descendientes de los africanos que fueron esclavizados para explotar esta tierra, mujeres y hombres resilientes que marcan el derrotero de la historia con sus grandezas y sus hazañas, seres que hoy pregonan la libertad como su máxima enseña; ahí están todos sus habitantes, comprendiendo y entendiendo que poseer uno de los territorios más biodiversos del mundo les exige también un compromiso con el cuidado y preservación del medio ambiente, generando una cultura donde impere el aprovechamiento sostenible de los recursos, esos de los cuales se alimentaron sus padres y sus abuelos, esos que alimentarán a sus hijos y a sus nietos, seres soñadores que perpetuarán la grandiosa historia del Telembí.

Avatar de J. Mauricio Chaves Bustos

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