Otro mundo es posible

Publicado el Enrique Patiño

Las aguas del río Magdalena, envenenadas por el mercurio

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¿Con quién hablo? El hombre al otro lado de la línea titubea un par de segundos y dice un nombre sin convicción, como por salir del paso: “Juan Durán”.  Y de inmediato va al ataque: “¿Qué necesita?” Mercurio, por supuesto: he visto la oferta que ha puesto en una página en Internet y le argumento eso.

No hace más preguntas y cambia de actitud. Tiene afán de hacer negocio porque asegura que vende, en Medellín, mercurio para minería a buen precio. “A 350 mil pesos”, contesta, “con un 99,9% de pureza”, añade, sin más explicación. ¿Así de fácil?

Al parecer, sí. Así de fácil. Porque el mismo negocio que plantea él lo ofrecen otros más, con diferencias de precio, pero con el mismo mecanismo: empresas que no aparecen registradas ante Cámara de Comercio, que ponen un nombre de contacto en Internet y con las cuales solo se puede comunicar por correo electrónico y a un celular. Los avisos duran poco en la red. Juan Durán sigue. Agrega que vende la botella de 34,5 kilos a “solo 8 millones 300 mil pesos, con un pedido mínimo de 15 kilos”, entregables en Medellín, que se deben pagar de contado. De pura palabra, pago mediante.

“Eso sí, el mínimo del pedido real para compradores serios es de 100 kilos”, añade. Durán explica que puede hacer el envío a otras regiones si se paga por adelantado. De acuerdo con el lugar, cotiza el precio de la delicada remesa. ¿De dónde viene el mercurio?, pregunto.  “De todos lados”, se limita a responder.

Sin embargo, parte del mercurio tridestilado (el más puro) o elemental proviene de México, que ofrece alta cantidad y buenos precios. Una parte es vendida en botellas de PVC, otra embalada en un formato más manejable, que es el que circula en el mercado ilegal: botellas de 34,5 kilos cada una. Buena parte de los distribuidores tienen oficinas en Medellín o Cartagena para su comercialización interna.

Mil gracias, Juan, lo llamo pronto, le digo. No quiere colgar, pero se resigna. “Cuando quiera”, dice, a manera de despedida. Así de fácil es conseguir en el país el elemento químico plateado, tan suave como el plomo, cuyos compuestos son altamente tóxicos, y que, en mayor o menos medida, tenemos todos en el cuerpo. Porque así como circula y se compra sin problemas por el país, hace estragos en el ser humano y corre también por las aguas de los ríos del país, en especial del Magdalena.


El mercurio toma formas distintas de acuerdo a su origen y procedencia. En estado puro es utilizado en termómetros, bombillos y amalgamas dentales.

Aguas contaminadas

En los 1.550 kilómetros de recorrido del río que desemboca en Barranquilla, sus aguas arrastran a diario un promedio de 300 mil toneladas de sedimentos varios con partículas de metales como mercurio, cadmio, zinc, plomo, hierro, cobre, arsénico y manganeso. Metales que, por supuesto, ingieren sus peces. Y claro: las personas que se comen a esos peces.

Durante seis años, científicos del Himat y de Ingeominas, financiados por Colciencias, estudiaron el comportamiento del río y llegaron a la conclusión de que el mercurio tiene hasta 70 días de vida media en los cuerpos, el cadmio hasta 200 días y el plomo hasta cuatro años hasta ser liberado, sin contar la ingesta de una nueva cantidad.

El descenso de la pesca en los últimos diez años, que pasó de 240 mil toneladas anuales a 70 mil toneladas se debe, en parte, a la contaminación de las aguas, afirman estos científicos.

Eso lo comprueba un informe de la Procuraduría presentado en octubre pasado, que examinó el comportamiento de los 128 municipios ribereños del río Magdalena y encontró que más de la mitad de ellos vierten allí sus aguas negras, sin ningún tipo de tratamiento.

También arrojan los desechos de los mataderos locales, combustible y los peligrosos mercurio y arsénico utilizados en la minería y los cuales son arrastrados por ríos afluentes hasta el Magdalena.

El informe de 272 páginas dice que la situación del río es “extremadamente grave”. No es para menos. Por eso mismo el procurador delegado para asuntos ambientales, Óscar Darío Amaya, dijo que “El Magdalena se ha convertido en un basurero, lo hemos herido de muerte”.

Lo peor es que los municipios ribereños ni siquiera caen en cuenta de ello: siete de cada diez nunca han realizado estudios para medir la relación entre la calidad del agua y la morbilidad de la población, y un 85 por ciento de sus autoridades no sabe cómo enfrentar una posible emergencia ambiental.

El tema de la minería es grave. Porque la búsqueda de oro de aluvión es intensa en toda la cuenca y apenas el 15 por ciento de esas explotaciones tiene control. El uso de mercurio y cianuro envenena el río, sobre todo en zonas como el sur de Bolívar. Pero nadie sabe a ciencia cierta cuánto, porque el 31% de los municipios, además, nunca ha realizado ningún tipo de mediciones de material de partículas.

Así se usa el mercurio

Usarlo, como comprarlo, también parece fácil. Por eso su peligro. Aunque el Gobierno le puso freno definitivo el pasado 2 de noviembre a su venta, la realidad es que en el mercado ilegal se sigue usando para extraer el oro.

Cuando el metal precioso escondido en las rocas se mezcla con el mercurio, se forma una masa grisácea. Hay que calentarlo a 360 grados primero y esperar que se evapore. Y entonces, como por milagro, lo demás desaparece y queda solo el metal áureo.

El procedimiento es tan sencillo que casi cualquiera lo puede hacer en casa y ponerlo a prueba con un anillo y un termómetro de mercurio de 2.000 pesos. Pero es una operación de cuidado: los gases resultantes son tóxicos.

Por eso, precisamente, está resultando devastador para la salud y el medio ambiente. Como la explotación se da al lado de los ríos, el mercurio entra en contacto con las aguas de las riberas y en ese proceso se convierte en metil mercurio, un absoluto veneno.

De hecho, las concentraciones de mercurio en los peces exceden las del agua donde viven, según estudios de Corantioquia y las universidades de Antioquia y Cartagena, que han revelado una concentración por encima de 1,06 microgramos de mercurio por gramo en algunas especies de los ríos contaminados de Antioquia.

Una cifra alarmante si se revisa que el nivel máximo permitido para consumo humano, según la Organización Mundial de la Salud, es de 0,2 microgramos por gramo.

En otras palabras: si el máximo permitido de ingestión a la semana según la OMS es de 1,6 microgramos por kilogramo y un solo pez ya contiene el 60% de esa cantidad, comerse un segundo pez ya es letal.


Cuando el oro se mezcla con el mercurio forma una masa gris. Cuando se evapora, surge el metal áureo. Es un procedimiento sencillo que se hace artesanalmente, pero su riesgo ecológico es alto.

Un problema mundial

En el planeta, cerca de cien millones de personas en más de 55 países dependen de la minería artesanal de pequeña escala, casi todos en África, Asia y América Latina.

Al año, las 800 toneladas de oro que producen se extraen con mercurio, por lo que el problema no es solo nacional, sino global. El problema viene en aumento porque la subida de los precios del oro ha sido significativa, y resulta más rentable para los grupos al margen de la ley hoy en día que la coca misma. La onza pasó de 260 dólares en 2001 a cotizarse a 1.212 dólares en diciembre de 2013.

Ese aumento ha llevado a que la minería de pequeña escala consuma cerca de mil toneladas de mercurio por año. Al menos una tercera parte de la contaminación por mercurio de todo el planeta viene de las 300 toneladas inyectadas a la atmósfera y de las 700 toneladas descargadas en la tierra, los ríos y el mar.

La Defensoría misma dijo en agosto de 2013 que la ilegalidad no se ha podido frenar, aunque la decisión de prohibir su importación, por parte del Ministerio de Minas, está frenando su venta. Pero sigue envenenando los ríos. Porque comprarlo es fácil. Basta una llamada y un pago.

Lo que causa

El mercurio es el metal más tóxico después de los materiales radiactivos. Está prohibido en Noruega, Suecia y Dinamarca, donde se retiró del uso odontológico porque causa daños a los seres humanos.

En una primera etapa, afecta las funciones del cerebro, produce irritaciones en la piel, tiene efectos negativos en la reproducción, ocasiona daños en el esperma y da dolor de cabeza.

Las personas expuestas suelen sufrir, según la Federación de Biología Experimental, problemas de alzheimer, riñón, infertilidad, síndrome de ovario poliquístico, desbalances en los neurotransmisores, alergia a las comidas, esclerosis múltiple, problemas en la tiroides, dificultades en el sistema inmunológico, fatiga, baja memoria y, posiblemente, autismo en menores. El sistema nervioso es el más afectado por su nivel de toxicidad.

Ojo a los peces

Los peces más grandes que se comen a los chicos están más afectados por el mercurio. Los depredadores como la sierra, el tiburón, la barracuda o el atún grande tienen concentraciones más altas del metal tóxico.

 

 

*Publicado originalmente en el diario El Heraldo.

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