Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Profecías

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Por: Mary Ramírez

Las nubes se forman grises.  Hacen más oscura la tarde, queriendo engañar el alma, inventando que ha llegado la noche. El frío es cada vez más intenso, y me revuelco en la ira de no tener, en la realidad, tu cuerpo, que recuerdo aclimatarse en cada estación.

Solo tardes como estas me arrastran al mar de pensamientos en los que te encuentro por todas partes. El reloj parece detenerse justo antes del anochecer, en la viva imagen de tus ojos que construye el arma perfecta que causa una herida mortal.

Sonríes como queriendo que olvide lo que causa en mí ese gesto.  Para ti es una expresión de cariño que no tiene la más mínima intención de acorralarme.  Para mí, es como si dijeras “en verdad te miro como tú me miras”.

Siento naufragar sin horizonte alguno por el océano de pensamientos inconclusos que me confunden. Las olas de tus palabras caen sobre mi pequeña barca, mojándome toda, pero sin decir nada.

A lo lejos, en tierra firme, estás tú, viendo cómo pido auxilio he intentas ayudarme.

Lanzas la soga desde el pequeño puente, pero no la alcanzo, no logro entender por qué la tiras de esa manera, sin fuerza, sin ánimo, como queriendo que en realidad me ahogue en ese profundo mar de pensamientos en los que solo habita todo aquello que he soñado contigo.

De pronto, se desata una fuerte tormenta. Las estrellas se esconden, y el infinito mar aumenta su ira. Alrededor, todas las palabras dichas empiezan a construir un torbellino, azotando con más fuerza la barca, y haciéndome perder el equilibrio. Pienso arriesgarme, quiero lanzarme a ese voraz mar que solo entrega calma en lo más profundo.

Sin saber tu reacción, trato de encontrar tus ojos, y por lo menos una última sonrisa letal. Lo consigo.  Me miras, sonríes y asientes con tu cabeza.

Confiando en ti, me lanzo, voy descendiendo en ese sosegado mar, solo veo el reflejo de la luz de la luna que en la superficie no veía, pero ahí estaba.

Mi cuerpo, como pluma, sintiendo la paz de las aguas, entra en un cúmulo de relajación inimaginable.  Alrededor, están todas las letras que escribí, los sueños que te conté, las risas que te saqué, los suspiros que te robé, las ilusiones que creé; allí iban descendiendo conmigo.

Veo cómo la luz de la luna que divisaba a través de las aguas, es interrumpida por un cuerpo que desciende con los brazos abiertos.  Eras tú, ¡por Dios, eras tú! Decidiste lanzarte conmigo a ese mundo de ilusiones creados para los dos. Sonreí, y en el fondo, te esperé.

Nos dimos la mano, un leve sonido me distrajo, y desperté.

Suspiré, eran las 6:30 de una tarde del jueves. Todo había sido otra irrealidad más.

Me pongo en pie, y ahí frente a la ventana, viendo la noche llegar y saludar airada, tomo el celular.  Leo un “Te quiero en mi vida”. Sonrío.  Mi corazón palpitó avisando que esa irrealidad, era una profecía a punto de cumplirse.

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