Lloronas de abril

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Prefiero ser feliz

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Por: Laura M. Sánchez Dávila

Una soñadora, así la veo yo.

Para ella casi todo es bonito.  A las personas con sus defectos y cualidades siempre les ve su parte más linda; busca el lado positivo de las cosas para brindar lo mejor de sí en cada situación.

Le pone una cara amable a la vida, y si es el caso, sonríe y ríe sin parar hasta llorar de felicidad, contagiando a su alrededor la buena energía que tiene para dar.

Me pregunto: ¿Cómo una persona así puede deprimirse? ¿Será que es más vulnerable? O simplemente esperó más de lo debido. Por cierto, ¿Algunas vez te has deprimido?.

Pues ella, llena de energía, siempre sonriente, hasta con sus ojos, entró en un estado inexplicable, sintió que no tenía de donde sostenerse; una búsqueda absurda en la que no encontró el apoyo, aunque realmente no vio lo que estaba en frente de sus ojos.

Un estúpido estado que la nubló, que le quitó toda su esencia.  La gente la miraba y quien la conocía se daba cuenta que estaba bien. Ese estado la hizo acumular lágrimas que con mucho esfuerzo encerró en su corazón para que nadie se diera cuenta del dolor.

Y es que cada quien tiene su manera de verlo y vivirlo, cada quien lleva una cruz, una preocupación.

Sin embargo y tras varias noches largas llenas de angustia e indecisión, por fin su corazón reaccionó primero que su razón, y desde lo más profundo empezaron a fluir sus lágrimas reprimidas, imparables e inexplicables; una a una fueron deslizándose por su rostro.  Ella fue un mar de lágrimas.

Las horas pasaron sin notar ningún cambio, hasta que todo se despejó, sus lágrimas hicieron efecto, limpiaron su alma y su tristeza. Abrió sus ojos, estiró su mano y ahí en ese instante vio a las personas indicadas para sostenerla, su gran apoyo, quienes nunca la abandonan. La abrazaron fuerte y no la dejaron caer más. La levantaron y le recordaron quien era ella, cuáles eran sus sueños y sus metas.

Empezó a tomar decisiones.  Se arriesgó, volvió a ser feliz, decidió estar tranquila, reencontrarse con ella misma, salir de lo más profundo del pozo que había construido alrededor suyo; un pozo que la ahogaba, que la hacía sentir prisionera.

Volvió a la libertad.  Sus lágrimas aun cayendo ya tenían ahora otro sentido, sus ojos reflejaban paz, su cuerpo descanso y su mente volvió a volar, a soñar y desear todo lo que en un momento había perdido.

Entendió que la depresión no era para ella, para nadie. Prefirió ser feliz.

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