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Nairo Quintana: lecciones para Lloronas

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Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Sus rivales saben que es peligroso y voraz. Como muchos, tiene una historia de coraje y fatigas que ha ido dejando atrás con aguda percepción, un espíritu altamente combativo y esa elevada capacidad para darnos lecciones de humildad cada que escala en su ruta de vida.

Es una especie amenazada. Quizá por ello lo llaman El Cóndor, una figura que se erige independientemente, como los grandes seres humanos que nacieron aquí para darnos cátedra de fuerza y resistencia.

Como la historia de las mujeres, la de Nairo representa ese gran camino que  se escribe con instinto y fervor antes de la figuración, antes de rendirse por las críticas desbordadas y absurdas que él se acostumbró a mirar de reojo pues prefiere que los demás  hablen de la grandeza de sus éxitos.

Como en esa historia, ha sido perseguido y hostigado por voces taimadas que valen menos, y ha preferido seguir su Yo salvaje, porque sabe, como nosotras, cuándo tiene que dejar morir las cosas; retirarse, quedarse o continuar.

Nairo ha reafirmado la relación con su naturaleza; es un observador permanente de sus pasos y logra conocerse conscientemente para visionar, para inspirarse, para trabajar por el hacer y no por la crítica y la deslealtad.

Es un inventor, un ser humano que suscita una vida vibrante interna y externamente, un ciclista listo para luchar contra viento y marea a pesar de los límites.

Es grande. Es más que un deportista. Personifica la fuerza que nos sostiene, y llama la naturaleza innata, tácita, persistente, visceral, sabia e inteligente que vive, especialmente en las mujeres.

No se extravía aunque tenga enigmas por resolver, y sabe que necesita aprender para tejer un destino mayor, aunque muchos lo ataquen y quieran ver sus reacciones. Sabe ser mudo cuando el ruido contamina, y lo hace solo para percibir sus ritmos internos.

Canaliza sus miedos en su eterna compañera: la bicicleta, y en cada pedalazo nos ayuda a cambiar nuestras representaciones simbólicas; a entender que por más que nos hagan retroceder, vale la pena aventurarse en solitario, emprender, interesarse por los otros, seguir adelante y hasta ejercer autoridad.

Nairo es un ejemplo de cómo las almas que defienden el inagotable femenino transforman el mundo, porque no teme probar y arriesgarse, enfrentar desafíos y estar totalmente capacitado para obrar a pleno rendimiento.

De lejos, esas son las lecciones de vida del mejor deportista de todos los tiempos, del símbolo que no cae en las trampas, del ser humano ingenioso y consciente de su propio territorio, del deportista leal –como las mujeres– robusto, poderoso, capaz de estar en cuerpo propio, con certeza, orgullo y enorme integridad.

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