Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Llegó ella

Por: Jesús Rafael Baena Martínez

Su alma deshecha y vacía no podía regresar el tiempo y empezar de nuevo, como una corrección de pasos para enmendar lo que ya estaba y salía a flote.

Pasaba los días inmerso en su cotidianidad. El futuro no existía, era un presente absoluto, un tiempo congelado, un pasado plasmado en la memoria, con tantas similitudes entre sí, que el aburrimiento de su nombre le aburría.

Se quería refugiar en la soledad de sus pensamientos, en la buena actitud mental frente a las situaciones adversas, que lo hacía mantener en equilibrio.

La pertinaz lluvia que caía esa tarde refrescaba el ambiente, y los habitantes de esa pequeña ciudad, acostumbrados a los cambios intempestivos de temperatura, prestaban poca atención.

Salía airoso a fuerza de voluntad. Uno de los matices que la vida le ofrecía, producto de lo ya vivido, marcaba su derrotero, de tumbo en tumbo.

Hacía conjeturas sobre su suerte, cuando una estrella en el firmamento apareció, sin ser advertida, logrando acentuar las luces.

Entonces, como si su percepción extrasensorial se despertara, sus sentidos se agudizaron.  Alzó la vista, cruzaron fugazmente sus miradas y la expresividad de sus ojos fue percibida como fragancia de mujer.

Aquella inesperada llegada le cambió el color a  la vida, le abrió puertas ya cerradas, le alimentó esperanzas, lo hizo reconciliar con su pasado.

La vida le trajo una recompensa, dejó de quedarse de los caminos tortuosos y sembró las pautas para conocerla a ella, encontrando al fin el camino correcto.

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