En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Moneda de cambio

Incertidumbre

El niño apareció en la puerta del restaurante. La mujer que atendía trataba de apartar el bochorno con el aire caliente que empujaba un gran ventilador de aspas metálicas colgado como un gran pulpo blanco del techo.

-¿Seño, me puede cambiar esta moneda de doscientos en dos de cien?

Ella lo miró desanimada en el calor del asadero desocupado tras la hora de almuerzo y al niño le contestó el silencio. Parecía más un gesto de rechazo que desidia. El niño siguió allí con la moneda de doscientos pesos en la mano sin saber a quién recurrir. Ella tuvo uno de sus arrebatos de culpa. Se preguntó para qué querría acaso dos monedas en lugar de una. Y al fin habló desde la mesa donde se abanicaba:

-Espere. Voy a ver si tengo sencillo.

Suspiró mientras se levantaba de la mesa y avanzó con parsimonia hacia la caja registradora en el preciso momento que el gran ventilador de aspas blancas se desprendía del techo con un ruido aparatoso y se precipitaba sobre la mesa. Los pedazos de vidrio roto y de loza rota y los cubiertos donde había estado sentada  se dispersaron en todas direcciones. De haber seguido allí unos cuantos segundos mientras reposaba el almuerzo el ventilador le habría aplastado la cabeza.

Un pedazo de plato roto fue a dar contra el portón de entrada donde había aparecido el niño que quería cambiar una moneda por dos del mismo valor. Cuando ella volteó a mirar hacia la puerta, el niño ya no se encontraba.

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