Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Madame de Pompadour (1721-1764)

Heredó de su madre los encantos y su belleza cautivadora. Jeanne-Antoinette Poisson recibió el apellido del marido de su madre, que en francés significa “pescado”, pero en realidad era la hija de un alto funcionario y recaudador de impuestos, amante de su madre, y que se encargaría de adoptarla de manera no oficial y de velar por la educación de su pequeña bastarda. Fue educada para ser una cumplidora de los deberes de la mujer: el temor a Dios, la devoción a su esposo y a su familia y la adoración y el respeto por su Rey. Fue instruida en equitación, aprendió a tocar el laúd y a grabar, se formó en canto, danza, textos clásicos y declamación. Cuando tenía 9 años su madre la entrevistó con una pitonisa. Ante la bola de cristal aparecieron las imágenes reveladoras que prometían a aquella niña convertirse un día en la querida del rey. Su madre se obsesionaría con esta idea y desde entonces comenzaría a llamarla “Reinette” (reineta). En su afán por posicionar a su primorosa hija en las altas esferas de la sociedad francesa, la ambiciosa madre solía pasearla desde los 15 años por los salones más destacados de la París aristocrática, donde la fascinante adolescente deslumbraba a un sinnúmero de pretendientes con sus espectáculos improvisados de canto y baile. La madre quería que su pequeña se impregnara de la vida mundana que tanto tenía para enseñarle, y se empeñó en alentarla ya que creía que con cierta preparación esta modesta y agraciada jovencita podría convertirse en una mujer notable. Y es que el destino le tenía reservado ocupar un puesto de honor: convertirse en una de las mujeres más poderosas del siglo XVIII. Fue así como antes de que cumpliera 20 años le habían elegido un marido acaudalado, que al conocerla quedaría impactado por ella, y que la instalaría en un lujoso palacio que serviría de espacio para que la reineta comenzara a celebrar tertulias y reuniones en las que departían los personajes más influyentes del momento, como es el caso de Voltaire. Ese mismo año tiene un hijo que muere prematuramente, y unos años más tarde tiene una hija que morirá de peritonitis antes de cumplir los diez años. Jeanne-Antoinette jamás se repondrá de estas muertes, y según se cuenta, años más tarde sufriría también dos abortos naturales. Para ese entonces el rey Luis XV ha perdido a su consejero de toda la vida, y extrañamente su reconocida amante de veintiséis años ha muerto recientemente por motivos de envenenamiento. La codiciosa doncella quiere acercársele al rey, y no desaprovecha su momento cuando es invitada por él mismo a participar de un baile de máscaras con motivo de la boda de su hijo. Luis XV queda entontado con su gracia, su carisma y su belleza, y en pocos meses es presentada oficialmente en la Corte de Versalles como su “favorita oficial”, instalándola en el mismo Palacio de Versalles y agilizando el proceso legal que le conferiría el divorcio de su marido. A pesar de caerle en gracia incluso a la mismísima reina consorte, Jeanne-Antoinette no estaba exenta de las burlas por sus orígenes humildes, y en especial por su apellido, que suscitó la ingeniosa composición de chistes, coplas satíricas y octavillas que denigraban de su condición bastarda. Para evitar estas humillaciones, el rey le otorga los marquesados de Pompadour y de Ménars, y luego la nombra duquesa de la Corte, consagrándola para todos como la “Amante Real” y confiriéndole aquellos títulos nobiliarios por los que ya no podría ser menospreciada dentro de la alta sociedad. Para ese entonces Madame de Pompadour tenía 23 años y su reinado duraría casi veinte. Y aunque solamente compartiera la intimidad con el rey durante los primeros cinco años, en adelante la Madame se convertiría en una amiga leal y en una oportuna consejera, teniendo injerencia en asuntos de política y gozando de privilegios tales como el poder sentarse junto a la reina. Ella misma propiciaba al rey las jovencitas que jugarían el papel de amantes ocasionales, sin que por esto peligrara su posición perenne de la “Amante Real”. Preparaba los informes del rey ante los ministros, y se dice que fue influyente en las alianzas entre Prusia y Austria que a la postre derivarían en la Guerra de los Siete Años, y que así mismo fue una pieza activa en las decisiones que llevaron a la pérdida de Canadá. Luego de perder en la batalla de Rossbach, se recordará la frase con la que Madame de Pompadour quiso levantar los ánimos decaídos del rey: “Au reste, après nous, le déluge.” (Por lo demás, después de nosotros, que caiga el Diluvio). Su quehacer principal en la Corte consistía en liderar los preparativos de los distintos eventos celebrados por el rey, y en especial espectáculos culturales que fomentaran el arte en todos los niveles. Madrina de las ciencias y mecenas del arte, Madame promovió e impulsó el trabajo de escritores, escultores, pintores y artesanos que trabajaban con la porcelana, además de apoyar el trabajo de la Encyclopédie que era adelantado por los eruditos Diderot y D’Alembert. Fue quien supervisó la construcción de lo que hoy se conoce como la Plaza de la Concordia, y así también fue la encargada de liderar varios proyectos arquitectónicos que hoy todavía embellecen la capital francesa. Dueña de palacios y castillos y al parecer poseedora además del corazón de un rey, la belleza coqueta de Madame Pompadour -con su boca diminuta y su carita ovalada- se apagó en el año de 1764, a causa de una neumonía o de cáncer de pulmón, cuando ésta tenía 42 años. Su cuerpo recorrió varios sectores de París, para que el pueblo pudiera despedir a la querida amante del rey, de quien luego se dirán tantas cosas, como aquello de que preparaba un menjurje a base de trufas, apio y chocolate con el cual lograba preservar su belleza; o que el secreto de tanta hermosura radicaba en consumir champán con regularidad cotidiana, tal como ella acostumbraba, e incluso el mito nos cuenta que la copa de champán tiene esta forma delgada porque fue inspirada en el cuerpo modelado de la cautivadora Madame de Pompadour.

Madame de Pompadour

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