Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Dalila

El indomable Sansón ajustaba veinte años al frente de la judicatura y nadie podía hacerle frente. Pero entonces aparecería la perdición de muchos hombres encarnada en la personificación seductoramente inevitable de la mujer. Desde el mismo vientre Sansón había sido destinado a llevar una vida de nazireo (apartado para Dios), en la que debía consagrarse al cumplimiento de ciertos mandatos como la abstención de alcohol, la prohibición de acercársele a los muertos y la advertencia de jamás de los jamases, bajo ningún motivo, cortarse el pelo, ya que Dios le había conferido un poder sobrenatural y su fuerza esencial radicaba en el largo de sus cabellos. De esta forma Sansón había logrado mantener su dominio durante casi dos décadas, hasta que aparece esta mujer en el valle de Soreq, cuya historia es descrita en el libro bíblico de los Jueces. Dalila, nombre hebreo que significa “la que debilitó”, y que otras fuentes interpretan como “la que tiene la llave”, sería precisamente la encargada de apaciguar el poder de Sansón, y así mismo dar con la llave que le abriría las puertas a los enemigos de Israel. Los filisteos se valieron de Dalila para que descubriera el secreto de dónde es que radicaba finalmente el centro del poder descabellado de su amante, tarea de espionaje por la que ofrecieron pagarle miles de monedas. Tres veces fallaría en su cometido. Le preguntó a Sansón cuál era el origen de su poder, y éste contestó que la única forma de vencerlo sería amarrándolo con siete cuerdas de arco que todavía no estuvieran secas, y que de esa forma se debilitaría hasta el punto de convertirse en un hombre cualquiera. Dalila tramó un plan para que varios guerreros estuvieran apostados a las afueras de sus aposentos en espera de que Sansón se quedara sin fuerzas, y una vez Sansón se quedó dormido aprovechó para atarlo con las siete cuerdas que le habían conseguido los filisteos, para luego dar ese grito de alerta con el que también pretendía advertir a los guerreros de que el plan había sido ejecutado: “¡Sansón, los filisteos se lanzan sobre ti!” Sansón despertó y con una facilidad enorme logró romper con las marras y reducir en un par de segundos a sus enemigos. Fue entonces cuando su amante se sintió traicionada y le increpó que se burlara de ella y le dijera mentiras. Sansón aclaró que había sido impreciso, y que bastaba con emplear el mismo tipo de sogas, pero era necesario que estuvieran nuevas para que pudieran contenerlo. La escena se repitió, y una vez más Sansón le daría una tercera y falsa instrucción a Dalila, situación que ella ya no pudo tolerar: “¿Cómo puedes decir que me amas, si no confías en mí?” Y al parecer el incontenible sermón femenino al que desde tiempo inmemoriales se le conoce como la “cantaleta” llegó a tal punto, que el valiente e inexpugnable Sansón prefirió la muerte a tener que seguir soportando las quejas y reclamos de su mujer. “Cada día lo apremiaba con sus palabras y en todo tiempo, y seguía instándolo, y lo acosaba hasta hacerlo sentirse harto de la vida, y el alma de él se impacientó hasta desear morir.” Así es descrita esta situación en los textos bíblicos, antes de que Sansón, ya en el tope de su hastío, le confesara a Dalila: “Nunca ha pasado navaja sobre mi cabeza”. Esta vez ella tuvo la certeza de que Sansón no le mentía, y tal fue la eficiencia y la confianza en el operativo de captura, que esta vez los filisteos llevaron incluso el dinero para pagar de inmediato a la delatora. Sansón dormía sobre las rodillas de su amada mientras uno de sus enemigos cortaba las siete largas trenzas que no sólo lo adornaban, y al despertar se encontraría con que esa fuerza descomunal y divina que lo acompañó siempre había desaparecido. Dalila no vuelve a aparecer en las narraciones. Los filisteos aprovecharon para agarrar al hasta entonces indómito Sansón, y una vez apresado con cadenas de bronce lo cegaron y lo enviaron a un calabozo a que cumpliera la penosa tarea de moler sin cesar. En una reunión de altos dignatarios del pueblo filisteo se exhibió al desahuciado Sansón como un trofeo de guerra. Lo amarraron con los brazos y piernas extendidos a dos de las columnas del templo en donde celebraban sus victorias. Algo de pelo ya le había crecido, y con esto sería suficiente como para sacar de nuevo su fuerza titánica y derrumbar el palacio con todos adentro, no sin antes proferir unas últimas palabras: “¡Muera yo junto con los filisteos!”, y se especula que fueron más los que murieron durante este evento que aquellos que acabarían siendo víctimas en sus tantas batallas. Sansón había gobernado Israel durante casi veinte años hasta que una mujer se le atravesó en el camino. Los preceptos divinos que se había comprometido cumplir rezaban entregarse con dedicación al trabajo y al amor de una sola mujer. Dalila es símbolo de traición y felonía, y la representación de la mujer encantadora que a través de sus engaños y su insistencia es capaz de doblegar incluso una fuerza providencial como aquella que acompañaba al gran Sansón.

Dalila

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