El Peatón

Publicado el Albeiro Montoya Guiral

No hieren las utopías

Joan Miró; Tristan Tzara, Blog El Peatón
Joan Miró; Tristan Tzara: Parler Seul.

Algunas ideas sobre autogestión, sobre la necesidad de que no haya caudillos en la cultura, a la luz de las vicisitudes que acarrea editar literatura en Internet, y la importante labor de las editoriales artesanales en nuestro país.

 

Es bella esta consigna del Primer manifiesto nadaísta de Gonzalo Arango: «No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante en Colombia será examinado y revisado. […] ¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa, desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es también el cumplimiento de un Destino». Y hubiera sido aún más bella si todo su movimiento, visto desde el privilegio que nos da la distancia, no se hubiese convertido en sectarismo y su cultor, en lo que con ferocidad atacaba: un ídolo.

De ese tópico les quiero hablar, de la necesidad de que no haya caudillos en la cultura, motivo que nos convoca a la autogestión. Para ello apelaré a mi experiencia compartida en la edición de una revista virtual (ahora también impresa), Literariedad, y a una de las manifestaciones culturales que me parece entrañable, vital y que, creo, cada vez toma más fuerza en Colombia: las editoriales artesanales.

Porque es posible participar de la promoción literaria en Internet sin que las fuerzas ni las ideas provengan de una sola persona ni de una élite simbólica. Es posible trabajar con una distribución de funciones rotativa y oxigenante en el comité editorial, como también crear hermandad con otros colectivos. Es innegable, eso sí, que no es un emprendimiento satisfactorio en sus comienzos. La autogestión deja las manos heridas, en los primeros intentos, cuando al juntarlas para conseguir recursos que no provengan del Estado ni de ninguna institución pública o privada, adquieren una personificación tan dificultosa como la del monstruo de la burocracia. Pero la satisfacción viene después, a partir del momento en que esa independencia económica logra mantenerse y nace la autonomía. Editar poemas sin publicidad de ninguna índole entonces, y sin recomendaciones de nadie, se convierte en el único oficio en el que uno es, tal vez, ese ser político verdaderamente, en una esfera como la nuestra donde está demostrado que votar es apenas una opinión no tenida en cuenta.

Por otro lado, las editoriales artesanales depuran día tras día su autonomía. Fue Tragaluz, tal vez la más reconocida en su ámbito, quien en 2016 hizo un inventario de sus homónimas en Colombia (Independientes de la A a la Z), un listado maravilloso y diverso como el espíritu que recogía, e increíblemente corto, como intuimos. Asimismo, no se puede desconocer que dentro de este grupo haya editoriales que pierden independencia por trabajar con distribuidoras, esa especie de mafia aborrecible del libro que se queda con un 35% de la venta, si no es más, sin olvidar que la librería toma otro 35%. ¿Cuánto le queda al artesano y cuánto al escritor?

A pesar de esto hay otro grupo de editoriales que fabrican su propio papel, que fundamentan su trabajo en una correspondencia amorosa con el entorno, que creen en el precio justo y en la equidad y, a veces, en el trueque. En esas pequeñas briznas que no muchos valorarán, en esos pequeños grupos que a veces coinciden en el mismo espacio y en el mismo propósito, en esa tranquila y despojada inteligencia, encuentro yo la Anarquía. No ponen explosivos en las calles, los ponen en los viejos engranajes que quisieran perpetuarse en lo aparentemente nuevo. Desestabilizan, con la mera sospecha de su existencia, a los más poderosos.

Aun así, es grato imaginar la posibilidad de que, en la cultura, eventualmente las manos se unan para seguir creciendo e impulsar los proyectos que traen ese ímpetu inmejorable con el bello rótulo de emergentes. Es grato acariciar la utopía como a un manso animal. No hieren las utopías, tranquilos felinos; hiere la inacción, Quimera voraz, temible Catoblepas. El individualismo es el asesino más diestro. Que proliferen pronto más editoriales cartoneras, que saturen las pantallas más revistas virtuales y más blogs de literatura, al fin y al cabo estamos en el mismo naufragio y, en ocasiones, nuestros barcos de papel llegan a los pies que deseamos. Que no quede ídolo en su sitio.

twitter.com/amguiral

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