El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

II PARTE: NADA QUE OCULTAR, DE GLORIA YOUNG: GÉNESIS O TURBULENCIA DE LA PALABRA

NADA QUE OCULTAR, DE GLORIA YOUNG: GÉNESIS O TURBULENCIA DE LA PALABRA

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Se preguntarán ¿y quién es la madre de Gloria Young?

Yo podría responderles que es una descendiente de múltiples pueblos, entre ellos el español. Una mujer educadora y defensora de los Derechos de la Mujer, o sea, defensora de los DDHH; como lo es su hija, la poeta que hoy tengo el honor de presentar en esta casa que es la casa de todos los latinoamericanos, la Casa de América; el hogar que recibe a los escritores, poetas y artistas de allende el mar; ese continente que hoy acoge a tantos y tantos hijos de España que nuevamente han debido migrar, no para hacer las Américas, como lo hacían antaño, sino para poder continuar con la vida que la crisis interrumpió hace pocos años.

Y es que a veces olvidamos que todos los pueblos del mundo han sido y son eternos errantes, migrantes en busca de la Tierra Prometida; y al no recordar ese componente, tan importante de la historia humana, ignoramos que somos ciudadanos del mundo y no sólo ciudadanos del país donde vimos la luz; nos ponemos una venda en los ojos que nos impide ver que la tierra nos pertenece a todos por igual.

Gloria Young, por su parte, es una infatigable gestora cultural. Su trabajo de más de cuarenta años, en pro del desarrollo educativo y de la defensa de los derechos de la mujer y la igualdad de género, así lo atestigua. Precisamente en el pasado mes de abril le fue otorgado el máximo premio que da la Defensoría del Pueblo de Panamá, Premio Mujer Destacada 2017.

Y por supuesto no puedo dejar de recordar el cargo que ostenta desde hace dos años, el de Embajadora de Panamá ante Marruecos; antes había representado a su país en Austria.

Un reconocimiento a esa tarea que ha desarrollado como una abeja obrera, sin descanso, sin permitirse dejar para mañana lo que puede hacer hoy.

La he visto indómita ante el sueño, sin rendirse a él, ni bajar la cabeza.

La he visto pararse con esa fuerza de los árboles que ella invoca en su poesía; como son el canelo, el ciprés, el roble o el guayacán.

Árboles míticos, poseedores de una fuerza que rara vez es doblegada; así bailen al vaivén de los huracanes que llegan en las épocas de diluvios tropicales y que a menudo los arrodilla o descuaja sus raíces centenarias.

Porque esa es Gloria Young, una fuerza de la naturaleza.

No conoce la sumisión, ni la rendición.

Ella sabe que las batallas perdidas son el hálito para ganar la guerra.

Sabe que son el hálito para salir indemne de las tormentas, así los ríos se salgan de su cauce y arrasen poblados enteros…

Por eso dice al comienzo de Nada que ocultar

agua agua agua agua
/de todas partes el agua se confundía
/con el canto de las piedras muertas /-el presente aflorando del pasado- /¿entonces?
¿sí se rompen los cristales? /–todo el peso del mundo sobre mi cuerpo–

Y Ella sigue indemne…

Observa el espacio desolado, así las lágrimas le nublen la mirada.

Su canto es una red, no de hilos sino de lianas; las lianas engendradas por los vocablos, paridas por las palabras.

Su canto es una red de araña que anuda para que las mujeres que lo escuchemos no sucumbamos ante el horror del mundo que se desintegra ante nuestros ojos y para que no nos ahoguemos en la maraña de nuestros propios miedos; esos miedos que a menudo -léase casi siempre- alimentan al amor.

Al igual que Louise Bourgeois sabe que como una araña puede reparar y reparar.

Al igual que las arañas Gloria Young sabe reparar el lienzo roto.

Sabe reconstruir.

RECONSTRUCCIÓN

Esa es la clave del libro que hoy nos ocupa: NADA QUE OCULTAR, Ediciones Doce Calles S.L. (España-2013).

El título es bastante sugestivo.

A las mujeres se nos ha impuesto el SILENCIO, se nos ha inculcado que pase lo que pase debemos quedarnos calladas, no decir nada, y si nos dan una bofetada debemos ofrecer la otra mejilla.

Sumisión lo llaman

Gloria Young se niega a esa premisa judeocristiana, tan arraigada en la sociedad patriarcal.

Y aunque sabe que a veces es una hoja barrida por el viento, sabe también que la calma llega y que puede renacer de los escombros.

 

NADA QUE OCULTAR es un grito, un alarido de mujer herida, no deja nada en el tintero, se desnuda orgullosa de su fuerza y de su sabiduría.

NADA QUE OCULTAR es una catarsis de dolor, una especie de letanía que recuerda los lamentos de las antiguas plañideras griegas y de las lloronas del Pacífico colombiano. Sin olvidar a las lloronas de Picasso. Él mismo dijo: -Las mujeres son una máquina de sufrimiento. A lo que Françoise Gillot respondió: -Yo creía que éramos una maquina de creación.

Su canto, aunque doloroso, nos permite encontrarnos con nosotras mismas e intuir que pase lo que pase saldremos triunfadoras de la hecatombe. Porque cuando una mujer es humillada por un hombre, no es sólo ella, somos todas las mujeres que somos humilladas, vilipendiadas, pisoteadas, envilecidas, es la humanidad entera; lo que demuestra la fragilidad de la condición humana.

El canto de la poeta Young no hace perder a los marineros.

No es el cántico de una sirena que desea conducirlos a las profundidades del mar ni llevarlos de paseo al Hades.

Su canto es un hilo que teje la memoria.

Es un hilo que le huye a la palabra olvido.

Lucha contra la amnesia.

Tal vez por ello visita las estancias secretas de Penélope y se viste con su quitón; el manto del que habría de ser legataria la voz mágica y legendaria de Sherezada.

No en vano la poeta Young vive ahora en un país heredero de su cultura, religión y lengua.

Nota: Mañana publicaré la III parte de este ensayo.

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