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26
02
2013
Vicente Pérez

No discriminen a los discriminadores

Por: Carlos Vicente Pérez

A pesar de las considerables críticas que pueda tener la ley antidiscriminación, especialmente porque resulta muy difícil de determinar (o sea, se determina según el intérprete: según se venga en gana) la sutil línea entre libertad de expresión y el tipo penal que la ley contempla, y su evidente ineficacia (“invertirle al Chocó es perfumar un bollo”), la regulación es destacable en los términos que diré al final.

Como sucede con cualquier norma en Colombia, su inconstitucionalidad se acusa no bien ha empezado a regir, nada extraordinario, pero lo curioso del caso presente es que el procurador colombiano, adalid de las buenas costumbres y la moral tridentina más característica de este país blanco y cristiano, ha dado concepto negativo a la constitucionalidad de la ley, porque viola los derechos fundamentales de libertad de expresión y libertad religiosa.

El procurador general, como se sabe, un abogado de pocos argumentos racionales (para qué la razón si tenemos la Fe verdadera) está muy preocupado porque al prohibirse la discriminación, los padres verían limitada la educación de sus hijos (?) y bueno, en el fondo, en el fondo, la preocupación es que en Colombia todavía subsiste esa clase estúpida que se opone a la propagación de la Fe y con artilugios leguleyos truncan la necesaria condena pública a los homosexuales, los liberales, los ateos, los negros, los indios, mulatos, zambos, procuradores y toda esa gentuza que no necesitamos.

A quién, por Dios, a quién se le ocurre prohibir, por ejemplo, la quema pública de libros de Voltaire y de García Márquez, malditos escritores ateos corruptores de la moral occidental, si es un acto simbólico necesario para dar ejemplo a la ciudadanía. Nuestro procurador es un personaje de carácter. Y de cuidado, cuidado se monta a la presidencia (que la Virgen nos cuide).

En fin, no soy gurú constitucional pero me atrevo a vaticinar que la Corte declarará la constitucionalidad de la ley, cosa saludable, pero más saludable el ejercicio de interpretación y determinación necesario para entender si es legal quemar el Corán y no, por ejemplo, escribir la palabra “negro” en este espacio, o cómo es la cosa. Ojalá se deje de lado el inútil lenguaje políticamente correcto y se refuercen la condena a las expresiones materiales de discriminación, entiéndase, la discriminación legal a los homosexuales. Ay qué peligroso futuro le espera a este buen país, señor procurador.

Decía que la interpretación del intérprete muchas veces es la interpretación que se nos dé la gana. Así lo hizo el procurador, así lo hago yo. Que así no lo haga la Corte.

 

ADEMÁS: 1. Buena jornada la de hoy, Maratón de blogs de El Espectador en conmemoración del tercer aniversario de este espacio. Me uno y lo saludo.2. A propósito del tema de los homosexuales, en junio se cumple el término de dos años para que el Congreso legisle sus uniones civiles y nada de nada.

Categoria: General

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