BLOGS Actualidad

15

05

2012

criterioincolume

#Chávez(asesino)

Por: Carlos Vicente Pérez

Un día una familia se fue de viaje, dejándole su casa a cargo de un amigo de la familia, que, por falta de un nombre, llamaremos Álvaro. Éste, aprovechando la semana de vacaciones, organizó fiestas, dañó y desapareció pertenencias de la familia, abusó del cuarto nupcial, entre otras cosas. Al regresar la familia, notaron solamente la pérdida de los objetos, y el hombre acusó a unos amigos suyos que había invitado. Al mismo tiempo, otra familia hizo lo propio (el personaje de esta familia se llama Hugo), contando con tan mala suerte (o tan malos amigos) que su casa por una semana fue también una casa de lenocinio. Al cabo del tiempo, Álvaro inicia una cantidad de reproches a Hugo, tratándolo de ladrón, abusivo, insensato, e incluso y sin mayor prudencia, asesino. Algo similar pasó con dos personajes de la vida real, muy distintos, por cierto: Álvaro Uribe y Hugo Chávez, dos distintos tan similares, tan cínicos, tan malos gobernantes ambos pero tan críticos el uno del otro, cosa que, por lo demás, demuestra que la nefasta derecha como la pérfida izquierda en sus bajas expresiones se rozan, se tocan y aun, se igualan. Ahora sí, hablemos en serio: ¿A qué viene el hashtag de Uribe en Twitter, #Chavez(asesino)? A primera vista, puede decirse que los improperios vienen de larga data, sí, pero precisamente por qué, sin una declaración de Chávez, aparece Uribe atacando. Más razonado resulta decir que Uribe es un apoyo importante de Enrique Capriles, el candidato venezolano a la presidencia de ese país, y por lo tanto le interesa desprestigiar a su difícil rival en las próximas elecciones. Pero esto recuerda algo paradójico de la última apuesta importante en la política por parte de Uribe: otro Enrique, Peñalosa. En la elección del alcalde mayor el año pasado, era Peñalosa más opcionado para ganar, hasta perder el apoyo de un sector del Partido Verde –liderado entonces por Antanas Mockus- con la ambición de ganar los votos del uribismo. Con el apoyo de Uribe, Peñalosa inició una caída paracaidística que lo condujo a la derrota ante Gustavo Petro. Quizás Capriles esté jugando en Venezuela el mismo juego de riesgo. A la clase alta venezolana puede agradarle este apoyo por parte de Uribe, pero a la mayor parte del electorado no le gustará ni que un expresidente extranjero interfiera tan directamente en su política, ni que este apoyo venga de alguien tan cuestionado como Uribe Vélez. Pero volviendo a un marco más conceptual, ¿por qué asesino? ¿Por qué Uribe le achaca a Chávez secuestros, desapariciones, asesinatos? Y esto para no recordar las más de dos mil investigaciones por falsos positivos, que en últimas no eran más que ejecuciones extrajudiciales, crímenes de Estado. Bien, cualquiera puede preocuparse por la mala suerte de Venezuela con este principiante de dictador, pero ¿no ve Uribe la paja en el ojo propio? ¿No gobernó él el país con los secuestrados más antiguos del mundo? ¿No prometió él acabar con la guerrilla y, pese a sus avances, fracasó? ¿En qué íbamos? ¿Asesino? Nadie sabe por qué lo dijo, pero ojalá diga con profundidad sus argumentos, porque en Venezuela pocos dudan de algún crimen de Estado en estos más de diez años de desinstitucionalización; pero resulta que Chávez en Venezuela acalla la oposición, con expropiaciones y multas (RCTV, Globovisión) como también lo hizo Uribe, no a través de la censura estatal sino con algo más denigrante: descalificando a cualquier detractor suyo como idiota útil, colaborador de la guerrilla, etc. Las respuestas a Uribe no se hicieron esperar, pronto se propagó el contrahashtag #UribeAsesino, e incluso hubo quienes sugirieron “más precisión” con #UribeGenocida. Tanto lo uno como lo otro resultan anecdóticos, tanto los improperios como las respuestas. Queda pendiente saber si al final el más afectado de este incidente es el pobre Capriles. P.S.: ahora, después de que pasara casi todo el litigio en otra administración y con una inepta estrategia jurídica, salen al paso algunas personas, sin un mínimo de conocimiento sobre derecho internacional, a culpar a la canciller Holguín de un posible fallo no favorable para Colombia en el proceso contra Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia. Recomiendo visitar http://bit.ly/Kj6tjs. @VicentePerezG

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16

04

2012

criterioincolume

Liberen a Ublime

Por: Carlos Vicente Pérez

Sí señores: no bien la guerrilla de las Farc anunció el cese de los secuestros extorsivos, la cantante Shakira, a grito herido entre alaridos y gemidos, en el encuentro continental más importante para Colombia, aprovechó un espacio en el himno nacional para iniciar una nueva causa, filántropa por supuesto, con el fin de obtener la libertad de Ublime. ¿Quién es Ublime? ¿Dónde está? ¿Es la versión melódica de la novela colombiana? Nada se sabe del susodicho. La guerrilla lo reclama como preso político, la derecha colombiana como una nueva víctima del secuestro extorsivo que las Farc dijo abandonar. Otros, más ingeniosos, por supuesto, vieron en Shakira singular clarividencia. Según dicen, la barranquillera en trance estaba haciendo una profecía, pero algo le salió mal. Sospechan los conspiracionistas que no existe tal Ublime: ella quería hablar de Uribe.
“Cesó la horrible noche, la libertad de Uribe”. ¿Cómo así que está Uribe consiguiendo un viaje urgente destino a Panamá? Por favor, Shakira, sácanos de esta confusión. Colombia ya está más preocupada por Ublime que por los indigentes de Cartagena, quienes luego de pocos días de vacaciones vuelven a las sórdidas calles. En todo caso, esta cumbre fue un enigma: nadie sabe cuánto costó, ni qué se debatió. Lástima, país ingrato, sólo se fija en los defectos. ¿No? Preguntémosle a un ciudadano cualquiera qué supo de la cumbre: nada. Que Evo sirve más para futbolista, y que lo de Santos es el golf; que en Cartagena no hubo indigentes, y que los agentes de seguridad americanos tuvieron un desliz con las prostitutas cartageneras; que una ingenua gente de Turbaco llevó un burro para regalárselo al presidente Obama, esperando que éste se lo llevara. ¿Para qué querría Obama un burro? Suficientes burros hay en Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas del planeta. Y a propósito del tema de las drogas, ¿qué pasó? Pobre Santos, resultó más ingenuo que los señores del burro: Obama, ni por más burro que fuera, nunca cedería un centímetro en la millonaria e hipócrita lucha americana contra el narcotráfico en año electoral. Es como si el mismo Santos en 2010 hubiese admitido que el peor error del uribismo no fue el fracasado referendo del 2003, ni el mismo Uribe: fue Santos, su candidato presidencial. Y bien, señor ciudadano, ¿qué quedó, qué quedó? -Nada, hombre, nada. Deje de molestar con la cumbre. -¿Nada? ¿Y los de la anticumbre qué? ¿Verdad que aquí no dejan ni saludar al presidente porque ya hay protesta contra el imperialismo? Obama, protesta. TLC, protesta. TransMilenio, protesta, protesta, protesta. -Ah, sí, sí. Es que usted sabe, hay gente que no entiende que de vez en cuando los presidentes se reúnen a hacer en la distancia lo que hacen en sus países. Nada. Pero bueno, deje de escribir bobadas en su blog. -¿Bobadas? No, hombre, respete que aquí estamos por una noble causa: porque estamos buscando a Ublime y queremos que Shakira no le robe las corbatas a Piqué. A los conspiracionistas ilusos les digo que Uribe no va para ninguna cárcel. Pero, vea usted, ya no estamos en su gobierno: cesó la horrible noche. Grande Shakira, augur encorbatada. Y tú, Ublime, donde quiera que estés, aparece, Colombia te espera, si estás en la guerrilla, desmovilízate. Por ti quizás no hagamos otra cumbre, pero quizás sí una fiesta sublime. @VicentePerezG

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12

03

2012

criterioincolume

Fernando Hinestrosa: un caballero radical

Por: Carlos Vicente Pérez

El 10 de marzo de 2012 fue un día aciago para la academia colombiana en general, y para los estudiosos del derecho en particular. Fernando Hinestrosa, quien para algunos es el contemporáneo más relevante en el estudio del derecho en Colombia; el académico que durante casi medio siglo dirigió la Universidad Externado, conduciéndola en los momento de orgullo y satisfacción, y en los de tristeza y penuria (como los funestos días del 5 y 6 de noviembre del 85, cuando en medio del holocausto del Palacio de Justicia, el Externado perdió casi una decena de personas entre catedráticos y exalumnos); el colombiano que hace dos años fue orgullo nacional al ser el primer latinoamericano en recibir el doctorado honoris causa de la universidad de La Sorbona; el magistrado, el ministro, el diplomático; pero por encima de lo anterior, el hombre cordial, sencillo, que además de rector y decano también era profesor de la facultad de derecho, el que se consideraba amigo de sus estudiantes, el defensor de los valores liberales y de la ética radical. Él, ya no está. «Tendrán tropiezos, caerán», les dijo a los estudiantes de primer semestre en la última bienvenida que dio a la universidad, y en efecto, la universidad no se siente igual y la pérdida que no se circunscribe a un claustro académico es invaluable. «Pero lo importante es levantarse», concluyó él mismo. La única vez que vi a Fernando Hinestrosa fue en esa bienvenida, y un detalle —por el cual escribo estas líneas— me marcó de sus palabras: dijo creer en la juventud. Y no se refería a creer por resignación o creer por creer: creer con convicción. Y eso, venido de un hombre octogenario con las credenciales que él tenía, realmente motiva no sólo a estudiar, sino a creer también en las jóvenes generaciones. A creer para hacer. A él lo llamaron varias veces «el último caballero radical», resaltando su liberalismo férreo, liberalismo puro que propende por la democracia, la separación de los poderes, el respeto al otro, la ética radical, la independencia, en una sola palabra (necesaria aunque redundante): libertad. Sin embargo, a él no le gustaba por completo ese título, pues no esperaba ser el «último», sino que aparte de él cada vez fueran más los radicales de la libertad, de la disciplina. Sí: Fernando Hinestrosa fue un caballero radical, seguramente el de mayor trascendencia. Aparte de su destacada obra jurídica, y otros escritos como Reflexiones de un librepensador, el legado del doctor Hinestrosa trasciende las letras. Paradójicamente es un legado de fe, viniendo de un hombre de laicidad indiscutible. Él mismo lo describió en una entrevista para El Tiempo: su legado es «fe en la patria, fe en la juventud, fe en la libertad y fe en la democracia». Hasta en la fe era liberal este caballero radical. El 10 de marzo de 2012 fue un día aciago, pero también el día en el que con excelsos méritos culminó la vida de nuestro personaje, abriéndole las puertas de la posteridad a través de su legado y su indeleble marca en generaciones de colombianos. @VicentePerezG

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06

03

2012

criterioincolume

El otoño de Gabo

Por: Carlos Vicente Pérez

Las efemérides relacionadas con García Márquez son una suerte de astros alineados: el Nobel cumple hoy 85 años; este año, 30 de su premio Nobel, 45 de publicado Cien años de soledad y 65 de publicado su primer cuento “La tercera resignación” , que en 1947 (en ese tiempo para honor de García Márquez y hoy para honor de este diario) EL ESPECTADOR por medio de Eduardo Zalamea Borda, imprimió en su sección dominical. A propósito de cómo empezó a escribir, García Márquez dice en su libro Yo no vengo a decir un discurso: “A mí nunca se me había ocurrido que pudiera ser escritor pero, en mis tiempos de estudiante, Eduardo Zalamea Borda, director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, publicó una note donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista”. Y continúa: “a mí me salió entonces un sentimiento de solidaridad para con mis compañeros de generación y resolví escribir un cuento, nomás por taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda, que era mi gran amigo, o al menos después llego a ser mi gran amigo. Me senté y escribí el cuento, lo mandé al EL Espectador. El segundo susto que obtuve el domingo siguiente cuando abrí el periódico y a toda página estaba mi cuento con una nota donde Eduardo Zalamea Borda reconocía que se había equivocado , porque evidentemente  con “ese cuento surgía el genio de la literatura colombiana” o algo parecido”. Así fue como el más importante novelista latinoamericano de todos los tiempos inició su carrera literaria. O al menos así eso como él lo relata. Hace pocos días Gabo volvió a ser noticia, pero no por sus cualidades literarias, sino por críticas, entre otros del historiador mexicano Enrique Krauze, respecto a su amistad con el retirado dictador cubano Fidel Castro y su gusto por estar cerca a los círculos de poder. Dicen también que a estas alturas, cuando Gabo poco se presenta ante los medios por razones fisiológicas, nadie lo defiende. No, nadie lo defiende ni nadie debe defenderlo; ni él mismo debe hacerlo simplemente porque no hay por qué. A los artistas, lo mismo que los filósofos, no hay que pedirles una vida heroica ni mucho menos políticamente correcta. Ellos no valen por lo que fueron sino por lo que dejan. O mejor, ellos no son su vida sino su obra. Y García Márquez es el coronel Buendía, el coronel que no tiene quien le escriba, es Remedios la bella, es Melquiades. Y ése Gabo, el literario, el novelista, el periodista, es el que nos respecta y el que quedará para la posteridad, como de Hemingway quedó su lucha feroz con los tiburones y no su execrable caza de osos. Lo demás es morbo casuístico. Hoy es un día importante para la literatura colombiana, pues su máximo exponente y parte de su obra cumplen fechas memorables. Y aunque se discuta si la obra de Gabo es colombiana o mexicana, vale decir que ese país ha recibido e impulsado a grandes escritores colombianos, pero su obra es tan colombiana como Pedro Páramo es mexicano.

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25

02

2012

criterioincolume

El vídeo de la infamia

Por: Carlos Vicente Pérez

Un vídeo hecho por un reportero ciudadano en Colombia que en dos días acumule más de seiscientas mil reproducciones marca un precedente en nuestra concepción de internet. Me refiero a “El vídeo que el gobierno colombiano no quiere que veamos”, titulado así por razones meramente propagandísticas, pero que eliminando su título nos deja una sensación mayor a la visión de un gobierno o de una fuerza pública, o de los intereses de una transnacional. Es un vídeo que deja un sabor amargo, una impotencia rabiosa, una bofetada en la cara para reaccionar sobre una situación. Ser hecho por un reportero ciudadano tiene ya sus limitaciones de forma y los cuestionamientos que los más dogmáticos harán de su veracidad. No obstante, quienes lo vean o lo hayan visto, quizás coincidan conmigo en que resulta carísimo hacer un montaje tan realista, con tantas personas y elementos lejanos del alcance de un ciudadano común y corriente. Lo anterior lo digo para prevenir las objeciones que cada vez se hacen más comunes, y que consisten en descalificar toda información desfavorable para un grupo de altos intereses como falsa, como una farsa, una conspiración o en términos más célebres: una “venganza criminal”. Este vídeo, el vídeo de la infamia, consiste básicamente en un reportaje sobre el desalojo de unos ciudadanos —mineros, pescadores— del río Magdalena. Según la información dada, el motivo del desalojo es la construcción de una hidroeléctrica en el Quimbo, negocio de las transnacionales EMGESA, ENDESA y ENEL. No corresponde aquí analizar lo nefasta que puede ser esta hidroeléctrica no sólo para el propio río, sino también para la economía de los campesinos, trabajadores y para la población quimbiana en general. Pero eso no importa, pues a vista de todos es notoria la diferencia entre las ganancias de un pescador artesanal, con las de una transnacional energética. Eso sí importa. Lo triste no es sólo el desalojo, también las formas: miembros del denigrado cuerpo especial ESMAD con sus armaduras de película reverberantes en el calor de la ribera, atacando con gases a la población. Despojando a los huileños de lo suyo, a los colombianos de lo de Colombia. Qué bonito es pensar que parte del 6% del PIB que se invierte en seguridad se devuelve en contra de la población. En contra de los contribuyentes. ¡Ah! Quién sabe si los heridos son contribuyentes, bueno, en caso contrario no tributarían en su contra, por lo menos. —Si me van a matar que me maten —dijo un señor, resumiendo en una pequeña frase todo lo necesario para entender la impotencia de alguien que no encuentra otra subsistencia. —El río y la mina, con eso es con lo que nos mantenemos nosotros. Mantenemos la familia porque sin eso no podemos trabajar, y dónde va a buscar trabajo uno —dice un pescador artesanal. El río y la mina. ¡Pero qué más podemos hacer!, de eso también viven los pobres empresarios extranjeros, además ellos sí saben explotar los recursos eficientemente. Para los tradicionales trabajadores de la zona el Estado no es que no tenga nada. Sí tiene, que nadie se equivoque. Tiene al ESMAD para que los atienda. Resulta tremendamente doloroso pensar cuál imagen se puede hacer de la policía uno de los niños que fueron víctimas de ese desmedido desalojo. Qué decir de lo que afirmó la reportera de La Nación: que la “personera del pueblo” no habló con las comunidades, y se transportó en una lancha de ENGESA hacia el otro lado del río. Un profesor de la universidad Surcolombiana concluye el –digámoslo de una vez- atropello diciendo que “la forma violenta con que nos agredieron hoy es al mismo tiempo un honor y una victoria de nosotros, porque fuimos capaces de responder pacíficamente a la violencia institucional”. Queda zumbando en el aire la palabra institucional, que conduce a pensar en instituciones legítimas, contrapuestas a la violencia del ESMAD. Dice el jurista Francesco Carnelutti que la diferencia entre la fuerza del policía y la del bandido estriba en que el bandido combate para sí, y el policía para los demás. Pero de ser así resulta complicado diferenciarlos en el vídeo. Es apenas notorio el terror de los ciudadanos. ¿No reprocha tanto el Estado el terrorismo? ¿Terrorismo no es en últimas causar terror? Las deducciones de estas preguntas son peligrosas. Con la iglesia católica puede tenerse cualquier tipo de discrepancia, pero no se pueden ignorar los argumentos de monseñor Jaime Tovar, quien alude que estos atentados contra los campesinos no son tolerables en un Estado de derecho: “yo llamo es al pueblo a que no sea indolente”. Las razones últimas de todo lo anterior quizás no lleguemos a conocerlas. Muchas cosas quedan vedadas a la opinión pública cuando se desmonta la indignación de la sociedad y se acaba la película. Sí, quizás todo ese vídeo sea mejor una muy buena película , como quizás esta imagen (http://on.fb.me/zas9Ll) sea un montaje. Farsa, en fin, todo lo que no nos conviene.

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17

02

2012

criterioincolume

Evadir y atacar

Por: Carlos Vicente Pérez

Admiro al excomisionado Luis Carlos Restrepo. Lo digo con timidez, en balbuceos. Lo admiro a él no tanto como admiro a Álvaro Uribe y a José Obdulio Gaviria. Resultan incomprensibles las críticas al primero, injustas, luego de que ayudara a desmovilizar a 62 guerrilleros del bloque Cacica La Gaitana de las Farc, para que posteriormente éstos pobres hombres ingresaran a la vida civil exitosamente: sin prejuicios ni discriminación, con trabajos estables y sin riesgo de terminar bajo órdenes de nuevas bandas criminales. Los admiro, a pesar de que sean unos burros. Quienes los critican, quiero decir. Es más, si tengo un hijo lo llamaría Luis Álvaro José Francisco, habida cuenta de que mi respeto por el exvicepresidente es único. Tal vez sea un error ponerle cuatro nombres a un bebé. Sí, es un despropósito porque pensándolo bien, ¿cómo lo llamarían?: ¿Varito, Luchito, Pachito? No sé, es rara esa manía fea de los apodos. Ya no le pienso poner Luis Álvaro José Francisco, quizás los amigos por la indecisión le terminen llamando Fachito, o Avarito. O tal vez el niño no quiera pistolas de balines sino juguetes de alto voltaje (una grabadora, quizás), o metralletas de balines. Quién sabe si de aquí a allá ya existan las motosierras de juguete. Para cortar árboles y abrir carreteras imaginarias. En fin, ¡qué sé yo de los juegos del futuro! Sólo sé que los del presente —jugar con la tierra de los campesinos, con las libertades sexuales de las mujeres o con los contratos públicos— me parecen poco divertidos. Dije que los que critican a estos varones son unos burros, sí, si entendemos por burro a una persona poco inteligente, pues ¿quién con más de tres neuronas no entiende que todo lo que éstos varones hacen es por el bien de la patria, por «defender la democracia, maestro»? Ellos —que lo entiendan bien los columnistas y periodistas que los atacan— sacrifican su buen nombre por los principios más valiosos de Colombia. Principios centenarios, como la honradez de los funcionarios públicos, la santa fe católica, el amor al Estado y sus contratos, las buenas desmovilizaciones, los buenos paramilitares. ¡Qué horror! Los buenos para militares, pues en las FF.MM. no hay soldados ignorantes que maten animales por juego. ¡Qué malos juegos los de hoy! Pero también pueden ser burros todos ellos, si tenemos en cuenta que no hay burro mudo, y como adalides de la razón responden a la sociedad con comunicados o comentarios. Lástima (no me gusta aceptar errores en mis personajes) que no respondan lo que deben: Uribe en una audiencia en la Comisión de Acusaciones gritaba eufórico que él no era ningún asesino, cuando no se le cuestionaba eso. Luis Carlos Restrepo salió en los medios proponiendo asamblea constituyente y un movimiento antipresidencial, como cualquier Chávez de derecha, cuando se le cuestiona por evadir la justicia colombiana al mejor estilo uribista, al estilo de la patria: yéndose del país. Buena estrategia: evadir y atacar. Luis Carlos Restrepo —como en el 2010 lo hizo María del Pilar Hurtado, quien hoy continúa en Panamá protegida por un buen gobierno que entiende a los perseguidos políticos— se fue disimuladamente para Estados Unidos mientras tenía compromisos con la justicia colombiana, y su abogada dio explicaciones vagas y falsas sobre su ausencia. Ahora reaparece sin mencionar una palabra sobre los cuestionamientos que se le hacen (falsa desmovilización del frente Cacica La Gaitana de las Farc en marzo del 2006), y por el contrario —con la autoridad que merece un excomisionado para la paz, término que Colombia no conoce— propone un decálogo político «para retomar el rumbo», en el que se va lanza en ristre contra el presidente Santos, el presidente «de la mentira». Admiro la inteligencia de Restrepo, lo que me lleva a apoyar a cualquier conductor embriagado o cualquier evasor de impuestos que con malicia indígena sepa defenderse de la injusta Justicia colombiana. Pero creo que ningún particular con implicaciones menores que Restrepo tiene voz en los medios, ni amparo en viajes, así que hace inviable la reivindicación anterior y con dolor me hace pensar que Restrepo fue un deshonesto ventajoso. No. No puedo admirar a Luis Carlos Restrepo.

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06

02

2012

criterioincolume

«Mantener la democracia maestro»

Por: Carlos Vicente Pérez

Una guerrillera y el administrador de la cafetería del Palacio: Irma Pineda y Carlos Rodríguez, respectivamente, son los dos desaparecidos que fueron reconocidos como víctimas por el Tribunal Superior de Bogotá el 30 de enero de 2012 —en sentencia ratificatoria del fallo proferido por la Juez Tercera Especializada de Bogotá, el 9 de julio de 2010—, por los hechos ocurridos el 6 y 7 de noviembre de 1985, durante la retoma del Palacio de Justicia, el cual había sido ocupado por miembros de la guerrilla M-19. Sólo dos víctimas más que la justicia colombiana logra esclarecer, luego de que el fallo de la Juez contemplara once víctimas, cuyos procesos el Tribunal ordenó proseguir la investigación. Pero por falta de pruebas el Tribunal estableció la culpabilidad del coronel (r) Alfonso Plazas Vega, respecto al delito de desaparición forzada sobre las dos víctimas nombradas.

Sólo dos víctimas más, y 26 años después, muestra de la gran celeridad del proceso y de la impartición de justicia relacionada con estos sucesos, teniendo en cuenta que todavía hay varios desaparecidos sin establecer y muchos implicados cuya responsabilidad probablemente juzgue en menor tiempo —aunque, quizás, con menor precisión— los anales de la historia colombiana. La sentencia del Tribunal reavivó la antigua polémica en la sociedad colombiana por los hechos relacionados, pues toca directamente aspectos sensibles de la sociedad, especialmente, de las élites dirigentes. Además de la ratificación de la condena por 30 años de cárcel para el coronel (r) Plazas Vega, la sentencia incluye los siguientes actos simbólicos de reparación: «publicar la sentencia durante un año en las páginas web del Ministerio de Defensa y del Ejército Nacional, ofrecer unas disculpas públicas y que ninguna unidad militar tenga el nombre del coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega», y fundamentalmente, una «exhortación al fiscal principal ante la Corte Penal Internacional para que estudie sobre el caso del expresidente Belisario Betancur Cuartas y su relación con estos hechos»[1]. Las reacciones mediáticas —lamentablemente— no se ocuparon de las víctimas ni de la reivindicada condición de sus familias luego de lo mínimo necesario, pero en este caso tan difícil y retrasado: la justicia. No, las reacciones polarizaron el asunto entre el Tribunal y el Ejército, o a lo sumo, entre partidarios y detractores de la sentencia —cuando una disposición judicial es para ser acatada y no debatida—, encabezados por el presidente Juan Manuel Santos, quien en abierto acto de desacuerdo (y en cierta medida —como máximo jefe de las Fuerzas Armadas—, de desacato, dijo: «más bien le pido al Presidente Betancur a nombre de los colombianos, que lo hayan puesto en esa situación nuevamente» y «más bien nosotros le pedimos perdón al Ejército por no haber sido lo suficientemente enfáticos en la admiración que le tenemos[2]». Otras personas, como el Alcalde de Bogotá y antiguo miembro de la guerrilla M-19, Gustavo Petro, propuso que en la ceremonia de perdón que el Ministro de Defensa debe oficiar, participen los sobrevivientes del M-19 y el expresidente Belisario Betancur[3]. Sin embargo, si de discutir la decisión judicial se tratase, ésta socialmente podría ser rebatida, pues una encuesta virtual recogida por ElEspectador.com muestra que más del 70% de los colombianos considera injusta la condena. Cuando se ordenó la retoma del Palacio de Justicia, las Fuerzas Militares actuaron desmedidamente, sin cuidar la vida de los civiles que estaban adentro, sacándolos del Palacio con vida, en algunos casos, y torturándolos e incluso asesinándolos posteriormente, según testigos: «—El Presidente de la República dio la orden de respetar la vida delos rehenes, pero como os militares estaban sedientos de venganza —y esos mandos militares de esa época eran siniestros— fueron a lo que querían. A ellos no les importaba que se tratara de magistrados, o que fueran mujeres (…) Allí hubo un golpe de Estado de los militares»: Bernardo Ramírez, ministro de Estado y el asesor más cercano al presidente (sic) Betancur. «—Un uniformado me agarró por el pelo y cruzamos por el centro de una fila de militares que nos decían, “hijueputas” y nos daban golpes con las culatas de sus fusiles. El militar que me arrastraba por el pelo me arrancó la cadena de oro que llevaba en el cuello»: Eduardo Matson[4]. La sentencia del Tribunal Superior de Bogotá marca una pauta en el largo recorrido —quizás generacional— en el que se irán aclarando judicialmente los hechos de la toma y la retoma del Palacio de Justicia. No concilia mucho un acto de perdón a regañadientes, pero recuerda el lugar primordial de las víctimas en la enquistada violencia colombiana. Y la discusión zanjada alrededor del carácter continuo de la desaparición forzada abre la posibilidad de cambios en las decisiones futuras siempre que el delito sea vigente (o que no concluya, esto es, que los desaparecidos aparezcan…). Las decisiones judiciales deben ir enmarcadas exclusiva e intrínsecamente con derecho, sin miramientos en las reacciones políticas. Los jueces en Colombia deben tener ese principio en letras doradas para —como lo dijo el día de la retoma el entonces teniente coronel Plazas Vega— «mantener la democracia maestro». @VicentePerezG


[1] http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-324075-plazas-vega-betancur-y-cpi [2] http://www.semana.com/politica/santos-haya-pedido-perdon-belisario-ejercito-desacato/171357-3.aspx [3] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-324294-gustavo-petro-propone-pedido-conjunto-de-perdon-masacre-del-pala [4] CASTRO CAYCEDO, German, El Palacio sin máscara, Ed. Planeta, 2008, p. 14 y 15.

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01

02

2012

criterioincolume

Clases LGBTI

Por: Carlos Vicente Pérez

Con las vestiduras rasgadas han posado recientemente algunos políticos, líderes religiosos o educativos, padres de familia, entre otros grupos, por la reciente discusión sobre las clases LGBTI (aquí cabe resaltar que la sigla siempre quedará incompleta). ¿Cómo van a promover —argumentan algunos— a nuestros niños estas posturas sexuales? Viene dándose una discusión maniquea sobre esta cuestión a la cual es difícil encontrarle el motivo de polémica. Es bueno o es malo; son desviaciones que no deben proponerse. En fin, se reitera el error de juzgar determinada condición tomando la propia como cierta o legítima y aplicable universalmente. No, pero ni ser homosexual, transexual es bueno, como tampoco es malo. Simplemente diferente. Alrededor de la discusión sexual cabe hacer analogía a la discriminación que se aplica a quienes son de tal tendencia ideológica, o hinchas fervientes de tal equipo de fútbol, digamos, del América. Son cuestiones de gustos que caben en las libertades individuales. ¿El América todavía es un equipo de fútbol? ¡Ah! Ya ni sé. Hace unos años luego de terminar una comisión de evaluación final, en el colegio La Salle de Cúcuta el entonces rector me comentó que para el siguiente año el colegio —por decreto— debía dictar una cátedra sobre afrocolombianidad. —¿Afrocolombianidad? —le pregunté sin entender para qué. —Sí, ya veremos qué nos inventamos para eso. La supuesta cátedra de afrocolombianidad nunca la vi, y no por ello ignoro la importancia histórica del talante trabajador de los afrodecendientes. Ni tampoco estaba mal la propuesta (no diré que simplemente era diferente), pero valía preguntarse si era más importante (o no digamos importante, llamémoslo útil) para una adolescente saber y repetir las crueles atrocidades a las que fueron sometidos los esclavos africanos en América, o saber qué y cómo hacer en caso de quedar en embarazo. O sin llegar a tal, cómo prevenir un embarazo no deseado y aprenderse a cuidar, cuestiones que poco se enseñan en Colombia, país en el que aproximadamente el 51% de los embarazos son no deseados. Respecto a las clases LGBTI sucede algo similar. Las comunidades de distinta orientación sexual a la heterosexual sufren discriminación, es verdad, de manera aceptada por fracciones de la sociedad, cuando por ejemplo, le niegan la oportunidad de adoptar a un homosexual a dos niños de infancia avanzada quienes estarán seguramente en mejores condiciones con él que en el ICBF. Pero salen los adalides de las buenas costumbres a ventilar las tentaciones de un homosexual con dos niños, como lo dijo un alto representante de la iglesia católica. Bueno, quiénes más que ellos para saber de tentaciones con los niños. Cuando se habla sobre educación, la discusión debe ser seria, y como tal, debe saber priorizar. ¿Es necesario invertir aunque sea una hora semanal en clase de derechos indígenas cuando no sabemos qué es un derecho, o peor, cuando este país tiene tan bajo nivel de compresión lectora? Yo no juzgo, pero la respuesta se torna obvia. A los LGBTI, como a los afrodescendientes, indígenas, desmovilizados, discapacitados, entre otros, debemos asegurarles la inclusión y respeto (es absurdo decir esto, es decir, es absurda la realidad) en la sociedad. Pero con acciones y no con letra muerta. Por ejemplo, nombrando a un homosexual en la dirección del ICBF. Oigo las vestiduras rasgarse con desespero, “por qué”. Bien, ¿por qué no? La educación básica en Colombia necesita una operación de urgencia, para que aprendamos, por lo menos, a leer y escribir bien. “Primero lo primero”. Luego de eso bienvenidas las cátedras transversales que incluyan conocimientos prácticos, como cómo defenderse y cómo actuar frente a un abuso de la policía, para que luego los productos de los embarazos no deseados no mueran bajo las balas de un policía irresponsable.

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10

01

2012

criterioincolume

El crimen indignado

Por: Carlos Vicente Pérez

Hace pocos días alguien me escribió un tuit: «Los urabeños son un equipo de futbol de la B? y nadie va a proponer una marcha contra ellos? (sic)», entonces le respondí «Difícil. Contra las Farc sí, porque andan en el campo. En cambio estos están aquí. La gente teme que la maten. ¿No?» Pero era un error: las Farc también están en la ciudad, y ni las bandas (que bien pueden ser ejércitos) criminales ni las guerrillas responden a unas marchas, pero sí pueden sacar comunicados diciendo sentirse “conmovidos”. Por el contrario, pienso ahora, si hay que marchar contra alguien (entiéndase en todo contexto), es contra el Estado, pues ese monstruo abstracto que no identificamos es el que debe responder, al que le dieron un poder y el que lo debe cuidar. Claro que todos tenemos que cumplir equis y ye cosas, pero eso no nos obliga a responder ante una protesta: el Estado sí debe hacerlo. Pero tampoco. ¿Para qué marchar? Yo no creo en las marchas, aunque se ven muy bonitas, eso sí. ¿Y todo esto a qué va? Pues a que el Frankestein colombiano, el adefesio narcoparaoligo (aquí se agregan muchos prefijos), en fin, paramilitar, resultó posando como el crimen indignado, sí, y reivindicándose organizó un paro armado la semana pasada en el occidente del país. ¿No es mucho descaro? Pero para qué marchar, si el Gobierno respondió rápido (que ya era tarde) y organizó consejo de seguridad en Santa Marta, y ahora dice que la estrategia contra las Bacrim está funcionando y por eso ellas quieren dialogar. ¿Dialogar? ¿De qué? Bien hace el Gobierno —entre otras cosas porque no puede— negando de tajo esa posibilidad. Lo evidente es que la Ley de Justicia y Paz del gobierno de ese personaje retirado que esporádicamente hace noticia con unos trinos desubicadísimos, no sirvió para mucho. O sí, para extraditar a los cabecillas que tanto terror sembraron aquí. Y para acabar (con el nombre) con los paramilitares, que se reorganizaron en muchas bandas que ahora cobran muchas extorsiones. Al excelso varón del gobierno anterior deberían darle dos premios por esa ley que apoyó en su gobierno: el Nobel de Paz por acabar con los paramilitares, y el de Literatura por titular con inigualable ficción dicha ley: ni justicia ni paz, pues impunes están quedando delitos atroces y por las paz pregúntele a los campesinos de Córdoba o del Urabá antioqueño. Pregúntele. ¡Ah! Se me olvidaba: pregúntele a cualquier colombiano, que nosotros nunca hemos vivido eso. En fin, puede resultar que muchas, la mayoría de las bandas criminales se entreguen viendo su accionar reducido, y el Gobierno debe preparar tanto los planes militares para reducirlos como los judiciales para asegurar el respeto de la ley. Por otro lado, las Farc en un comunicado ha invitado a reiniciar la cachetada que le dieron al país en el Caguán, pero ellos saben que aquí no se cree en su palabra, faltan los hechos. Hace unas semanas León Valencia escribió en Semana invitando a ‘Timochenko’ a que marcara la historia de Colombia con la paz. Sólo esperar, nos queda, a que el Gobierno maneje con inteligencia el asunto, pues inteligencia es lo que ha faltado en esta guerra de bala y machete. El fin del fin está por verse. Volviendo al tuit que cité, creo que con lo de equipo de fútbol hacía una broma. Yo no la he entendido. Pero lo que sí entiendo es que mucha gente en Colombia todavía no habla de lo que le pasa, de lo que ve; no marcha, no escribe, no se inmuta por un miedo antiguo. Por el miedo a que los maten. P.S.: leí un aviso de movilidad en Cúcuta en el cual pedían «respete las señales de transcito». Bien, yo las respeto, pero las de tránsito. Que por favor ellos respeten las de gramática. @VicentePerezG

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31

12

2011

criterioincolume

2011, 2012

Por: Carlos Vicente Pérez

El 2011 quedará para la historia como un año de agitación social, quizás como 1848 o 1968. En este año se demostró que todavía es posible la movilización a través de las ideas, o de un sentimiento generalizado que se acuñó luego de ¡Indignaos!, y un señor novenario, Stéphen Hessel le dio un toque de apoteosis a su vida con este pequeño y potente aporte a las letras. Por otro lado, los acontecimientos económicos fueron desastrosos, y a bien o mal, fue un año con importantes noticias: la muerte de Bin Laden, la retirada americana de Irak, la masacre en Noruega, la deposición de Mubarak y Gadafi en el marco de lo que se llamó La primavera árabe, entre otras cosas. Un año movido, como no, incluso en Colombia donde se adelantó en temas importantes (como esa difícil ley de víctimas), y en Latinoamérica, donde Chile conmocionó con protestas y el cáncer ha ido menguando bríos al bolivarianismo. Con este irremediable transcurrir de los años, es habitual desear un mejor año nuevo, sucesivamente, y ésta no será la ocasión para desaprovecharlo: que a pesar de las dificultades con las que se inicie, y las que seguramente llegarán en el transcurso, tengamos una meta para este 2012 y que no falten los motivos para sonreír y continuar con este devenir temporal que llamamos vida. Puede que el año entrante no sea tan movido como este, puede que sí. Pero si hay cosas que en este no se movieron y deseo que el siguiente sí, son las cadenas de los secuestrados en Colombia, para que se acabe esa infamia de la degradación humana; la voluntad de los países por retomar el control de su economía acabando con la nefasta dictadura de los mercados; la hipocresía de las potencias económicas que evitan comprometerse con el cambio climático, y con su humo y su polución nos están matando a todos poco a poco; el corazón de lo fundamentalistas religiosos y la fe deje de defenderse con sangre. Sea esta la ocasión, amigo lector, para recordar que en este año iniciamos este diálogo por este blog. Así que ofrezco agradecimientos por la lectura, esperando continuarla en el 2012, y deseando para usted un año de éxito. @VicentePerezG

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21

12

2011

criterioincolume

Dulce navidad…

Por: Carlos Vicente Pérez

Navidad, feliz navidad: esa fiesta —religiosa— que con tanta tradición celebramos, por estos días no deja de tener sus sinsabores. La tradición católica en Colombia —a despecho de la laicidad del Estado— está tanto en los villancicos, como en la llegada de los Reyes Magos, como en quedarnos callados ante las protestas de un grupo ultramontano para evitar que una persona de condición homosexual adopte. Vaya, qué peligro con los niños, que puedan abusar de ellos, que los vuelvan maricas. No. Qué horror, ¿verdad? Qué peligro —dirán tal vez— que un hombre heterosexual adopte a una niña (siguiendo el ejemplo de H. Abad). No vaya a ser que abuse de ella. Qué horror. Por alguna razón no dejamos de ser hipócritas y doblemoralistas. No sé por qué se prefiere que los niños crezcan en hogares de paso, sin saber de dónde son ni adónde van, a que tengan una familia, o un acudiente, o un respaldo, o un futuro. Porque no nos mintamos ante lo evidente: los colombianos que crecen en hogares de paso lastimosamente no tienen muchas posibilidades de progresar, de superarse. Aunque esto es de los colombianos en general, pero con ellos las esperanzas se reducen, pues no tenemos un Estado que responda por nosotros. No existe. La Corte Constitucional le pasó el trabajo al Congreso para decidir si el hecho de que nos gusten o no las personas del mismo sexo sea razón para decidir si podemos amar a un niño, si lo podemos criar, si él pude tener una familia. Es como el juego de la papa caliente, quien se quemó fue el Congreso, digo, el Honorable Congreso, del que no mucho podemos esperar… Volviendo a la navidad, tan querida con sus familias de pesebre, las noticias no dejan de transmitir familias de pesares: sin casa, sin enceres, sin agua, sin muchos motivos para celebrar, esto es: gente atropellada por el invierno, la época que casualmente coincide con la dulce navidad. Estos días, al caminar por la calle y encontrarme uno de los millones de indigentes que hay en Colombia me pregunto cómo pasarán la navidad. O mejor, cómo verán desde el frío de las calles los carros con música, las casas decoradas, las cenas servidas. Lo pienso como una idea descabellada, claro, porque el mugre, los cartones en el piso y el olor a bóxer pueden sugerir que ellos son una subespecie humana. No pretendo aguar fiestas, ni mostrar la navidad como un sinsentido, ni un lastre del catolicismo. Nunca Es una fiesta, que debe estar llena de alegría y de esas ocasiones que sólo los momentos especiales traen: el perdón, los recuerdos, las risas, etcétera. Sólo pretendo que usted, amigo lector, en la nochebuena, cuando esté cenando, compartiendo, o celebrando (o no haciendo nada) recuerde que son muchas las tareas pendientes, y que con sinceridad podremos hablar de una feliz navidad cuando sea universal: cuando para todos sea feliz. Feliz navidad les desea Criterio Incólume. @VicentePerezG A propósito: estamos buscando un nuevo nombre, más fresco y que refleje mejor lo que somos en este blog. Por lo tanto estamos abiertos a sugerencias y construcciones. Esperamos las propuestas en el foro o en Twitter.

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12

2011

criterioincolume

El sabor del petróleo

Por: Carlos Vicente Pérez

No tener agua precisamente por la lluvia resulta no poco irónico. Que se lo lleve a uno un río mientras viaja por carretera no es menos impensable que volcarse en un barco por una tormenta. Pero bien, a ese tipo de tristes ocurrencias se ha acoplado este país. Ocurrencias, cuando no injusticias, como sufrir los golpes de este clima vesánico que se ha despachado tres veces en dieciocho meses contra un país con carreteras de barro. Lo anterior sugiere una maldad en el clima, y constituye un despropósito. Falta precisar la injusticia: el clima que arremete no está loco, o no debería si el calentamiento global no lo discutieran en cómodas charlas en Sudáfrica mientras en Bogotá, una ciudad que se supone debería tener infraestructura, el río se lleva todo. Hasta algún ladronzuelo que se lanza para huir. Pero continúo: más injusto que todo lo anterior es que los dos mayores contaminadores de todo el mundo, China y Estados Unidos, que entre otras cosas son responsables indirectos de los daños a los cultivos colombianos, no hayan firmado el Tratado de Kioto y así no tengan compromiso alguno por reducir las emisiones. Y ni hablar de la impresentable Canadá, país exverde, que se retiró del Tratado pues tiene la tercera reserva más grande de petróleo, que sólo es explotable con un método más contaminante que el ordinario.

El petróleo canadiense será otra gota para este planeta que es una copa de humo. Una gota al aire, similar a las gotas de Ecopetrol. Corrijo, a los chorros que se derramaron —aproximadamente 3200 barriles— sobre el río Pamplonita cerca a Cúcuta dejando a más de un millón de personas sin agua hasta después de nochebuena. Peor que no tener agua para evitar bañarse con agua turbia es evitar bañarse, o comer con petróleo. Aunque aquí no cabe decir qué es peor que qué, eso sí, peor que ser incompetente y no prepararse para un invierno más que avisado, es tener el descaro de salir a decir en el funeral de unas víctimas del invierno:

—Hemos hecho todo que está a nuestro alcance para atender la emergencia por las lluvias -dijo el presidente Santos. Por lo menos es sincero: habla de atender y no prever. Atender, como todavía esperan miles de damnificados de los inviernos pasados por ser atendidos.

Es normal, aunque por eso no deje de ser grave, que sigamos siendo curativos en vez de preventivos. Y que no se haga nada al respecto, por ejemplo, cuando miles de millones de Colombia Humanitaria están detenidos en los bancos y con tanta emergencia. Y que muchos dirigentes, que se pasan por servidores públicos, vean en televisores 3D la lejana realidad nacional, como de película. Es desagradable imaginar un sancocho con sabor a petróleo, pero sabemos que es ficción. Es más desagradable imaginar la absurda escena de miles de peces y animales acuáticos muriéndose intoxicados por el petróleo, echando a la borda un trabajo de recuperación ambiental de tres años —después de un derrame más absurdo por la incompetencia de Ecopetrol— en el río Pamplonita, pero sabemos que es realidad.

@VicentePerezG

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07

12

2011

criterioincolume

¡Que el Che proteste contra las Farc!

Por: Carlos Vicente Pérez

Colombia tiene una herida social muy profunda que nos hace intolerantes, a veces, irracionales. La dignidad lacerada de nuestro país de la que manan lágrimas con las muertes violentas, con los secuestros, es la que con no poca alevosía se alegra de otro tipo de muertes, se siente reivindicada. Aunque no sea políticamente correcto, tiene sus explicaciones en el odio y la degradación humana de la guerra. Esa herida social cierra las puertas al diálogo, censura otras vertientes interpretativas de la realidad. Quizás por eso a una mujer venezolana que participó de la manifestación contra la violencia en Barranquilla (o contra las Farc, eso no está claro) la sacaron de la protesta por llevar consigo un cartel con una imagen del Che Guevara y una leyenda que rezaba “Che no es muerte, Che no es narcotráfico”. En otras palabras, quería decir que el Che no es las Farc, o que esa guerrilla usa la imagen del Che como una máscara para esconder el vacío ideológico y el absurdo de su continuidad. Los demás manifestantes seguían contrariándola, uno dijo: —Ese señor fue el que creó las Farc. Ni el Che creó las Farc (sí las apoyaría en sus orígenes campesinos), ni tampoco debe interpretarse como esa figura románticamente perfecta de antiimperialismo y revolución utópica adaptada a tiempos no comunistas, como parece transmitir el mensaje de que en la mayoría de las universidades públicas de Colombia –con tantos motivos y figuras para homenajear– haya una plaza del Che. La tensión subió, la herida social no soportó más y los demás manifestantes le quitaron el cartel y lo rompieron mientras entre aplausos gritaban “¡fuera, fuera!”, “viva Colombia”, “esto es una marcha contra las Farc”. Aunque la mujer había sido clara en que estaba en contra de las Farc. Cada movimiento tiene sus intereses y su centro ideológico: los estudiantes parecen estar motivados por ideas liberales, cuando no de izquierda (y hay quien dice que la Mane cultiva ideas radicales); los reaccionarios al movimiento estudiantil que rechazan la marcha parecen ser de la facción retrógrada de la derecha; quienes motivan las marchas contra las Farc, en un amplio sector favorecen a la derecha política (con excepciones, véase la alcaldesa de Bogotá), incluso a la ultraderecha de la seguridad democrática que tergiversan estas manifestaciones como un movimiento no en contra de las Farc sino a favor del Gobierno. Estos sesgos políticos son los que nos hacen intolerantes, nos fraccionan por las diferencias ideológicas, en vez de unirnos alrededor de un centro que bien sea la consecución de la paz o el rechazo a la violencia. La mujer, quien dijo ser desplazada por el régimen venezolano, renunció a su forma de protesta, y entre gritos e insultos se fue para su casa. Uribe no es buena idea para promover una marcha estudiantil, ni el Che una contra las Farc. Pero si no somos nosotros mismos –quienes rechazamos el conflicto, las desigualdades– los que promovemos la paz, ésta no llegará sola; si no aceptamos derechos mínimos como la libertad de expresión, si nos cerramos al contraste de ideas ¿a qué tipo de democracia aspiramos? Dije hace días que disentía de la marcha (no tanto como disiento de las Farc), pero que apoyaba a quienes querían salir a las calles. Dije que más que destruir la violencia debemos construir la paz. Que diferencias coyunturales no empañen nuestro propósito de fondo. A PROPÓSITO: los invito a dar su clic por la libertad. La diferencia con la marcha es que el mensaje que se deja es una idea que mueve los pies (los pies no moverán ideas). http://bit.ly/sBXPQq; cómo quisiera que el anuncio de liberación de las Farc no fuera una estrategia para mitigar su desprestigio internacional, que sea la oportunidad de que los secuestrados lleguen a pasar navidad con sus familias. @VicentePerezG

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04

12

2011

criterioincolume

No es solo gratuidad

Por: Carlos Vicente Pérez

En las pocas páginas que Andrés Oppenheimer le dedica a Colombia en su libro ¡Basta de historias! –un recorrido por varios países del mundo analizando sus sistemas educativos y una posterior reflexión de los países latinoamericanos–, el balance parece ser positivo, en esperanza. Es el penúltimo capítulo del libro (y el último en hablar de países). Analiza a Colombia y a Venezuela, con un título que dice mucho: Venezuela y Colombia: caminos opuestos. Resalta, por ejemplo, que “mientras Venezuela ha tenido un nuevo ministro de Educación cada año y medio desde que Chávez asumió el poder, Colombia tuvo una sola ministra de Educación durante los ocho años de la presidencia de Uribe”. A la exministra Vélez Withe la describe como “una economista con estudios de posgrado en la universidad de Lovaina, Bélgica, y el MIT, de Estados Unidos, que antes de ser ministra había sido secretaria de educación de la ciudad de Bogotá”. Recuerdo este pasaje del libro de Oppenheimer al leer el anuncio de la ministra Campo sobre la gratuidad de la educación básica y media (es decir, de primero a undécimo) a partir del siguiente año. Es un avance muy significativo en responsabilidad estatal; es plausible que se invierta más en educación básica y media; según la revista Semana aproximadamente 8,5 millones de estudiantes se beneficiarán de la gratuidad, lo cual alivia un costo para las familias colombianas con hijos estudiando en el sector oficial. Es una excelente noticia. No obstante, anota la ministra: “con esta decisión se avanza de manera muy importante en el país en cerrar brechas de equidad y de acceso a la educación para todos los niños y jóvenes”. Es cierto lo del acceso a la educación, total, pero no se cumplirá la primera parte de la sentencia de la ministra, cerrar las brechas de equidad, mientras la educación privada sea exponencialmente mejor que la educación oficial. Esa diferencia que existe en Colombia entre la educación privada y la pública es un lastre que perpetúa las diferencias sociales en Colombia: quienes tienen dinero para pagar educación privada, acceden a una educación de mayor calidad, lo cual se traduce que en el momento de acceder a una universidad (pública o privada) sus resultados están por encima de la mayoría de estudiantes del sector oficial, y tiene más posibilidades de continuar sus estudios en educación superior. ¿Es educación democrática, hay igualdad de oportunidades? Notablemente no. Para corroborar lo anterior ofrezco las cifras de la revista dinero con respecto a las pruebas Saber 11: 42,2 es el promedio de los colegios públicos contra el 45,7 de los colegios privados; 54,8 es el nivel de los colegios de estrato socioeconómico más alto contra el 41,2 de los colegios de estrato socioeconómico más bajo. Sólo algunos datos, para no entrar a recordar los contrastes entre los colegios de Bogotá y los de la Costa Atlántica. En general la educación básica y media en Colombia está rezagada, ocupando el lugar 52 entre 65 países que se presentan a la prueba PISA. La gratuidad para conseguir la universalidad de la educación es un paso importante, pero puede terminar siendo inútil en términos de equidad si no se invierte en infraestructura, docentes, medios, textos, etcétera… Juan Manuel Santos le aseguró a Oppenheimer que mejorar la calidad de la educación “es la única forma de defenderse uno en un mundo cada vez más competitivo y cada vez más globalizado”. Al menos él sabe cuál es el camino a seguir…

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29

11

2011

criterioincolume

Una marcha más

Por: Carlos Vicente Pérez

Luego del fusilamiento de los tres policías y un militar por parte de las Farc, ese sinsabor del fracaso en una operación militar nos ha reducido a la tolerancia del mal cálculo de la operación, y a un odio cada vez más visceral contra el terrorismo hipócrita y sinsentido. También ha motivado una movilización más. Con tantas salidas a las calles recuerdo las marchas caraqueñas contra el gobierno de Chávez, marchas que de nada sirvieron. Una marcha más, una protesta. Legítima, sí, pero relativamente inútil. La marcha del próximo 6 de diciembre no es una espada de doble filo, sino de triple. En primer lugar, el motivo frontal es el rechazo a las Farc, como esa marcha del 2008. Rechazo a las Farc: ese grupo terrorista que a través del narcotráfico cosecha sangre humilde de las formas más atroces. Es incierto el número de manifestantes que asistan, pero lastimosamente no cambiarán mucho: ni Amnistía Internacional abrirá los ojos para declarar a este grupo como terrorista, ni las Farc sentirán culpita y se entregarán o dejarán las armas (eso ya les da igual), ni el Gobierno abrirá un diálogo para salir de esta guerra; por el contrario, la interpretación del Gobierno será otra. Por otro lado, es un respaldo a las FF.MM., que se dicen desmoralizadas. Bien, la gente estará con ellos recordándoles el motivo de la defensa del país (y de sus gentes, desde los más humildes) para que continúen en esa tarea de doloroso desgaste. Pueden los congresistas interpretar ese válido apoyo a las FF.MM. como una ratificación del peligrosísimo fuero militar, lo que traería lamentables consecuencias. También apoyarán a los familiares de las víctimas, ¿apoyarlos para qué? Ya no verán a su esposo, no conocerán a su padre, no abrazarán a su hermano. Aunque suene a fe de erratas, el mejor apoyo que se les pudo dar fue tenerlos en cuenta para entrar en esa operación. Y por último, el rechazo a las Farc se puede tergiversar en apoyo a la estrategia del gobierno, siguiendo la lógica maniquea. Y el Gobierno seguirá echándole la culpa exclusivamente a las Farc de su crueldad (de la efectividad sí la tienen) y evadiendo la responsabilidad del cálculo. Lo que en caso contrario sería un orgullo internacional con nombre pomposo tipo Jaque, mezclado con nuestra alegría, hoy es la amenaza de un litigio internacional, reduciendo a la apología del terrorismo cualquier insinuación de responsabilidad estatal. Esa es la impotencia de la tolerancia. Y por último, no sólo es cobarde, sino también oportunista, que cuando la gente sale a marchar en contra de los enemigos del Estado (que con su sevicia se han convertido en los enemigos del pueblo) nadie trata de disuadir la marcha. Los funcionarios posan conformes con la reacción popular, porque legitima la política de seguridad. Pero cuando son los estudiantes los que le reclaman al Estado sus derechos, se proponen descargas eléctricas masivas, el Presidente sale diciendo que las calles no son lugar para resolver los problemas del país, que se debe resolver en el Congreso, donde nadie lo vea, y se satanizan las marchas con la supuesta infiltración del terrorismo. @VicentePerezG

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11

2011

criterioincolume

Colombia y los CIVETS

Por: Carlos Vicente Pérez

Harto desapercibida pasó en la documentación que los medios hicieron esta semana con respecto a la visita oficial del presidente Santos a Turquía, la relación –y similitud– que existe entre estos dos países, y lo positivo de la construcción de una relación multidimensional. Y no solo con Turquía… Colombia y Turquía pertenecen a los CIVETS: países de economías emergentes con similares tamaños de crecimiento y semejanza en el territorio, población, IDH y ambiente de negocios. Los CIVETS –un acrónimo similar a los BRIC, pero a menor escala– son Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Sudáfrica. Entre estos países no hay una cooperación efectiva, y en el caso colombiano los lazos son exiguos: hasta ahora se anunció la creación de una embajada en Turquía, por ejemplo. En este ambiente es muy oportuna la agenda multipolar que reabrió el gobierno de Santos, reivindicando que Colombia no es un país que eternamente seguirá la doctrina diplomática respice polum –esto es, mirar a la estrella polar, a los Estados Unidos y lo demostró con la valiente invitación a replantear la guerra contra las drogas. Esas son las cosas que dificultan clasificar a Santos en el espectro político, es más camaleónico de lo que parecía. Sin embargo, aún falta, enormemente abrir nuevos espacios, nuevos mercados: nuevos aliados para consolidar la prominencia de Colombia como referente lationamericano. Afianzar una relación política y económica con el grupo de los CIVETS, y atendiendo otros países como Rusia, Egipto, China, Brasil o Argentina es un reto impostergable. Y cabe aclarar que Colombia no es un país oficialmente (aunque sí efectivamente) entregado a las potencias occidentales, Colombia pertenece al Movimiento de Países No Alineados. Volviendo a los inconexos CIVETS, son las promesas emergentes, todavía chicos, lo que plantea una dificultad y una oportunidad: no suenan con tanto peso ahora, pero tampoco son gigantes de barro, como se ha dicho en ocasiones de India o Brasil. Colombia sufre un conflicto de medio siglo, Vietnam es un país en proceso de recuperación de una dictadura, Turquía tiene el segundo IDH más bajo de Europa. Pero están en proceso de crecimiento, e indiscutiblemente se construirá más como bloque multipolar que como apuestas individuales por el desarrollo. Hay mucho camino por recorrer, y un espacio amplio para tocar puertas, desde el vecino Brasil hasta la antípoda Indonesia. A PROPÓSITO: 1) Es valiente la posición del presidente al plantearle a The Observer la posibilidad de la legalización. Quién lo diría, Santos rompiendo el tabú de esa palabra. Ojalá se levanten otras voces invitando a un debate internacional al respecto. 2) Colombia ha desdeñado a Rusia como aliado por muchos años, ¡y vaya ironías! Rusia no nos pide visa para entrar a su país, en cambio los demás “aliados”… @VicentePerezG

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15

11

2011

criterioincolume

La reina, el fútbol y los estudiantes

Por: Carlos Vicente Pérez

La noche del lunes millones de colombianos estuvieron en frente del televisor atentos a la transmisión del Reinado. Este evento –uno de los favoritos en este país- sirvió de excusa para los mensajes por las redes sociales, que iban desde apoyos y comentarios regulares sobre el reinado, hasta chistes y una que otra queja por la transmisión del mismo. Pedían algunos, por ejemplo, que en vez de reinado transmitieran algo más serio; pedía yo, que en vez de pedir que cambien los demás, simplemente cambiaran de canal.

Lo cierto es que el reinado es uno de esos eventos que distraen a los colombianos y los alejan más de la realidad nacional. Pero qué va, suficiente hay con la realidad diaria para negarle a uno el placer de ver a una reina (con excepciones) respondiendo preguntas tan desacertadas como “¿qué haría para mejorar la educación en Colombia?”. No sé qué podría hacer, ¿decir que Simón Bolívar estaría orgulloso? ¿Irse al congreso a dar un debate con altura? No. Seamos honestos, no preguntemos eso,  ellas no pueden hacer nada. Es como preguntarle a la Ministra de educación ¿qué haría usted para mejorar la belleza de las colombianas?…

Ahora el partido de Colombia contra Argentina, amén de nuestras pasiones, y sobran los teóricos del fútbol: que a Messi hay que marcarlo de tal modo, que Leonel no sabe dónde está parado, que Colombia no va al mundial, que Barranquilla no es buena sede… Pero llegará el momento en el que entendamos que el equipo es el mismo perdiendo y ganando, y esas posiciones ambivalentes dependiendo del resultado no construyen. De nada sirve que Leonel sea el Guardiola colombiano un día, y al siguiente sea el asistente del ‘bolillo’. Y los estudiantes ¡ay estudiantes!, han tenido sobrado protagonismo mediático estos días, han alcanzado logros como lo señala Daniel Samper Pizano: decirle no a la violencia y lograr el retiro de la reforma. Pero pasan los días y la humildad de los abrazos a la policía se está volviendo la arrogancia del todo o nada. Ojalá reaccionen rápido y sigan dándole nivel a este movimiento con gran potencial transformador. En dos días Colombia ha tenido eventos para distraerse, y excusarse de las acucias perpetuas. En dos días pudimos ser un país de bellezas o de compras de reinados, un país de notables futbolistas o de un equipo desordenado. Pero lo que no dejamos de ser en estos días es un país con grandes faltas, que por más distracción de un reinado o de un partido no se solucionarán solos. Ojalá los estudiantes se sigan ganando el apoyo del país, para que éste lo acompañe y saquemos adelante un modelo educativo formidable. No un modelo educativo en el que la Ministra mejore la belleza (esa belleza superficial) con decisiones erradas y educación incompetente. Ojalá volvamos a nuestros puestos pronto: la reina a reinar, los jugadores a jugar y los estudiantes a estudiar. @VicentePerezG

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11

2011

criterioincolume

Lógica absurda

Por: Carlos Vicente Pérez

Siguiendo la lógica de que si los asesinos usan motos hay que prohibir las motos, o que si hay pobres la solución para acabar con la pobreza es “acabar” con los pobres, los hechos recientes en la realidad colombiana constatan que ese razonamiento sigue vivo y activo en varios frentes. Aquí trataré tres, no por su importancia sino por su notoriedad. La muerte de alias Alfonso Cano ha sido motivo de orgullo para la administración de Santos, pues ahora tiene para mostrarle a quienes dicen que su gobierno es un gobierno de anuncios y que la ofensiva contra la guerrilla se ha debilitado, dos golpes contundentes en menos de dos años: la baja del ‘Mono Jojoy’ y ‘Alfonso Cano’, dos y uno de las Farc respectivamente; dos golpes que dan al corazón de la estructura guerrillera con más vehemencia que cualquiera de los golpes que dio la administración de Uribe, incluyendo el de ‘Raúl Reyes’. A propósito de Uribe, Santos le hizo carambola a la guerrilla y a él con la muerte de Cano: a las Farc las dejó sin cabeza y a Uribe sin piso político. Sin embargo, este logro del gobierno es excelente en términos de guerra, pero nocivo hablando de paz. Cierra las puertas al diálogo y humilla a unas guerrillas altivas que por orgullo (o por negocio) seguirán resistiendo en el difícil campo de batalla colombiano, donde tanto ellos como el Ejército se desgastan en este conflicto cruel que en sí mismo tiene las causas de su inmortalidad: la pobreza de casi la mitad de los colombianos, la desigualdad que nos deja en el vergonzoso puesto de terceros después de Angola y Haití… A menos de que la súperreforma burocrática que hizo la semana pasada el gobierno funcione y se traduzca en bienestar efectivo de todos los colombianos, la solución para el conflicto seguirá siendo matar guerrilleros (que por guerrilleros no dejan de ser colombianos) en vez de “matar” los motivos que los llevan a las armas (no a los líderes sino a los campesinos y jóvenes sin educación que entran a las filas de la guerrilla). Enlazado a lo anterior viene el lucrativo negocio del narcotráfico, el cual el gobierno dice estar disminuyendo a niveles sin precedentes. Quizás sea cierto que se ha avanzado, pero nada en lo fundamental: se sigue patrocinando la idea de que el drogadicto (otra víctima de este catalizador de nuestra guerra) es un criminal, y no se rompe ese tabú de la regularización (tal es el tabú que tenemos que hablar de regularización en vez de ser francos: legalización) como opción seria en el debate para darle al Estado, que somos todos, parte en ese negocio, y a los adictos (que necesitan ayuda médica) asistencia y apoyo.  No obstante, seguimos condenando al satanizado marihuanero, como si fuera más nocivo para la sociedad que los corruptos de la DNE que no se hacen daño ellos con sus decisiones, sino a todos con su incompetencia. Y por último, el más absurdo ejemplar de esta lógica nefasta es contra los estudiantes, de parte de la facción más retardataria y ultramontana de la godarria colombiana desde la trinchera de Francisco Santos, ese hombre que nadie toma en serio pero que por no ser tomado en serio tampoco puede salir a promover represión de talante dictatorial ante un derecho constitucional como protestar pacíficamente. Cerrando nuestra absurda lógica para resolver nuestros problemas: la solución no es enfrentar nuestro retraso educativo y ofrecer universidades competentes para que los estudiantes vuelvan a clase y se preparen para el progreso y así acabar con las protestas. No. La solución está en electrocutarlos, arrestarlos, callarlos y desvirtuarlos porque invaden una vía pública. @VicentePerezG

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11

2011

criterioincolume

Las guerras del siglo XXI*

Por: Carlos Vicente Pérez

Históricamente la humanidad ha sido marcada con un sinfín de sucesos que han desarrollado, indefectiblemente, la sociedad en la que vivimos. Y es esta sociedad con una memoria tan extensa la que nos recuerda los errores del pasado para evitar cometerlos de nuevo en un futuro; esto se oye constantemente, pero ¿y el presente? Realmente, el presente, aquél tiempo que es únicamente nuestro ha sido relegado constantemente por un futuro efímero y así los problemas que heredamos acostumbramos reprocharlos a nuestros antecesores e invertimos nuestros esfuerzos en elaborar un futuro mejor, en vez de querer un presente mejor. En este orden de ideas, fueron nuestros antepasados los que delimitaron nuestro presente, y somos nosotros quienes daremos las condiciones de su presente a las generaciones futuras, pero esto debe corregirse pues la tarea de construir una sociedad ecuánime para nosotros no debe aplazarse sin más. Ahora, el devenir de la humanidad ha tenido rasgos lamentablemente violentos, de los cuales tenemos todavía mucho por aprender, pero sin contar el aterrador número de vidas que el desequilibrio mundial ha traído (lo cual considero incalculable) podemos considerar nuestra naturaleza agresiva, pero también racional: es una gran ventaja. En estos tiempos enfrentamos una realidad difícil pero alentadora en la medida en la cual las gestas más difíciles han producido los eventos más productivos, como los que los héroes memorables han sabido afrontar. Cuando me refiero a una naturaleza agresiva y racional a la vez, que es positiva quiero decir que los conflictos son positivos, claro (como también los hay negativos, por supuesto) y es la razón la que los hace positivos, de esta manera los conflictos ideológicos, las  guerras ideológicas son las que producen evolución, diferencia y superación cultural, son éstas las guerras que debemos generar en nuestro tiempo, pero saberlas generar y lo más complicado, a su vez peligroso: saberlas llevar. Guerras ideológicas en un sentido estricto no hemos presenciado jamás, ya que si bien las diferencias entre el comunismo y el capitalismo, por ejemplo, se pueden considerar una guerra ideológica, han desembocado en una guerra bélica, es decir, solamente en guerra. Y esto es lo nocivo, pero los jóvenes de un hemisferio y otro hemos visto tantas veces las caras de dolor y tristeza en nuestros pares como resultado del desequilibrio y la carencia de paz, el hecho de que un humano, (¡la única raza consiente de sí misma!) Se agreda y agreda a los demás es cada vez más nefasto, inaceptable. Un mundo pacífico no implica un mundo exento de conflictos ideológicos, o de diferencias, pero sí debe ser un mundo sin violencia, debe ser un mundo humano. Para hablar de nuestro planeta “humanamente” debemos ser ante todo racionales, con nosotros, con nuestro prójimo y por ende con la naturaleza. Estamos en un planeta multipolar en más de un sentido, y lo sabemos, pero no toleramos la diferencia cultural y ahora, un mundo pacífico no debe ser un mundo uniforme, es decir, debemos desarrollar dentro de cada persona la tolerancia a un mundo pluralista, posiblemente no sea esta la receta perfecta para la pobreza directamente pero seguramente aceptándonos todos dentro de un mismo planeta del cual somos responsables, sí lograremos sanar o solucionar por lo menos las desigualdades sociales pues siendo todos diferentes, todos autónomos ¿cómo decidir quién es más que otro si no podemos establecer un patrón de comparación? Ya que la nación o la persona más rica no será quien más tenga, sino quien más de, bienes, conocimientos, etcétera. ¿Es posible? La esperanza es la que nos sostiene, y las generaciones más recientes, junto con las más antiguas sabemos que sí podemos pero necesitamos un tiempo de introspección para generar un cambio que no está en los demás sino en nosotros mismos. La tecnología avanza a pasos sorprendentes y todo esto lo debemos dirigir hacia el beneficio de todos, pues si nos vemos conducidos hacia un mundo simplista, donde un lugar se conecte con su antípoda en cuestión de segundos es maravilloso, pero nosotros los humanos, hombres y mujeres no debemos simplificarnos, pues nuestras más recónditas raíces nos revelan como una raza compleja, interesante y sobre todo, pensante. Seguramente no necesitamos más dolor, ni más hambre para darnos cuenta que ha llegado el momento, ¡África, América, Asia, Europa, Oceanía unidos por el sentido común de la humanidad!

Cúcuta, 2010

*Artículo participante del Concurso internacional de ensayo 2010.

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09

11

2011

criterioincolume

¿Fin del fin? ¿Y los menores?

Por: Carlos Vicente Pérez

En vista de las declaraciones en la opinión pública que han rondado durante estos días —luego del abatimiento del comandante en jefe de las Farc, alias Alfonso Cano—, sobre el posible acercamiento del (es muy apoteósico) fin del fin del conflicto armado colombiano, declaraciones contrastadas con los comunicados oficiales tanto de las Farc como del Eln quienes con artificial vehemencia y un discurso que no se creen aseguran seguir adelante por la causa revolucionaria, y todo lo anterior sumado al proyecto de ley que promueve el gobierno llamado Marco para la Paz, me surgen preocupaciones sobre este lejano final. Por un lado, está el proyecto de ley, que busca elevar a rango constitucional la justicia transicional en aras de nuevas demovilizaciones de grupos armados ilegales y acelerar el proceso de verdad, justicia y reparación, que de uno u otro modo es imaginable la primero y lo tercero, mas no la justicia… A este proyecto se han opuesto congresistas de la misma Unidad Nacional, el caso del representante liberal Guillermo Rivera, quien argumenta que dicho marco beneficiaría a los miembros del Estado, y que la anhelada justicia se pueda convertir en impunidad al abrir la posibilidad -por ejemplo- de un indulto a delitos de lesa humanidad, acción contraria a lo firmado por Colombia en el Tratado de Roma. Por el otro lado están los insurgentes, quienes con su terrorismo hacen más doloroso esta crónica de una paz (aunque sea forzada) anunciada. La guerrilla seguramente buscará reorganizarse y camuflar su inestabilidad con acciones terroristas aisladas pero de gran eco. Nunca en toda la historia del conflicto los grupos insurgentes habían estado tan ensimismados y humillados como en este momento que parece haber pasado el punto de no retorno en la ofensiva de las FF.MM. y la guerrilla, muy a su pesar, tiende a hacer de su agonía la muerte de muchos colombianos más. Aun así, cuando en las ornamentadas salas del Congreso los parlamentarios debaten, o simulan debatir lo que ya se aprobó en la mesa de Unidad Nacional, y en la selva (o en las Montañas —según las guerrillas—) de Colombia se vive esta absurda guerra, de un lado y de otro se está omitiendo una verdad tan cruel como la del secuestro y las balas: la participación de menores en el conflicto. Esta verdad no puede ser ni omitida, aceptada resignadamente ni negada, y los colombianos hemos olvidado a esos niños a quienes el conflicto les ha robado el candor de su niñez sumiéndonos en una indolencia terrible. Por ahora, muy probablemente, en la selva se sigan matando y en el Congreso se seguirá planeando el fin de esa matanza: tan eunuco lo uno como lo otro. Pero para que Colombia logre la paz debe recuperar su dignidad, y la de todos los colombianos seguirá por el piso si un menor debe alzar un fusil y botar un lápiz. Quizás sea abandonando ese camino (también la liberación de los secuestrados) y ningún otro, como nos acercaremos al verdadero fin del fin. ¡A PROPÓSITO! El director de El Espectador ofreció un mea culpa en un vídeo sobre el abordaje superficial de las marchas estudiantiles, un acto de valor y compromiso periodístico. Ojalá termine esa limitación sobre si hubo o no violencia en los disturbios, y el Gobierno deje de esperar el cese de la insistencia estudiantil. Omitir no es la vía. @VicentePerezG

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31

10

2011

criterioincolume

Carta 7000 millones

Por: Carlos Vicente Pérez

¿Dónde naciste? ¿Ya naciste? Bueno, pues organismos internacionales dicen que sí, que tú eres el habitante número siete mil millones de nuestro planeta. ¡Bienvenido (a)!, aunque es improbable saber con exactitud si seas hijo de una familia pudiente (entérate: en el mundo al que llegas hay familias pudientes, que son las que tiene cómo vivir con holgura, otras que son sobradamente ricas y la mayoría: pobres. No creas que aquí todo es lo mismo) o si engrueses las filas de la pobreza extrema. Quizás seas europeo, digamos, escandinavo, bien por ti, mas, si, como muy probable, naciste en un país no industrializado la bienvenida deja de ser tan entusiasta. Es más, pequeño, no sé si sobrevivas tu primer año, como le sucede a muchos bebés en el cuerno de África, o por qué no, le estoy escribiendo a un futuro presidente de los Estados Unidos. Hay una hipótesis que me aterra: deseo que no hayas sido hijo de un desplazado colombiano, no porque los desplazados colombianos no merezcan hijos, sino porque tu inocencia no merece ser recibida con las vicisitudes inhumanas con las que vive esta población ante el paseo indiferente de muchos. Como habrás notado, hay revuelo por tu nacimiento, que espero que sea un nacimiento y no un aborto, por ejemplo, forzado como en China. Quizás te hagas la misma pregunta que yo: para qué nacer en este mundo. Bueno, ya te acostumbrarás a vivir  con ese interrogante, pero entenderás poco a poco, que este mundo al que llegaste es realmente hostil y muy desigual. No es tu culpa, pero sí es cierto que sostener una población de siete mil millones de humanos, esa especie a la que pertenecemos tú y yo y que es tan depredadora, es una tarea no cumplida, y difícil de cumplir, mejor: imposible si continuamos con el mismo orden económico. Disculpa hablarte de esta forma, pero no es sencillo ubicarte en el planeta con su complejidad, pero te explico: hay un orden de las cosas, un orden económico que no lo decidiste ni tú ni yo, pero en el que ambos vivimos y como notarás cada vez más, ese orden (que se supone lógico) hace cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Ya crecerás y notarás tu entorno, alguien te mencionará los cambios que ha dado este lugar y entenderás, por ejemplo, que este tipo de comunicación artificial no ha existido siempre, y que de hecho, nada de lo que hay aquí ha existido siempre, pero muchos modelos se intentan perpetuar. Es difícil entender la situación en la que estamos, pero por eso no te amargues, sólo comprométete a ser uno de los pocos humanos que actúa con responsabilidad, y disfruta tu vida: juega, ríe, comparte, respira, aprende: ¡vive! Y de la manera más sincera espero que eso hagas, que vivas, y que en unos años tú y yo, con millones de personas más encontremos la solución para mantener a los más de siete mil millones de personas que compartirán este mundo con nosotros y a los que no se les puede negar la vida por negligencia ni por incompetencia de políticas desiguales.

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22

10

2011

criterioincolume

El fin del mundo*

Por: Carlos Vicente Pérez

La superstición es algo inherente a los seres humanos, algo muy frecuente en nuestros días, algo que muchos usan para explicar lo inexplicable negándose a la razón. Y es que la razón y la superstición (o trascendencia, metafísica, o como quiera llamársele: religión) son irreconciliables aunque muchos argumenten lo contrario.

Hace unos meses Stephen Hawking –el físico teórico más famoso del mundo– avivó polémica al afirmar que el cielo no existía y era una idea para quienes le tienen miedo a la muerte; un estudio este año publicó que en una década varios países desarrollados –del corte de Países Bajos o Suiza– dejarían de lado la religión; hace varios meses El Tiempo publicó que los colombianos tienden a ser más religiosos pero menos católicos, que las iglesias protestantes en Colombia se han multiplicado impresionantemente al igual que otras religiones han crecido. A mí me parece una noticia genial en estos tiempos de crisis económica, la gente tiene que ser recursiva. Pero no voy a arremeter contra las religiones, ese trabajo se lo dejo al señor Hawking o al doctor Rodolfo Llinás, para mí que crea cada quien lo que la parezca. Lo que sí no puedo tolerar es la estupidez a la que conducen algunas religiones que fanatizan a sus seguidores, y ahí sí le hallo la razón a los pastores cuando dicen tener ‘ovejas’, pues esta gente pareciera que no viera más allá de un metro de distancia. Falsos profetas ha habido muchísimos, y aunque suene cruel me río de la gente que se reunió en el año 2000 a esperar el fin del mundo y se terminó suicidando, definitivamente les llegó el fin del mundo. Me río también de los que esperan el 21 de diciembre de 2012, como  de los mentecatos que viven enviando mensajes repitiendo que en la Biblia dice que habrá terremotos, se levantarán guerras entre las naciones, los días se harán más cortos (cuando los días cada vez se hacen más largos por simples leyes físicas), y una cantidad de argumentos más. Como si todo lo que dijeran fuera algo propio de nuestros tiempos “apocalípticos”. Dentro de todos esos impostores están los que predican esa mezcla abominable de creencias a la que denominan New Age: sí, esos que se inventaron el cuento de El Secreto. También el pastor Harold Camping, quien anunció que el fin del mundo sería el 21 de mayo, y luego de su evidente fracaso repitió el embuste arguyendo errores de cálculo y que el fin del mundo sería este 22 de octubre. Gran cantidad de personas se unieron a su campaña para anunciar el fin del mundo, hubo quienes invirtieron cientos de miles de dólares en publicidad para proclamar que sólo se salvarían quienes tenían fe. El mundo no se acabó, la vida continúa y los pobres incautos que hicieron sus donaciones reclaman rabiosos para que les devuelvan su dinero: ya verán. Aprovecharé este espacio para iniciar una gran obra: ayer tuve un sueño en el que estaba en mi casa, encendí el computador, miré el calendario y era 22 de diciembre del 2012, salí a la calle y me encontré con la gente de siempre, y un anciano se me acercó y me reveló el verdadero Secreto.

–Escúcheme mijo –me dijo solemnemente– el mundo se va acabando para quien se va muriendo. Anúnciele la verdad al mundo.

Luego el anciano fue levantado por palomas blancas y se desapareció en los aires.

Es cierto, quien quiera creerme puede dejar su comentario y le diré dónde puede hacer las donaciones para llevarle la verdad al mundo. Amén.

*Por compromisos no pude escribir un artículo para esta semana, sin embargo, con motivo del segundo fracaso de las profecías fanáticas de Harold Camping, publico esta entrada que la escribí y publiqué en mi blog personal en mayo, para los días de la primera farsa en este año. La siguiente semana seguiré con actualidad. Saludos.

@VicentePerezG

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16

10

2011

criterioincolume

Estigmatización estudiantil

Por: Carlos Vicente Pérez

A nivel planetario hay una sensación de inconformidad y manifestación civil que ha sido recogida y propulsada –partiendo de los albores de la occidentalmente llamada primavera árabe a finales del año pasado– por distintos medios de comunicación de bastante respeto. Son distintos los factores que confluyeron este año para que se despertara esa capacidad de cuestionamiento social sobre el orden de las cosas. Así en Wall Street se protesta como en la Puerta del Sol, por desigualdades económicas; Libia, Egipto, Tunez (entre otros) se sublevan por democracia, apoyados por potencias como Estados Unidos y Palestina se mueve por legitimar su ya establecida democracia, con la desaprobación de éstas potencias; Chile se manifiesta por mejor educación y con costos más justos; y a cada movimiento social se le da un eco global que genera esperanza, que a algunos les huele a utopía pero indudablemente se nota una conciencia social, unas demandas que deben ser escuchadas y apoyadas masivamente. ¿Cuál es la reacción general al respecto? Argumentos a favor de los árabes, que ellos también merecen democracia, que es loable el valor de los insurrectos; que es indiscutible que la facción neoliberal del capitalismo ha sido un fracaso, que hay más pobres que hace quince años (cuando la ONU inició un plan para reducir la pobreza), que hay que reconsiderar el modelo económico y propender por un mundo más equitativo… ¡suena tan políticamente correcto!, pero es intrigante la reacción de la sociedad misma en Colombia cuando las manifestaciones son en casa, pareciera que ahí los ojos se volvieran ciegos, los oídos sordos y el pensamiento sesgado. A saber, incoherencias no faltan en el Estado cuando propone una agenda abierta en lo social, que lógicamente le permite a la gente sentir que puede expresarse porque son las preocupaciones del Estado. Y las reacciones del gobierno son un discurso de cajón que suena más a cortina de humo que a justificación: “la protesta estuvo infiltrada por la guerrilla”, “hay infiltrados de la guerrilla en las universidades”, “eso es propaganda terrorista”, bla bla bla… Basta con analizar las reivindicaciones indígenas, de los desplazados y de los estudiantes para entender que no piden nada exagerado, de hecho piden lo mínimo, y la estrategia para postergar la responsabilidad estatal es disuadir a la opinión pública con la consabida noticia de los disturbios, la violencia en las protestas, etc. El miércoles hubo una multitudinaria manifestación estudiantil en todo el país rechazando una propuesta en contravía de las necesidades mundiales, más neoliberal, más clasista, más mediocre, y los estudiantes no piden universidad gratis, pero tampoco quieren la privatización solapada de un bien público. Sin embargo, mientras las noticias chilenas por aquí suenan bien, a mucha gente le parece que los estudiantes son una clase rebelde, irracional y con tintes de izquierda, como si ser de izquierda fuera un delito. Mas, el pueblo piensa, y no piensa mal, sólo es mal orientado, ¿por quién? ¡Por los de siempre!: los medios de comunicación sensacionalistas (principalmente noticieros de televisión) que, por ejemplo, en vez de explicarle a la gente por qué protestan los estudiantes, se limita a denunciar si hubo disturbios o no, a mostrar explosiones y presuntos infiltrados terroristas, reforzando su tesis con la cara oficialista del ministro del interior conjeturando que si hubo personas con papas bomba entonces la protesta estuvo infiltrada por la guerrilla y con tres sofismas deslegitiman una petición (que debería ser una exigencia) genuina de la población. A todas luces la población estudiantil es el potencial de transformación de un país, y es muy positivo en el contexto de la reconciliación nacional, unirse a la población estudiantil consensuando los intereses estudiantiles con los generales. Contrario a esto, en un arrebato desesperado para omitir las iniciativas juveniles se adelanta un pesado movimiento de estigmatización estudiantil. Estas pistas hacen sospechar si seguimos influenciados por las costumbres de esos tiempos feudales en los que nadie quiere un pueblo educado, porque mientras más educación halla, más se entiende, más se exige y menos se permiten las irresponsabilidades y absurdos de un Estado. Y lo más curioso es que, como dice un artículo de la BBC, mientras en Chile se protesta por obtener un modelo más parecido al colombiano, en Colombia se protesta por evitar llegar al chileno. Alguien que me explique entonces por qué se apoya más la petición de allá, si en últimas se pide lo mismo… A PROPÓSITO: es de resaltar la iniciativa de Manos Limpias promoviendo la indignación y la crítica responsable en Colombia. @VicentePerezG

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13

10

2011

criterioincolume

El olvido que seremos

Por: Carlos Vicente Pérez

Estuve en busca de un libro para reflexionar durante mis retiros y decidí llevarme uno que me pareció muy prometedor: El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Este libro es una catarsis literaria, un vuelco emotivo sobre la figura de su padre, Héctor Abad Gómez. Leyéndolo no sólo encontré lo que buscaba para mi reflexión personal, sino una contextualización de la violencia colombiana de los años ochenta, del paramilitarismo; encontré las imágenes de un país inequitativo desde tiempos inveterados. Los hechos se remontan antes de que yo naciera, y con pesar lo narrado coincide en la realidad con el país en el que he crecido. No son los paramilitares los que azotan con su violencia a Colombia hoy, pero la violencia es sólo un síntoma de la crisis (qué redundante es anunciar esta crisis). Especialmente hay una historia que quiero compartir y es la mejor analogía que he encontrado sobre la tragedia de la desigualdad en Colombia. La resumo y complemento con palabras del autor: A los 18 años, el día de su grado de colegio, Héctor Abad Faciolince atropelló a una mujer que acababa de salir de una iglesia. La mujer quedó muy herida, se la llevaron urgentemente a un hospital cercano y él, entre sus nervios, pidió ser recluido en un hospital mental para dar tiempo a un trámite para evitar (llegado el caso) ir a prisión. Doña Betsabé (así se llamaba la anciana) se recuperó lentamente de las múltiples fracturas. La mamá de Héctor empleó a sus hijos en una empresa de administración como vigilantes, empleados de aseo, etcétera… La conclusión que sacó la mujer de este accidente (una mujer bastante humilde) suena a tragicomedia, pero es la lamentable realidad: “Este accidente ha sido una bendición para mí. Se lo ofrezco al Señor. Él me lo mandó, porque yo salía de misa, y le estaba pidiendo que les diera trabajo a mis hijos. Pero antes yo tenía que pagar por mis culpas. Pagué por mis culpas y el señor les dio trabajo. Es una bendición”. Todavía hoy, más de treinta años después, este tipo de conclusiones sobre las desgracias se repiten. No es reprochable encontrarle el lado positivo a lo lamentable, por el contrario es una resignación con la que hemos aprendido a convivir; lo reprochable son las circunstancias en las que viven millones de personas, a las que un empleo, sin importar los huesos rotos, les es un gran alivio. Evitar ser el olvido que seremos (una frase de Borges) es como luchar contra la condición humana. Pero postergar el olvido en el que el polvo se convertirá y remplazarlo por esperanza, construyendo un mejor mundo que el que recibimos (esta es una idea del padre del autor) es un fin admirable en la vida de un ser humano. A PROPÓSITO: después de la gira de Mahmud Abbas por América Latina quedó la sensación de que la paz entre palestinos e israelitas se acerca. Probablemente Abbas sea un próximo Nobel de paz, sin embargo, deseo que sea con méritos duraderos y no como los esfuerzos de Rabin.

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09

10

2011

criterioincolume

Evocar a Jaime Garzón

Por: Carlos Vicente Pérez

Hace una semana dirigí un ejercicio cultural destinado para jóvenes, un homenaje a Jaime Garzón. El desarrollo era sencillo, pues Jaime Garzón habla por sí mismo a través de sus vídeos; solamente necesitaba reseñar su vida, explicar quién fue, mostrar unas imágenes y cuando ya estuvieran familiarizados con el personaje mostrar alguno de sus vídeos. Yo prefiero aquél que empieza diciendo “vamos a decir colombianos al grupo heterogéneo de personas que habitan el territorio llamado Colombia”, pues siempre tengo la misma sensación que expresa él en ese vídeo: el orden lógico de las cosas en Colombia está invertido.

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27

09

2011

criterioincolume

Motivos para ir a la Corzotón

Por: Carlos Vicente Pérez

Hoy a las once de la mañana se materializará una de las más espontáneas iniciativas ciudadanas de indignación y protesta. Es importante, entre otras cosas, porque concreta la indignación e inconformidad colombiana dispersas por Internet en hechos reales, y esta iniciativa, liderada por Gustavo Bolívar y la Fundación Manos Limpias eligió un lugar (no menos simbólico que la Puerta del Sol) para manifestarse: el Congreso de la República. La Corzotón surgió en reproche a las vergonzantes declaraciones del presidente del Congreso, pero no es sólo eso; las declaraciones de Juan Manuel Corzo fueron la gota que rebozó la copa para turbar la quietud colombiana ante los escándalos diarios. Estas son mis razones para asistir a la Corzotón, para darle sentido a los pies allá puestos y exigir respeto por más de 45 millones de colombianos: —Rechazo a los desmanes del Presidente del Congreso: Juan Manuel Corzo a pocas horas de iniciarse la protesta, en un acto oportunista y tardío ofreció disculpas en Twitter por su desfachatez, intentando disuadir a la gente de pronunciarse solicitando su renuncia. Desde el 20 de Julio (véase “Me dan, o los robo”) se mostró en contra de los derechos homosexuales, propuso la ley de inmunidad parlamentaria, defendió la absurda posición conservadora frente a los casos en los que se permite el aborto, defendió los subsidios de combustible para los dignatarios, y empeorando esto último sostuvo que con el sueldo de senador no es posible mantener sus dos camionetas. Está bien disculparlo, todos tenemos derecho a la rectificación, pero eso no exime la responsabilidad de sus palabras. —Reivindicación del Congreso, su importancia y su fin: el Congreso de la República es para muchos, la Corporación más corrupta del Estado colombiano. Y no es para dedicarse a quejarse y conformarse con lo que lastimosamente pasa allá dentro, hay que recordar que el Legislativo es vital para el mantenimiento de nuestro país, y ser congresista no puede ser una dignidad a la que lleguen personas tan cuestionadas, ni el medio para en vez de ayudar a solucionar la graves heridas nacionales, empeorarlas saqueando el erario, aliándose con grupos delincuenciales, prostituyendo al Congreso e insultando con su comportamiento a todo un país. —Apoyar a las iniciativas ciudadanas: William Ospina escribió que Colombia, a pesar de su violencia, es un país muy pasivo. Sumiso y presto a cachetadas de sus dirigentes. Los colombianos debemos hacernos sentir exigiendo el país que merecemos y esto se hace apoyando las iniciativas ciudadanas tan poco vistas y a las que se es tan apático. Ir, depositar su billete de $190.000 con su firma y hacerse valer como ciudadano de respeto es suficiente. —Exponer la indignación en Colombia: no es por entrar en la actitud de varios países en todo el mundo durante este año que se han manifestado frente a sus gobiernos, todos con motivos similares: inequidad, corrupción, falta de democracia (o de democracia real), pero Colombia merece respeto, sus ciudadanos lo merecen, y que coincida en una semana por un lado, que no se es pobre con $190.000 mensuales, y por otro que con más de 16 millones tampoco alcanza para la gasolina es una contradicción insultante. Como dice Hessel: “¡indignáos!” —Exigir un Estado racional y consciente: el Estado colombiano debe ser coherente en su discurso con sus objetivos de prosperidad, y ésta no se alcanza silenciando el debate público y disuadiendo la opinión a través de una alianza no de principios sino de intereses partidarios. Al Estado pertenecen todos los funcionarios públicos, y no es tarde para recordarles que hay millones de pobres en Colombia, víctimas sin reparar, jóvenes sin estudiar, y la corrupción retrasa la sanación de estas problemáticas. —Reclamar vergüenza ante el trato “Honorable”: así se hacen llamar los congresistas, y no sé si sea honorable un parapolítico, un corrupto, un negligente que no asiste a los debates. No debe ser una estupidez protocolaria, sino el ejemplo el que lo merezca. —Colombia es nuestra: y por tanto es nuestra responsabilidad hacer respetar lo que nos pertenece. “Más que los actos de los malos, me horroriza la indiferencia de los buenos” Gandhi. Lastimosamente por no vivir en Bogotá no podré asistir a la Corzotón, mas por una persona que allí vaya motivado por estas palabras, lo que escribo habrá tenido sentido. Desde Cúcuta apoyaré y divulgaré el mensaje de mayor indignación por ser Corzo coterráneo nuestro. Quizás sea una manifestación más, tal vez no, está en cada uno reclamar nuestra dignidad, regar la semilla del buen gobierno y conseguir, a diferencia de lo que plantea Daniel Samper Ospina, que no sólo de Cúcuta sino de todo el país los políticos sean ejemplo y no motivo de vergüenza. @VicentePerezG

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22

09

2011

criterioincolume

Me dan, o los robo

Por: Carlos Vicente Pérez

Parece que la repercusión de las palabras no tuviera medida para el presidente del Congreso, Juan Manuel Corzo. Ha sido torpe su actuación pública desde el 20 de julio pasado: el proyecto de inmunidad parlamentaria, la ponencia sosa al proyecto conservador para la prohibición absoluta del aborto, el anuncio de su insolvencia para pagar la gasolina de sus camionetas y la peor: “prefiero no robar al Estado y que me paguen la gasolina”. Es otra la imagen que se espera del presidente del Congreso, una corporación desprestigiada por los innumerables escándalos de los últimos años y, ahora, quien está a la cabeza de la misma, en vez de proponer un ambiente de confianza y optimismo, va error tras error echándose la opinión pública encima. Hoy son varios los movimientos anticorzo en Internet, y no es incomprensible la indignación de la gente con tantas contradicciones por parte del Estado: primero una persona no es pobre con $190.000 mensuales, pero tampoco con más de 18 millones le alcanza para la gasolina, ¿y el vicepresidente debe callarse ante tal irrespeto? Parece también que hay una desubicación en el gobierno sobre la figura del vicepresidente, hay quienes lo consideran un empleado más, y no, es un funcionario elegido por el pueblo colombiano y no contratado por el gobierno. Ahora bien, es evidente que quienes discuten quiénes son pobres o no, no están en condiciones salariales que rodee los $190.000, como quienes discuten el aborto en el partido Conservador son mayoritariamente hombres, o quienes discuten la reforma a la educación superior son rectores, ejecutivos, funcionarios públicos y poco se oye a los estudiantes. El umbral internacional de pobreza está en USD 2 diarios, que es menos de $190.000 al mes, y esto lo defienden algunos economistas pero ¿debemos estar en los mediocres estándares internacionales desconociendo el real costo de vida? Desgraciadamente así se mueve al ambiente político en Colombia: declaración, corrección, retractación, otra declaración, otra corrección… Mientras los medios de comunicación y la gente discute la polémica del día otros temas acuciantes se posponen sigilosamente. Ahí la reforma a la educación, la efectividad en la reparación de las víctimas, la protección a los líderes desplazados, los derechos humanos, la explotación minera responsable, etc. Nuestra situación necesita gente comprometida con formar un consenso social hacia la reconciliación y el progreso, de manera honesta y no reviviendo el fantasma del Frente Nacional solapadamente en una alianza ahora multipartidista que venda una unanimidad espuria. Y quien dirija el Legislativo debe tener otro perfil, el presidente del Congreso no puede ser un personaje que genere división social ni promueva la cultura del atajo en su discurso. Por lo menos debería ofrecer una excusa pública y retractarse por insinuar la opción de robar al Estado, una práctica que se va camuflando con lo normal. Sería interesante que un presidente del Congreso parara en un semáforo en su camioneta blindada, se le acercara uno de los millones de pobres que reciben menos de $190.000 a pedirle una ayuda para comer, y que sea preferible que el Senador se la dé, a que el ciudadano siguiendo el ejemplo de un padre de la Patria tome como segunda opción romperle un retrovisor de su camioneta.

* * * A PROPÓSITO: los conservadores enceguecidos en su proyecto salvador de vidas contra cualquier tipo de aborto piden priorizar su proyecto sobre la reforma a la justicia, porque “primero está la vida”. ¿Y dónde queda el derecho a la vida de una madre con riesgo a morir en el parto de un feto con graves malformaciones, o pocas esperanzas de nacer vivo?

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09

2011

criterioincolume

Silencio desde la escuela

Por: Carlos Vicente Pérez

Recordemos la masacre que hace algunos meses tuvo lugar en Río de Janerio, donde fueron asesinados once niños, ¿conoces los motivos?, según Wellington Menezes de Oliveira, el pistolero brasileño de 23 años, entraría a esa escuela primaria a vengarse por el sufrimiento del que había sido víctima hace unos años, también aseguró que él no era el responsable de las vidas que acabarían, los verdaderos responsables eran quienes lo habían acosado y quienes habían permitido su maltrato por negligencia: “espero que esto sirva de lección, especialmente para esos funcionarios escolares que permanecieron con los brazos cruzados mientras los estudiantes son atacados, humillados y ridiculizados”, dice Oliveira en uno de los vídeos.


Tal atrocidad no tiene justificación, pero algo que podemos rescatar de la versión del asesino es que la violencia en la escuela tiene su repercusión (en este caso mezclada con un poco de locura), y ahí tenemos los resultados.

Igualmente, hace pocos días circuló en Internet la noticia de una niña que fue sometida a una cirugía en sus orejas para evitar ser víctima de matoneo.

La intolerancia de nuestros días comienza a germinar a muy temprana edad, en los colegios, en los salones de clase se originan las primeras amenazas, intimidaciones, burlas, etcétera. Y todos los que hemos pasado por el colegio lo podemos constatar.


Que haya faltas de respeto, violencia física o psicológica no es nuevo para nosotros, como tampoco es nueva esa implícita ley del silencio que es tan respetada. Pero si en la infancia, cuando por fortuna -a diferencia de la adultez- se tiene suficiente respeto por la autoridad, no se ventilan las injusticias, significa un problema mayor que es acumulativo, pues los preocupantes productos de este tipo de violencia se evidencian años después, cuando los daños son irreversibles.


Otro problema asociado con el matoneo es que un niño estigmatizado muchas veces -y más en nuestros días- no encuentra solución con el cambio de institución pues la tecnología lastimosamente ayuda a que esas personas sigan siendo vulneradas.


Siento repugnancia cuando ingreso, por ejemplo,  a la página principal de Facebook y encuentro publicaciones de perfiles falsos injuriando a personas indiscriminadamente, y peor aún, un séquito de idiotas comentando, criticando con mucha valentía, por la web, claro. ¡Cómo somos!


Esta práctica que se agudiza paulatinamente se empieza a llamar “cibermatoneo”, muy similar al tradicional pero con un potencial de difusión muchas veces mayor, y desde luego con una presión sobre la víctima meteórica que lleva a los niños y jóvenes lastimados a tomar decisiones fatídicas, como los notables casos de suicidio.


A falta de un ejemplo bien documentado, me detengo en la situación de Cúcuta, que es la que más conozco: una cantidad de perfiles ficticios se han creado (sin ningún control de una empresa tan adinerada como Facebook), y se dedican simplemente a catalogar a las personas entre buenos y malos dependiendo de su nivel de farándula barata (y también juzgando por su nivel socioeconómico), así como se encargan de denigrar sin juicio a hombres y mujeres adolescentes, dañándoles su reputación, y de ahí para abajo en edades menores encontramos casos similares donde niños (en menor calibre) incursionan en el mundo del cirbermatoneo sin tener idea de la gravedad del caso, y quienes son afectados no denuncian por miedo a represalias mayores… Vuelve la ley del silencio.


El matoneo no es nada reciente, creo que quizás nuestros abuelos en la escuela tendrían a alguien a quién dedicársela, pero sí es reciente la relevancia que tiene este tipo de violencia para las autoridades, medios de comunicación, padres de familia, instituciones y para los estudiantes mismos.


También yo, confieso, me puedo culpar de matoneo cuando estaba en grados menores: solía molestar a mis

compañeros, me burlaba de quienes tenían alguna parte de su cuerpo diferente: orejas, cabeza, gordos, delgados, en fin, era un guasón, lo cual también sucedió contra mí. Pero eran en cierta manera juegos de niños, juegos pesados en los que no fui educado a tiempo, y estoy seguro de que quienes están pasando por esa edad tampoco han sido advertidos, y por esa falta de prevención seguimos asumiendo consecuencias.


Pero el núcleo del problema no es solamente la cantidad ni la efectividad de medios por los que se puede transmitir el matoneo, el centro es lo que trae con el tiempo, así como vimos en el caso de Oliveira, o en los tantos casos de suicidio, y la retroalimentación de la cultura de las amenazas, inequidades, humillaciones y silencio.


Si no empezamos a atacar frontalmente con fuertes legislaciones y respaldo a las víctimas seguiremos lidiando con una sociedad violenta, acostumbrada al dolor ajeno.


Si estás siendo víctima de matoneo siempre es oportuno comunicar el problema, si eres de los que suelen imponerse por medio del matoneo, ya es hora de parar, y por último, como dice el siguiente vídeo protagonizado por Alye, una niña discriminada por sus compañeros: “las palabras sí hacen daño, piensa, este podrías ser tú”.

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11

09

2011

criterioincolume

¿Colombiana?

Por: Carlos Vicente Pérez

Una niña de diez años, bogotana, a tan corta edad presencia el asesinato de sus padres. Crece con intención de vengarse y se convierte en asesina profesional en los Estados Unidos: este es el argumento de una película que por estos días se está estrenando en Francia y Estados Unidos y que hace meses generó controversia en nuestro país. El problema de la película no es que sea otra inoficiosa producción audiovisual llena de violencia y sin fondo crítico, pues en eso poco nos fijamos por acá. El problema es que el nombre de la película es “Colombiana”.

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07

09

2011

criterioincolume

Igualdad y pruebas Saber 11

Por: Carlos Vicente Pérez

El domingo pasado, mientras la mayoría de colombianos estaban descansando de la semana laboral, mientras los otros que trabajan en domingo se levantaban a adelantársele al día, o mientras muchos juiciosos practicantes iban a misa bien temprano, el país asistía a un momento importante en la vida de más o menos medio millón de estudiantes. A las 7 de la mañana iniciaron las pruebas Saber 11, el requisito para ingresar a la educación superior en Colombia (para quienes pueden ingresar) o un requisito para graduarse en el caso de la mayoría de estudiantes, pues no es un secreto que anualmente no se abren medio millón de cupos universitarios en nuestro país.

Quien escribe estas líneas allí estuvo, no menos ansioso que los demás por conocer ese resumen de once años en no más de 300 preguntas. Mientras avanzaba la prueba el reloj apuraba a más de uno, o a otros poco les importaba el reloj mientras el sueño dominical no respetaba que fuera el día de la prueba. Probablemente acercándose al final del examen, terminando de rellenar circulitos alguien se haya preguntado en últimas instancias (o como prefieren llamar los pseudo y legítimamente eruditos, “el fin último”) por lo que hacía. Y son varias las conclusiones a las que se puede llegar:

—Dicha prueba obstaculiza el ingreso a la educación superior, entendiendo esto último como la oportunidad que tiene el país para mermar la brecha de desigualdad tan aterradora. No es discutible si la prioridad en la educación superior la tengan los más aptos, o quienes tengan los resultados más altos en las pruebas de ingreso: válido. Pero sí es discutible que dicha prueba sea precedida por una preparación (Preicfes) que dan instituciones privadas especializadas en estas pruebas, que en realidad más que preparar para las pruebas, se aprovechan de bancos de preguntas que tienen resueltos (y como dicen ellos, que sus docentes envían preguntas al ICFES) para dar respuestas de preguntas que eventualmente salen en la prueba oficial. Y así es. Convirtiendo el proceso más que en una prueba de conocimientos en una prueba de memoria (para quienes hacen los “mejores Preicfes”) y soslayando a quienes por cualquier motivo no realiza dicho curso que en ningún momento es propuesto por el ICFES. Estos cursos tienen un valor superior a $250.000, que es más de lo que muchos estudiantes de undécimo grado en el sector público pagan por su año escolar. Así, ¿qué igualdad hay entre ricos y pobres para presentar una prueba que “abre las puertas” a una opción de igualdad social como la educación superior?

No hace falta que el Estado incluya una clase de preicfes (como ahora acostumbra proponer cátedras para todo), ni prohibir la preparación para las pruebas, pues es algo que se hace tanto aquí como en China. Es sólo una garantía mínima: que las preguntas que haga la prueba sean genuinas y sean secretas. No es una solicitud sin fundamento: yo respondí varias preguntas que ya me habían hecho en el preicfes, y no pude dejar de pensar en el engaño que me hacía al ya saber lo que se me preguntaba, ni en el engaño que hacía al ICFES cuando califique esas preguntas que no miden mis competencias, ni en el engaño que le hice a los miles de estudiantes colombianos que no las sabían porque simplemente no tenían dinero para pagar ese tipo de cursos. Es injusto.

Esto contribuye a que sea más difícil que la educación media pública iguale a la privada en estos exámenes. El 14 de octubre saldrán los resultados, semanas después la revista Poder publicará el ranking de mejores colegios y no es falta ser un oráculo para predecir que la historia de desigualdad se repetirá.

* * *

EXCURSO: ¿Por qué los guionistas se llaman “guionistas”, si los diálogos que hacen ortográficamente no se manejan con guiones sino con rayas? Y a propósito de ortografía, eso no lo califica la prueba Saber 11.

@VicentePerezG

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