BLOGS Actualidad

28

04

2013

Vicente Pérez

Pataletas de ahogado

Por: Carlos Vicente Pérez

Poner sobre la mesa del Congreso el debate sobre el matrimonio homosexual sirvió, principalmente, para dos cosas: para cuestionarnos sobre el estado actual del concepto de igualdad que manejamos y para reencauchar y desempolvar del jurásico al ya emérito senador Gerlein.
Al fin, el proyecto se hundió por una amplia diferencia: 51 contra 17, y deja en un limbo jurídico la situación de las parejas homosexuales, a quienes la Corte Constitucional ya les ha reconocido amplios derechos por vía jurisprudencial pero, dicho sea de paso, no es la vía ideal de reconocimiento de esos derechos: no podemos acostumbrarnos a que sean los jueces constitucionales quienes salven y recuerden el Estado de derecho en estos temas fundamentales para la discusión social, mientras hay una cantidad de congresistas costosísimos que han elegido para representar a la sociedad en esos debates. El papel de la Corte Constitucional ha sido fundamental y necesario en nuestro país, pero no debemos olvidar que es el Congreso el legitimado para transformar a la sociedad con sus decisiones legislativas.
Y al respecto de esto, ¿qué queda? Un Congreso incompetente, inepto, que con dos años de plazo vino a dejar la discusión para última hora, que la pospone por demagogia, que no la concluye, que la hunde. Bien, eso ya se sabía, ¿no había uno que otro godo por ahí haciendo lobby para hundir el proyecto? Hundirlo, ¿para qué? Igualmente lo que se temía con este proyecto sucederá, habrán parejas homosexuales con su relación formalizada en dos meses, pero lastimosamente no será gracias a la diligencia de los voceros de la opinión social sino de los intérpretes de la Constitución.
Por otro lado, es totalmente sano estar en contra del matrimonio homosexual, como lo es estar a favor, pero con una cuestión clara: la discusión no es prohibir o permitir (guardar silencio en este caso es una forma de prohibir), ni definir si las parejas homosexuales son familia: eso es tema viejo, la Corte Constitucional sentó jurisprudencia al respecto aceptando que son familia, y envió una exhortación, que es más bien una orden, al Congreso para que legislara al respecto, pero esto quiere decir regulando cómo se organizarán estas familias en Colombia.
Estos días ha sorprendido tanto constitucionalista, sociólogo y psicólogo amateur que con no-sé-qué argumentos prejuiciosos han escondido sus taras en interpretaciones oscuras de la Constitución, o en preguntas incómodas: ¿qué les dirán a los niños en el colegio al saber que sus padres son dos mujeres, o dos hombres? La respuesta sólo la tendrán los niños (si es que la tienen) en caso de aprobarse el matrimonio igualitario (entiéndase por igualitario, igualitario, lo mismo que un matrimonio blanco y cristiano entre un hombre y una mujer), pero, tratándose de niños adoptados, asombra el egoísmo de quienes prefieren que los niños crezcan en el Bienestar Familiar a que crezcan en una familia.
De todos modos, los argumentos en contra del matrimonio homosexual recuerdan la discusión sobre la abolición de la esclavitud, que tuvieron un buen retrato recientemente en Lincoln, recomiendo pasar por la película y pensar en lo vergonzoso que podía ser para esos hombres blancos y de ascendencia europea sentirse iguales a sus esclavos.
Las parejas no heterosexuales, más que sexo, son amor, y el amor no construye sexo, construye familia.
Gerlein, el escatológico Gerlein y sus adláteres pueden seguir el tiempo que sea exteriorizando sus traumas: de todos modos son pataletas de ahogado, pues tarde o temprano sus diatribas quedarán sepultadas en el olvido.

@VicentePerezG

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26

02

2013

Vicente Pérez

No discriminen a los discriminadores

Por: Carlos Vicente Pérez

A pesar de las considerables críticas que pueda tener la ley antidiscriminación, especialmente porque resulta muy difícil de determinar (o sea, se determina según el intérprete: según se venga en gana) la sutil línea entre libertad de expresión y el tipo penal que la ley contempla, y su evidente ineficacia (“invertirle al Chocó es perfumar un bollo”), la regulación es destacable en los términos que diré al final.

Como sucede con cualquier norma en Colombia, su inconstitucionalidad se acusa no bien ha empezado a regir, nada extraordinario, pero lo curioso del caso presente es que el procurador colombiano, adalid de las buenas costumbres y la moral tridentina más característica de este país blanco y cristiano, ha dado concepto negativo a la constitucionalidad de la ley, porque viola los derechos fundamentales de libertad de expresión y libertad religiosa.

El procurador general, como se sabe, un abogado de pocos argumentos racionales (para qué la razón si tenemos la Fe verdadera) está muy preocupado porque al prohibirse la discriminación, los padres verían limitada la educación de sus hijos (?) y bueno, en el fondo, en el fondo, la preocupación es que en Colombia todavía subsiste esa clase estúpida que se opone a la propagación de la Fe y con artilugios leguleyos truncan la necesaria condena pública a los homosexuales, los liberales, los ateos, los negros, los indios, mulatos, zambos, procuradores y toda esa gentuza que no necesitamos.

A quién, por Dios, a quién se le ocurre prohibir, por ejemplo, la quema pública de libros de Voltaire y de García Márquez, malditos escritores ateos corruptores de la moral occidental, si es un acto simbólico necesario para dar ejemplo a la ciudadanía. Nuestro procurador es un personaje de carácter. Y de cuidado, cuidado se monta a la presidencia (que la Virgen nos cuide).

En fin, no soy gurú constitucional pero me atrevo a vaticinar que la Corte declarará la constitucionalidad de la ley, cosa saludable, pero más saludable el ejercicio de interpretación y determinación necesario para entender si es legal quemar el Corán y no, por ejemplo, escribir la palabra “negro” en este espacio, o cómo es la cosa. Ojalá se deje de lado el inútil lenguaje políticamente correcto y se refuercen la condena a las expresiones materiales de discriminación, entiéndase, la discriminación legal a los homosexuales. Ay qué peligroso futuro le espera a este buen país, señor procurador.

Decía que la interpretación del intérprete muchas veces es la interpretación que se nos dé la gana. Así lo hizo el procurador, así lo hago yo. Que así no lo haga la Corte.

 

ADEMÁS: 1. Buena jornada la de hoy, Maratón de blogs de El Espectador en conmemoración del tercer aniversario de este espacio. Me uno y lo saludo.2. A propósito del tema de los homosexuales, en junio se cumple el término de dos años para que el Congreso legisle sus uniones civiles y nada de nada.

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19

02

2013

Vicente Pérez

El regreso del comandante

Por: Carlos Vicente Pérez

Ernesto Villegas, ministro de comunicaciones de Venezuela, en entrevista con Blu radio confirmó la llegada de Hugo Chávez a Caracas en la madrugada del lunes. Su tono era de evidente precaución, de medición en cada palabra cuando respondía a preguntas precisas y necesarias.

Hay mucha tela por cortar, pues se sabe que cuando se habla de Chávez, trátese en el país que se trate, los comentarios rara vez son cortos. Desde luego el ministro, al igual que el vicepresidente Maduro, no ocultaban el optimismo en las respuestas, pues necesitan hacer ver en este arribo una esperanza, una luz que no debería apagarse. Pero cuando se le formuló la pregunta principal, dadas las fuertes voces que en Colombia han asegurado que Chávez juramentaría el poder, para luego renunciar y convocar elecciones (nótese la similitud con el también altisonante Benedicto XVI, en la otra orilla), el ministro se quedó corto, vago, incómodo: que no hay que hacer elucubraciones, que hay que someterse al hecho periodístico “objetivo” (¿cuándo ha sido objetivo algo relacionado con Chávez?) que es que el presidente está en Caracas. Pero faltó lo infaltable, nunca negó esa posibilidad, lo cual no la afirma, pero el hecho de no rechazarla es ya una sospecha mayor. Más cuando quien habla es el cuñado del presidente.

También, ante el escepticismo sobre las fotos publicadas a modo de prueba de supervivencia del presidente, el ministro aseguró que eran verídicas, aprovechando la pregunta para recordar el bochornoso error de El País de España y las fotos falsas publicadas en la edición impresa hace pocos días. Y Villegas, en el único momento de elocuencia de toda su intervención, dejó claro una opinión difícil de controvertir: cuando se trata de Chávez, para bien o para mal, siempre se va a desconfiar; si se publican fotos convaleciente, serán falsas; si está de pie, más falsas; si no se publican fotos, está muerto, pero si se publican puede que también, como dijo el ministro, se trate de un “muñeco”.

Claro que la figura de Chávez es polémica, claro que es apasionante, claro que es un personaje y quizás en ese sentido William Ospina haya hecho bien elevando su figura a los altares callejeros de América Latina, haciendo la precisión de que en los altares callejeros se puede tanto alabar como agraviar, sin que por eso el santo sea menos santo, ni el diablo menos… Decía que Chávez es opinión inevitable de doctos y legos, pero también es desconfianza, incertidumbre, misterio. Por eso el “hecho periodístico objetivo” no lo es tanto, porque solo cree quien quiera creer. Con todo, es más creíble que haya regresado a Caracas, a que esté en ejercicio de sus funciones y “dando órdenes” de manera no verbal (?).

Desde luego la situación es más que Chávez: es la legitimidad política del gobierno venezolano, la estabilidad social y económica de este país (y sus socios, sus fronteras) lo que se debate con su misterio. Y vale que un personaje sea misterioso, lo cual le merecerá biografías y películas, pero sumir en la verdad de nadie la vida de un país, de sus exiliados, sus sobrevivientes, su vida, en fin, no es un hecho novelesco, esto quizás sí es un hecho objetivo. Y doloroso.

El comandante ha regresado, quizás no tanto, con la certeza de que tarde o temprano tendrá que partir. Y tampoco lo será tanto.

 

ADEMÁS: ¿cuánto dinero gastará el Gobierno Nacional contratando un nuevo abogado para resucitar lo perdido con Nicaragua?

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14

01

2013

Vicente Pérez

Las canciones más lucrativas

Por: Carlos Vicente Pérez

Fuente: internet.

Medir la calidad de una producción por la cantidad de dinero que recaude es un error bastante grave, tan grave como frecuente. Decir que una canción de Justin Bieber es notablemente superior a una composición de Wagner porque el primero arrasa en ventas mientras el segundo es un nombre almidonado reservado a intelectuales e intelectualoides es tan falso como falaz. Con esto quiero significar lo que Judt tan bien supo expresar: sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos ni idea de lo que valen.

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09

10

2012

Vicente Pérez

Novelas judiciales

Por: Carlos Vicente Pérez

Muchos medios cubrieron con sobrado interés “el fin” de una novela judicial –es decir, el proceso ambientado con sentimentalismo y morbo- cuyos protagonistas son una mujer de la farándula nacional y una tristemente célebre familia costeña de confesa corrupción.

Al igual que esta novela, muchas otras se han desenvuelto y se desenvuelven con un público ansioso por conocer su final: por ver en la televisión a los vencedores y a los vencidos, las caras de arrepentimiento o cinismo, las declaraciones de los abogados y la sentencia de un juez en medio de aplausos y silbidos al mejor estilo de un estadio de fútbol. Eso es, en eso se ha convertido la ya achacada justicia colombiana: un circo mediático de indiscutible rating que ofrece en los noticieros incluso mejores historias que las repetitivas y sosas telenovelas de los horarios triple A. No falta recordar el drama de unas niñas bogotanas –al igual, tristemente célebres- que ya llevan también, a pesar suyo, bastante tiempo enriqueciendo titulares de prensa y franjas noticiosas en la televisión.

Es decir, inevitable es que la gente se preocupe, mejor, se interese por escándalos y debates propios de la vida pública (por el contrario, suele ser saludable): la enfermedad de un presidente, las deformidades de un expresidente, la extradición de un general a Estados Unidos, cómo no. Pero lo que suele encontrarse, al lado de los siempre abundantes escándalos de la vida política, tan llena de corruptos y de dedicatorias de libros a criminales, son unos cuantos personajes inflados por los medios, quienes se encargan de ambientar una trama, una historia que, independientemente de si sea real o no, cuando es sobreexplotada, tiene principalmente dos efectos dañinos: por un lado, expone aun irresponsablemente la vida de los implicados (sin embargo, a veces parece que no les desagrada del todo) promoviendo el sensacionalismo y rebajando la dignidad de esas personas a la de un artículo de jet-set, y por otro lado, entorpece y frivoliza el sistema judicial, convirtiendo las decisiones de un juez en picante para la novela en cuestión, y no pocas veces, atribuyéndole a los medios de comunicación la función de investigar y juzgar, funciones indiscutiblemente propias del juez y del ente acusador.

Entre novelas serias y novelas frívolas, recuerdo que en  El Extranjero, cuando al protagonista se le procesa por el asesinato de un árabe, tanto la prensa como el juicio se desvían hacia aspectos de su vida personal: «Señores jurados: al día siguiente de la muerte de su madre este hombre tomaba baños, comenzaba una unión irregular e iba a reír con una película cómica. No tengo nada más que decir» dice el Procurador. Nada más pareciese que se tuviera que decir hoy al respecto de la corrupción y el detrimento de los fondos públicos, en principio destinados a los campesinos y en últimas aprovechados por unos cuantos latifundistas, producto de una pésima campaña gubernamental. Pero eso no es importante, preocupante resulta la vida amorosa de los implicados en el proceso o los fantasmas que ronden cerca al lugar del presunto asesinato del joven universitario, hoy, al igual, reducido a personaje novelesco.

Exagerado y absurdo sería pretender que la función de los medios se limite a informar sólo noticias serias y nunca a especular o a investigar (mejor), no, dado que cabe dentro de su función y libertad. Pero sí sería conveniente una actitud más consciente de su ejercicio, recordando que la prudencia no debe ser ajena a los medios de comunicación. Prudencia, cualidad tan importante en los diálogos que se avecinan.

Desde luego, es una crítica constructiva que se le hace a los medios rescatables de este país. Los pasquines pueden seguir viviendo de su baja tinta.

No tengo nada más que decir.

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08

2012

Vicente Pérez

Un congreso al estilo sueco

Por: Carlos Vicente Pérez

Démosle a Colombia un Congreso similar al Parlamento sueco, pensé luego de ver el contraste entre las condiciones laborales de los diputados suecos con sus homólogos colombianos. Sin secretaria, sin plan de teléfono móvil, sin un sueldo superior a los 20 salarios mínimos, en fin, un Congreso tal que los congresistas tengan condiciones más cercanas al resto de colombianos para quienes ellos legislan, y un Congreso que cueste menos, es decir, un Congreso austero.

Pero no: sabemos que es poco menos que fantasía imaginar al senador Corzo bajarse de su carro particular a tanquear con su traumático salario, por ejemplo. Además, Colombia no es Suecia, como comentan justificadamente algunos: aquí necesitamos que los congresistas tengan choferes para que no nos hagan pasar la vergüenza de verlos a ellos mismos manejando ebrios. ¿O no?

Sin embargo, ¿se puede legislar (esto es, imponer conductas) sobre personas en condiciones diametralmente opuestas a las propias? Mejor: ¿no es saludable que un congresista (un mandatario de un pueblo mandante) esté en condiciones más o menos similares al resto de personas? No es una idea denigrante, creo que a nadie se le ocurriría que un representante a la Cámara esté en su casita sacando con baldes el agua como le ocurrió a no pocos colombianos en los inviernos pasados. Pero sí quizá, y recordando a Jaime Garzón a propósito del aniversario de su hasta ahora impune asesinato, que los congresistas –los funcionarios públicos en general- estén en condiciones tales que puedan legislar, vivir bien, conservar su estatus-dignidad que merece quien hace las leyes en un país, pero a la vez con su estilo de vida cambiar las percepción que tiene el ciudadano común y corriente de ellos: cuando alguien va a pedirle al Estado mira hacia arriba, situándose debajo de la condición gubernamental (como es de hecho) en vez de hablar de igual a igual, de colombiano a colombiano, en una relación que a propósito es políticamente de subordinación por parte del mandatario (de ahí que se llamen funcionarios o como suena mejor: servidores).

Dejemos de lado el ejemplo sueco, no muy lejano del finlandés, donde la sede de gobierno no es tan ampulosa como acostumbran ser las latinoamericanas y es uno de los países con menor percepción de corrupción. Decía, dejando de lado ejemplos escandinavos no deja de ser alarmante el costo del mantenimiento de nuestro congreso, el contraste de la calidad de vida de los congresistas con la cantidad de pobres en Colombia, en fin, y no solo refiriéndose a los miembros del Congreso (es un ejemplo de tantos, pero el contraste se hacía con sus homólogos suecos) sino también al desproporcionado sueldo del secretario del senado, y otro aspecto preocupante: conocer el costo de los congresistas, ministros, presidente, magistrados, etc., es un dato de revelación periodística, de difícil acceso, cuando conocer cuánto cuesta mantener a los empleados del Estado debería ser información de dominio público, transparente.

Un modelo escandinavo, es verdad, no es propio de un país como Colombia, pero el mismo Congreso debería plantearse este debate honestamente, si en algo le importa su vergonzoso descrédito ante la opinión pública. Es preocupante, preocupante que cuestionarse sobre estos temas no suene en serio.

P.S.: se desequilibró la balanza en la hasta ahora progresista Corte Constitucional, el Senado reemplazó a un magistrado liberal -Juan Carlos Henao- por uno marcadamente conservador -Luis Guillermo Guerrero-. Se nublan las próximas decisiones de esa Corporación.

@VicentePerezG

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04

08

2012

Vicente Pérez

Merienda de negros

Por: Carlos Vicente Pérez

La historia cada vez se hace más popular, con más o menos los mismos elementos que la del diputado de Antioquia: un concejal de Bogotá en una sesión de dicha Corporación (que él preside) llama la atención porque cualquiera pueda entrar a tan honorable recinto, porque «se nos está volviendo una merienda de negros».

Naturalmente, podría suponerse que el señor (Jorge Durán) no usó su expresión con la alevosa intención de ofender a la población negra. Naturalmente, lo anterior no lo exime de responsabilidad. La Procuraduría se encargará de investigar disciplinariamente al señor Jorge Durán y Silva, un concejal con 35 años en funciones: hasta al mejor panadero… O quién sabe si el mejor ¿será un político tan antiguo lo que precisamente necesitamos?

Hubo quienes reaccionaron ante la frase en cuestión minimizando su efecto: es un adagio muy extendido, leí en un foro. El narcotráfico y la corrupción también lo son, pero las cosas no necesariamente son lo que deben ser, y de ciertas personas se esperaría una conducta más apropiada, máxime si se refiere a una población discriminada e impávida, maltratada y olvidada, que, el año pasado fue objeto de protección por medio de una ley antirracismo, pero una ley no es la panacea. En otras palabras: no se desconoce el derecho de cada quien a pensar como quiera (conciencia) pero expresar ciertas opiniones o expresiones en público varía sustancialmente la cuestión.

Vamos un poco más al fondo: condenar políticamente al señor Durán es una reacción esperada, pero ahí no acaba el pozo: podemos entender muchas cosas de una sociedad partiendo de sus dichos. ¿No es curioso el contraste entre la imagen que los colombianos tenemos de nosotros mismos y la que las demás naciones tienen de nosotros? Veamos: Colombia es un país de blancos y cristianos, criollos pero blancos, rodeados por países con indios y negros. Que haya mestizaje es excepción ¿Francia no tiene población afro? Por otra parte: sabemos que hay que trabajar como negro para vivir como blanco, «desconocimiento histórico» alegarán: me repugna escribir estas palabras, respondo.

Esta situación recuerda la tensión desatada hace pocas semanas en el Cauca: «Muchos indios» título un periódico de blancos por esos días. Hay que rechazar el racismo, sí, pero es hipócrita hacerlo como un prejuicio externo, un mal menor. No. Este país es racista, su cultura es racista y regionalista, sus canales de televisión son racistas, y especialmente sobre este último punto: vender la imagen de protagonistas de porte más europeo que colombiano (¿recuerdan la adaptación de The Grey’s anatomy?) es influir en esa tara de pureza racial, cuando es quizá el mestizaje nuestra nota más característica.

Leo los periódicos: cuánto me enorgullezco del récord olímpico de Óscar Figueroa, orgullo colombiano en Londres, un afrodescendiente de disciplina ejemplar.

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26

06

2012

Vicente Pérez

Una colecta por la Constitución

Por: Carlos Vicente Pérez

La Constitución colombiana es una carta de muy buenas intenciones. Lástima que quienes la reforman y aplican, no todos tengan esas mismas buenas intenciones. A veces, al leerla, es más que una carta de buenas intenciones: una pieza de ficción:

Artículo 22: la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

¡Pregúntele a un campesino del Caquetá a ver qué piensa del artículo 22!

También es, por supuesto, una ley superior, pero poco respetada. ¿Qué ley hay sido más reformada en los últimos veinte años que la propia Constitución? ¿No se ha apelado a ella para quedarse en el poder cuatro añitos más, sin importar la legitimidad del trámite de la reforma? Ahora, el Honorable Congreso de Colombia -que de Honorable no tiene nada, y ciertos congresistas le quitarían la hache al «Honorable», algunos medios le quitan la mayúscula: sé que nosotros le quitamos el «honorable» y la mayúscula-, mejor dicho, el Congreso, en sus funciones de Constituyente derivado aprobó una reforma constitucional (acto legislativo) sobre los temas de justicia. Esta reforma que, hoy por hoy ya está aprobada y tiene plena validez (que no vigencia por no haber sido insertada en el Diario Oficial).

Los medios han abordado profusamente el tema del texto de conciliación entre el Senado y la Cámara, con el éxito de haber hecho aceptar al presidente de la Cámara que vota proyectos constitucionales sin leerlos, sólo porque el gobierno se lo pide, ¿no es el colmo de la deshonra? Y, en buena hora, se propone un referendo para revertir aquél engendro jurídico: tarea difícil, desesperada, por parte de quienes aún damos un peso por la Constitución. Pero quizá nada de eso sea necesario, porque nuestro siempre alerta presidente supo anunciar, en un drama televisado, que devolvería el Acto Legislativo al Congreso por razones de inconstitucionalidad e inconveniencia: figura aplicada a las leyes, ¿pero a las reformas constitucionales, presidente? Hablar de inconstitucionalidad de lo que, con su apoyo, se convirtió en Constitución suena tan lógico…

«Esto es legal, lo que pasa es que nunca se había utilizado antes, no hay antecedentes, pero estoy convencido (de) que si uno actúa siempre dentro de lo que la Constitución y las leyes le permiten buscando el bien común, esa es la fórmula acertada(…)», dijo el presidente refiriéndose a su olímpica solución (¿invención?). Juan Manuel Santos, el mismo que tantos meses insistió en su dichosa re(de)forma a la Justicia, buscando, supuestamente, solucionar los problemas de los ciudadanos del común. Es que las discusiones por los beneficios a los magistrados y congresistas era algo «superable». ¿O son ellos los ciudadanos del común?

En fin, sobre la Constitución algunos la refieren con orgullo y ampulosidad, otros, como una norma utópica y lejana; incluso un profesor mío define constitución como «conjunto sistemático y organizado de mentiras». Yo prefiero pensar que sea lo que sea, es necesaria y por su importancia, merece respeto. La colecta que apoya esta nota no busca dinero —tampoco rebajemos todos la dignidad de este país tan descaradamente: ya está el Congreso—: busca firmas el día que se requieran, no solo para revertir es adefesio mencionado. Ojalá con las firmas de esa gran colecta se pudiera conseguir la renuncia de esos congresistas que votan proyectos sin leerlos, de los que legislan en causa propia, de los magistrados lobbystas que cómodamente buscan para sí cuatro años más de funciones. Vergüenza por mi país ya se convierte en vergüenza ajena.

@VicentePérezG

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15

05

2012

Vicente Pérez

#Chávez(asesino)

Por: Carlos Vicente Pérez

Un día una familia se fue de viaje, dejándole su casa a cargo de un amigo de la familia, que, por falta de un nombre, llamaremos Álvaro. Éste, aprovechando la semana de vacaciones, organizó fiestas, dañó y desapareció pertenencias de la familia, abusó del cuarto nupcial, entre otras cosas. Al regresar la familia, notaron solamente la pérdida de los objetos, y el hombre acusó a unos amigos suyos que había invitado. Al mismo tiempo, otra familia hizo lo propio (el personaje de esta familia se llama Hugo), contando con tan mala suerte (o tan malos amigos) que su casa por una semana fue también una casa de lenocinio. Al cabo del tiempo, Álvaro inicia una cantidad de reproches a Hugo, tratándolo de ladrón, abusivo, insensato, e incluso y sin mayor prudencia, asesino. (más…)

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04

2012

Vicente Pérez

Liberen a Ublime

Por: Carlos Vicente Pérez

Sí señores: no bien la guerrilla de las Farc anunció el cese de los secuestros extorsivos, la cantante Shakira, a grito herido entre alaridos y gemidos, en el encuentro continental más importante para Colombia, aprovechó un espacio en el himno nacional para iniciar una nueva causa, filántropa por supuesto, con el fin de obtener la libertad de Ublime. ¿Quién es Ublime? ¿Dónde está? ¿Es la versión melódica de la novela colombiana? Nada se sabe del susodicho. La guerrilla lo reclama como preso político, la derecha colombiana como una nueva víctima del secuestro extorsivo que las Farc dijo abandonar.

Otros, más ingeniosos, por supuesto, vieron en Shakira singular clarividencia. Según dicen, la barranquillera en trance estaba haciendo una profecía, pero algo le salió mal. Sospechan los conspiracionistas que no existe tal Ublime: ella quería hablar de Uribe.
“Cesó la horrible noche, la libertad de Uribe”. ¿Cómo así que está Uribe consiguiendo un viaje urgente destino a Panamá?

Por favor, Shakira, sácanos de esta confusión. Colombia ya está más preocupada por Ublime que por los indigentes de Cartagena, quienes luego de pocos días de vacaciones vuelven a las sórdidas calles. En todo caso, esta cumbre fue un enigma: nadie sabe cuánto costó, ni qué se debatió. Lástima, país ingrato, sólo se fija en los defectos. ¿No?

Preguntémosle a un ciudadano cualquiera qué supo de la cumbre: nada. Que Evo sirve más para futbolista, y que lo de Santos es el golf; que en Cartagena no hubo indigentes, y que los agentes de seguridad americanos tuvieron un desliz con las prostitutas cartageneras; que una ingenua gente de Turbaco llevó un burro para regalárselo al presidente Obama, esperando que éste se lo llevara. ¿Para qué querría Obama un burro? Suficientes burros hay en Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas del planeta. Y a propósito del tema de las drogas, ¿qué pasó? Pobre Santos, resultó más ingenuo que los señores del burro: Obama, ni por más burro que fuera, nunca cedería un centímetro en la millonaria e hipócrita lucha americana contra el narcotráfico en año electoral. Es como si el mismo Santos en 2010 hubiese admitido que el peor error del uribismo no fue el fracasado referendo del 2003, ni el mismo Uribe: fue Santos, su candidato presidencial.

Y bien, señor ciudadano, ¿qué quedó, qué quedó?

-Nada, hombre, nada. Deje de molestar con la cumbre.

-¿Nada? ¿Y los de la anticumbre qué? ¿Verdad que aquí no dejan ni saludar al presidente porque ya hay protesta contra el imperialismo? Obama, protesta. TLC, protesta. TransMilenio, protesta, protesta, protesta.

-Ah, sí, sí. Es que usted sabe, hay gente que no entiende que de vez en cuando los presidentes se reúnen a hacer en la distancia lo que hacen en sus países. Nada. Pero bueno, deje de escribir bobadas en su blog.

-¿Bobadas? No, hombre, respete que aquí estamos por una noble causa: porque estamos buscando a Ublime y queremos que Shakira no le robe las corbatas a Piqué.

A los conspiracionistas ilusos les digo que Uribe no va para ninguna cárcel. Pero, vea usted, ya no estamos en su gobierno: cesó la horrible noche. Grande Shakira, augur encorbatada.

Y tú, Ublime, donde quiera que estés, aparece, Colombia te espera, si estás en la guerrilla, desmovilízate. Por ti quizás no hagamos otra cumbre, pero quizás sí una fiesta sublime.

@VicentePerezG

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03

2012

Vicente Pérez

Fernando Hinestrosa: un caballero radical

Por: Carlos Vicente Pérez

El 10 de marzo de 2012 fue un día aciago para la academia colombiana en general, y para los estudiosos del derecho en particular. Fernando Hinestrosa, quien para algunos es el contemporáneo más relevante en el estudio del derecho en Colombia; el académico que durante casi medio siglo dirigió la Universidad Externado, conduciéndola en los momento de orgullo y satisfacción, y en los de tristeza y penuria (como los funestos días del 5 y 6 de noviembre del 85, cuando en medio del holocausto del Palacio de Justicia, el Externado perdió casi una decena de personas entre catedráticos y exalumnos); el colombiano que hace dos años fue orgullo nacional al ser el primer latinoamericano en recibir el doctorado honoris causa de la universidad de La Sorbona; el magistrado, el ministro, el diplomático; pero por encima de lo anterior, el hombre cordial, sencillo, que además de rector y decano también era profesor de la facultad de derecho, el que se consideraba amigo de sus estudiantes, el defensor de los valores liberales y de la ética radical. Él, ya no está.

«Tendrán tropiezos, caerán», les dijo a los estudiantes de primer semestre en la última bienvenida que dio a la universidad, y en efecto, la universidad no se siente igual y la pérdida que no se circunscribe a un claustro académico es invaluable. «Pero lo importante es levantarse», concluyó él mismo.

La única vez que vi a Fernando Hinestrosa fue en esa bienvenida, y un detalle —por el cual escribo estas líneas— me marcó de sus palabras: dijo creer en la juventud. Y no se refería a creer por resignación o creer por creer: creer con convicción. Y eso, venido de un hombre octogenario con las credenciales que él tenía, realmente motiva no sólo a estudiar, sino a creer también en las jóvenes generaciones. A creer para hacer.

A él lo llamaron varias veces «el último caballero radical», resaltando su liberalismo férreo, liberalismo puro que propende por la democracia, la separación de los poderes, el respeto al otro, la ética radical, la independencia, en una sola palabra (necesaria aunque redundante): libertad.

Sin embargo, a él no le gustaba por completo ese título, pues no esperaba ser el «último», sino que aparte de él cada vez fueran más los radicales de la libertad, de la disciplina. Sí: Fernando Hinestrosa fue un caballero radical, seguramente el de mayor trascendencia.

Aparte de su destacada obra jurídica, y otros escritos como Reflexiones de un librepensador, el legado del doctor Hinestrosa trasciende las letras. Paradójicamente es un legado de fe, viniendo de un hombre de laicidad indiscutible. Él mismo lo describió en una entrevista para El Tiempo: su legado es «fe en la patria, fe en la juventud, fe en la libertad y fe en la democracia». Hasta en la fe era liberal este caballero radical.

El 10 de marzo de 2012 fue un día aciago, pero también el día en el que con excelsos méritos culminó la vida de nuestro personaje, abriéndole las puertas de la posteridad a través de su legado y su indeleble marca en generaciones de colombianos.

@VicentePerezG

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06

03

2012

Vicente Pérez

El otoño de Gabo

Por: Carlos Vicente Pérez

Las efemérides relacionadas con García Márquez son una suerte de astros alineados: el Nobel cumple hoy 85 años; este año, 30 de su premio Nobel, 45 de publicado Cien años de soledad y 65 de publicado su primer cuento “La tercera resignación” , que en 1947 (en ese tiempo para honor de García Márquez y hoy para honor de este diario) EL ESPECTADOR por medio de Eduardo Zalamea Borda, imprimió en su sección dominical.

A propósito de cómo empezó a escribir, García Márquez dice en su libro Yo no vengo a decir un discurso: “A mí nunca se me había ocurrido que pudiera ser escritor pero, en mis tiempos de estudiante, Eduardo Zalamea Borda, director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, publicó una note donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista”. Y continúa: “a mí me salió entonces un sentimiento de solidaridad para con mis compañeros de generación y resolví escribir un cuento, nomás por taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda, que era mi gran amigo, o al menos después llego a ser mi gran amigo. Me senté y escribí el cuento, lo mandé al EL Espectador. El segundo susto que obtuve el domingo siguiente cuando abrí el periódico y a toda página estaba mi cuento con una nota donde Eduardo Zalamea Borda reconocía que se había equivocado , porque evidentemente  con “ese cuento surgía el genio de la literatura colombiana” o algo parecido”.

Así fue como el más importante novelista latinoamericano de todos los tiempos inició su carrera literaria. O al menos así eso como él lo relata.

Hace pocos días Gabo volvió a ser noticia, pero no por sus cualidades literarias, sino por críticas, entre otros del historiador mexicano Enrique Krauze, respecto a su amistad con el retirado dictador cubano Fidel Castro y su gusto por estar cerca a los círculos de poder.

Dicen también que a estas alturas, cuando Gabo poco se presenta ante los medios por razones fisiológicas, nadie lo defiende. No, nadie lo defiende ni nadie debe defenderlo; ni él mismo debe hacerlo simplemente porque no hay por qué.

A los artistas, lo mismo que los filósofos, no hay que pedirles una vida heroica ni mucho menos políticamente correcta. Ellos no valen por lo que fueron sino por lo que dejan. O mejor, ellos no son su vida sino su obra. Y García Márquez es el coronel Buendía, el coronel que no tiene quien le escriba, es Remedios la bella, es Melquiades. Y ése Gabo, el literario, el novelista, el periodista, es el que nos respecta y el que quedará para la posteridad, como de Hemingway quedó su lucha feroz con los tiburones y no su execrable caza de osos. Lo demás es morbo casuístico.

Hoy es un día importante para la literatura colombiana, pues su máximo exponente y parte de su obra cumplen fechas memorables. Y aunque se discuta si la obra de Gabo es colombiana o mexicana, vale decir que ese país ha recibido e impulsado a grandes escritores colombianos, pero su obra es tan colombiana como Pedro Páramo es mexicano.

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25

02

2012

Vicente Pérez

El vídeo de la infamia

Por: Carlos Vicente Pérez

Un vídeo hecho por un reportero ciudadano en Colombia que en dos días acumule más de seiscientas mil reproducciones marca un precedente en nuestra concepción de internet. Me refiero a “El vídeo que el gobierno colombiano no quiere que veamos”, titulado así por razones meramente propagandísticas, pero que eliminando su título nos deja una sensación mayor a la visión de un gobierno o de una fuerza pública, o de los intereses de una transnacional. Es un vídeo que deja un sabor amargo, una impotencia rabiosa, una bofetada en la cara para reaccionar sobre una situación.

Ser hecho por un reportero ciudadano tiene ya sus limitaciones de forma y los cuestionamientos que los más dogmáticos harán de su veracidad. No obstante, quienes lo vean o lo hayan visto, quizás coincidan conmigo en que resulta carísimo hacer un montaje tan realista, con tantas personas y elementos lejanos del alcance de un ciudadano común y corriente. Lo anterior lo digo para prevenir las objeciones que cada vez se hacen más comunes, y que consisten en descalificar toda información desfavorable para un grupo de altos intereses como falsa, como una farsa, una conspiración o en términos más célebres: una “venganza criminal”.

Este vídeo, el vídeo de la infamia, consiste básicamente en un reportaje sobre el desalojo de unos ciudadanos —mineros, pescadores— del río Magdalena. Según la información dada, el motivo del desalojo es la construcción de una hidroeléctrica en el Quimbo, negocio de las transnacionales EMGESA, ENDESA y ENEL. No corresponde aquí analizar lo nefasta que puede ser esta hidroeléctrica no sólo para el propio río, sino también para la economía de los campesinos, trabajadores y para la población quimbiana en general. Pero eso no importa, pues a vista de todos es notoria la diferencia entre las ganancias de un pescador artesanal, con las de una transnacional energética. Eso sí importa.

Lo triste no es sólo el desalojo, también las formas: miembros del denigrado cuerpo especial ESMAD con sus armaduras de película reverberantes en el calor de la ribera, atacando con gases a la población. Despojando a los huileños de lo suyo, a los colombianos de lo de Colombia. Qué bonito es pensar que parte del 6% del PIB que se invierte en seguridad se devuelve en contra de la población. En contra de los contribuyentes. ¡Ah! Quién sabe si los heridos son contribuyentes, bueno, en caso contrario no tributarían en su contra, por lo menos.

—Si me van a matar que me maten —dijo un señor, resumiendo en una pequeña frase todo lo necesario para entender la impotencia de alguien que no encuentra otra subsistencia.

—El río y la mina, con eso es con lo que nos mantenemos nosotros. Mantenemos la familia porque sin eso no podemos trabajar, y dónde va a buscar trabajo uno —dice un pescador artesanal. El río y la mina. ¡Pero qué más podemos hacer!, de eso también viven los pobres empresarios extranjeros, además ellos sí saben explotar los recursos eficientemente. Para los tradicionales trabajadores de la zona el Estado no es que no tenga nada. Sí tiene, que nadie se equivoque. Tiene al ESMAD para que los atienda.

Resulta tremendamente doloroso pensar cuál imagen se puede hacer de la policía uno de los niños que fueron víctimas de ese desmedido desalojo. Qué decir de lo que afirmó la reportera de La Nación: que la “personera del pueblo” no habló con las comunidades, y se transportó en una lancha de ENGESA hacia el otro lado del río.

Un profesor de la universidad Surcolombiana concluye el –digámoslo de una vez- atropello diciendo que “la forma violenta con que nos agredieron hoy es al mismo tiempo un honor y una victoria de nosotros, porque fuimos capaces de responder pacíficamente a la violencia institucional”. Queda zumbando en el aire la palabra institucional, que conduce a pensar en instituciones legítimas, contrapuestas a la violencia del ESMAD.

Dice el jurista Francesco Carnelutti que la diferencia entre la fuerza del policía y la del bandido estriba en que el bandido combate para sí, y el policía para los demás. Pero de ser así resulta complicado diferenciarlos en el vídeo. Es apenas notorio el terror de los ciudadanos. ¿No reprocha tanto el Estado el terrorismo? ¿Terrorismo no es en últimas causar terror? Las deducciones de estas preguntas son peligrosas.

Con la iglesia católica puede tenerse cualquier tipo de discrepancia, pero no se pueden ignorar los argumentos de monseñor Jaime Tovar, quien alude que estos atentados contra los campesinos no son tolerables en un Estado de derecho: “yo llamo es al pueblo a que no sea indolente”.

Las razones últimas de todo lo anterior quizás no lleguemos a conocerlas. Muchas cosas quedan vedadas a la opinión pública cuando se desmonta la indignación de la sociedad y se acaba la película. Sí, quizás todo ese vídeo sea mejor una muy buena película , como quizás esta imagen (http://on.fb.me/zas9Ll) sea un montaje. Farsa, en fin, todo lo que no nos conviene.

Imagen de previsualización de YouTube

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17

02

2012

Vicente Pérez

Evadir y atacar

Por: Carlos Vicente Pérez

Admiro al excomisionado Luis Carlos Restrepo. Lo digo con timidez, en balbuceos. Lo admiro a él no tanto como admiro a Álvaro Uribe y a José Obdulio Gaviria. Resultan incomprensibles las críticas al primero, injustas, luego de que ayudara a desmovilizar a 62 guerrilleros del bloque Cacica La Gaitana de las Farc, para que posteriormente éstos pobres hombres ingresaran a la vida civil exitosamente: sin prejuicios ni discriminación, con trabajos estables y sin riesgo de terminar bajo órdenes de nuevas bandas criminales. Los admiro, a pesar de que sean unos burros. Quienes los critican, quiero decir.

Es más, si tengo un hijo lo llamaría Luis Álvaro José Francisco, habida cuenta de que mi respeto por el exvicepresidente es único. Tal vez sea un error ponerle cuatro nombres a un bebé. Sí, es un despropósito porque pensándolo bien, ¿cómo lo llamarían?: ¿Varito, Luchito, Pachito? No sé, es rara esa manía fea de los apodos.

Ya no le pienso poner Luis Álvaro José Francisco, quizás los amigos por la indecisión le terminen llamando Fachito, o Avarito. O tal vez el niño no quiera pistolas de balines sino juguetes de alto voltaje (una grabadora, quizás), o metralletas de balines. Quién sabe si de aquí a allá ya existan las motosierras de juguete. Para cortar árboles y abrir carreteras imaginarias. En fin, ¡qué sé yo de los juegos del futuro! Sólo sé que los del presente —jugar con la tierra de los campesinos, con las libertades sexuales de las mujeres o con los contratos públicos— me parecen poco divertidos.

Dije que los que critican a estos varones son unos burros, sí, si entendemos por burro a una persona poco inteligente, pues ¿quién con más de tres neuronas no entiende que todo lo que éstos varones hacen es por el bien de la patria, por «defender la democracia, maestro»? Ellos —que lo entiendan bien los columnistas y periodistas que los atacan— sacrifican su buen nombre por los principios más valiosos de Colombia. Principios centenarios, como la honradez de los funcionarios públicos, la santa fe católica, el amor al Estado y sus contratos, las buenas desmovilizaciones, los buenos paramilitares. ¡Qué horror! Los buenos para militares, pues en las FF.MM. no hay soldados ignorantes que maten animales por juego. ¡Qué malos juegos los de hoy!

Pero también pueden ser burros todos ellos, si tenemos en cuenta que no hay burro mudo, y como adalides de la razón responden a la sociedad con comunicados o comentarios. Lástima (no me gusta aceptar errores en mis personajes) que no respondan lo que deben: Uribe en una audiencia en la Comisión de Acusaciones gritaba eufórico que él no era ningún asesino, cuando no se le cuestionaba eso. Luis Carlos Restrepo salió en los medios proponiendo asamblea constituyente y un movimiento antipresidencial, como cualquier Chávez de derecha, cuando se le cuestiona por evadir la justicia colombiana al mejor estilo uribista, al estilo de la patria: yéndose del país. Buena estrategia: evadir y atacar.

Luis Carlos Restrepo —como en el 2010 lo hizo María del Pilar Hurtado, quien hoy continúa en Panamá protegida por un buen gobierno que entiende a los perseguidos políticos— se fue disimuladamente para Estados Unidos mientras tenía compromisos con la justicia colombiana, y su abogada dio explicaciones vagas y falsas sobre su ausencia. Ahora reaparece sin mencionar una palabra sobre los cuestionamientos que se le hacen (falsa desmovilización del frente Cacica La Gaitana de las Farc en marzo del 2006), y por el contrario —con la autoridad que merece un excomisionado para la paz, término que Colombia no conoce— propone un decálogo político «para retomar el rumbo», en el que se va lanza en ristre contra el presidente Santos, el presidente «de la mentira».

Admiro la inteligencia de Restrepo, lo que me lleva a apoyar a cualquier conductor embriagado o cualquier evasor de impuestos que con malicia indígena sepa defenderse de la injusta Justicia colombiana.

Pero creo que ningún particular con implicaciones menores que Restrepo tiene voz en los medios, ni amparo en viajes, así que hace inviable la reivindicación anterior y con dolor me hace pensar que Restrepo fue un deshonesto ventajoso.

No. No puedo admirar a Luis Carlos Restrepo.

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06

02

2012

Vicente Pérez

«Mantener la democracia maestro»

Por: Carlos Vicente Pérez

Una guerrillera y el administrador de la cafetería del Palacio: Irma Pineda y Carlos Rodríguez, respectivamente, son los dos desaparecidos que fueron reconocidos como víctimas por el Tribunal Superior de Bogotá el 30 de enero de 2012 —en sentencia ratificatoria del fallo proferido por la Juez Tercera Especializada de Bogotá, el 9 de julio de 2010—, por los hechos ocurridos el 6 y 7 de noviembre de 1985, durante la retoma del Palacio de Justicia, el cual había sido ocupado por miembros de la guerrilla M-19.

Sólo dos víctimas más que la justicia colombiana logra esclarecer, luego de que el fallo de la Juez contemplara once víctimas, cuyos procesos el Tribunal ordenó proseguir la investigación. Pero por falta de pruebas el Tribunal estableció la culpabilidad del coronel (r) Alfonso Plazas Vega, respecto al delito de desaparición forzada sobre las dos víctimas nombradas.

Sólo dos víctimas más, y 26 años después, muestra de la gran celeridad del proceso y de la impartición de justicia relacionada con estos sucesos, teniendo en cuenta que todavía hay varios desaparecidos sin establecer y muchos implicados cuya responsabilidad probablemente juzgue en menor tiempo —aunque, quizás, con menor precisión— los anales de la historia colombiana.

La sentencia del Tribunal reavivó la antigua polémica en la sociedad colombiana por los hechos relacionados, pues toca directamente aspectos sensibles de la sociedad, especialmente, de las élites dirigentes.

Además de la ratificación de la condena por 30 años de cárcel para el coronel (r) Plazas Vega, la sentencia incluye los siguientes actos simbólicos de reparación: «publicar la sentencia durante un año en las páginas web del Ministerio de Defensa y del Ejército Nacional, ofrecer unas disculpas públicas y que ninguna unidad militar tenga el nombre del coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega», y fundamentalmente, una «exhortación al fiscal principal ante la Corte Penal Internacional para que estudie sobre el caso del expresidente Belisario Betancur Cuartas y su relación con estos hechos»[1].

Las reacciones mediáticas —lamentablemente— no se ocuparon de las víctimas ni de la reivindicada condición de sus familias luego de lo mínimo necesario, pero en este caso tan difícil y retrasado: la justicia. No, las reacciones polarizaron el asunto entre el Tribunal y el Ejército, o a lo sumo, entre partidarios y detractores de la sentencia —cuando una disposición judicial es para ser acatada y no debatida—, encabezados por el presidente Juan Manuel Santos, quien en abierto acto de desacuerdo (y en cierta medida —como máximo jefe de las Fuerzas Armadas—, de desacato, dijo: «más bien le pido al Presidente Betancur a nombre de los colombianos, que lo hayan puesto en esa situación nuevamente» y «más bien nosotros le pedimos perdón al Ejército por no haber sido lo suficientemente enfáticos en la admiración que le tenemos[2]».

Otras personas, como el Alcalde de Bogotá y antiguo miembro de la guerrilla M-19, Gustavo Petro, propuso que en la ceremonia de perdón que el Ministro de Defensa debe oficiar, participen los sobrevivientes del M-19 y el expresidente Belisario Betancur[3].

Sin embargo, si de discutir la decisión judicial se tratase, ésta socialmente podría ser rebatida, pues una encuesta virtual recogida por ElEspectador.com muestra que más del 70% de los colombianos considera injusta la condena.

Cuando se ordenó la retoma del Palacio de Justicia, las Fuerzas Militares actuaron desmedidamente, sin cuidar la vida de los civiles que estaban adentro, sacándolos del Palacio con vida, en algunos casos, y torturándolos e incluso asesinándolos posteriormente, según testigos:

«—El Presidente de la República dio la orden de respetar la vida delos rehenes, pero como os militares estaban sedientos de venganza —y esos mandos militares de esa época eran siniestros— fueron a lo que querían. A ellos no les importaba que se tratara de magistrados, o que fueran mujeres (…) Allí hubo un golpe de Estado de los militares»: Bernardo Ramírez, ministro de Estado y el asesor más cercano al presidente (sic) Betancur.

«—Un uniformado me agarró por el pelo y cruzamos por el centro de una fila de militares que nos decían, “hijueputas” y nos daban golpes con las culatas de sus fusiles. El militar que me arrastraba por el pelo me arrancó la cadena de oro que llevaba en el cuello»: Eduardo Matson[4].

La sentencia del Tribunal Superior de Bogotá marca una pauta en el largo recorrido —quizás generacional— en el que se irán aclarando judicialmente los hechos de la toma y la retoma del Palacio de Justicia. No concilia mucho un acto de perdón a regañadientes, pero recuerda el lugar primordial de las víctimas en la enquistada violencia colombiana. Y la discusión zanjada alrededor del carácter continuo de la desaparición forzada abre la posibilidad de cambios en las decisiones futuras siempre que el delito sea vigente (o que no concluya, esto es, que los desaparecidos aparezcan…).

Las decisiones judiciales deben ir enmarcadas exclusiva e intrínsecamente con derecho, sin miramientos en las reacciones políticas. Los jueces en Colombia deben tener ese principio en letras doradas para —como lo dijo el día de la retoma el entonces teniente coronel Plazas Vega— «mantener la democracia maestro».

@VicentePerezG


[1] http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-324075-plazas-vega-betancur-y-cpi

[2] http://www.semana.com/politica/santos-haya-pedido-perdon-belisario-ejercito-desacato/171357-3.aspx

[3] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-324294-gustavo-petro-propone-pedido-conjunto-de-perdon-masacre-del-pala

[4] CASTRO CAYCEDO, German, El Palacio sin máscara, Ed. Planeta, 2008, p. 14 y 15.

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02

2012

Vicente Pérez

Clases LGBTI

Por: Carlos Vicente Pérez

Con las vestiduras rasgadas han posado recientemente algunos políticos, líderes religiosos o educativos, padres de familia, entre otros grupos, por la reciente discusión sobre las clases LGBTI (aquí cabe resaltar que la sigla siempre quedará incompleta). ¿Cómo van a promover —argumentan algunos— a nuestros niños estas posturas sexuales? Viene dándose una discusión maniquea sobre esta cuestión a la cual es difícil encontrarle el motivo de polémica. Es bueno o es malo; son desviaciones que no deben proponerse. En fin, se reitera el error de juzgar determinada condición tomando la propia como cierta o legítima y aplicable universalmente. No, pero ni ser homosexual, transexual es bueno, como tampoco es malo. Simplemente diferente. Alrededor de la discusión sexual cabe hacer analogía a la discriminación que se aplica a quienes son de tal tendencia ideológica, o hinchas fervientes de tal equipo de fútbol, digamos, del América. Son cuestiones de gustos que caben en las libertades individuales.

¿El América todavía es un equipo de fútbol? ¡Ah! Ya ni sé.

Hace unos años luego de terminar una comisión de evaluación final, en el colegio La Salle de Cúcuta el entonces rector me comentó que para el siguiente año el colegio —por decreto— debía dictar una cátedra sobre afrocolombianidad.

—¿Afrocolombianidad? —le pregunté sin entender para qué.

—Sí, ya veremos qué nos inventamos para eso.

La supuesta cátedra de afrocolombianidad nunca la vi, y no por ello ignoro la importancia histórica del talante trabajador de los afrodecendientes. Ni tampoco estaba mal la propuesta (no diré que simplemente era diferente), pero valía preguntarse si era más importante (o no digamos importante, llamémoslo útil) para una adolescente saber y repetir las crueles atrocidades a las que fueron sometidos los esclavos africanos en América, o saber qué y cómo hacer en caso de quedar en embarazo. O sin llegar a tal, cómo prevenir un embarazo no deseado y aprenderse a cuidar, cuestiones que poco se enseñan en Colombia, país en el que aproximadamente el 51% de los embarazos son no deseados.

Respecto a las clases LGBTI sucede algo similar. Las comunidades de distinta orientación sexual a la heterosexual sufren discriminación, es verdad, de manera aceptada por fracciones de la sociedad, cuando por ejemplo, le niegan la oportunidad de adoptar a un homosexual a dos niños de infancia avanzada quienes estarán seguramente en mejores condiciones con él que en el ICBF. Pero salen los adalides de las buenas costumbres a ventilar las tentaciones de un homosexual con dos niños, como lo dijo un alto representante de la iglesia católica. Bueno, quiénes más que ellos para saber de tentaciones con los niños.

Cuando se habla sobre educación, la discusión debe ser seria, y como tal, debe saber priorizar. ¿Es necesario invertir aunque sea una hora semanal en clase de derechos indígenas cuando no sabemos qué es un derecho, o peor, cuando este país tiene tan bajo nivel de compresión lectora? Yo no juzgo, pero la respuesta se torna obvia.

A los LGBTI, como a los afrodescendientes, indígenas, desmovilizados, discapacitados, entre otros, debemos asegurarles la inclusión y respeto (es absurdo decir esto, es decir, es absurda la realidad) en la sociedad. Pero con acciones y no con letra muerta. Por ejemplo, nombrando a un homosexual en la dirección del ICBF. Oigo las vestiduras rasgarse con desespero, “por qué”. Bien, ¿por qué no?

La educación básica en Colombia necesita una operación de urgencia, para que aprendamos, por lo menos, a leer y escribir bien. “Primero lo primero”. Luego de eso bienvenidas las cátedras transversales que incluyan conocimientos prácticos, como cómo defenderse y cómo actuar frente a un abuso de la policía, para que luego los productos de los embarazos no deseados no mueran bajo las balas de un policía irresponsable.

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10

01

2012

Vicente Pérez

El crimen indignado

Por: Carlos Vicente Pérez

Hace pocos días alguien me escribió un tuit: «Los urabeños son un equipo de futbol de la B? y nadie va a proponer una marcha contra ellos? (sic)», entonces le respondí «Difícil. Contra las Farc sí, porque andan en el campo. En cambio estos están aquí. La gente teme que la maten. ¿No?»

Pero era un error: las Farc también están en la ciudad, y ni las bandas (que bien pueden ser ejércitos) criminales ni las guerrillas responden a unas marchas, pero sí pueden sacar comunicados diciendo sentirse “conmovidos”. Por el contrario, pienso ahora, si hay que marchar contra alguien (entiéndase en todo contexto), es contra el Estado, pues ese monstruo abstracto que no identificamos es el que debe responder, al que le dieron un poder y el que lo debe cuidar. Claro que todos tenemos que cumplir equis y ye cosas, pero eso no nos obliga a responder ante una protesta: el Estado sí debe hacerlo.

Pero tampoco. ¿Para qué marchar? Yo no creo en las marchas, aunque se ven muy bonitas, eso sí. ¿Y todo esto a qué va? Pues a que el Frankestein colombiano, el adefesio narcoparaoligo (aquí se agregan muchos prefijos), en fin, paramilitar, resultó posando como el crimen indignado, sí, y reivindicándose organizó un paro armado la semana pasada en el occidente del país. ¿No es mucho descaro? Pero para qué marchar, si el Gobierno respondió rápido (que ya era tarde) y organizó consejo de seguridad en Santa Marta, y ahora dice que la estrategia contra las Bacrim está funcionando y por eso ellas quieren dialogar. ¿Dialogar? ¿De qué? Bien hace el Gobierno —entre otras cosas porque no puede— negando de tajo esa posibilidad.

Lo evidente es que la Ley de Justicia y Paz del gobierno de ese personaje retirado que esporádicamente hace noticia con unos trinos desubicadísimos, no sirvió para mucho. O sí, para extraditar a los cabecillas que tanto terror sembraron aquí. Y para acabar (con el nombre) con los paramilitares, que se reorganizaron en muchas bandas que ahora cobran muchas extorsiones. Al excelso varón del gobierno anterior deberían darle dos premios por esa ley que apoyó en su gobierno: el Nobel de Paz por acabar con los paramilitares, y el de Literatura por titular con inigualable ficción dicha ley: ni justicia ni paz, pues impunes están quedando delitos atroces y por las paz pregúntele a los campesinos de Córdoba o del Urabá antioqueño. Pregúntele. ¡Ah! Se me olvidaba: pregúntele a cualquier colombiano, que nosotros nunca hemos vivido eso.

En fin, puede resultar que muchas, la mayoría de las bandas criminales se entreguen viendo su accionar reducido, y el Gobierno debe preparar tanto los planes militares para reducirlos como los judiciales para asegurar el respeto de la ley.

Por otro lado, las Farc en un comunicado ha invitado a reiniciar la cachetada que le dieron al país en el Caguán, pero ellos saben que aquí no se cree en su palabra, faltan los hechos. Hace unas semanas León Valencia escribió en Semana invitando a ‘Timochenko’ a que marcara la historia de Colombia con la paz. Sólo esperar, nos queda, a que el Gobierno maneje con inteligencia el asunto, pues inteligencia es lo que ha faltado en esta guerra de bala y machete. El fin del fin está por verse.

Volviendo al tuit que cité, creo que con lo de equipo de fútbol hacía una broma. Yo no la he entendido. Pero lo que sí entiendo es que mucha gente en Colombia todavía no habla de lo que le pasa, de lo que ve; no marcha, no escribe, no se inmuta por un miedo antiguo. Por el miedo a que los maten.

P.S.: leí un aviso de movilidad en Cúcuta en el cual pedían «respete las señales de transcito». Bien, yo las respeto, pero las de tránsito. Que por favor ellos respeten las de gramática.

@VicentePerezG

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31

12

2011

Vicente Pérez

2011, 2012

Por: Carlos Vicente Pérez

El 2011 quedará para la historia como un año de agitación social, quizás como 1848 o 1968. En este año se demostró que todavía es posible la movilización a través de las ideas, o de un sentimiento generalizado que se acuñó luego de ¡Indignaos!, y un señor novenario, Stéphen Hessel le dio un toque de apoteosis a su vida con este pequeño y potente aporte a las letras.

Por otro lado, los acontecimientos económicos fueron desastrosos, y a bien o mal, fue un año con importantes noticias: la muerte de Bin Laden, la retirada americana de Irak, la masacre en Noruega, la deposición de Mubarak y Gadafi en el marco de lo que se llamó La primavera árabe, entre otras cosas. Un año movido, como no, incluso en Colombia donde se adelantó en temas importantes (como esa difícil ley de víctimas), y en Latinoamérica, donde Chile conmocionó con protestas y el cáncer ha ido menguando bríos al bolivarianismo.

Con este irremediable transcurrir de los años, es habitual desear un mejor año nuevo, sucesivamente, y ésta no será la ocasión para desaprovecharlo: que a pesar de las dificultades con las que se inicie, y las que seguramente llegarán en el transcurso, tengamos una meta para este 2012 y que no falten los motivos para sonreír y continuar con este devenir temporal que llamamos vida.

Puede que el año entrante no sea tan movido como este, puede que sí. Pero si hay cosas que en este no se movieron y deseo que el siguiente sí, son las cadenas de los secuestrados en Colombia, para que se acabe esa infamia de la degradación humana; la voluntad de los países por retomar el control de su economía acabando con la nefasta dictadura de los mercados; la hipocresía de las potencias económicas que evitan comprometerse con el cambio climático, y con su humo y su polución nos están matando a todos poco a poco; el corazón de lo fundamentalistas religiosos y la fe deje de defenderse con sangre.

Sea esta la ocasión, amigo lector, para recordar que en este año iniciamos este diálogo por este blog. Así que ofrezco agradecimientos por la lectura, esperando continuarla en el 2012, y deseando para usted un año de éxito.

@VicentePerezG

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21

12

2011

Vicente Pérez

Dulce navidad…

Por: Carlos Vicente Pérez

Navidad, feliz navidad: esa fiesta —religiosa— que con tanta tradición celebramos, por estos días no deja de tener sus sinsabores. La tradición católica en Colombia —a despecho de la laicidad del Estado— está tanto en los villancicos, como en la llegada de los Reyes Magos, como en quedarnos callados ante las protestas de un grupo ultramontano para evitar que una persona de condición homosexual adopte.

Vaya, qué peligro con los niños, que puedan abusar de ellos, que los vuelvan maricas. No. Qué horror, ¿verdad? Qué peligro —dirán tal vez— que un hombre heterosexual adopte a una niña (siguiendo el ejemplo de H. Abad). No vaya a ser que abuse de ella. Qué horror.

Por alguna razón no dejamos de ser hipócritas y doblemoralistas. No sé por qué se prefiere que los niños crezcan en hogares de paso, sin saber de dónde son ni adónde van, a que tengan una familia, o un acudiente, o un respaldo, o un futuro. Porque no nos mintamos ante lo evidente: los colombianos que crecen en hogares de paso lastimosamente no tienen muchas posibilidades de progresar, de superarse. Aunque esto es de los colombianos en general, pero con ellos las esperanzas se reducen, pues no tenemos un Estado que responda por nosotros. No existe.

La Corte Constitucional le pasó el trabajo al Congreso para decidir si el hecho de que nos gusten o no las personas del mismo sexo sea razón para decidir si podemos amar a un niño, si lo podemos criar, si él pude tener una familia. Es como el juego de la papa caliente, quien se quemó fue el Congreso, digo, el Honorable Congreso, del que no mucho podemos esperar…

Volviendo a la navidad, tan querida con sus familias de pesebre, las noticias no dejan de transmitir familias de pesares: sin casa, sin enceres, sin agua, sin muchos motivos para celebrar, esto es: gente atropellada por el invierno, la época que casualmente coincide con la dulce navidad.

Estos días, al caminar por la calle y encontrarme uno de los millones de indigentes que hay en Colombia me pregunto cómo pasarán la navidad. O mejor, cómo verán desde el frío de las calles los carros con música, las casas decoradas, las cenas servidas. Lo pienso como una idea descabellada, claro, porque el mugre, los cartones en el piso y el olor a bóxer pueden sugerir que ellos son una subespecie humana.

No pretendo aguar fiestas, ni mostrar la navidad como un sinsentido, ni un lastre del catolicismo. Nunca Es una fiesta, que debe estar llena de alegría y de esas ocasiones que sólo los momentos especiales traen: el perdón, los recuerdos, las risas, etcétera.

Sólo pretendo que usted, amigo lector, en la nochebuena, cuando esté cenando, compartiendo, o celebrando (o no haciendo nada) recuerde que son muchas las tareas pendientes, y que con sinceridad podremos hablar de una feliz navidad cuando sea universal: cuando para todos sea feliz.

Feliz navidad les desea Criterio Incólume.

@VicentePerezG

A propósito: estamos buscando un nuevo nombre, más fresco y que refleje mejor lo que somos en este blog. Por lo tanto estamos abiertos a sugerencias y construcciones. Esperamos las propuestas en el foro o en Twitter.

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14

12

2011

Vicente Pérez

El sabor del petróleo

Por: Carlos Vicente Pérez

No tener agua precisamente por la lluvia resulta no poco irónico. Que se lo lleve a uno un río mientras viaja por carretera no es menos impensable que volcarse en un barco por una tormenta. Pero bien, a ese tipo de tristes ocurrencias se ha acoplado este país. Ocurrencias, cuando no injusticias, como sufrir los golpes de este clima vesánico que se ha despachado tres veces en dieciocho meses contra un país con carreteras de barro. Lo anterior sugiere una maldad en el clima, y constituye un despropósito. Falta precisar la injusticia: el clima que arremete no está loco, o no debería si el calentamiento global no lo discutieran en cómodas charlas en Sudáfrica mientras en Bogotá, una ciudad que se supone debería tener infraestructura, el río se lleva todo. Hasta algún ladronzuelo que se lanza para huir. Pero continúo: más injusto que todo lo anterior es que los dos mayores contaminadores de todo el mundo, China y Estados Unidos, que entre otras cosas son responsables indirectos de los daños a los cultivos colombianos, no hayan firmado el Tratado de Kioto y así no tengan compromiso alguno por reducir las emisiones. Y ni hablar de la impresentable Canadá, país exverde, que se retiró del Tratado pues tiene la tercera reserva más grande de petróleo, que sólo es explotable con un método más contaminante que el ordinario.

El petróleo canadiense será otra gota para este planeta que es una copa de humo. Una gota al aire, similar a las gotas de Ecopetrol. Corrijo, a los chorros que se derramaron —aproximadamente 3200 barriles— sobre el río Pamplonita cerca a Cúcuta dejando a más de un millón de personas sin agua hasta después de nochebuena. Peor que no tener agua para evitar bañarse con agua turbia es evitar bañarse, o comer con petróleo. Aunque aquí no cabe decir qué es peor que qué, eso sí, peor que ser incompetente y no prepararse para un invierno más que avisado, es tener el descaro de salir a decir en el funeral de unas víctimas del invierno:

—Hemos hecho todo que está a nuestro alcance para atender la emergencia por las lluvias -dijo el presidente Santos. Por lo menos es sincero: habla de atender y no prever. Atender, como todavía esperan miles de damnificados de los inviernos pasados por ser atendidos.

Es normal, aunque por eso no deje de ser grave, que sigamos siendo curativos en vez de preventivos. Y que no se haga nada al respecto, por ejemplo, cuando miles de millones de Colombia Humanitaria están detenidos en los bancos y con tanta emergencia. Y que muchos dirigentes, que se pasan por servidores públicos, vean en televisores 3D la lejana realidad nacional, como de película.

Es desagradable imaginar un sancocho con sabor a petróleo, pero sabemos que es ficción. Es más desagradable imaginar la absurda escena de miles de peces y animales acuáticos muriéndose intoxicados por el petróleo, echando a la borda un trabajo de recuperación ambiental de tres años —después de un derrame más absurdo por la incompetencia de Ecopetrol— en el río Pamplonita, pero sabemos que es realidad.

El río Pamplonita luego del derrame de crudo.

El río Pamplonita luego del derrame de crudo.

@VicentePerezG

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07

12

2011

Vicente Pérez

¡Que el Che proteste contra las Farc!

Por: Carlos Vicente Pérez

Colombia tiene una herida social muy profunda que nos hace intolerantes, a veces, irracionales. La dignidad lacerada de nuestro país de la que manan lágrimas con las muertes violentas, con los secuestros, es la que con no poca alevosía se alegra de otro tipo de muertes, se siente reivindicada. Aunque no sea políticamente correcto, tiene sus explicaciones en el odio y la degradación humana de la guerra.

Esa herida social cierra las puertas al diálogo, censura otras vertientes interpretativas de la realidad. Quizás por eso a una mujer venezolana que participó de la manifestación contra la violencia en Barranquilla (o contra las Farc, eso no está claro) la sacaron de la protesta por llevar consigo un cartel con una imagen del Che Guevara y una leyenda que rezaba “Che no es muerte, Che no es narcotráfico”.

En otras palabras, quería decir que el Che no es las Farc, o que esa guerrilla usa la imagen del Che como una máscara para esconder el vacío ideológico y el absurdo de su continuidad. Los demás manifestantes seguían contrariándola, uno dijo:

—Ese señor fue el que creó las Farc.

Ni el Che creó las Farc (sí las apoyaría en sus orígenes campesinos), ni tampoco debe interpretarse como esa figura románticamente perfecta de antiimperialismo y revolución utópica adaptada a tiempos no comunistas, como parece transmitir el mensaje de que en la mayoría de las universidades públicas de Colombia –con tantos motivos y figuras para homenajear– haya una plaza del Che.

La tensión subió, la herida social no soportó más y los demás manifestantes le quitaron el cartel y lo rompieron mientras entre aplausos gritaban “¡fuera, fuera!”, “viva Colombia”, “esto es una marcha contra las Farc”. Aunque la mujer había sido clara en que estaba en contra de las Farc.

Cada movimiento tiene sus intereses y su centro ideológico: los estudiantes parecen estar motivados por ideas liberales, cuando no de izquierda (y hay quien dice que la Mane cultiva ideas radicales); los reaccionarios al movimiento estudiantil que rechazan la marcha parecen ser de la facción retrógrada de la derecha; quienes motivan las marchas contra las Farc, en un amplio sector favorecen a la derecha política (con excepciones, véase la alcaldesa de Bogotá), incluso a la ultraderecha de la seguridad democrática que tergiversan estas manifestaciones como un movimiento no en contra de las Farc sino a favor del Gobierno. Estos sesgos políticos son los que nos hacen intolerantes, nos fraccionan por las diferencias ideológicas, en vez de unirnos alrededor de un centro que bien sea la consecución de la paz o el rechazo a la violencia.

La mujer, quien dijo ser desplazada por el régimen venezolano, renunció a su forma de protesta, y entre gritos e insultos se fue para su casa. Uribe no es buena idea para promover una marcha estudiantil, ni el Che una contra las Farc. Pero si no somos nosotros mismos –quienes rechazamos el conflicto, las desigualdades– los que promovemos la paz, ésta no llegará sola; si no aceptamos derechos mínimos como la libertad de expresión, si nos cerramos al contraste de ideas ¿a qué tipo de democracia aspiramos?

Dije hace días que disentía de la marcha (no tanto como disiento de las Farc), pero que apoyaba a quienes querían salir a las calles. Dije que más que destruir la violencia debemos construir la paz.

Que diferencias coyunturales no empañen nuestro propósito de fondo.

A PROPÓSITO: los invito a dar su clic por la libertad. La diferencia con la marcha es que el mensaje que se deja es una idea que mueve los pies (los pies no moverán ideas). http://bit.ly/sBXPQq; cómo quisiera que el anuncio de liberación de las Farc no fuera una estrategia para mitigar su desprestigio internacional, que sea la oportunidad de que los secuestrados lleguen a pasar navidad con sus familias.

@VicentePerezG

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04

12

2011

Vicente Pérez

No es solo gratuidad

Por: Carlos Vicente Pérez

En las pocas páginas que Andrés Oppenheimer le dedica a Colombia en su libro ¡Basta de historias! –un recorrido por varios países del mundo analizando sus sistemas educativos y una posterior reflexión de los países latinoamericanos–, el balance parece ser positivo, en esperanza. Es el penúltimo capítulo del libro (y el último en hablar de países). Analiza a Colombia y a Venezuela, con un título que dice mucho: Venezuela y Colombia: caminos opuestos. Resalta, por ejemplo, que “mientras Venezuela ha tenido un nuevo ministro de Educación cada año y medio desde que Chávez asumió el poder, Colombia tuvo una sola ministra de Educación durante los ocho años de la presidencia de Uribe”. A la exministra Vélez Withe la describe como “una economista con estudios de posgrado en la universidad de Lovaina, Bélgica, y el MIT, de Estados Unidos, que antes de ser ministra había sido secretaria de educación de la ciudad de Bogotá”.

Recuerdo este pasaje del libro de Oppenheimer al leer el anuncio de la ministra Campo sobre la gratuidad de la educación básica y media (es decir, de primero a undécimo) a partir del siguiente año. Es un avance muy significativo en responsabilidad estatal; es plausible que se invierta más en educación básica y media; según la revista Semana aproximadamente 8,5 millones de estudiantes se beneficiarán de la gratuidad, lo cual alivia un costo para las familias colombianas con hijos estudiando en el sector oficial. Es una excelente noticia.

No obstante, anota la ministra: “con esta decisión se avanza de manera muy importante en el país en cerrar brechas de equidad y de acceso a la educación para todos los niños y jóvenes”. Es cierto lo del acceso a la educación, total, pero no se cumplirá la primera parte de la sentencia de la ministra, cerrar las brechas de equidad, mientras la educación privada sea exponencialmente mejor que la educación oficial. Esa diferencia que existe en Colombia entre la educación privada y la pública es un lastre que perpetúa las diferencias sociales en Colombia: quienes tienen dinero para pagar educación privada, acceden a una educación de mayor calidad, lo cual se traduce que en el momento de acceder a una universidad (pública o privada) sus resultados están por encima de la mayoría de estudiantes del sector oficial, y tiene más posibilidades de continuar sus estudios en educación superior. ¿Es educación democrática, hay igualdad de oportunidades? Notablemente no.

Para corroborar lo anterior ofrezco las cifras de la revista dinero con respecto a las pruebas Saber 11: 42,2 es el promedio de los colegios públicos contra el 45,7 de los colegios privados; 54,8 es el nivel de los colegios de estrato socioeconómico más alto contra el 41,2 de los colegios de estrato socioeconómico más bajo. Sólo algunos datos, para no entrar a recordar los contrastes entre los colegios de Bogotá y los de la Costa Atlántica. En general la educación básica y media en Colombia está rezagada, ocupando el lugar 52 entre 65 países que se presentan a la prueba PISA. La gratuidad para conseguir la universalidad de la educación es un paso importante, pero puede terminar siendo inútil en términos de equidad si no se invierte en infraestructura, docentes, medios, textos, etcétera…

Juan Manuel Santos le aseguró a Oppenheimer que mejorar la calidad de la educación “es la única forma de defenderse uno en un mundo cada vez más competitivo y cada vez más globalizado”. Al menos él sabe cuál es el camino a seguir…

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29

11

2011

Vicente Pérez

Una marcha más

Por: Carlos Vicente Pérez

Luego del fusilamiento de los tres policías y un militar por parte de las Farc, ese sinsabor del fracaso en una operación militar nos ha reducido a la tolerancia del mal cálculo de la operación, y a un odio cada vez más visceral contra el terrorismo hipócrita y sinsentido.

También ha motivado una movilización más. Con tantas salidas a las calles recuerdo las marchas caraqueñas contra el gobierno de Chávez, marchas que de nada sirvieron. Una marcha más, una protesta. Legítima, sí, pero relativamente inútil. La marcha del próximo 6 de diciembre no es una espada de doble filo, sino de triple.

En primer lugar, el motivo frontal es el rechazo a las Farc, como esa marcha del 2008. Rechazo a las Farc: ese grupo terrorista que a través del narcotráfico cosecha sangre humilde de las formas más atroces. Es incierto el número de manifestantes que asistan, pero lastimosamente no cambiarán mucho: ni Amnistía Internacional abrirá los ojos para declarar a este grupo como terrorista, ni las Farc sentirán culpita y se entregarán o dejarán las armas (eso ya les da igual), ni el Gobierno abrirá un diálogo para salir de esta guerra; por el contrario, la interpretación del Gobierno será otra.

Por otro lado, es un respaldo a las FF.MM., que se dicen desmoralizadas. Bien, la gente estará con ellos recordándoles el motivo de la defensa del país (y de sus gentes, desde los más humildes) para que continúen en esa tarea de doloroso desgaste. Pueden los congresistas interpretar ese válido apoyo a las FF.MM. como una ratificación del peligrosísimo fuero militar, lo que traería lamentables consecuencias. También apoyarán a los familiares de las víctimas, ¿apoyarlos para qué? Ya no verán a su esposo, no conocerán a su padre, no abrazarán a su hermano. Aunque suene a fe de erratas, el mejor apoyo que se les pudo dar fue tenerlos en cuenta para entrar en esa operación.

Y por último, el rechazo a las Farc se puede tergiversar en apoyo a la estrategia del gobierno, siguiendo la lógica maniquea. Y el Gobierno seguirá echándole la culpa exclusivamente a las Farc de su crueldad (de la efectividad sí la tienen) y evadiendo la responsabilidad del cálculo. Lo que en caso contrario sería un orgullo internacional con nombre pomposo tipo Jaque, mezclado con nuestra alegría, hoy es la amenaza de un litigio internacional, reduciendo a la apología del terrorismo cualquier insinuación de responsabilidad estatal. Esa es la impotencia de la tolerancia. Y por último, no sólo es cobarde, sino también oportunista, que cuando la gente sale a marchar en contra de los enemigos del Estado (que con su sevicia se han convertido en los enemigos del pueblo) nadie trata de disuadir la marcha. Los funcionarios posan conformes con la reacción popular, porque legitima la política de seguridad. Pero cuando son los estudiantes los que le reclaman al Estado sus derechos, se proponen descargas eléctricas masivas, el Presidente sale diciendo que las calles no son lugar para resolver los problemas del país, que se debe resolver en el Congreso, donde nadie lo vea, y se satanizan las marchas con la supuesta infiltración del terrorismo.

@VicentePerezG

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20

11

2011

Vicente Pérez

Colombia y los CIVETS

Por: Carlos Vicente Pérez

Harto desapercibida pasó en la documentación que los medios hicieron esta semana con respecto a la visita oficial del presidente Santos a Turquía, la relación –y similitud– que existe entre estos dos países, y lo positivo de la construcción de una relación multidimensional. Y no solo con Turquía…

Colombia y Turquía pertenecen a los CIVETS: países de economías emergentes con similares tamaños de crecimiento y semejanza en el territorio, población, IDH y ambiente de negocios. Los CIVETS –un acrónimo similar a los BRIC, pero a menor escala– son Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Sudáfrica. Entre estos países no hay una cooperación efectiva, y en el caso colombiano los lazos son exiguos: hasta ahora se anunció la creación de una embajada en Turquía, por ejemplo.

En este ambiente es muy oportuna la agenda multipolar que reabrió el gobierno de Santos, reivindicando que Colombia no es un país que eternamente seguirá la doctrina diplomática respice polum –esto es, mirar a la estrella polar, a los Estados Unidos y lo demostró con la valiente invitación a replantear la guerra contra las drogas. Esas son las cosas que dificultan clasificar a Santos en el espectro político, es más camaleónico de lo que parecía. Sin embargo, aún falta, enormemente abrir nuevos espacios, nuevos mercados: nuevos aliados para consolidar la prominencia de Colombia como referente lationamericano. Afianzar una relación política y económica con el grupo de los CIVETS, y atendiendo otros países como Rusia, Egipto, China, Brasil o Argentina es un reto impostergable. Y cabe aclarar que Colombia no es un país oficialmente (aunque sí efectivamente) entregado a las potencias occidentales, Colombia pertenece al Movimiento de Países No Alineados.

Volviendo a los inconexos CIVETS, son las promesas emergentes, todavía chicos, lo que plantea una dificultad y una oportunidad: no suenan con tanto peso ahora, pero tampoco son gigantes de barro, como se ha dicho en ocasiones de India o Brasil.

Colombia sufre un conflicto de medio siglo, Vietnam es un país en proceso de recuperación de una dictadura, Turquía tiene el segundo IDH más bajo de Europa. Pero están en proceso de crecimiento, e indiscutiblemente se construirá más como bloque multipolar que como apuestas individuales por el desarrollo. Hay mucho camino por recorrer, y un espacio amplio para tocar puertas, desde el vecino Brasil hasta la antípoda Indonesia.

A PROPÓSITO: 1) Es valiente la posición del presidente al plantearle a The Observer la posibilidad de la legalización. Quién lo diría, Santos rompiendo el tabú de esa palabra. Ojalá se levanten otras voces invitando a un debate internacional al respecto. 2) Colombia ha desdeñado a Rusia como aliado por muchos años, ¡y vaya ironías! Rusia no nos pide visa para entrar a su país, en cambio los demás “aliados”…

@VicentePerezG

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15

11

2011

Vicente Pérez

La reina, el fútbol y los estudiantes

Por: Carlos Vicente Pérez

La noche del lunes millones de colombianos estuvieron en frente del televisor atentos a la transmisión del Reinado. Este evento –uno de los favoritos en este país- sirvió de excusa para los mensajes por las redes sociales, que iban desde apoyos y comentarios regulares sobre el reinado, hasta chistes y una que otra queja por la transmisión del mismo. Pedían algunos, por ejemplo, que en vez de reinado transmitieran algo más serio; pedía yo, que en vez de pedir que cambien los demás, simplemente cambiaran de canal.

Lo cierto es que el reinado es uno de esos eventos que distraen a los colombianos y los alejan más de la realidad nacional. Pero qué va, suficiente hay con la realidad diaria para negarle a uno el placer de ver a una reina (con excepciones) respondiendo preguntas tan desacertadas como “¿qué haría para mejorar la educación en Colombia?”. No sé qué podría hacer, ¿decir que Simón Bolívar estaría orgulloso? ¿Irse al congreso a dar un debate con altura? No. Seamos honestos, no preguntemos eso,  ellas no pueden hacer nada. Es como preguntarle a la Ministra de educación ¿qué haría usted para mejorar la belleza de las colombianas?…

Ahora el partido de Colombia contra Argentina, amén de nuestras pasiones, y sobran los teóricos del fútbol: que a Messi hay que marcarlo de tal modo, que Leonel no sabe dónde está parado, que Colombia no va al mundial, que Barranquilla no es buena sede… Pero llegará el momento en el que entendamos que el equipo es el mismo perdiendo y ganando, y esas posiciones ambivalentes dependiendo del resultado no construyen. De nada sirve que Leonel sea el Guardiola colombiano un día, y al siguiente sea el asistente del ‘bolillo’.

Y los estudiantes ¡ay estudiantes!, han tenido sobrado protagonismo mediático estos días, han alcanzado logros como lo señala Daniel Samper Pizano: decirle no a la violencia y lograr el retiro de la reforma. Pero pasan los días y la humildad de los abrazos a la policía se está volviendo la arrogancia del todo o nada. Ojalá reaccionen rápido y sigan dándole nivel a este movimiento con gran potencial transformador.

En dos días Colombia ha tenido eventos para distraerse, y excusarse de las acucias perpetuas. En dos días pudimos ser un país de bellezas o de compras de reinados, un país de notables futbolistas o de un equipo desordenado. Pero lo que no dejamos de ser en estos días es un país con grandes faltas, que por más distracción de un reinado o de un partido no se solucionarán solos.

Ojalá los estudiantes se sigan ganando el apoyo del país, para que éste lo acompañe y saquemos adelante un modelo educativo formidable. No un modelo educativo en el que la Ministra mejore la belleza (esa belleza superficial) con decisiones erradas y educación incompetente.

Ojalá volvamos a nuestros puestos pronto: la reina a reinar, los jugadores a jugar y los estudiantes a estudiar.

@VicentePerezG

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13

11

2011

Vicente Pérez

Lógica absurda

Por: Carlos Vicente Pérez

Siguiendo la lógica de que si los asesinos usan motos hay que prohibir las motos, o que si hay pobres la solución para acabar con la pobreza es “acabar” con los pobres, los hechos recientes en la realidad colombiana constatan que ese razonamiento sigue vivo y activo en varios frentes. Aquí trataré tres, no por su importancia sino por su notoriedad.

La muerte de alias Alfonso Cano ha sido motivo de orgullo para la administración de Santos, pues ahora tiene para mostrarle a quienes dicen que su gobierno es un gobierno de anuncios y que la ofensiva contra la guerrilla se ha debilitado, dos golpes contundentes en menos de dos años: la baja del ‘Mono Jojoy’ y ‘Alfonso Cano’, dos y uno de las Farc respectivamente; dos golpes que dan al corazón de la estructura guerrillera con más vehemencia que cualquiera de los golpes que dio la administración de Uribe, incluyendo el de ‘Raúl Reyes’. A propósito de Uribe, Santos le hizo carambola a la guerrilla y a él con la muerte de Cano: a las Farc las dejó sin cabeza y a Uribe sin piso político. Sin embargo, este logro del gobierno es excelente en términos de guerra, pero nocivo hablando de paz. Cierra las puertas al diálogo y humilla a unas guerrillas altivas que por orgullo (o por negocio) seguirán resistiendo en el difícil campo de batalla colombiano, donde tanto ellos como el Ejército se desgastan en este conflicto cruel que en sí mismo tiene las causas de su inmortalidad: la pobreza de casi la mitad de los colombianos, la desigualdad que nos deja en el vergonzoso puesto de terceros después de Angola y Haití… A menos de que la súperreforma burocrática que hizo la semana pasada el gobierno funcione y se traduzca en bienestar efectivo de todos los colombianos, la solución para el conflicto seguirá siendo matar guerrilleros (que por guerrilleros no dejan de ser colombianos) en vez de “matar” los motivos que los llevan a las armas (no a los líderes sino a los campesinos y jóvenes sin educación que entran a las filas de la guerrilla).

Enlazado a lo anterior viene el lucrativo negocio del narcotráfico, el cual el gobierno dice estar disminuyendo a niveles sin precedentes. Quizás sea cierto que se ha avanzado, pero nada en lo fundamental: se sigue patrocinando la idea de que el drogadicto (otra víctima de este catalizador de nuestra guerra) es un criminal, y no se rompe ese tabú de la regularización (tal es el tabú que tenemos que hablar de regularización en vez de ser francos: legalización) como opción seria en el debate para darle al Estado, que somos todos, parte en ese negocio, y a los adictos (que necesitan ayuda médica) asistencia y apoyo.  No obstante, seguimos condenando al satanizado marihuanero, como si fuera más nocivo para la sociedad que los corruptos de la DNE que no se hacen daño ellos con sus decisiones, sino a todos con su incompetencia.

Y por último, el más absurdo ejemplar de esta lógica nefasta es contra los estudiantes, de parte de la facción más retardataria y ultramontana de la godarria colombiana desde la trinchera de Francisco Santos, ese hombre que nadie toma en serio pero que por no ser tomado en serio tampoco puede salir a promover represión de talante dictatorial ante un derecho constitucional como protestar pacíficamente. Cerrando nuestra absurda lógica para resolver nuestros problemas: la solución no es enfrentar nuestro retraso educativo y ofrecer universidades competentes para que los estudiantes vuelvan a clase y se preparen para el progreso y así acabar con las protestas. No. La solución está en electrocutarlos, arrestarlos, callarlos y desvirtuarlos porque invaden una vía pública.

@VicentePerezG

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12

11

2011

Vicente Pérez

Las guerras del siglo XXI*

Por: Carlos Vicente Pérez

Históricamente la humanidad ha sido marcada con un sinfín de sucesos que han desarrollado, indefectiblemente, la sociedad en la que vivimos. Y es esta sociedad con una memoria tan extensa la que nos recuerda los errores del pasado para evitar cometerlos de nuevo en un futuro; esto se oye constantemente, pero ¿y el presente? Realmente, el presente, aquél tiempo que es únicamente nuestro ha sido relegado constantemente por un futuro efímero y así los problemas que heredamos acostumbramos reprocharlos a nuestros antecesores e invertimos nuestros esfuerzos en elaborar un futuro mejor, en vez de querer un presente mejor. En este orden de ideas, fueron nuestros antepasados los que delimitaron nuestro presente, y somos nosotros quienes daremos las condiciones de su presente a las generaciones futuras, pero esto debe corregirse pues la tarea de construir una sociedad ecuánime para nosotros no debe aplazarse sin más.

Ahora, el devenir de la humanidad ha tenido rasgos lamentablemente violentos, de los cuales tenemos todavía mucho por aprender, pero sin contar el aterrador número de vidas que el desequilibrio mundial ha traído (lo cual considero incalculable) podemos considerar nuestra naturaleza agresiva, pero también racional: es una gran ventaja. En estos tiempos enfrentamos una realidad difícil pero alentadora en la medida en la cual las gestas más difíciles han producido los eventos más productivos, como los que los héroes memorables han sabido afrontar. Cuando me refiero a una naturaleza agresiva y racional a la vez, que es positiva quiero decir que los conflictos son positivos, claro (como también los hay negativos, por supuesto) y es la razón la que los hace positivos, de esta manera los conflictos ideológicos, las  guerras ideológicas son las que producen evolución, diferencia y superación cultural, son éstas las guerras que debemos generar en nuestro tiempo, pero saberlas generar y lo más complicado, a su vez peligroso: saberlas llevar.

Guerras ideológicas en un sentido estricto no hemos presenciado jamás, ya que si bien las diferencias entre el comunismo y el capitalismo, por ejemplo, se pueden considerar una guerra ideológica, han desembocado en una guerra bélica, es decir, solamente en guerra. Y esto es lo nocivo, pero los jóvenes de un hemisferio y otro hemos visto tantas veces las caras de dolor y tristeza en nuestros pares como resultado del desequilibrio y la carencia de paz, el hecho de que un humano, (¡la única raza consiente de sí misma!) Se agreda y agreda a los demás es cada vez más nefasto, inaceptable.

Un mundo pacífico no implica un mundo exento de conflictos ideológicos, o de diferencias, pero sí debe ser un mundo sin violencia, debe ser un mundo humano. Para hablar de nuestro planeta “humanamente” debemos ser ante todo racionales, con nosotros, con nuestro prójimo y por ende con la naturaleza. Estamos en un planeta multipolar en más de un sentido, y lo sabemos, pero no toleramos la diferencia cultural y ahora, un mundo pacífico no debe ser un mundo uniforme, es decir, debemos desarrollar dentro de cada persona la tolerancia a un mundo pluralista, posiblemente no sea esta la receta perfecta para la pobreza directamente pero seguramente aceptándonos todos dentro de un mismo planeta del cual somos responsables, sí lograremos sanar o solucionar por lo menos las desigualdades sociales pues siendo todos diferentes, todos autónomos ¿cómo decidir quién es más que otro si no podemos establecer un patrón de comparación? Ya que la nación o la persona más rica no será quien más tenga, sino quien más de, bienes, conocimientos, etcétera.

¿Es posible? La esperanza es la que nos sostiene, y las generaciones más recientes, junto con las más antiguas sabemos que sí podemos pero necesitamos un tiempo de introspección para generar un cambio que no está en los demás sino en nosotros mismos.

La tecnología avanza a pasos sorprendentes y todo esto lo debemos dirigir hacia el beneficio de todos, pues si nos vemos conducidos hacia un mundo simplista, donde un lugar se conecte con su antípoda en cuestión de segundos es maravilloso, pero nosotros los humanos, hombres y mujeres no debemos simplificarnos, pues nuestras más recónditas raíces nos revelan como una raza compleja, interesante y sobre todo, pensante.

Seguramente no necesitamos más dolor, ni más hambre para darnos cuenta que ha llegado el momento, ¡África, América, Asia, Europa, Oceanía unidos por el sentido común de la humanidad!

Cúcuta, 2010

*Artículo participante del Concurso internacional de ensayo 2010.

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09

11

2011

Vicente Pérez

¿Fin del fin? ¿Y los menores?

Por: Carlos Vicente Pérez

En vista de las declaraciones en la opinión pública que han rondado durante estos días —luego del abatimiento del comandante en jefe de las Farc, alias Alfonso Cano—, sobre el posible acercamiento del (es muy apoteósico) fin del fin del conflicto armado colombiano, declaraciones contrastadas con los comunicados oficiales tanto de las Farc como del Eln quienes con artificial vehemencia y un discurso que no se creen aseguran seguir adelante por la causa revolucionaria, y todo lo anterior sumado al proyecto de ley que promueve el gobierno llamado Marco para la Paz, me surgen preocupaciones sobre este lejano final.

Por un lado, está el proyecto de ley, que busca elevar a rango constitucional la justicia transicional en aras de nuevas demovilizaciones de grupos armados ilegales y acelerar el proceso de verdad, justicia y reparación, que de uno u otro modo es imaginable la primero y lo tercero, mas no la justicia… A este proyecto se han opuesto congresistas de la misma Unidad Nacional, el caso del representante liberal Guillermo Rivera, quien argumenta que dicho marco beneficiaría a los miembros del Estado, y que la anhelada justicia se pueda convertir en impunidad al abrir la posibilidad -por ejemplo- de un indulto a delitos de lesa humanidad, acción contraria a lo firmado por Colombia en el Tratado de Roma.

Por el otro lado están los insurgentes, quienes con su terrorismo hacen más doloroso esta crónica de una paz (aunque sea forzada) anunciada. La guerrilla seguramente buscará reorganizarse y camuflar su inestabilidad con acciones terroristas aisladas pero de gran eco. Nunca en toda la historia del conflicto los grupos insurgentes habían estado tan ensimismados y humillados como en este momento que parece haber pasado el punto de no retorno en la ofensiva de las FF.MM. y la guerrilla, muy a su pesar, tiende a hacer de su agonía la muerte de muchos colombianos más.

Aun así, cuando en las ornamentadas salas del Congreso los parlamentarios debaten, o simulan debatir lo que ya se aprobó en la mesa de Unidad Nacional, y en la selva (o en las Montañas —según las guerrillas—) de Colombia se vive esta absurda guerra, de un lado y de otro se está omitiendo una verdad tan cruel como la del secuestro y las balas: la participación de menores en el conflicto. Esta verdad no puede ser ni omitida, aceptada resignadamente ni negada, y los colombianos hemos olvidado a esos niños a quienes el conflicto les ha robado el candor de su niñez sumiéndonos en una indolencia terrible.

Por ahora, muy probablemente, en la selva se sigan matando y en el Congreso se seguirá planeando el fin de esa matanza: tan eunuco lo uno como lo otro. Pero para que Colombia logre la paz debe recuperar su dignidad, y la de todos los colombianos seguirá por el piso si un menor debe alzar un fusil y botar un lápiz. Quizás sea abandonando ese camino (también la liberación de los secuestrados) y ningún otro, como nos acercaremos al verdadero fin del fin.

¡A PROPÓSITO! El director de El Espectador ofreció un mea culpa en un vídeo sobre el abordaje superficial de las marchas estudiantiles, un acto de valor y compromiso periodístico. Ojalá termine esa limitación sobre si hubo o no violencia en los disturbios, y el Gobierno deje de esperar el cese de la insistencia estudiantil. Omitir no es la vía.

@VicentePerezG

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10

2011

Vicente Pérez

Carta 7000 millones

Por: Carlos Vicente Pérez

¿Dónde naciste? ¿Ya naciste? Bueno, pues organismos internacionales dicen que sí, que tú eres el habitante número siete mil millones de nuestro planeta. ¡Bienvenido (a)!, aunque es improbable saber con exactitud si seas hijo de una familia pudiente (entérate: en el mundo al que llegas hay familias pudientes, que son las que tiene cómo vivir con holgura, otras que son sobradamente ricas y la mayoría: pobres. No creas que aquí todo es lo mismo) o si engrueses las filas de la pobreza extrema. Quizás seas europeo, digamos, escandinavo, bien por ti, mas, si, como muy probable, naciste en un país no industrializado la bienvenida deja de ser tan entusiasta. Es más, pequeño, no sé si sobrevivas tu primer año, como le sucede a muchos bebés en el cuerno de África, o por qué no, le estoy escribiendo a un futuro presidente de los Estados Unidos. Hay una hipótesis que me aterra: deseo que no hayas sido hijo de un desplazado colombiano, no porque los desplazados colombianos no merezcan hijos, sino porque tu inocencia no merece ser recibida con las vicisitudes inhumanas con las que vive esta población ante el paseo indiferente de muchos.

Como habrás notado, hay revuelo por tu nacimiento, que espero que sea un nacimiento y no un aborto, por ejemplo, forzado como en China. Quizás te hagas la misma pregunta que yo: para qué nacer en este mundo. Bueno, ya te acostumbrarás a vivir  con ese interrogante, pero entenderás poco a poco, que este mundo al que llegaste es realmente hostil y muy desigual. No es tu culpa, pero sí es cierto que sostener una población de siete mil millones de humanos, esa especie a la que pertenecemos tú y yo y que es tan depredadora, es una tarea no cumplida, y difícil de cumplir, mejor: imposible si continuamos con el mismo orden económico. Disculpa hablarte de esta forma, pero no es sencillo ubicarte en el planeta con su complejidad, pero te explico: hay un orden de las cosas, un orden económico que no lo decidiste ni tú ni yo, pero en el que ambos vivimos y como notarás cada vez más, ese orden (que se supone lógico) hace cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

Ya crecerás y notarás tu entorno, alguien te mencionará los cambios que ha dado este lugar y entenderás, por ejemplo, que este tipo de comunicación artificial no ha existido siempre, y que de hecho, nada de lo que hay aquí ha existido siempre, pero muchos modelos se intentan perpetuar.

Es difícil entender la situación en la que estamos, pero por eso no te amargues, sólo comprométete a ser uno de los pocos humanos que actúa con responsabilidad, y disfruta tu vida: juega, ríe, comparte, respira, aprende: ¡vive! Y de la manera más sincera espero que eso hagas, que vivas, y que en unos años tú y yo, con millones de personas más encontremos la solución para mantener a los más de siete mil millones de personas que compartirán este mundo con nosotros y a los que no se les puede negar la vida por negligencia ni por incompetencia de políticas desiguales.

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10

2011

Vicente Pérez

El fin del mundo*

Por: Carlos Vicente Pérez

La superstición es algo inherente a los seres humanos, algo muy frecuente en nuestros días, algo que muchos usan para explicar lo inexplicable negándose a la razón. Y es que la razón y la superstición (o trascendencia, metafísica, o como quiera llamársele: religión) son irreconciliables aunque muchos argumenten lo contrario.

Hace unos meses Stephen Hawking –el físico teórico más famoso del mundo– avivó polémica al afirmar que el cielo no existía y era una idea para quienes le tienen miedo a la muerte; un estudio este año publicó que en una década varios países desarrollados –del corte de Países Bajos o Suiza– dejarían de lado la religión; hace varios meses El Tiempo publicó que los colombianos tienden a ser más religiosos pero menos católicos, que las iglesias protestantes en Colombia se han multiplicado impresionantemente al igual que otras religiones han crecido. A mí me parece una noticia genial en estos tiempos de crisis económica, la gente tiene que ser recursiva.

Pero no voy a arremeter contra las religiones, ese trabajo se lo dejo al señor Hawking o al doctor Rodolfo Llinás, para mí que crea cada quien lo que la parezca. Lo que sí no puedo tolerar es la estupidez a la que conducen algunas religiones que fanatizan a sus seguidores, y ahí sí le hallo la razón a los pastores cuando dicen tener ‘ovejas’, pues esta gente pareciera que no viera más allá de un metro de distancia.

Falsos profetas ha habido muchísimos, y aunque suene cruel me río de la gente que se reunió en el año 2000 a esperar el fin del mundo y se terminó suicidando, definitivamente les llegó el fin del mundo. Me río también de los que esperan el 21 de diciembre de 2012, como  de los mentecatos que viven enviando mensajes repitiendo que en la Biblia dice que habrá terremotos, se levantarán guerras entre las naciones, los días se harán más cortos (cuando los días cada vez se hacen más largos por simples leyes físicas), y una cantidad de argumentos más. Como si todo lo que dijeran fuera algo propio de nuestros tiempos “apocalípticos”.

Dentro de todos esos impostores están los que predican esa mezcla abominable de creencias a la que denominan New Age: sí, esos que se inventaron el cuento de El Secreto. También el pastor Harold Camping, quien anunció que el fin del mundo sería el 21 de mayo, y luego de su evidente fracaso repitió el embuste arguyendo errores de cálculo y que el fin del mundo sería este 22 de octubre.

Gran cantidad de personas se unieron a su campaña para anunciar el fin del mundo, hubo quienes invirtieron cientos de miles de dólares en publicidad para proclamar que sólo se salvarían quienes tenían fe. El mundo no se acabó, la vida continúa y los pobres incautos que hicieron sus donaciones reclaman rabiosos para que les devuelvan su dinero: ya verán.

Aprovecharé este espacio para iniciar una gran obra: ayer tuve un sueño en el que estaba en mi casa, encendí el computador, miré el calendario y era 22 de diciembre del 2012, salí a la calle y me encontré con la gente de siempre, y un anciano se me acercó y me reveló el verdadero Secreto.

–Escúcheme mijo –me dijo solemnemente– el mundo se va acabando para quien se va muriendo. Anúnciele la verdad al mundo.

Luego el anciano fue levantado por palomas blancas y se desapareció en los aires.

Es cierto, quien quiera creerme puede dejar su comentario y le diré dónde puede hacer las donaciones para llevarle la verdad al mundo. Amén.

*Por compromisos no pude escribir un artículo para esta semana, sin embargo, con motivo del segundo fracaso de las profecías fanáticas de Harold Camping, publico esta entrada que la escribí y publiqué en mi blog personal en mayo, para los días de la primera farsa en este año. La siguiente semana seguiré con actualidad. Saludos.

@VicentePerezG

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