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02
01
2012
Renny Rueda Castañeda

La condición humana. Observación al señor decano de la facultad de economía de la Universidad de los Andes.

Por: Renny Rueda Castañeda

(Escrito “Chicas Plásticas”. Alejandro Gaviria. Aquí).

En la actualidad en Colombia existen diversos debates en la agenda educativa que tarde o temprano han de ser abordados. En medio de esta discusión, las universidades representan uno de los más importantes protagonistas en su calidad de estadios de formación intelectual y cultural de la ciudadanía. Al respecto dos elementos han de considerarse con rigurosidad. En primer lugar la adecuada implementación de formas de enseñanza que estimulen en los estudiantes los hábitos de estudio y análisis, no como una penosa tarea sino como una  actividad natural de la vida. En segundo lugar, los principios, valores y objetivos de la enseñanza, ya que esta no solo es capacitación sino también adoctrinamiento.

Si en la sociedad colombiana existe un elemento que pudiese definir fracasos de esta, en episodios de su historia como proyecto social, este sería la inexistencia de una sólida ética que permita rechazar las diversas formas de explotación de la dignidad. En contravía de innumerables esfuerzos de personas honestas, durante mucho tiempo se defendió una lógica del facilismo ostentada por quienes han antepuesto el fin a los medios. En consecuencia se impuso un abordaje falso del mérito en el que se le atribuyo valor a lo artificial descartándose las verdades razones por las cuales un país podía desarrollarse. La sobrevaloración de la apariencia y la justificación de esta en una sociedad como la colombiana, no solo no es una condición natural, sino al contrario la más fehaciente muestra de ausencia de fortalezas culturales y políticas de fondo para lograr superar problemáticas internas en medio de una dinámica capitalista omnipresente.

La fácil explicación que pretende hacer el señor decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes al considerar fenómenos como la demanda de cirugías en Colombia como una condición más de humanidad, no solo es falsa, es insólita. Esta representa una tacita legitimación discursiva de un fenómeno de inversión de valores en donde el físico como activo de éxito en vida, incluso si este es creado con cirugías, se antepone a las cualidades de la persona como ser humano. En países como Colombia, social y políticamente fragmentados, el problema es mayor cuando estos elementos se reproducen no solamente en la esfera personal sino también profesional y laboral.  La reproducción de estas formas de comprensión de la vida social como si fuesen una inevitabilidad, se presentan con más frecuencia en los países en donde la competencia basada en las capacidades, se confunde con la competencia basada en la apariencia, en el estatus socio económico, el apellido o la raza. En suma, la construcción de un orden político que valora lo mediocre, siempre y cuando sea lucrativo y socialmente  tolerable. El equivocado abordaje del ejemplo no solo no es explicativo de la condición humana, sino representa uno de tantos problemas culturales, políticos y sociales actuales en un proceso de construcción de valores humanos.

Pretender que las nuevas generaciones de las distintas universidades deben construir la vida aceptando como naturales inequidades surgidas por la defensa de cánones socioculturales excluyentes es enviar un mensaje equivocado y nocivo. El hecho de que países como los Estados Unidos en la actualidad pretendan vender la imagen de una cultura abocada a diversas formas de escandalosa superficialidad, no es un indicador de la naturaleza humana. Es más bien una demostración de los problemas culturales de una nación que en medio de una abundancia material, es incapaz de afrontar complejas problemáticas económicas y políticas locales en donde una dinámica capitalista hizo mella desde hace décadas corrompiendo el sistema político. Las dramáticas consecuencias de esta dinámica se ven representadas en el precio que poblaciones vulnerables o excluidas pagan tanto dentro del territorio del país del norte, como en territorios lejanos. Adicionalmente los ejemplos sugeridos de naciones como China, Brasil o India, de los que lastimosamente se carece de cifras, no son explicativos de una inercia natural. De existir pueden considerarse más bien indicadores de una lógica en donde la mercantilización del ser humano por las leyes del mercado toma una dimensión patológica.

Preocupa que este tipo de imaginarios sean los que se defienden en la universidad de mayor influencia política en el país. Es precisamente el análisis crítico de fenómenos sociales y políticos contemporáneos el que permite no solamente comprender los problemas de una nación, sino también brindar soluciones. La legitimación de un esnobismo academicista que refuerza imaginarios culturales distorsionados de la realidad sin hacer un balance riguroso del origen de los hábitos sociales, es tan nociva como la ignorancia. La verdad no es una sola, no es aséptica a un orden político dominante, y no es la misma en todos los rincones del planeta. Las motivaciones e intereses de las racionalidades humanas son tan variados como complejos. La noción de que el ser humano se debe mover primordialmente motivado por una racionalidad económica es una aproximación falsa y altamente coartada de lo que representa el hombre. Más allá de la acumulación de capital, o de la idea de concebir la vida como un estado de producción material o de competencia darwinista, existen principios, ideales, costumbres, prioridades, dinámicas históricas y aproximaciones a un universo que se construye con creencias, conocimiento y formas de comunicación. El materialismo como filosofía superior es más propio de países pobres o ricos con problemas democráticos, sociales y culturales, que la razón ultima por la cual se construyen órdenes políticos a los cuales se les puede considerar desarrollados. Las más importantes creaciones humanas en una dimensión holística del término han sido llevadas a cabo más por una pasión o un sueño que por una recompensa económica o material especifica. Al contrario, la forma más fácil de identificar lo vulgar y animal, es asociarlo a las motivaciones más elementales del hombre como especie.

Las prioridades de una sociedad determinan su grado de madurez y comprensión de lo que representa la humanidad como un proyecto. La academia hace parte de este esquema. El conocimiento como herramienta puede bien construir y legitimar tanto los más perniciosos e injustificables discursos e inventos; como las creaciones, ideas y las formas de organización más armónicas con la verdadera naturaleza humana. Una que no está escrita.

El autor contesta inquietudes o sugerencias en el correo[email protected]

Renny Rueda Castañeda

Categoria: General

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