BLOGS Política

07
03
2014
Renny Rueda Castañeda

Democracia directa y participativa en Colombia. Ecodemocracia y las condiciones de mi aspiración al senado*.

Por: Renny Rueda Castañeda

 

A finales del siglo 18, la Toma de la Bastilla significó el punto de inflexión de una historia de tensión social y política que la Monarquía francesa forjó por siglos. Así por primera vez en la biografía de occidente, un apogeo de la racionalidad caracterizado por la dimensión cultural que alcanzó el movimiento europeo de la Ilustración, derivó en la más significativa transición institucional de que se nutre la historia moderna. Con la revolución francesa, entonces, las masas hallaron por primera vez una voz política, cuyo protagonismo fue inercialmente acogido por la burguesía y por una minoría educada que representaba los intereses de las clases más vulnerables.  Desde la fecha, casi sin excepción los estados modernos se han constituido inspirados en el modelo de democracia representativa. En el presente siglo, casi sin excepción, la democracia representativa se muestra disfuncional, ajena al diálogo con una sociedad probablemente con mayor ilustración que la de su clase política y cada vez más consciente de problemas sistémicos que ni siquiera países de renta alta han podido evadir.  Con los años, la sociedad ha desarrollado la sospecha válida de que con la complejizacion de su vida social; las instituciones y las personas llamadas a representarlos, tienden más a representarse a sí mismas y a sus propios intereses, haciendo de la democracia un rito compuesto por votos que se renuevan cada cuatro años, pero que durante el resto del tiempo mantiene a la población marginada, sin dar abasto en la atención de demandas. (más…)

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18
02
2014
Renny Rueda Castañeda

Despedida. Lanzamiento de candidatura al Senado. Ecodemocracia.

Por: Renny Rueda Castañeda

Despedida. Lanzamiento de candidatura al Senado. Ecodemocracia.

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Buenos días,

A partir de este momento, me despido formalmente del espacio que generosamente me ha provisto durante los últimos tres años y medio el periódico El Espectador. La razón se debe a que en mi calidad de candidato al Senado de la República por el Partido Liberal de Colombia, doy inicio en este momento a una campaña política, y aun cuando he comedidamente solicitado a la dirección del periódico una reunión para socializar el alcance de este proceso, y explorar las posibles implicaciones que pueda tener sobre la objetividad de los contenidos y los intereses del periódico, a la fecha lastimosamente no he obtenido respuesta. Hago por ello uso de esta entrada para manifestar  mi agradecimiento, y anteponerla como última contribución al periódico, estimando interpretar la que en estos casos suele ser la opinión de los consejos de dirección de los medios de comunicación domésticos. (más…)

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10
02
2014
Renny Rueda Castañeda

Crepúsculo de la democracia representativa. Democracia directa, de base científica y electrónica..

Por: Renny Rueda Castañeda

La negación de la historia, latente en las perspectivas relativistas de la sociedad, encierra una creencia abnegada en la afirmación de que la realidad es en sumo grado una construcción social. En el subconsciente de muchos individuos, el cobijo psicológico  y emocional que brinda tal aproximación, se justifica a través del mantenimiento de formas de convivencia política y civil tradicional, que niegan la condición evolutiva y perfectible de la vida humana. Hoy, en la vida política de países como Colombia, en medio de la velocidad y el grado de penetración de la información corporativa en la ciudadanía, una nueva consciencia institucional se forma en silencio. Ella está representada por la incremental capacidad de la población, especialmente la joven, de concebir la política no como un debate de irreconciliables esquinas ideológicas, sino como un constructo dialógico y cultural perfectible, hecho por cada uno de los ciudadanos en el proceso de vivir en sociedad, de coordinar a niveles incrementales de sofisticación en cada uno de los episodios de su proyecto vital.

Con la ciencia, sin importar el territorio al que esta pertenezca, la ideología como propuesta programática partidista se convierte cada vez más en una vacua sugerencia. La –para algunos- indescifrable apatía que rodea la democracia representativa, entonces se convierte en una trompeta que anuncia un periodo de la historia humana, en el que la ciudadanía marginada de la toma de decisiones, era sugestionada para fracturarse electoralmente en partidos políticos. (más…)

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31
01
2014
Renny Rueda Castañeda

3 de Febrero. La primera posibilidad de democracia de base tecnológica, deliberativa y directa en Colombia (VIII/X)

Por: Renny Rueda Castañeda

La concepción de la democracia como el ejercicio de representación de las decisiones de la ciudadanía, es una construcción histórica que a pesar de su antiguo origen, se reprodujo en la mayoría de los países del mundo reciente sistemáticamente. Con la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y el dominio de las formas de estado occidental sobre exploraciones aun no influenciadas por la presión de organismos internacionales como la ONU, la democracia representativa rápidamente se convirtió en una norma internacional que buscaba legitimar formalmente nacientes estados nación. Este proceso, que en apariencia se ve ausente de conflictos, estuvo en realidad signado por una acelerada carrera de diversas poblaciones de legitimar formas institucionales como sistemas democráticos, creando fragmentados proyectos sociales como en Latinoamérica, o criticas exploraciones civiles como en el África. A la fecha no obstante, la democracia, como todo constructo social en evolución, lentamente se descarga de su corporización institucional, para convertirse en una demanda consustancial a formas ciudadanas que aun lejanas, son lentamente exploradas colectivamente en contadas geografías del mundo.

En Colombia, aun cuando para gran parte de los actores políticos la existencia de formas de democracia deliberativa directa o científica pueda parecer un constructo ajeno a sus actuales intereses, la tecnología abre por primera vez un camino para que sea la ciudadanía la que se represente a sí misma. Este concepto, que ha sido explorado en territorios como Suiza, Letonia, Austria, Finlandia o incluso Argentina (Buenos Aires), se consolida cada vez más como un imperativo histórico que pueda limitar la mediación entre la política profesional y el estado, convirtiendo al ciudadano en político y despojando al político de su innecesaria capacidad de influencia sobre los asuntos públicos.

El día Lunes 3 de febrero, la Organización Ecodemocracia (www.ecodemocracia.co) pone a disposición de la ciudadanía, una herramienta para que sea ella misma la que se representa ante corporaciones como el Congreso De La República. Para que este proceso se dé, se requiere no obstante que los candidatos actuales a corporaciones se sometan a un decálogo operativo, que establece entre otras condiciones, que en definidos proyectos de ley, los congresistas votarán de acuerdo a como vote la ciudadanía en la plataforma web.

http://blogs.elespectador.com/coyuntura_internacional/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

Hoy, las dificultades de explorar en la realidad nuevas formas civiles descansan ante todo en las limitaciones culturales de la población para aprender que a través de formas alter institucionales, la democracia, así como la política está en constante evolución. Por ello, a diferencia de la visión errada de actores políticos con acceso a medios de comunicación, y con influencia sobre la opinión publica, la democracia descansa ahora  más que en ninguna época de la histórica en el ciudadano. A espaldas de actores y formas institucionales que han buscado despojar al individuo de su rol político y su aún inexplorada y basta dimensión civil, la tecnología se presenta como el conducto natural para dar un cambio sustancial en la historia. Es difícil pretender que otra dirección pueda tomar el mundo, las exploraciones democráticas más avanzadas institucional y culturalmente, así con lentitud lo están haciendo una realidad.

 

Renny Rueda Castañeda

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26
01
2014
Renny Rueda Castañeda

Sociedades de base científica. Hacia otra democracia. VII/X

Por: Renny Rueda Castañeda

Las formas de democracia representativa actual oscilan en construir estructuras civiles a partir de intereses corporativistas, o agendas de los gobernantes de turno, mientras tanto, la capacidad organizacional de las sociedades queda marginada a seguir los patrones culturales y sociales que estos actores determinan con sofisticación en los medios de comunicación. Con ello, la democracia de partidos financiados por actores influyentes económicamente y gobiernos sostenidos por medios de masas, se evidencia lentamente como un sistema en crisis. En el contexto, la única razón por la que continua su existencia es porque la sociedad está ausente física, cognitiva e ideológicamente de la acción política, y porque la industria audiovisual desarrolla un clima de normalidad en medio de contingencias que se abisman incontrolables.

Las formas de organización actual son incapaces de contener la evolución e influencia de actores que concentran poder, y que equivocadamente conciben la sociedad como un ente auto regulativo o de oposiciones ideologicas irreconciliales mientras este no ponga en riesgo su posición política o económica. A lo largo de las décadas precedentes, la marginación de las sociedades en el debate de la vida pública ha hecho que los individuos se desentiendan de la trascendencia del ejercicio de la política, y por ende se vean desplazados a asegurarse fuentes de existencia digna que reducen los beneficios de la mayoría, y los convierten en actores productivos de una competencia en lograr una posición ostentada por una reducida porción de la sociedad. El destino de las sociedades no obstante no está determinado por las minorías. Por ello, en Colombia urge un cambio fundamental del orden político que remplace la desenfrenada competencia basada en construcciones culturales corporativistas o de actores de opinión, por una basada en méritos y conocimiento. Con ello, se debe iniciar un proceso que remplace mecanismos coercitivos institucionales, por dispositivos organizacionales y fortalezas culturales que aseguren la inclusión de la sociedad en el proyecto de construcción de un orden sostenible. (más…)

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25
01
2014
Renny Rueda Castañeda

El medio ambiente en Colombia. Hacia otra democracia. VI/X

Por: Renny Rueda Castañeda

Destruir el medio ambiente no es propio de una nación desarrollada. Al contrario, en la actualidad es la muestra más tangible de un sistema político que hace agua tratando de controlar la presión de actores y dinámicas externas sobre la vida nacional. Un diagnóstico riguroso de los efectos de la deforestación sobre la riqueza biológica, ecosistémica, hídrica o cultural de los bosques húmedos y zonas de reserva natural estratégica en Colombia, es un proyecto que escapa a los recursos y capacidades nacionales actuales. No existe sin embargo duda respecto al balance negativo. En un mundo que requiere constantemente contener la emisión de gases invernadero que alteran el equilibrio geotérmico, la conservación de la Amazonía no solo es una necesidad, sino a su vez un activo que conforma la autoridad moral latinoamericana en la construcción de un modelo de desarrollo global sostenible. No solo en la retórica de las naciones de alta industrializacion, sino en la práctica vital de economías de periferia.

En la actualidad, la sociedad colombiana en general desconoce la dimensión del problema. Gran parte de la agenda nacional concentra el interés de la ciudadanía más en el día a día de los movimientos de poder en los estamentos gubernamentales, que en los requerimientos para lograr niveles de organización social alternativos y viables. El sistema de gobierno representativo, por otra parte, desplaza la responsabilidad cívica de los individuos a la esfera del voto. Con ello, la importancia del ejercicio constante del debate público y del dialogo ciudadano, queda franqueado por el esquema de participación política en el que la persona es aislada. Así, en temas fundamentales de organización nacional, la ciudadanía en general traslada sus responsabilidades al gobierno. En este escenario, el estamento implementa una agenda distante a la realidad que pretende organizar problemáticas altamente complejas desde la lejanía del poder.

En el caso del medio ambiente, las posibilidades de que el gobierno central actual logre controlar el existente proceso de destrucción de frágiles y ricos ecosistemas parte del territorio nacional son ínfimas. Gran parte de la instrucción cognitiva de la ciudadanía considera natural un proceso de “desarrollo” espontáneo, urbanístico y horizontal, cuyas consecuencias son devastadoras para el medio ambiente. Por otra parte el mensaje gubernamental en el que se presenta la minería expansiva como estrategia de desarrollo contradice elementales agendas de desarrollo de las sociedades más avanzadas políticamente en el mundo, así como estudios contemporáneos críticos de esquemas de desarrollo insostenibles medioambientalmente, como en los Estados Unidos o China, y los que tuvieron lugar en algunos países de Europa en el siglo pasado.

Mientras que los intereses de la ciudadanía se desplacen más a la esfera del consumo que a la esfera de una producción y organización social de base científica y tecnológica, las probabilidades de hacer frente a las demandas de un mercado actual omnipresente e invasivo culturalmente son dramáticamente bajas.

En Colombia, probablemente junto con la agenda educacional y competencial de la ciudadanía, existe otra de similar importancia, y es la inexistencia de mecanismos de democracia participativa en donde se redefina el rol de cada individuo en temas sensibles como el medio ambiente. Fácticamente se puede presumir que el gobierno está incapacitado en la actual configuración para contener el impacto de capital multinacional en la vida política del país. La potencial destrucción de la Amazonía por ejemplo, puede ser un camino crítico de esta patología.

Pretender convertir a Colombia en un nodo global de explotación de materias primas como Canadá, Rusia, los Estados Unidos, China o algunos países del África, cuyos territorios han sido reventados con inquina; no solo es un error. En pleno siglo 21 es sobre todo un acto de ignorancia.

La ubicación geográfica de la nación y sus características eco sistémicas, lo hacen el segundo (2do) país con mayor biodiversidad del mundo. Poseedora de más de la mitad de la superficie mundial de páramos, cubierta en más de un 40% de todo su territorio por la Amazonía, con el mayor número de especies vertebradas por área del globo (3,376 especies registradas). Con la mayor diversidad ornitológica del planeta -el número de especies de aves que habita la geografía supera las 1,880-. Después del Brasil, con el mayor número de especies de plantas del mundo. Muchas de ellas aún sin ser registradas y en claro peligro de extinción.

La geografía nacional se localiza en la región mundial de mayor precipitación de agua, cuyos efectos sobre el desarrollo de una biomasa densa y excepcional son estratégicos para la formación de vida. Junto con China, Indonesia (estos dos países con unas de las mayores tasas de destrucción del medioambiente y deforestación contemporánea), Kenia, Brasil, Congo, Nueva Guinea y Australia, entre otros; Colombia es uno de los 15 países considerados megadiversos por la riqueza y excepcionalidad de su ecosistema. Parte de la lista del centro de monitoreo de conservación del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente.

Con apenas 1,1 millones de kilómetros cuadrados, a pesar de sus reducidas dimensiones en comparación con Rusia (17,1 mill.), Canadá (10 mill.) y Brasil (8,5 mill.), el país ocupaba hasta 1990 el cuarto lugar en riqueza hídrica. Una potencia. La deforestación la ha hecho rezagarse aceleradamente con cada año que pasa. La desaparición de los ríos es uno de los problemas de mayor impacto medioambiental, sanitario, agrícola y sistémico. La causa fundamental es la tala indiscriminada de los bosques del territorio, que ocasiona la disminución de la capacidad de absorción de precipitación de la tierra, y con ello el incremento de las inundaciones o en su defecto la sequía; una de las razones por las cuales grandes extensiones de África han perdido su capacidad de resistir el cambio climático. En los últimos 5 años, en toda Colombia la cifra de deforestación de bosques puede ascender a 800 kilómetros cuadrados por año. De entre todos los países del mundo, en donde la gran mayoría cuenta con medios ambientes áridos en comparación con el territorio nacional, Colombia tiene una de las mayores cinco tasas de deforestación de bosque húmedo tropical del mundo. Las cifras parecen empeorar con cada día que pasa.

En la actualidad el debate sobre lo que significa el desarrollo de una sociedad es aun parte de un dilema que solo contados esquemas de democracia moderna pueden encarar. Si la actual administración no tiene intención, o no esta en la capacidad de abordar este punto; debe al menos recordar que a través de los últimos años aún el país se ha mantenido rezagado en materia de crecimiento económico en Latinoamérica; no precisamente por no prestarse a los intereses de quienes pretender mostrar la minería como la solución, sino por desconocer la realidad de los tiempos. Una que demanda formar una sociedad capaz de encarar un futuro complejo, con mayores dificultades que definir si se convierte a un país único como Colombia en un nodo de industrias extractivas.

La ruina de la geografía, el paisaje, los procesos de equilibrio térmico y medioambiental, de las fuentes hídricas originales, y de las formas de vida humana y animal en ecosistemas naturales llevada a cabo por parte del capital internacional destinado a industrias extractivas o expansivas, no tiene ningún precio. Pretender intercambiar la Amazonía por dinero es no solo un mal negocio, sino un extremo de las crisis de los sistemas políticos contemporáneos.

Pensar en cambiar las dinámicas actuales es posible, pero ello implica llevar a cabo esfuerzos fundamentales en modificar modernas estructuras de gobernanza, patrones culturales y mecanismos de participación social corroídos. Este debate puede hacer parte de la agenda pública en tanto exista una voluntad social capaz de impulsar los mecanismos de concientización necesarios para establecer límites a las dinámicas de mercado. En capacidad a la vez de presentar alternativas democráticas de base científica. Otro futuro en suma es posible, pero tiene que ser parte de un nuevo dialogo nacional. Una reconfiguración del concepto del “desarrollo” desde el conocimiento científico y la democracia directa, participativa y de base tecnologica. Una dinámica que parta desde las bases de una ciudadanía activa, única fuente legitima de información para definir la dirección de un orden social futuro.

Renny Rueda Castañeda

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23
01
2014
Renny Rueda Castañeda

Hacia otra democracia. V/X – Democracia y tecnología

Por: Renny Rueda Castañeda

El progreso técnico y su legado surgen como una alternativa que puede revolucionar el orden político actual. La familiaridad de las nuevas generaciones con los dispositivos de comunicación en las últimas décadas ha contribuido decisivamente a la lenta construcción de una ciudadanía que interacciona aceleradamente. La comunicación a través de los dispositivos tecnológicos, reemplaza en tiempo real las limitaciones del espacio, y construye una esfera de discusión que aun siendo abstracta, y habitando servidores lejanos o dispositivos portátiles, es más real que la construida por los medios de comunicación y las grandes corporaciones de difusión de información.

La tecnología crea un lenguaje común. Una forma de entender el mundo a partir de la cual millones de intereses pueden darse encuentro en una solución informática que facilita la toma de decisiones colectivas y el debate. El grado de adaptación del individuo con ella ha llegado a que incluso desde los primeros años de vida, la persona adquiera una intuición propia, casi consustancial, que le facilita guiarse con una razonable certitud a través de programas e información en red. Incluso a pesar de la influencia de grandes casas editoriales, intereses privados que se auscultan bajo la fachada de medios de información como noticieros, periódicos, revistas, portales de internet, o emisoras de radio, hoy en día las personas están al alcance de información que hasta hace unos pocos años hubiese pasado como inadvertida, o incluso “confidencial”, debido a su carácter político. El mundo vive una revolución silenciosa, la tecnología es su vehículo. Ante un futuro aun pletórico de incertidumbres, las nuevas generaciones tienen la capacidad de actuar en una dirección distinta.

En el plano del ejercicio de la participación, deliberación, práctica ciudadana, administración de lo público, la exploración de formas de democracia más inclusivas y de base tecnológica, pueden dotar a la persona de un instrumento real en el que las voces no se superpongan de acuerdo a una posición de poder. Pueden construir una agenda deliberativa o incluso legal que represente las voluntades de sujetos en tiempo real. Reemplazar la vocación equivocadamente llamada representativa del orden político institucional actual, por una arena de debate participativo, desde donde las demandas, los intereses y las voluntades sociales hagan limpio tránsito en igualdad de condiciones al plano de la toma decisiones. No en un simbolismo que se repite cada cuatro años, sino en un hecho tangible, articulado con la esfera más familiar de la persona, capaz de ser ejecutado numerosa y permanentemente por el individuo. Una construcción vigorosa de la esfera pública. Una aniquilación del privilegio de tener voz por tener poder, con ello el comienzo de un embrionario orden democrático futuro.

La democracia no existe aún. Es un proyecto. En el horizonte que configura los deberes políticos de este tiempo, la discusión sobre la construcción de formas de vida democráticas debe ocupar un carácter preeminente. El debate público hoy sufre una distorsión que ha enfermado la vida como propósito. Legitima la destrucción del medio ambiente a niveles de frenética irascibilidad, incrementa la desigualdad global, justifica procesos de saqueo y explotación a una escala industrial, se avizora ingobernable detrás de intereses financieros y económicos. Junto con la permanente acción abocada a solucionar los problemas que urgen, el debate sobre la instauración de un orden democrático serio configura un peldaño más en el proceso civilizatorio real. La reproducción de una narrativa que pretende hacer pasar por democracia el acto del voto es una impostura insólita actual que se reproduce con una facilidad alarmante. Un engaño. Es un deber humano y especialmente moral de las nuevas generaciones plantear un debate permanente frente al tema. No permitirse intimidar por la dimensión de la empresa. Saberse capaces de abordar proyectos políticos que den un sentido distinto a la historia humana.

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23
01
2014
Renny Rueda Castañeda

Hacia otra democracia. Vida política, cientificismo y sistema. IV/X – Democracia o votaciones

Por: Renny Rueda Castañeda

A lo largo de breves siglos pasado, como un legado eurocéntrico, el ejercicio de la participación popular mediante procedimientos de democracias electorales y representativas ha permanecido casi invariable. En términos generales, la ciudadanía como acción, ha buscado reemplazar la responsabilidad política del individuo a la esfera del voto. El voto entonces, como acto y como instrumento de participación, ha sufrido una mistificación que en algunas ocasiones cae en el plano de lo ritualistico. Es entonces, cuando se pretende hacer pasar por democracia la existencia de robustos colectivos políticos de concentración de poder, que con la presentación de un puñado de personas pretende representar sistemas sociales intensamente complejos, compuestos de redes de intereses, deseos y perspectivas de millones de seres humanos. El voto no obstante no es democracia. Por otra parte, hace falta hacer un esfuerzo irascible para pretender considerar que los intereses de uno como individuo, están representados en otro, en la lejanía y los privilegios del poder. En un país como Colombia, esta problemática adquiere dimensiones intimidantes. La razón es fácil de concebir: las asimetrías políticas, culturales, sociales, económicas e intelectuales son abismales. En suma, cualquier consenso basado en la participación se complejiza debido al grado de conflictividad de intereses.

Ad portas de un siglo dominado por la influencia de la tecnología en todas las esferas de la vida, y la interrelación de esta con las nuevas generaciones desde su más temprana edad, es momento de implementar soluciones tecnológicas para los procesos de deliberación y decisión política a todos los niveles. En ese contexto, todo procedimiento de transición hacia nuevos esquemas políticos requiere necesariamente una transformación fundamental en las estructuras culturales de las poblaciones. En este momento en el mundo, pueden existir contados casos de esquemas culturales que coadyuvan mecanismos de democracia participativa, no obstante casos como el colombiano, han de merecer una especial atención dadas las estructurales fracturas culturales y cognitivas que se dan entre sus ciudadanos. Por ello, la democracia esta fundamentalmente vinculada a la interacción de los mecanismos de participación con los actores de decisión: la ciudadanía como sistema.

Las limitaciones de la democracia a la esfera del voto en el caso colombiano han llevado lentamente a la construcción de un orden político altamente ausente de su praxis real, reducido comúnmente a sectores y poblaciones que ocupan históricamente posiciones de poder. Los únicos sistemas políticos actuales medianamente sostenibles se deben a la construcción minuciosa de una ciudadanía con una capacidad crítica probada y la distribución del poder político y económico entre los individuos. Estas limitaciones nacionales del ejercicio democrático no solamente tienen consecuencias sobre la elección de los representantes de poder, sino fundamentalmente sobre la idea del ejercicio del rol civil, el grado de compenetración del mismo con un proyecto político consiente de dinámicas que están afectando estructuralmente la realidad colombiana, y el futuro del orden político.

El debate sobre los sistemas políticos contemporáneos esta en este momento en una etapa embrionaria. No solo a nivel nacional, sino a nivel global las limitaciones de los mecanismos de organización democrática representativa presentan patologías que delimitan en la total inoperatividad de los órdenes sociales, y con ello, en la dominación de las relaciones de poder sobre las relaciones entre ciudadanos. En la actualidad, los Esquemas de democracia representativa absolutamente disfuncional se dan tanto en territorios de renta alta -como los Estados Unidos, Italia, Inglaterra-, como en países de renta baja cuyos ejemplos se cuentan por decenas. La razón por la cual dicha patología es frecuentemente aislada del debate político, es porque favorece la reproducción de ordenes sociales en donde formas de poder determinan la agenda, y con ello la legitimación del sistema, en casos tan antagónicos entre sí como lo pueden ser el norteamericano (sistemas corporativistas), el venezolano (sistemas caudillistas), el colombiano (sistemas desiguales y asimétricos) o el español (monarquías constitucionales), entro otros.

 

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22
01
2014
Renny Rueda Castañeda

Hacia otra democracia. Vida política, cientificismo y sistema. III/X – Breve Diagnóstico

Por: Renny Rueda Castañeda

La dirección del desarrollo económico y político del mundo actual está en crisis. Gran parte de las economías desarrolladas se encuentran inmersas en esquemas de endeudamiento impagable, cuyas responsabilidades afectan más a los pequeños contribuyentes que a las grandes rentas de capital, la explotación de recursos naturales ha devastado gran parte de las reservas forestales globales. Con ello, hoy sobre la superficie del planeta quedan menos del 40% de las selvas tropicales originales, la gran mayoría de estas áreas geo-estrategias se encuentran ubicadas en Latinoamérica, el resto ha sufrido la devastación ambiental del desarrollo Chino, y la permanente y masiva destrucción que hoy tiene lugar en Indonesia.

Las relaciones de desigualdad económica entre los habitantes del planeta se han incrementado como nunca antes en la historia, conllevando no solo la distinción en las formas de vida material, sino también, distinciones de tipo cultural, intelectual y fundamentalmente político. Por otra parte, el poder representativo,corporeizado en los parlamentos nacionales, es sin excepción cooptado por organizaciones de acción política profesionales. La responsabilidad del debate público ha sido desplazada a la esfera partidista. Los ciudadanos no opinan, no conocen, ni discuten los patrones de organización social. La acción política ciudadana ha sido limitada al ejercicio del voto, configurando patologías que se repiten tanto en economías de renta alta como media y baja.

En medio de la situación, las economías industrializadas del mundo se encuentran en crisis de autoabastecimiento de recursos naturales. Países como los Estados Unidos, con esquemas de consumo únicos, importan más del 70% del petróleo que consume de países altamente inestables, incluso quebrantando el orden jurídico internacional actual.

Si todos los ciudadanos del mundo consumieran la cantidad de petróleo convencional por habitante de las economías desarrolladas, harían falta numerosos planetas para abastecer la demanda. Además, desde el año 2006 las reservas de petróleo convencional han comenzado a disminuir paulatinamente a nivel global, configurando una problemática energética que se avizora crítica para un futuro no lejano.

Junto con la explotación desmesurada de recursos, países como China, Rusia, India, y Estados Unidos se niegan a cumplir protocolos de cambio climático , cuyas más nefastas consecuencias se concentran en las poblaciones y países de renta baja. Con ello, todos los mecanismos de equilibrio eco-sistémico y natural se ven afectados.
Entre las consecuencias se puede predecir la desaparición de especies animales, y la ruina de actuales áreas de biodiversidad exótica como los páramos, polos, glaciales y nevados. Aún cuando situaciones de esta naturaleza han sido pronosticadas por el Panel Intergubernamental de cambio climático, que ha anunciado permanentemente la dramática disminución de estos ecosistemas, la dinamica se profundiza.

En Latinoamérica, junto con la desaparición de los ecosistemas, los procesos de destrucción de las reservas medioambientales acarrean adicionalmente la desaparición de especies, el desplazamiento de población civil, el fortalecimiento de relaciones asimétricas de poder político en comunidades sostenibles, la exportación de recursos a países de renta alta en condiciones de inequidad, la destrucción de los paisajes naturales, la contaminación de las fuentes de agua, la pérdida acelerada de especies naturales y vegetales, la implementación de modelos de asentamiento urbano horizontal no planificados, y la reproducción del fortalecimiento de procesos de explotación de mano de obra barata y de poca calificación que no contribuye a modelos competitivos, de desarrollo científico y de servicios contemporáneo. La situación es aún más calamitosa si se reconoce que más del 40 por ciento del territorio colombiano está ubicado en zona Amazónica y la tasa actual de deforestación asciende a la cifra de más de 238,000 hectáreas anuales . En suma, la eliminación de más de 650 hectáreas de selva destruidas por día para estimular un modelo de organización que no es sostenible, que ha logrado niveles críticos de autoabastecimiento en economías de renta alta y que ahora se desplaza a repetir el mismo esquema en países de renta media y baja.

Junto con los problemas de gobernabilidad funcional y territorial, las formas de concentración de poder político y económico del continente se han perfeccionado progresivamente desplazando del debate público el establecimiento de formas de organización alternativas. Las desigualdades en los países modernos han aumentado, configurando tipos de ciudadanía que se distinguen en todas las esferas de vida. Personas con acceso a educación de calidad respecto a personas sin acceso a educación, o carente de formación de alto nivel. Poblaciones con opciones exclusivas de esparcimiento, frente a personas y poblaciones limitadas a formas de esparcimiento público o marginal. Personas integradas al orden social de acuerdo a la raza y la cultura, y grandes poblaciones marginadas de esferas de poder por cuestiones étnicas, raciales y culturales. Personas sin mayor formación ni méritos, asociadas por apellido, circulo social, medios económicos, nepotismo o influencia, a robustas estructuras burocráticas y políticas, respecto a personas marginadas del debate público. En suma, la concentración de poder en manos de selectos ciudadanos que especulan sobre las decisiones de la esfera pública, derivando en la reducción de los niveles de democracia de los países de la región. Se puede sugerir que la mayor crisis actual del continente, está determinada por las asimetrías políticas y económicas, que cada día que pasa, hacen más vulnerable regiones con formas institucionales no maduras, en medio de una dinámica competitiva, agresiva, tecnológica y científica global determinada por actores locales y foráneos con altas rentas de capital.

En medio del contexto, la creación del estado en cabeza de un individuo que rota cada cuatro años y un congreso de aristocracias, fue un invento propio del siglo 17 que con la firma de la paz de Westfalia, ponía fin político a las disputas de poder feudal, de patrimonios hereditarios y de poder monárquico en Europa. Reproducir el mismo esquema en el siglo 21, es un acto de oscurantismo e ingenuidad. Hoy en día, un universitario promedio tiene más información científica que el más culto de los gobernantes  precedentes. Su acción política no obstante es marginal. En un sistema de orden político interesado en hacer del ciudadano un consumidor y de la vida política un culto a la personalidad, se avizora permanentemente la destrucción de la vida de una ciudadanía cohesionada capaz de proyectar un futuro distinto con base en el conocimiento, la participación científica dialógica y la tecnología. Si no se aborda un cambio en un mundo que cada vez más impone los intereses de actores políticos o económicos con influencia sobre la población, el panorama futuro se advierte ominoso y desbocado.

 

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19
01
2014
Renny Rueda Castañeda

Hacia otra democracia. Vida política, cientificismo y sistema. II/X

Por: Renny Rueda Castañeda

Con nuevas exploraciones civiles que más que formas de desarrollo económico han sobretodo significado cambios profundos en el mundo de la vida de sus individuos, los esfuerzos en crear sociedades elementalmente sostenibles, lentamente conducen a reformular el significado de la democracia y el rol del estado como mediador de la esfera privada y pública de los individuos. Si bien es cierto las posibilidades de llevar a positiva conclusión tal proyecto demanda la reformulación de la vida política en su conjunto, también es cierto que desde ya las grandes diferencias entre los países no están determinadas por sus industrias o su capital, sino por su capacidad de adaptar todos sus procesos vitales a las fluidas, coordinadas y racionales interacciones de sus ciudadanos como una totalidad sistémica.

Por ello un error común de los diagnósticos arrojados sobre el fenómeno Chino radica en limitar su desarrollo reciente al flujo de capitales, en contraste, la mayor lección que deja el partido de gobierno ha sido incrementar las capacidades competenciales y culturales de la ciudadanía. Así, al cierre del año 2013, desplazando por una notable ventaja en sus resultados a países como Japón, los Estados Unidos, Alemania o incluso Finlandia, por primera vez China se posiciona como líder indiscutible en educación en el  Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA).

El salto a concebir la vida política de las sociedades como un patrón sistémico perfectible, demanda de la ciudadanía la construcción de una cultura que evidencie la disonancia entre cientificismo y multiculturalidad. Hoy en día, las mayores asimetrías entre sistemas sociales no están determinadas por el estrato socio-económico, la raza, la convicción ideológica, o la adopción de formas instituciones occidentales, sino por las competencias y las conductas de los individuos que conforman a la sociedades. Por ello, aun cuando la visión latino céntrica de mundo ha pretendido permearse de una concepción de la vida acorde a construcciones culturales diversas, la realidad es que en gran medida la cultura permanece en un estancamiento que descansa sobre los intereses de actores con influencia de cuño tradicional. Así, todas las esferas de la vida, desde la política hasta el sistema productivo, pasando por la administración pública o el sistema educativo, gravita alrededor de concepciones de mundo que nada tienen que ver con la ciencia, pero que  se protegen como si fuesen un patrimonio colectivo en medio del choque de una juventud pensante y crítica contra masas de la población en zonas de confort.

No ha sido la idea de la democracia institucional la que ha posibilitado el progreso que hoy se vive en el continente, ha sido el incremento de las competencias y la construcción de formas culturales de convivencia civilizada la que ha permitido el desarrollo de las sociedades, aún a pesar de formas institucionales conflictivas. Por el contrario, la concepción de la democracia como el ejercicio del voto o  como procedimiento de selección de actores que fungen funciones de representación de voluntades, ha sido un limitante a las potencialidades de madurez política doméstica e internacional. El concepto de la democracia es una construcción que permanece vinculada a definidos recursos de base de cada sociedad, independientemente de las diferencias institucionales que le caractericen. Ante todo, la democracia corporiza un llamado a la dignidad humana de cada actor, que le hace parte de una estructura que sobrepasa sus intereses individuales, o sus competencias singulares. En la vida social, el concepto encarna la apropiación de una ética racional a partir de la cual la sociedad como conjunto es capaz de llegar a decisiones consensuadas en procesos de interacción, operacionalizando soluciones a problemas abordados racionalmente. En la práctica  doméstica, el uso del vocablo ha llevado a cabo procesos de evolución que la han descargado de su más profundo contenido. Con ello, no solo para un país como Colombia, sino también para muchas naciones del continente, la democracia se configura como un esquema de carácter procedimental, asociando su funcionalidad a limitadas esferas de la vida, creando híbridos como Colombia, los Estados Unidos, Venezuela o México.

El proyecto democrático encarna anhelos emancipatorios que la sociedad civil como conjunto ha redescubierto evolutivamente a lo largo de la historia. La apropiación del término para justificar el reforzamientos de formas institucionales descargadas de la riqueza semántica que de la palabra pueda desprenderse, es una impostura propia de una falsa modernidad que aún se encuentra turbada con la velocidad de acontecimientos suscitados en la segunda mitad del siglo 20. Por ello, las posibilidades de la sociedad actual de incorporar inexplorados caminos que permitan una coordinación verdadera de la vida civil, se multiplican de la mano con el progreso técnico y científico. Las sociedades de hoy son ante todo sistemas complejos, por ello, la renuncia a hacer que el concepto de la democracia evolucione desde su forma histórica a nuevas medidas institucionales, inválida la dimensión de su propia naturaleza. El apego de la gran mayoría de países del mundo, muchos de ellos de alta industrialización, a normas civiles mediadas fundamentalmente por el mercado,  ha despojado en muchos casos la posibilidad de que las formas políticas evolucionen de manera eficaz para solucionar problemas que se avizoran hoy como inabordables. Tal inoperancia se evidencia con mayor intensidad en las dificultades del sistema internacional de ofrecer soluciones reales a fenómenos como el cambio climático, la deforestación, o la asimétrica distribución de beneficios derivados de relaciones de comercio transnacional. Si existe un símbolo de la época que nos ha tocado por vivir, es precisamente el de la procastinacion, por ello, se puede especular que una de los mayores defectos de las vertientes ideológicas de base social moderna, descansa en su falta de coherencia para contradecir en una práctica sostenible sus anhelos democráticos teóricos.

 

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Decálogo ejecutivo. ECODEMOCRACIA

Categoria: Política

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