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29
11
2012
Juan Gabriel Gomez Albarello

Déficit de Atención (II)

Por: Juan Gabriel Gómez Albarello

A nadie que lea prensa ni vea noticieros se le ha pasado la votación en la Asamblea General de Naciones Unidas acerca del reconocimiento de Palestina como estado no miembro de esa institución internacional. 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones (incluida la de Colombia).

 

 

En este mapa que he tomado de Wikipedia el color verde simboliza voto a favor, púrpura en contra, azul abstención, gris oscuro ausente y gris claro no miembro.

Aunque la conducción de la política exterior es del resorte del ejecutivo, la política exterior es un asunto que nos concierne a todos. Que Palestina sea reconocida como estado y que Colombia se abstenga de ese reconocimiento debería ser un asunto de la agenda pública acerca de la política internacional. Debería serlo, aclaro, desde el punto de vista de nuestra responsabilidad global. Desde el punto de vista de nuestros más inmediatos intereses, Palestina no representa nada más que un lugar borroso en el mapa, lejos de nosotros y cerca, muy cerca, en alguna parte, de Israel.

Antes de continuar con este tema, quisiera introducir una breve reflexión acerca de un término empleado varias veces en el párrafo anterior. En contravía de lo que hacen muchos intelectuales, académicos, opinadores, etc., creo conveniente que economicemos el uso del verbo deber ser. Cuando escribimos sobre un asunto, muchas veces nuestro trabajo sería más provechoso si le diéramos a nuestros lectores un análisis acerca de los valores que están en juego en una determinada situación, acerca de los medios apropiados para realizar esos valores y también acerca de las consecuencias que se seguirían de escoger un cierto curso de acción. El impulso inmoderado de presentar nuestras preferencias como el deber ser de las cosas contribuye mucho a la devaluación del lenguaje moral y político. La inflación lingüística limita nuestros intercambios y dificulta la posibilidad de alcanzar algún entendimiento.

Dicho esto, quisiera en esta ocasión resaltar que deberíamos prestarle atención a lo que ocurre en el conflicto palestino-israelí. Debemos hacerlo porque somos responsables, de un modo u otro, de lo que ocurre en ese lugar del mundo, del mismo modo en el cual muchos otros en el resto del mundo son responsables de lo que pasa aquí en este país. La consigna, “piensa globalmente, actúa localmente” está mandada a recoger. Tenemos responsabilidades globales y, gracias primordialmente al extraordinario desarrollo de los medios de información y comunicación, también tenemos medios globales de acción.

Desafortunadamente, poca es la atención le ha prestado la opinión pública al hecho de que la ofensiva israelí contra Gaza comenzó con el asesinato de Ahmed Jabari, el líder del ala militar de Hamás, justo en el momento en el cual, vía los buenos oficios de un activista israelí, Hamás estaba considerando los términos de una tregua con Israel. En efecto, poco antes de ser muerto en un ataque de parte de la fuerza aérea israelí, Jabari había recibido una propuesta cuya implementación pudo haber evitado las muertes y heridas causadas por ambos bandos este mes de noviembre en Gaza y en Israel. La iniciativa fue elaborada por Gershon Baskin y una contraparte suya de Hamás. Era, según lo afirma Baskin, bastante precisa en lo concerniente a la definición de las rupturas a la tregua y al mecanismo establecido para prevenir ataques desde Gaza.

El mecanismo consistía en que el servicio de inteligencia israelí le transmitiera a su contraparte egipcia, la cual a su vez le transmitiría a Jabari, toda información concerniente acerca de un posible ataque contra Israel. Esto le daría la oportunidad a Jabari de prevenir el ataque y de mostrarle a Israel qué tan serio era en su compromiso de mantener la tregua. Conviene destacar que, de acuerdo con Dan Murphy, corresponsal de The Christian Science Monitor en el Oriente Medio, Jabari había jugado un rol importante en el pasado en la prevención de ataques con cohetes a Israel por parte de organizaciones palestinas tales como la Jihad Islámica.

También conviene destacar que Gershon Baskin no es ningún ingenuo. Como lo señaló en un artículo publicado en el New York Times del 16 de este mes, Baskin sabía bien que Jabari no era un hombre de paz. Hasta el último momento creyó que la estrategia apropiada para ponerle fin a la ocupación israelí era mediante la lucha, no mediante negociaciones y acuerdos. No obstante, como otros líderes en Gaza, Jabari había llegado a la conclusión de que los resultados de la estrategia de ataques con cohetes a Israel era contraproductiva: no causaba ningún daño sustancial a su enemigo, pero en cambio provocaba una respuesta militar que terminaba por quitarle la vida a muchas víctimas inocentes.

¿A cuento de qué estaba Baskin metido en la definición de los detalles de una tregua con Hamás? Baskin fue el hombre que, desde el lado israelí, negoció con Hamás la liberación de Gilat Shalit, el soldado israelí que estuvo secuestrado por Hamás durante cinco años.

A algunos israelíes la historia de Baskin les parece totalmente increíble. Benjamin Kernstein escribió en The Times of Israel que cualquier negociación con Hamás habría sido conducida por oficiales de alto nivel. Por esta razón, afirma Kernstein, tendríamos que descartar como infladas todas las afirmaciones de Baskin acerca de su rol como negociador. Pero, incluso si estas afirmaciones fueran infladas, la verdad es que si Jabari murió con una propuesta de tregua en la mano, bien haríamos en cuestionarnos qué tanta voluntad de paz tiene Israel.

Incluso si pasáramos por alto este hecho, la política de construcción sistemática de asentamientos en los territorios ocupados la podemos considerar como la más contundente evidencia de su falta de voluntad de paz. Por eso es que el reconocimiento de Palestina como estado, aunque no miembro de pleno derecho de Naciones Unidas, tiene tanta importancia. Aunque no cambie nada en el futuro inmediato acerca de la ocupación de Israel, le da a Palestina una palanca para negociar. 138 países ratificaron su voluntad de reconocer a Israel y a Palestina, lado a lado, en los límites previos a la Guerra de los Seis Días de 1967. La resolución menciona explícitamente a Jerusalén Oriental, la que los palestinos reclaman como su capital.

Israel y Estados Unidos profirieron toda clase de amenazas si los palestinos persistían en su petición de reconocimiento como estado independiente. Israel dijo que daría por cancelados los Acuerdos de Oslo; el Congreso de Estados Unidos que congelaría toda la ayuda económica a Palestina. Ninguna de esas amenazas surtió efecto.

En los días previos a la votación, Nabil Shaath, le explicó a The Guardian lo que habría significado renunciar a la petición de reconocimiento de Palestina. Después del ataque brutal contra Gaza y del cese al fuego acordado gracias a la mediación de Egipto, muchos palestinos se habrían convencido de que la única forma de lograr un resultado en el conflicto con Israel habría sido mediante la violencia. Por el contrario, al persistir en esta vía diplomática, lo que los palestinos han hecho es nada más y nada menos que echar mano de uno de los principales recursos de que disponemos en la esfera política: involucrar a los espectadores en la resolución de un conflicto (esta idea la formuló de forma brillante Elmer E. Schattschneider en su libro The Semisovereign People: A Realist View of Democracy in America, un texto poco conocido entre nosotros pero digno de ser traducido, leído y ampliamente discutido).

Es cierto que la política exterior y la política interior no se pueden reducir la una a la otra. Es una pena, sin embargo, que mientras los delegados del gobierno colombiano en La Habana procuran persuadir a las FARC de que depongan las armas y busquen el logro de sus fines por la vía de la política, en Nueva York, en la Asamblea de las Naciones Unidas, los delegados del gobierno colombiano no le hayan dado su apoyo al esfuerzo político del pueblo palestino precisamente cuando más urgidos están los interesados en una solución política de mostrarle resultados a aquellos que siguen creyendo en la vía militar. ¿Habrá sido la causa de tan deplorable abstención un déficit de atención del gobierno colombiano?

En este enlace ustedes encontrarán la resolución en la que se reconoce al estado palestino. Aquí quisiera resaltar dos apartes:

“La Asamblea General (…)

“4. Afirma su determinación a contribuir al logro de los derechos inalienables del pueblo palestino y la consecución de un arreglo pacífico en el Oriente Medio que ponga fin a la ocupación que comenzó en 1967 y hacer realidad la visión de dos Estados, con un Estado de Palestina independiente, soberano, democrático, viable y contiguo que coexista junto con Israel en paz y con seguridad sobre la base de las fronteras anteriores a 1967;

“5. Expresa la urgente necesidad de que se reanuden y aceleren las negociaciones en el proceso de paz en el Oriente Medio basándose en las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, los principios de referencia de la Conferencia de Madrid, incluido el principio de territorio por paz, la Iniciativa de Paz Árabe5 y la hoja de ruta del Cuarteto para una solución permanente biestatal del conflicto israelo-palestino a fin de lograr un acuerdo de paz general, justo y duradero entre las partes palestina e israelí que resuelva todas las cuestiones fundamentales pendientes, a saber, los refugiados de Palestina, Jerusalén, los asentamientos, las fronteras, la seguridad y el agua; (…)”

El Embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Ron Prosor, afirmó que su país rechazaba el proyecto de resolución sometido a votación de la Asamblea General por omitir toda referencia a la adecuada protección de los intereses vitales de Israel, más precisamente a su seguridad. Juzguen ustedes.

Si todo fuera juzgar…

Para terminar, les dejó este documental, Promesas, acerca de crecer, aquí o allá, de ser curioso, de reír en Palestina y en Israel.

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