BLOGS Política

25
03
2012
Juan Gabriel Gomez Albarello

La legitimidad del nuevo rector de la Universidad Nacional y la de sus potenciales deslegitimadores

Por: Juan Gabriel Gómez Albarello

Para cualquier observador de la cultura política colombiana el proceso actual de designación de rector en la Universidad Nacional es un caso digno de analizar. A fin de cuentas, de la Nacional se dice que condensa los problemas del país. Quizá las cosas sean un poco distintas: tal vez la Nacional sea un espejo del país, no uno fiel sino uno distorsionado. O, para decirlo mediante una paráfrasis de una fórmula familiar: lo que en el país es tragedia, en la Nacional es comedia (aunque no haga reír).


El proceso de designación de rector tiene dos etapas: una, de consulta a la comunidad académica y otra, propiamente dicha, de designación por parte del Consejo Superior. La consulta se realizó el pasado jueves 22 de marzo y la designación tendrá lugar el próximo jueves 29.

El Consejo Superior de la Universidad Nacional tiene una composición plural, pero no tiene un origen democrático. De acuerdo con las reglas que gobiernan su integración, 5 de sus 8 miembros deben pertenecer o haber pertenecido a la academia. Los otros 3 representan al Presidente (1 de ellos es el Ministro o Viceministro de Educación). De los 8 integrantes, solamente 2, el representante de los estudiantes y el de los profesores, han sido escogidos mediante un procedimiento de elección.

Si uno es partidario de que todas las instituciones sociales se organicen de acuerdo a principios democráticos, entonces el proceso de designación de rector en la Universidad Nacional es ilegítimo. Contradice la idea de que los afectados por las decisiones del rector deban ser quienes lo elijan. Sin embargo, si uno cree que, además del democrático, debe haber otros principios con base en los cuales se organicen instituciones sociales como las universidades, entonces la fuerza del argumento deslegitimador se desvanece.

En efecto, la universidad sirve a valores tales como la formación cívica y profesional de sus estudiantes, el cultivo de las diferentes expresiones artísticas, la promoción de la investigación científica y el fomento de la reflexión en numersos ámbitos; en suma, la universidad sirve a la producción y difusión del conocimiento y de la cultura. Es sabido que esta producción y difusión no se realiza de acuerdo a principios democráticos. Esto no contradice la idea de que la producción y difusión del conocimiento y de la cultura sirvan a la democracia. Pueden y deberían hacerlo, y esa es una de las funciones que puede y debe cumplir la universidad.

Si se acepta esta premisa, entonces la demanda de algunos estudiantes de que la votación realizada el pasado jueves en la Universidad Nacional sea decisoria luce bastante desmesurada. Ya hay estudiantes (uno de ellos es el representante estudiantil al Consejo Académico) que han convocado a una movilización si el candidato designado como rector no es Leopoldo Múnera. Es decir, tendríamos que ir preparándonos para un tropel el día jueves 29 cuando se haga pública la decisión del Consejo Superior y, eventualmente, para un cierre de la Universidad el día viernes 30.

En uno de los debates, Múnera dijo que se retiraría del proceso de designación si no ganaba la mayoría de los votos con el argumento de que un rector designado por el Consejo Superior, sin la mayoría, no tendría legitimidad. Es decir, con respecto a este punto, la posición de algunos estudiantes y de Múnera es idéntica.

Esa identidad se hizo evidente el jueves mismo de la consulta. Los estudiantes que reclaman que la votación de la comunidad académica sea decisoria realizaron una consulta alternativa acerca de este punto. Yo voté en esa consulta, en contra, porque creo que la participación en la toma de decisiones no es el único ni el principal criterio rector de la organización de la universidad. Y cuando voté en la mesa instalada en la Plaza Ché pude notar que las personas que servían como jurados, encargadas de recolectar los votos, llevaban camisetas del candidato a rector Leopoldo Múnera.

Les pregunté a esos estudiantes si les parecía que eso afectaba la imparcialidad de la consulta alternativa y me dijeron que no porque los resultados de esta consulta no tenían nada que ver con la consulta institucional acerca de los candidatos. Yo les dije que me parecía cuestionable que un candidato participara en el proceso y que diera a entender que ponía en duda su legitimidad. La respuesta que me dieron es bastante ilustradora: participar en esas condiciones sirve para ver lo ilegítimo del proceso. Si el proceso es ilegítimo, ¿para qué participar?, podría uno contrapreguntar, pero la respuesta es casi que automática, “justamente, para deslegitimarlo.”

Ahora bien, ¿cuál es la legitimidad de estos deslegitimadores? Todo depende de donde se mire. Tal y como lo indican los resultados de la consulta, Múnera es el candidato que obtuvo la más alta votación: consiguó el voto de las dos terceras partes de los estudiantes que participaron en la consulta. Sin embargo, esos estudiantes son apenas el 13% del total. La abstención en el caso de los estudiantes fue del 80.4%.

Otro tanto puede uno decir de la votación de los profesores y de los egresados. Múnera obtuvo el 35% de los votos de los profesores, pero con un índice de participación del 61.3%, ese porcentaje equivale al 22% de los profesores. En relación con los egresados, las cosas no son mejores. Múnera obtuvo el 35% del voto de los egresados que participaron, pero solamente el 1% del total.

En inglés, el equivalente la palabra pluralidad designa cualquier suma de votos superior a la de los demás candidatos y mayoría únicamente a la suma igual o mayor que la mitad más uno del total de los votos. En español, sin embargo, esas sutilezas se expresan de modo diferente: mediante la distinción entre mayoría relativa y mayoría absoluta, respectivamente. La palabra mayoría a secas se usa para cualquier suma de votos mayor, lo cual es equivalente a la mayoría relativa.

En mi opinión, Múnera y sus seguidores son una minoría, como lo son cada uno de los demás candidatos y sus correspondientes simpatizantes. La diferencia entre unos y otros es que todos los demás candidatos se comprometieron a respetar las reglas de juego y, en consecuencia, a reconocer la legitimidad del rector que designe el Consejo Superior.

Es cuestionable dar a entender, como me parece que lo hizo Múnera, que uno respeta las reglas pero que, si su aplicación no le resulta favorable, esas reglas carecen de legitimidad. Posturas como ésta lo que hacen es fomentar la división dentro de la comunidad universitaria y erosionar de ese modo la autoridad del nuevo rector, si el designado no es Múnera.

Pero el efecto es incluso más pernicioso. Contribuye a fortalecer una mentalidad, prevalente en muchos ámbitos de la sociedad colombiana, según la cual es legítimo rechazar el resultado de un procedimiento o de la aplicación de una regla cuando no coincide con el interés propio. Esto es equivalente a modificar las reglas para que coincidan con el propio interés.

Yo le hice esta comparación a los estudiantes que apoyan a Múnera y que servían de jurados en la consulta alternativa. No les gustó. Pues que les iba a gustar que comparara al candidato Múnera con el expresidente Uribe. El uno está bien tirado a la izquierda y el otro bien tirado a la derecha. Pero más allá de las diferencias de contenido, el formato de los argumentos de Múnera, de los estudiantes que lo apoyan y de los del expresidente Uribe resulta bastante familiar.

A lo anterior hay que agregar otro tipo de cuestionamiento: el de una eventual inconsistencia de estos potenciales deslegitimadores. A muchos críticos del régimen político colombiano les he escuchado decir que no es representativo, y con buenas razones, razones que yo comparto. Sería suficiente con indicar que los índices de abstención en Colombia son los más altos de América Latina. No obstante, con índices de abstención mucho mayores, Múnera y los estudiantes que le siguen parece que reclaman para sí la legitimidad para regir la Universidad Nacional. Estas inconsistencias introducen mucho ruido en la comunicación y dificultan el trámite de nuestros conflictos.

Puede suceder que el Consejo Superior designe a Múnera rector y que no haya tropel ni deslegitimación de su autoridad. En ese caso, sería ideal que Múnera y que los estudiantes que lo apoyan revisaran las posiciones defendidas en este proceso. Desafortunadamente, creo que esto es mucho pedir.

La idea de que uno use las reglas estratégicamente hace parte del arsenal teórico de muchos de quienes quieren cambiar el statu quo. Aunque es cierto que muchos de los defensores del establecimiento se sirven de la idea de imparcialidad, no creo que mediante la disolución de esa idea vayamos a construir instituciones más justas. La justicia precisa justamente de la imparcialidad. Pero dígale eso a algunos estudiantes.

Recientemente, fui jurado de un proyecto de tesis de un estudiante del doctorado de estudios políticos y relaciones internacionales. En opinión del estudiante, ni el colega que sirvió conmigo como jurado ni yo teníamos la competencia para evaluar su proyecto. El problema es que este cuestionamiento lo enunció formalmente en un escrito ante la dirección del doctorado después de conocer que el concepto que cada uno de nosotros había dado acerca de su proyecto era negativo. Es decir, sólo después de saber que lo habíamos rajado, decidió recusarnos como jurados. Esto es inaceptable. Lo es por las mismas razones que es inaceptable todo uso estratégico de las reglas como el que han promovido quienes están dispuestos a deslegitimar al rector de la Universidad Nacional si el designado no es Múnera.

Categoria: General

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Opiniones

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carv

25 marzo 2012 a las 23:21
  

La columna del académico parece seria, honesta y bien estructurada. Las universidades han de ser -por su misma definición- instituciones y recintos donde se privilegien el pensamiento y la palabra, ilustrados y libres, con un denso transfondo de genuino culto a la Verdad, a la Honestidad y al servicio de los grandes intereses del País. Para el caso de las universidades ‘públicas’ -y, en primer lugar, la Universidad Nacional de Colombia- su misma naturaleza les confiere una especie de ‘oficialismo’, es decir, de unos muy importantes y gruesos lazos de unión y dependencia con el Estado Colombiano. Ello es intrínsecamente saludable, ya que El Estado ha de velar por los valores e intereses nacionales. Pero…, en el caso colombiano, los representantes del Estado NO cumplen con este deber.

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cosmopolita

26 marzo 2012 a las 10:30
  

Carv, yo no quiero polemizar acerca de si los representantes del estado cumplen con el deber de velar por los valores e intereses nacionales. Sobre este punto, concuerdo parcialmente con usted. Lo hago parcialmente porque me parece que sí hay representantes que cumplen con esa tarea, gente que lo ha hecho y lo sigue haciendo con inteligencia y con coraje, con mucho valor cívico. Yo quisiera que dirigiera su atención hacia los efectos funestos de la estrategia de deslegitimar a quien sea el nuevo rector si no es Múnera. Quizá concordemos con respecto a cuán deseable sería que se revise el proceso de designación de rector. Lo que es inaceptable, como lo dije en el blog, es el uso estratégico de las reglas de juego en el proceso en curso. Refuerza una cultura política antidemocrática.

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miky1991

26 marzo 2012 a las 19:41
  

La designación del rector evidentemente es un ataque a la autonomía universitaria y en si para la democracia universitaria y nacional, la consulta debe tener mucho mas peso, debería ser decisiva, solo así se lograría obtener mayores niveles de participación, esto se extrapola a la cifra presentada por el académico quien referencia a Colombia como uno de los mas abstencionistas de A.L, será falta de credibilidad en los procesos electorales?

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alexánder gómez mejía

26 marzo 2012 a las 21:51
  

Esa actitud oportunista de Múnera la asocio con lo que un profesor de la Universidad nos repetía constantemente eran las dos reglas fundamentales de la vida: ‘ 1. no dar papaya; 2. aprovechar cualquier papayaso’. También se refleja en aquel docente que decide conducir en contravía dentro del Campus, porque él considera irrazonable que el tránsito en ese sitio no sea en doble vía. También está en todos los candidatos a decanos del grupo de Múnera, que agazapados esperan su nombramiento para decidir manifestar públicamente su intención. Juegan con las fichas marcadas. Y estará en el mismo Múnera, cuando deba elegir decanos. Con seguridad, no se mostrará perturbado si el Consejo Superior elige a sus señalados. No importa si recibieron el mayor apoyo o no. Su juego es ese. Así lo entienden.

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andreslondonoj@gmail.com

26 marzo 2012 a las 23:04
  

Hace algún tiempo un profesor de la Universidad escribió esto: “Si el consejo Superior Universitario esta conformado exclusivamente por funcionarios o agentes designados por su Excelencia o por el Rector de la Universidad Nacional, obviamente el mencionado Consejo carece de representatividad y su naturaleza es de agencia política de la Presidencia de la República”.

“… la unica ley vigente es la decisión política que adoptan el Ministerio de Educación y el Rector, de acuerdo con sus concepciones personales o en aplicacion de unas reglas de juego directamente emanadas de la Presidencia de la República”…..

Antonio Garcia, Profesor Titula de la Universidad Nacional de Colombia, al Presidente de la República Dr. Misael Pastrana Borrero, Bogota Enero 31 de 1973.

busque el texto completo

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cosmopolita

27 marzo 2012 a las 9:47
  

Estimado Andrés, gracias por la cita y por el enlace a esta carta del profesor Antonio García, la cual es un insumo importante en esta discusión acerca de las reglas de juego con las cuales se debería escoger el rector de la Universidad. Aquí va el enlace: http://upublicaresiste.blogspot.com/2012/03/apartes-de-la-carta-de-un-profesor.html

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cosmopolita

27 marzo 2012 a las 10:04
  

A ver Mayqui,

¿cómo es la cosa?

Si el “elegido” fuera Múnera con índices de abstención del 80% de los estudiantes, ¿su elección como rector sería legítima?

Yo cuestiono la legitimidad del sistema político colombiano porque aquí, entre otras cosas, los índices de abstención han estado siempre por encima del 50%.

Entonces, ¿el sistema es ilegítimo y Múnera como rector no lo sería?

Eso es muy distinto de expresar desconfianza, en general, hacia los procesos electorales.

El doble rasero, la inconsistencia y la interpretación retorcida de los argumentos de otros (como la que usted hace de los míos) son fuente de muchos malentendidos y conflictos.

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sthahirs

27 marzo 2012 a las 13:48
  

Como estudiante de maestria de la UN tengo varios puntos de critica respecto a este analisis tan sesgado: 1. El profesor del IEPRI que escribe esta nota se inventa una regla inexistente, ¿en donde dice que todos los candidatos deben permanecer hasta el final dele proceso de nombramiento del Rector? ademas le aplica ese invento de manera abusiva a un solo candidato. Luego afirma que el procedimiento de este candidato es tan arbitrario como el de Uribe, es evidente el sofisma, fundamentando una arbitrariedad argumentativa del columnista. 2. El columnista desconoce totalmente el valor de la consulta y la considera irrelevante desde el punto de vista de la legitimidad, en la medida en que afirma que todos los candidatos son ilegítimos porque no obtuvierón el voto de la mayoría absoluta.

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sthahirs

27 marzo 2012 a las 13:56
  

3. Desvirtua toda participación democratica, a menos que la abstención sea mínima y que el ganador en las elecciones tenga la mayoría de los votos potenciales. De acuerdo con este tipo de razonamiento ningún presidente seria legitimo en Colombia o en los Estados Unidos. 4. La abstención de los estudiantes es una de las mas bajas en la historia de estas consultas, corrigiendo la información falsa que proporciona, fue del 79,1% no del 80,2% 5. Niega el derecho, tipico de todo regimen democratico, de participar en un proceso cuyas reglas no se comparten para cambiar las mismas. Pero además, intenta deslegitimar de antemano la protesta de los estudiantes de un proceso que no comparten y la reivindicación de los mismos para que el nombramiento del Rector se haga con reglas claras (…)

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sthahirs

27 marzo 2012 a las 14:02
  

(…) con valores determinados previamente para la consulta, la experiencia academica y administrativa, en las cuáles el valor de la consulta sea relevante y no termine convirtiendose simplemente en un mecanismo formal para reducir el número de candidatos a cinco 6. finalmente lo que se vislumbra es que el columnista considera que la democracia no tiene ninguna relevancia en la vida universitaria y que por consiguiente el nombramiento de las directivas debe obedecer a la discrecionalidad casi absoluta de los miembros de un CSU donde la representación de una comunidad academica es minoritaria. Toda la columna esta orientada a justificar sin mayores argumentos el nombramiento del Rector de la UN sin tener en cuenta la opinión de los que voluntariamente desearón participar en la consulta.

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sthahirs

27 marzo 2012 a las 14:07
  

7. Finalmente, lo cual es extraño en un polítologo, no analiza si existe una relación entre las razones de la abstención y el caracter que a tenido la consulta. Su columna tiene un objetivo central, muy poco loable en quien se presenta como un analista neutral, tratar de desprestigiar frente a la opinión pública al candidato que gano la consulta y que evidentemente no es de sus simpatias. Flaco favor le hace a la UN con sus argumentos debiles y tendenciosos.

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miky1991

27 marzo 2012 a las 14:20
  

Poco estructurada y mal argumentara la respuesta a mi comentario, esos señalamientos si son tendenciosos y generan conflictos, reconozco que las intervenciones, escritos, discursos, planteamientos y acciones responden a inclinaciones ideológicas, neutral no es nadie, y evidentemente el articulo busca, ahora si, deslegitimar al candidato que gano la consulta.

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diegoninho

27 marzo 2012 a las 15:05
  

¿De su columna se puede inferir, entonces, que es más razonable, por no decir económico, que se elija el rector a puerta cerrada, usando para su elección criterios ajenos a la comunidad académica?…

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 17:56
  

1. Quiero comentar el texto del Doctor Juan lo más objetivamente posible. Pero antes debo decir que entre líneas lo que se puede leer es un gran desprecio, odio o rencor, frente al candidato que critica, quién sabe por qué. A mí me parece, y tratare de argumentarlo, que se basa en prejuicios. Yo creo que Juan no leyó el programa de Múnera y no lo conoce, por eso opina así. Por otro lado, aplaudo que el autor se haya dignado a responder los comentarios, pues los míos siempre los enmudece. Bueno, entremos en materia. Uno podría decir que, tal como está, la designación del rector es totalmente legítima, pues el gobierno representa los ciudadanos de Colombia y debe ser responsable ante ellos, aún cuando no todos puedan estudiar en la Nacional. Sin embargo, Juan opta por otro camino, él

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 17:59
  

2. prefiere argumentar a favor de otros principios que supuestamente estarían más acordes con el gobierno universitario que la democracia, pues la creación y difusión del conocimiento no tienen lugar con principios democráticos. Este es un argumento falaz, ya que de una premisa cierta extrae una conclusión errónea. En efecto, el que la producción y difusión del conocimiento no tengan lugar con principios democráticos no justifica que una universidad no pueda gobernarse con principios democráticos. Por otro lado, es un típico argumento conservador, pues supone que como la producción del conocimiento no es democrática, no se puede hacer nada para que lo sea, por un lado, pero, y es lo peor, la falta de democracia en la producción del conocimiento justifica supuestamente la falta de

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:08
  

3. democracia en el gobierno universitario. Por otro lado, y antes de discutir la cuestión de la legimidad, el que unos estudiantes pretendan protestar si no se elige al candidato que obtuvo la mayoría en la votación no tiene nada de ilegítimo en sí mismo. Sin embargo, Juan otra vez cae en una falacia: dice que toda protesta es tropel. De esa forma, lo que hace es estigmatizar y criminalizar la protesta, típico “argumento” de la derecha colombiana. Luego Juan nos trae una serie de argumentaciones sobre la legitimidad que empiezan con impresiciones como sugerir que Múnera mandó a hacer la consulta alternativa, lo que es una acusación que a mí me parece grave y que debería sustentar con pruebas, pues personalmente no creo que haya hablado con los estudiantes que la organizaron. Juan parece

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:13
  

4. cuestionar la victoria de Múnera en las urnas afirmando que no se trata de una mayoría sino de una minoría más. Para eso afirma que el grado de abstención es muy alto y que se trata de una mayoría relativa (no entendí lo del inglés, debe ser un argumento de autoridad como los que Juan detesta, ¿qué nos importa lo que signifique o no mayoría en inglés?). Frente a ello lo único que hay que decir es que, si uno es de los que piensa que la universidad también merece un gobierno democrático, es mejor una mayoría relativa que una designación no representativa de la comunidad universitaria. El otro argumento es que Múnera sólo respeta las reglas cuando concuerdan con sus intereses. Este argumento evidencia el prejuicio. En el “Elogio de la dificultad” Zuleta dice que siempre a nuestro

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:17
  

5. adversario le aplicamos un criterio esencialista, mientras a nosostros mismos nos aplicamos un criterio relativista. Eso es precísamente lo que hace Juan: Múnera es así, sólo respeta las reglas cuando le conviene, cuando no, no. Juan no se detiene a ver el contexto en el que operan las reglas. Por ejemplo, no se detine a ver que el que Múnera presione para que la consulta tenga más valor a la hora de escoger al rector se inscribe en una aspiración de democracia en el gobierno universitario de más largo aliento que esta simple elección, que seguramente no ganará. Pero además, las reglas, en una sociedad que se llame democrática, deben estar sujetas a revisión. Yo creo, de buena fe, que a eso apunta Múnera. Además, Múnera no está irrespetando las reglas, pues ninguna de ellas prohibe que

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:23
  

6. un candidato se retire en cualquier instancia del proceso. Las reglas no se pueden respetar a rajatabla, si así fuera aún estaríamos gobernados por el código Hammurabi o algo así. En fin, aquí Múnera no parece estar defendiendo el interés propio, puesto que no dijo que se retiraba o hacía pataleta si no lo designaban como rector, sino una aspiración de democratizar el gobierno universitario. La comparación de esa situación con Uribe, por lo tanto, no tiene asidero, y demuestra otra vez la “mala leche” del escrito. Claro, esa comparación viene precedida de otra falacia: supone que porque hay gente que cuestiona el régimen político colombiano por la abstención, entonces los estudiantes no pueden apoyar legítimamente a un candidato que no tiene sino una mayoría relativa!!! Acaso Juan,

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:29
  

7. en su extensa entrevista a profundidad con los estudiantes que apoyan a Múnera también tuvo tiempo de preguntarles si ellos son de los que impugnan el régimen colombiano por la falta de representatividad debido a la alta abstención? De lo contrario el argumento pierde peso, pues supone una forma de pensar en el otro, en este caso los estudiantes que apoyan a Múnera, es decir, parte de un prejuicio: esos son así, son mamertos!!!. Juan debería aplicar algún método de esos de los politólogos a este tipo de fenómenos antes de salir con este tipo de argumentos. En antropología nos enseñan que debemos estar abiertos al otro, como condición para conocerlo, de lo contrario ningún método sirve. Así que Juan: libérate de tanto prejuicio. Finalmente, empecé afirmando que había otros argumentos

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:32
  

8. para respaldar la desición del CSU: en efecto allí hay más representantes del gobierno. Pero el gobierno representa y es responsable ante todos los colombianos, no ante la minoría que estudia en la Nacional. Desde esta perspectiva, la elección también es democrática. Por eso se trata de hacerla aún más democrática. En El futuro de la democracia, texto muy leído por abogados y politólogos, Bobbio dice que hay dos direcciones hacia las que se puede radicalizar la democracia: uno de ellos es hacer la democracia más participativa y más directa que representativa, el otro, por el que se inclina Bobbio, es llevar el procedimiento democrático a aquellos ámbitos, en este caso la Universidad, donde aún no existe. En estos principios, puramente liberales y nada radicales, se sustenta el

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johann kaspar schmidt

27 marzo 2012 a las 18:36
  

9. programa de Múnera y de quienes lo apoyan. Pero yo pienso que no deberíamos basar un debate como este en principios. El que la universidad deba democratizarse no debe sustentarse en que “uno es de los que piensa que”, como parece sugerirlo Juan. Está demostrado que las universidades con mayor autonomía, al menos en América Latina, son las que mejor desempeño tienen, y eso es lo que se está dicutiendo con la designación de rector. Argumentar a favor o en contra de la democracia debería hacerse con datos y no sobre la base de principios, ni mucho menos de prejuicios o de odios personales.

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quierosernadie

28 marzo 2012 a las 22:34
  

Refrescante saber que en la Universidad Nacional no todo es el mismo discurso mamerto. Exclente columna.

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sabenitezc

23 mayo 2012 a las 23:32
  

Vemos todos los días los fracasos de la democracia y hay quienes quieren replicarla al interior de la Universidad. No hay ninguna garantía de que una mayoría de personas tome una decisión correcta y mucho menos en un proceso en el que no hay como tal un proceso deliberativo, como corresponde o se espera que corresponda a una institución académica, sino apenas una identificación partidista. ¿Acaso la izquierda universitaria no tiene más o mejores candidatos? Si la legitimidad de algo proviene del hecho de que una mayoría lo apoye, tendríamos que aceptar que el gobierno Uribe fue legítimo.

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