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20

02

2012

Juan Herrera

Sostenibilidad Urbana en Medellín. ¿En qué estado?

Por: Juan Herrera

Paisaje popular

http://www.flickr.com/photos/juansh/

Colombia se urbanizó de manera muy repentina entre los 50 y los 60. Fue un economista canadiense quien dijo que el país tenía que volcarse cuanto antes del campo a las ciudades; de esta manera se creó un sistema nuclear donde Bogotá era la ciudad capital y existían a su vez una red de ciudades intermedias alrededor. Así es como explotaron demográficamente ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Pereira y Cúcuta, solo para poner unos ejemplos. Pero hubo un gran problema: este proceso se realizó sin planeación urbanística, y como resultado las ciudades crecieron desorganizadamente. Existen cuatro tendencias globales que afectan a nuestras ciudades: la concentración urbana, el aumento demográfico, el cambio climático y la globalización (Siemens, 2010). Mientras que en 1900 el 10% de la población era urbana, en 2007 ese porcentaje aumentó hasta el 55% y se espera que para 2030 ese porcentaje sea del 70%. Esta concentración que en un 90% se está dando en países en vías de desarrollo –donde nos encontramos- sólo está enfatizando la desigualdad y la pobreza.

El panorama no es muy alentador, muchos son los problemas que tenemos en este momento en nuestra ciudad: movilidad, calidad del aire, falta de espacios públicos, aumento de la segregación social, sobrepoblación; problemas que cada día todos nosotros enfrentamos y que son síntomas de una enfermedad global y evidencia de que nuestra ciudad transita -o transitó- por un camino que no mucho tiene que ver con la sostenibilidad, concepto que está de moda pero que realmente muy pocos entienden.

El que todo lo puede en nuestros días pareciera ser el árbol,  fácil es identificar una devoción ciega al verde, -la cual no es dañina ni mucho menos- pero el problema subyace detrás, y es la actitud de minimizar la problemática y pretender solucionar todo con éste elemento que solo es uno de los miles de componentes requeridos para poner en marcha el concepto, el cual también se refiere globalmente a todos los procesos del desarrollo, como lo económico y lo social. Esta divergencia en el conocimiento de las implicaciones y la base técnica del asunto ha permeado todas las esferas de la realidad nacional, particularmente lo político y lo empresarial, espacios en los cuales tradicionalmente se ha respondido durante mucho tiempo a los intereses de la elite, mas entendible en lo empresarial que en lo político, pero igualmente incorrecto.

Para hacer frente a este problema hay dos conceptos que pretendo utilizar para así organizar la revisión sobre el estado en términos de sostenibilidad de la ciudad de Medellín, uno es la voluntad política y otro es el activismo.

La política es quizá la que más responsabilidad tiene en este asunto, si bien pareciera que el tema está relegado de las agendas oficiales, la sostenibilidad urbana ha venido poco a poco ganando terreno como apuesta necesaria en procura de conciliar tres aspectos que siempre habían sido divergentes, lo económico, lo social y lo medioambiental.

Muchas han sido las intervenciones que se han realizado en los últimos años en la ciudad, las cuales, desde una estrategia de acupuntura urbana han buscado regenerar parte de los tejidos deteriorados, que de cierta manera debe ser el punto de partida para la conversión de una ciudad al modelo sostenible. En el país más desigual de américa latina y en una ciudad que lo evidencia por doquier, la primera acción debería ser la de establecer un marco político para la legalización, sin embargo ahí viene el problema y es que también en un país donde la guerra civil es otra de las explicaciones de la migración hacia las ciudades, se hace casi imposible pensar que las soluciones en algún momento van a abarcar la totalidad de la demanda,  población pobre a quienes se les debe incluir en el primer lugar dentro de una cadena de necesidades, ya que estos son quienes de manera involuntaria están enfatizando los problemas y quizá haciéndolos recurrentes, como la ocupación de territorios no aptos para los asentamientos humanos.

El problema del hábitat suele reducirse al problema de la vivienda pero nada mas incorrecto, estamos en un entorno en constante movimiento y en permanente construcción, el déficit de espacios públicos y de medidas de control frente la subutilización del suelo urbano lo que están generando es la tematización de muchas zonas de la ciudad y de esta manera, casi extinguiendo la actividad constante generalizada que debe contener un centro urbano. El imaginario del centro como lugar núcleo de la ciudad debe repensarse en términos de actividad y de identidad, qué implica la identidad, ¿es quizá una cadena? ¿Qué implica realmente que solo haya un centro en la ciudad? Porque si nos ponemos a analizar algunas ciudades, en aquellas donde no puede identificarse un solo centro, es donde vamos a encontrar mejores condiciones de vida, menos desplazamientos, más densidad –planeada-, menor contaminación, más vida urbana, más goce en la calle.

Aumentando de escala, Medellín actualmente también constituye un núcleo, el centro del Valle del Aburrá, los movimientos humanos son pendulares, de norte a sur en la mañana y de sur a norte en la noche, es allí donde la mayor parte de la población del valle tiene su lugar de trabajo o estudio,  o hasta donde hay que ir a buscar un metro de tela para un vestido.

Para que la ciudad sea sostenible debe asegurarse no solo la idea de región, sino que el desarrollo también se incentive en los vecinos, que no haya que desplazarse hasta el mismo lugar de siempre para buscar los insumos básicos para la vida. Una ciudad que quiere ser sostenible tiene que lograr disminuir la cantidad de desplazamientos que deben hacer sus habitantes para el día a día, también debe ser capaz de prever el impacto de sus decisiones sobre los ecosistemas cercanos. Como es el caso del Valle de San Nicolás, al cual se trasladó toda la industria después que se decidió reubicar dicha zona a las afueras de la ciudad, decisión que realmente fue bastante inconveniente, pues lo único que se ha logrado es incentivar una urbanización catastrófica de mano de la llegada de la industria, y aparte de ello, una disminución en la cantidad de producción de alimentos requeridos por la misma ciudad, la simplificación del ecosistema, y lo que a todo el mundo se le olvida es que el tiempo humano no es el mismo que el de la tierra, el tiempo geológico habla de miles de años para la regeneración de un suelo deteriorado… realmente estamos comprometiendo la capacidad futura.

La tecnología y la velocidad con la cual se dispersa en todo el mundo ofrece un potencial muy alto de cambio, sin embargo el reto inicial al que nos enfrentamos es al de cambiar los paradigmas, proceso que hace ya varios años comenzó pero que constituye la más grande barrera para la consolidación de un modelo esperanzador. Ello significa grandes cambios en el comportamiento humano, en las prácticas de gobierno, urbanas y comerciales. Gran parte del desarrollo urbanístico de los últimos años se ha realizado en tono de especulación inmobiliaria, a ello se deben guetos en altura como la Loma de los Bernal, un modelo planeado invasivo que nada tiene que ver con la ciudad. Ciudad que no puede seguir desalojando a sus habitantes pobres y mandarlos a vivir a la periferia, así se construya Metrocable para conectarlos al mundo, la sostenibilidad también habla de inclusión social.

La tecnología por si sola no es el problema, como no lo es casi nada en el mundo. Siempre se podrá encontrar la mano del hombre detrás de un buen o malo aprovechamiento de la misma. Ésta debe enfocarse hacia el beneficio y cumplimiento de los derechos humanos; Robótica, tecnologías limpias, nuevas prácticas en agricultura, reutilización de recursos y aprovechamiento de las energías renovables son parte del menú de acciones pendientes para lograr consolidar el modelo, cambio que de realizarse va a ser tan importante y quizá mucho más que la revolución industrial del siglo XIX.

La planeación oficial de la ciudad debe constantemente estar revisando el cumplimiento de las metas, revisar los protocolos oficiales existentes encargados de regular la actividad urbanística, el POT debe ser amplio en sus consideraciones, pensarse en términos de diversidad controlada. Planes actuales como BIO 2030 hacen unas consideraciones bastante amplias de la problemática, pero, tiene este plan un fundamento político que realmente obligue a su estricto cumplimiento por cada alcaldía local? Sin embargo el activismo tiene la capacidad de hacerle frente a la falta de voluntad política, los ciudadanos deben instruirse en el tema, luego se deben empoderar ellos mismos y exigir la inclusión del problema en las agendas, se debe realizar veeduría sobre lo propuesto, la ciudadanía es un acto creativo que debe buscar el bien común desde una posición desinteresada pero siempre proactiva.

Categoria: General

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13

09

2011

Juan Herrera

Sostenibilidad Urbana ¿2012-2015?

Por: Juan Herrera

Categoria: General

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