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04
08
2011
Juan Herrera

Escrito desde ninguna parte

Por: Juan Herrera

Habiendo derrotado mi aislamiento, regreso al mundo solo para encontrar que el libro de Marc Augé, los -no-lugares- tiene desde hace un par de años una segunda edición. ¿Estuve hibernando tanto tiempo?, ¿Por qué resucitar un texto que realmente sospecho ha hecho más daño que bien? Por un lado, se ha encubado una especie de fetiche trivial para estos espacios que se han convertido en sinónimo de “modernidad tardía” – aeropuertos, terminales de transporte, centros comerciales, etc. Esto se evidencia en casi todas las conferencias sobre el espacio y el lugar y en aquellos recorridos enfermos sobre el “enigma” del pasillo. Tan pronto como la mistificación se convierte en kitsch, todo compromiso crítico se dedica a una consideración estética del paisaje urbano.

Parece un poco extraño ahora, pero hace no mucho tiempo, antes que los aeropuertos se convirtieran en las fortalezas que son, me gustaba ocasionalmente visitarlos para leer, dibujar, ver gente. No estoy seguro qué me llevó a ellos, algo en su energía o quizá las posibilidades del mismo espacio, se podría estar en un extremo del mundo, pasar una puerta y en unas cuantas horas llegar a una vida completamente nueva. Me encantaba esa sensación de estar en la puerta de entrada a todo el mundo.

De lo que no me percaté es que entonces yo no estaba realmente en ningún lugar, o por lo menos eso evidencia dicha teoría sobre los no- lugares. En ella, Augé lamenta el vertiginoso aumento de este tipo de espacios. Todos ellos desconectados del mundo que les rodea, podrían estar en cualquier lugar y en todas partes, pero en realidad no estaban en ningún lado.

Para Augé esos lugares parecían indicar una ruptura en el sentido de identidad comúnmente arraigado al tiempo y al espacio. Los no-lugares carecen de estas relaciones y no tienen el poder de generar historias o apropiación a menos que se constituyan luego como un objeto de espectáculo.

Para salir de mi letargo y tener la posibilidad de cavar un poco más profundo en lo que realmente significa estar en un no-lugar propongo de nuevo esta discusión, quizá ahora más conveniente o por lo menos pertinente. Melvin Webber, planificador americano, escribe en 1965 un importante articulo al que llamó “El lugar urbano el reino urbano del no-lugar”. Para Webber, a diferencia de Augé, el no-lugar es simplemente maravilloso.

En contraste al pesimismo francés de Augé, Webber canaliza el espíritu de su época y país. Compartió aquel sentimiento de la pos-guerra que decía que todo era posible, donde la ciudad pasaba a ser un gran pizarrón en blanco en donde escribir todos nuestros sueños. Aquellos sueños como Webber los vio eran de no-lugares, donde pudiéramos estar libres para ser quien queramos, libres para hacer lo que quisiéramos, y libres para andar sin estorbos, sin importar donde viviéramos o qué éramos.Tales eran las aspiraciones del modernismo, tan atractivas además, que ahora el mundo está lleno de no-lugares flotando sobre la tierra y la historia. Dubai es un muy buen ejemplo, un sitio donde las historias del desierto están encerradas debajo del pavimento de los súper centros comerciales, parques temáticos y rascacielos, se está tapando con falacias la búsqueda de la verdad y pareciera ser que todo estuviera ya construido y no hubiese la remota posibilidad de escapar a ello.

Este sentimiento fluye a través del concepto de Augé, que literalmente expuesto sería la alienada ubicuidad del espacio humano. En un mundo cada vez más homogenizado y globalizado pronto no importará dónde vayamos, todo consistirá de no-lugares. Como Paul Theroux lo escribió hace un tiempo “la contracción del espacio en nuestro planeta sugiere una reducción del tiempo, no muy lejos, cuando no haya lejanía, nada en ningún lugar se perderá, nada estará por descubrir”, no hay escapatoria. Ya para qué viajar?

Las nociones del centro y la periferia se han desdibujado, resulta cada vez más difícil subordinar la vida urbana al poder de delimitación. La familia, el estado y el Yo son cada vez más difíciles de garantizar en su unidad, desde la modernidad y más intenso ahora se ha extendido ese desarraigo, esta inautenticidad del marco existencial. Repensar el ser, volver a lo básico es, pues, la única tarea que se enfrenta a la actual alienación.

Cierto o no, es imposible dejar de maravillarse por este mundo donde podemos encontrarnos, un mundo donde los lugares pueden no ser ahora lo que solían ser o pueden no ser nada, pero que de igual manera son el escenario de la realidad humana. Los no-lugares de hoy quizá serán lugares de mañana. Pero hasta entonces, aquellos de nosotros que realmente aspiramos al mundo, estaremos divagando por no-lugares para poder alcanzar lo que hay más allá.

Categoria: General

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