BLOGS Actualidad

18
05
2014
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La triste historia de los arrecifes de coral

Por: Ana Cristina Vélez

 

La gran Barrera de Coral o el Gran Arrecife de Coral es el mayor ecosistema del planeta. Está situado al frente de la costa nororiental de Australia y al sur de Papúa Nueva Guinea y, por su enorme tamaño, 2600 kilómetros, es el único organismo vivo que puede ser visto desde la Luna. (más…)

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09
05
2014
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Veinticuatro ojos

Por: Ana Cristina Vélez

Son doce niños que miran con atención a su profesora, son veinticuatro ojos pendientes de ella. Veinticuatro ojos es una película japonesa de 1954 basada en la novela de Sakae Tsuboi y dirigida por Keisuke Kinoshita. Cuenta una larga historia de la profesora de escuela apodada “Señorita guijarro” y sus alumnos. Historia que empieza en 1927, en Shodoshima, una isla rural del Japón, cuando ella llega por primera vez a enseñar, y termina veinte años más tarde.

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04
05
2014
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Apología de las tijeras

Por: Ana Cristina Vélez

¡Ay las tijeras!, tan útiles, sencillas y geniales. Entre los artefactos humanos algunos parecen más descubiertos que inventados, como ocurre con las tijeras; entre otras cosas, porque se han mantenido casi idénticas por siglos. Los griegos en la antigüedad ya las conocían, parece que existen desde la edad de bronce. ¿A quién se le ocurriría una idea tan simple y práctica? Dos hojas de metal del mismo largo, superpuestas, con un pin entre ellas para que abran y cierren sin soltarse, y al cerrar corten. Después vienen los ojales para introducir en ellos los dedos índice y pulgar, ojales cuyo tamaño cambia según la función. (más…)

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24
04
2014
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“La técnica del collage en El Otoño del Patriarca”

Por: Ana Cristina Vélez

Como es natural, muchos queremos ahora hablar de Gabo, leer sobre Gabo y pensar en sus obras.

Entre gustos no hay disgustos: la obra del genial escritor que más extraordinaria me parece es El otoño del patriarca. Leerla fue uno de los placeres estéticos e intelectuales más grandes que una novela me ha bridado. Lo novedoso de su redacción y la creatividad que exhibe en su escritura no dejan de asombrarnos un minuto, no se parece a otras obras. El Dictador es un personaje complejo, inusual y mágico, y García Márquez aprovecha el tema, como lo hace siempre, para decir verdades innegables: aquí se trata del poder desmedido y la sumisión. Mi papá, con un asombro no menor que el mío ante esta misma obra, escribió un ensayo, unas páginas que quiero compartir hoy, pues creo que es certero, agudo y da muy buenas razones para entender por qué esta novela es grande, una de esas que no dudamos en llamar universal. (más…)

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20
04
2014
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Características de una buena evaluación

Por: Ana Cristina Vélez

Entender el propósito de la evaluación es fundamental en el diseño de un buen examen.  La evaluación es un mecanismo que mide el logro, desarrollo y conocimientos de los estudiantes después de haber realizado un curso o parte de él. (más…)

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06
04
2014
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Como evalúan los profesores en Colombia

Por: Ana Cristina Vélez

Es muy común, casi una epidemia, que se evalúe al estudiante, no para averiguar y calificar su nivel de conocimientos, sino para “corcharlo”. Parece que la mayoría de los profesores universitarios en este país no entienden cuál es el objetivo de la evaluación. (más…)

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30
03
2014
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Papel

Por: Ana Cristina Vélez

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El papel en blanco se asemeja a una novia. Si lo tocas se engrasa, si la tocas se ensucia. Ambos se encuentran en estados de ilusión. El papel deja su esencia una vez escribes, dibujas, rayas, pintas, doblas, pegas o cortas, para convertirse en algo concreto: un poema, una lámpara, un dibujo, un disfraz, una carta, un globo, una cometa, una despedida, una serpentina, un calado, un pitillo, un avioncito, una veleta, una hélice, un paraguas, una caja, una saeta, un pañuelo. (más…)

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23
03
2014
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Sexualidades curiosas

Por: Ana Cristina Vélez

La leyes biológicas, tan definitorias  en las características del comportamiento humano, son muchas veces invisibles.  Por invisibles es que Freud se equivocó estruendosamente con su teoría del complejo de Edipo. Una de estas leyes dicta la evitación del incesto.  Los humanos lo evitamos, por tanto, no sentimos atracción sexual por el propio padre, por la madre o por nuestros hermanos.

No falta quien salte y dé ejemplos de relaciones entre padres e hijas o entre hermanos, que contradigan esta ley, en el mejor de los casos; pues en el peor, alegan que sí sentimos atracción, pero no nos damos cuenta, pues es inconsciente. Y la verdad es que no solo no sentimos atracción, sino que la sexualidad de los padres es un tema que a los hijos no nos interesa y hasta nos fastidia imaginarlo.

La naturaleza busca sus maneras de llevarnos hacia un fin. Para evitar la endogamia, suprime el deseo, la atracción entre aquellos que viven juntos desde pequeños. No sabemos a ojo quienes son nuestros parientes genéticos, pero suponemos que quienes comparten la infancia con nosotros lo son. Es una manera efectiva de lograr por medio del desinterés que no haya apareamiento. Sin embargo, las sociedades humanas actuando “racionalmente”  han creado situaciones que van  en contra de estas leyes biológicas: a largo plazo estas han terminado por fracasar. En los matrimonios llamados menores o shim-pua (nuerecita, en el idioma hokkien), muy extendidos por el sur de China en épocas pasadas, se llevaba a una niña, casi siempre de pocos recursos, a vivir en la casa del futuro marido, también niño y muchas veces más joven, mientras crecían, para luego casarlos.  El esposo terminaba abandonando a su mujer o no se casaban. Los  kibbutzim (plural hebreo de kibbutz), fueron también en este sentido y en muchos otros un fracaso: los hombres jóvenes casamenteros buscaban su pareja en otro kibbutz o partían lejos buscando parejas atractivas, o sea, desconocidas, no familiares.

Dos historias muy buenas parecerían contradecir la ley biológica que nos lleva a evitar la endogamia. Se armó un escándalo cuando el Tribunal Constitucional  de Alemania supo de los hermanos Patrick y Susan, casados y padres de cuatro hijos, tres de ellos con anormalidades. La otra historia, en realidad muy desconocida, ocurrió aquí en Colombia. Un padre judío se voló con su hija para vivir con ella una relación marital.

Susan y Patrick

Un aspecto común guardan las dos historias anteriores: las parejas se conocieron cuando ya los dos eran adultos. Los hermanos alemanes crecieron en familias diferentes, pues Patrick fue dado en adopción cuando era un bebé. El padre judío había tenido a su “hija” con una mujer distinta de  su esposa, le había dado apoyo económico a la madre de la niña, pero no llegó a conocerla hasta que ella fue una adulta.

Las violaciones de padres, tíos o abuelos a sus niñas parientes presentan dos constantes: estos individuos no viven en el hogar, muchas veces trabajan en lugares apartados, y las niñas no crecen al lado de ellos. La situación más común de violación ocurre de padrastro a hijastra. El padrastro no percibe a la joven o niña como hija suya. Las excepciones a las leyes biológicas existen, pero son eso: excepciones, casos menores, patologías. Como dice Ricardo Bada: “Sólo hay una regla sin excepción, y es que no hay regla sin excepción”.

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16
03
2014
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El hiperrealismo, la ilusión visual

Por: Ana Cristina Vélez

Duane Hanson, esculturas.

El Hiperrealismo fue un movimiento artístico de mediados del siglo XX. No era realismo avanzado en su técnica, sino una apuesta a la ilusión visual, en la cual la representación se debía confundir con el objeto representado. El hiperrealismo cuyo su lema fue “ser más verdadero que lo real” exigía verificar el engaño por medio de otros sentidos, haciendo  preciso tocar o moverse en diferentes direcciones para comprobar que el objeto o la imagen hiperrealistas son facsímiles que nos subyugan con su artificio. El hiperrealismo sigue siendo la respuesta óptima al problema de representar la realidad de la manera más fiel posible. Ha sido un objetivo perseguido desde la antigüedad y a lo largo de muchos momentos de la historia, en el reino del arte. El movimiento artístico se originó en Norteamérica alrededor de los años sesentas y tuvo su auge en la década de los setentas; apareció como reacción al movimiento Abstracto y como derivación del movimiento Pop; se mediatizó en la Documenta V, en 1972.

Los escritos de Plinio certifican que en la antigüedad el realismo era una de las metas del arte. Así lo dice el historiador de arte E. H. Gombrich en su libro Arte e Ilusión, sin dejar de advertirnos quela ilusión comienza una vez ponemos en marcha nuestra capacidad de proyectar y completar: “El más famoso cuento de ilusión en la antigüedad clásica ilustra perfectamente este aspecto; es la anécdota, referida por Plinio, de cómo Parrasio superó a Zeuxis, quien había pintado unas uvas tan ilusionistas que unos pájaros acudieron a picotearlas. Parrasio invitó a su rival a su taller, para mostrarle su propia obra, y cuando Zeuxis se precipitó a levantar la cortina que cubría el panel se encontró con que no era real sino pintada, después de lo cual tuvo que conceder la palma a Parrasio, que no había engañado a meros pájaros irracionales, sino a un artista. A la fría luz de la razón la hazaña de Parrasio no es tan admirable. Dentro de la experiencia del pobre Zeuxis, la probabilidad de encontrarse con una cortina pintada era seguramente nula. Unos cuantos toques de luz y sombra debieron, pues, bastar para hacerle «ver» la cortina que esperaba, tanto más porque ya estaba arrojado mentalmente hacia la fase siguiente, la que quería develar.”[1]

La imagen en la Edad Media no necesitó el realismo, debido a su función, pero la del Renacimiento sí. El humanista italiano Alamanno Rinuccini consideraba al pintor Masaccio capaz de expresar la forma de cualquier objeto de la naturaleza con tal perfección que no se podía saber si se estaba mirando la imagen de una cosa o la cosa misma. La invención de la perspectiva de Fillipo Brunelleschi fue un paso importante en la conquista del realismo. El pintor italiano Antonio Allegri da Correggio avanzó en la técnica y pintó techos y cúpulas de iglesias tratando de producir la ilusión de que el techo se abría y las nubes iluminadas por el sol entraban en el recinto con sus moradores celestes revoloteando con las piernas suspendidas sobre nuestras cabezas.

El techo de la cúpula de la iglesia de San Ignacio, de la Roma del Barroco, pintada por Fra Andrea Pozzo, otorga otro magnífico ejemplo. Arcos y columnas, cielo y ventanas, reales y ficticias se confunden, ¿dónde empieza la pintura? No podemos saberlo. La técnica del óleo sumada a el conocimiento de esquemas cada vez más depurados que sabían cómo hacer para parecer contribuyeron a la ganancia de realismo. Se dice que los alumnos de Rembrandt pintaban monedas en el piso de su estudio, por el placer de verlo agacharse a recogerlas.

El trompe l’oeil o trampantojo se usa para designar la ilusión de realidad en la cual los objetos pintados parecen salir del cuadro y estar colocados en la realidad. En la antigua Roma se realizaban pinturas ilusionistas, pero con elementos arquitectónicos: columnas, ventanas que se simulaban o materiales como texturas en la decoración; muy comunes los  falsos mármoles.

Trampantojo, de Santiago Cárdenas

Gerhard Ritcher, pintura.

En el siglo XIX el trampantojo se puso de moda en Estados Unidos. A principios del siglo XX, la fascinación de los norteamericanos con la riqueza desembocó en el género que llamaron the fake money painting, o del dinero falso. Artistas como Nicholas A. Brooks y, más tarde Otis Kaye, fueron capaces de pintar billetes tan realistas que el Servicio Secreto les prohibió hacerlos.

Cuando aparece la fotografía, los parámetros de realismo aumentan. La fotografía nos revela aspectos de la realidad nunca antes vistos. El hiperrealismo se convierte en pintura que representa la realidad por medio de la copia de las imágenes fotográficas. La diapositiva se deja proyectar y copiar sobre el lienzo y la fotografía permite la insoportable y tediosa tarea de copiar lo que aparece en cada centímetro cuadrado. El americano Chuck Close perfeccionó como nadie esta técnica. En algunos casos utilizó el pincel de aire para eliminar las marcas que dejaba el pincel de pelo. En sus retratos se pueden ver los poros de la piel, el sudor, las arrugas y contar pestaña por pestaña. Close nos hace testigos de una realidad que ni siquiera el retratado conoce, pues lo vemos como a través de una lente de aumento. El americano Richard Estes es otro famoso hiperrealista, pero de espacios urbanos.

Hubo escultores en el movimiento como Duane Hanson. Este vistió para una exposición a más de treinta esculturas que dispuso repartidas en la galería; era difícil distinguirlas de los visitantes. Después de 1976 sus esculturas se vuelven incluso más realistas, pues Hanson cambia el poliéster por el polivinilo de acetato, el cual imita la piel con mayor perfección. La técnica de los americanos Hanson, John de Andrea, George Segal y del británico John Davies se basa en la confección de moldes sacados de los modelos reales. El hiperrealismo en la escultura ha reproducido objetos en cerámica cocida simulando cualidades opuestas a las del barro, objetos blandos, de papel, de madera de esponja. El hiperrealismo espacial busca crear efectos de profundidad y atmosféricos ilusorios.

En su aspecto conceptual, el hiperrealismo se refería a la vulgaridad del mundo que nos rodea, a sus imperfecciones, sin ningún tipo de idealización. Ambicionó ser un tipo de  memoria, de postura política que reflejaba apariencia, gustos y necesidades de la clase media de Los Estados Unidos de los años setentas. Las pinturas urbanas plasmaban lugares  desencantados, sin hacer ningún tipo de concesión al espectador. Es en la escogencia de sus temas donde se podía notar el objetivo conceptual del movimiento.

El hiperrealismo puede engañarnos porque nuestra percepción está regida por leyes que evolucionaron para los habitantes de un planeta iluminado desde arriba, por el sol, que se desplaza sobre un mundo de superficie aparentemente plana, un mundo de tres dimensiones con relaciones de profundidad, y dominado por la gravitación; también está regida por un cerebro que lee constantes, establece relaciones y aprende. La percepción está basada muchas veces en inferencias que hacemos de reglas, de unas reglas que conocemos inconscientemente.

En distintas épocas, artistas como espectadores pensaron que se había llegado al límite de las posibilidades de generar la ilusión de realidad. Hoy sabemos que los pájaros no picotean imágenes pintadas, ni los perros ladran a otro perro, ni pintado ni filmado; sus cerebros no poseen las facultades necesarias para poder ser engañados. La ilusión de realidad ha sido motivo de asombro entre los antiguos como entre los modernos; sin embargo, el ojo cada vez más educado necesita más refinamientos y nuevos trucos para ser engañado. Lo que asombraba en el Renacimiento por su “realismo”, hoy, nos parecen aproximaciones. La capacidad de observar aumenta con la  experiencia que aportan los instrumentos. La fotografía nos ha enseñado a ver de una manera inesperada, y el hiperrealismo se debe en gran medida a las técnicas de proyección, video, fotografía, al pantógrafo  y a los nuevos materiales.

¿Por qué nos fascina, por qué queremos sustituir la realidad con algo que se le parece en vez de buscar otros métodos capaces de evocar las mismas emociones y de comunicar las mismas ideas? Quizás por la dificultad que entraña el hacerlo, porque nos encanta resolver tareas difíciles para las que se requiera habilidad, gran capacidad de observación y dominio manual y técnico; quizás porque nos deleita la simulación, además de que es una herramienta intelectual poderosa. Imaginemos, en un mundo en el que no existía la fotografía, el gran valor que tendría poseer una imagen que nos recordara en su parecido a un ser ausente al que amábamos.

El espectador del siglo XXI es refinado visualmente, está acostumbrado a torrentes de información visual y a decodificarla con rapidez; sin embargo, el engaño visual es posible. Los movimientos pasan de moda, pero abren caminos, producen nuevas ideas, herederos. El hiperrealismo ha derivado hacia un ilusionismo más abierto, más interesante. Pintores  como el alemán Gerhard Richter (1932) trabaja a partir de fotografías, no para parecerse a la realidad sino para parecerse a las mismas fotografías, pero a esas que muestran barridos que captan el movimiento, o a las que presentan fragmentos desenfocados, o las que tomamos a una gran distancia del objeto, como desde un avión. El escultor australiano Ron Mueck hace sus figuras hiperrealistas, pero les modifica el tamaño; aunque describen la realidad, como la de un bebé recién nacido con su cordón umbilical todavía pegado,  su tamaño es gigantesco, como si lo relacionara con la emoción que produce el evento del nacimiento. Otras son diminutas, como la de su padre muerto, que ubica en la mitad de una enorme galería, allí su padre desnudo y de unos cuantos centímetros nos demuestra el vacío enorme espacial y mental que produce su muerte.

Con seguridad, es mucho lo que puede esperarse de las impresoras 3D; generaran mil cosas que apenas empezamos a imaginar; no solo hacen posible la reproducción exacta de cualquier objeto inerte, sino que permiten reemplazar piezas humanas biológicas no solo para el mundo del arte.

 Publicado antes en la revista Generación, del Colombiano, el 16 de febrero de 2014.

[1] Gombrich, Ernst. Arte e ilusión. Debate. 1959-1998. 173 p.

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28
02
2014
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Un mundo mejor para los animales

Por: Ana Cristina Vélez

Los cambios sociales son graduales y lentos, pues la cultura humana para mantener su estabilidad necesita mostrar resistencia a las ideas nuevas. Muchos consideran que si una idea ha prevalecido es porque se justifica, pero no siempre es válido desde un punto de vista ético. Dominar, colonizar y esclavizar pueden ser muy convenientes para una determinada economía, pero no son acciones justas, pues no deseamos que nos ocurran. (más…)

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