BLOGS Actualidad

16
08
2014
catrecillo

La creatividad también es colectiva

Por: Ana Cristina Vélez

Aunque estamos acostumbrados a la idea de genio, una idea muy romántica por cierto, y con base en la realidad, el genio creativo surge donde el terreno está abonado, donde hay cerebros capaces de juzgar y valorar ese nivel de creatividad. (más…)

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09
08
2014
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El estatus de lo gourmet

Por: Ana Cristina Vélez

El mundo de la culinaria ha sufrido un cambio dramático de estatus en los últimos 40 años. Ser famoso por ser un gran chef no era algo nada común. Los programas de televisión de cocineros yde restaurantes son también fenómenos recientes. Desde hace 60 años se enseña a cocinar por televisión, pero saber cocinar no daba estatus, pues nadie pensaba que hacerlo o conocer la gastronomía internacional significaba ser más culto.  Hoy el estatus de los chefs alcanza el calificativo de artista o incluso de  miembros del jet set. Al famoso evento internacional de arte, La documenta de Kassel, fue invitado como artista hace algunos años el chef Ferrán Adriá, del restaurante español El Bulli.

Cada vez se hacen más películas cuyo tema es la gastronomía, incluso apropiadas para niños, como Ratatouille, sobre una rata que sabe cocinar; películas como Una gran noche; Chef , con Sofía Vergara; la extraordinariamente hermosa El festín de Babette; Vatel, el  cocinero del rey; El gran chef; La cocinera del presiente; Julia y Julia, sobre Julia Child; Chocolate; Entre copas, una película sobre vinos ; Lunchbox, filmada en la India, sobre loncheras que enamoran . Todas reflexionan, a distintos niveles, sobre la acción de comer, la de cocinar, sobre el placer, sobre el gusto, los protocolos alrededor del servicio, presentación y modales frente a la comida. En una nueva película, The Hundred Foot Journey, la presentación de cada plato está planeada para deleitar y conmover los sentidos y la imaginación: el color, la consistencia de los platos, las especias que caen sobre las salsas, el vapor, las cucharas que mezclan o baten y la fiel filmación de las acciones del cocinero reproducen dentro de la mente del espectador no solo el acto de cocinar sino el arte al hacerlo.

En el curso natural de todas las actividades humanas se puede llegar a la expresión artística. Cuando las acciones y sus objetos como resultado se vuelven más complejos, cuando existe la posibilidad del ocio y de contar con abundancia de recursos, los humanos perfeccionamos las actividades, las llevamos más lejos, les encontramos variantes, les inyectamos creatividad, les damos otros significados, les creamos nuevas relaciones, les inventamos rituales y protocolos, las utilizamos para bien y para mal: para persuadir, obligar, castigar o enamorar. Con la culinaria podemos ser socialmente incluyentes o excluyentes; esta puede ser usada para diferenciar el estrato social y el estatus, para mostrar que somos educados y pertenecemos a una élite de afortunados o de desafortunados.

No hay una actividad más incluyente que la de comer en grupo, la de compartir los alimentos, y no hay nada más triste que comer solos (exagero). Pero como las mismas herramientas pueden ser utilizadas con propósitos contrarios, lo gourmet se convirtió en lo refinado y lo exclusivo, o sea, lo excluyente. Cuántas personas pueden darse el lujo de visitar un restaurante que posea una, dos o tres estrellas Michelin (pocas); muchos no han oído mencionar el término Michelin siquiera; ya hablar sobre las estrellas y su significado es una manera de hacer distinciones, como el conocer las recetas y nombres de ciertos platos internacionales, saber en qué consiste un boeuf bourguignon,  un sánduche Rubén, una ensalada Cesar, un kimchi, un panang, se convierte en una forma de cultura, y ni mencionemos los modales: el manejo de los cubiertos, de los palitos en los restaurantes orientales, de las servilletas, el cambio de vasos y copas, etcétera (dejemos esto para otra reflexión).

En una de esas encuestas tontas que aparecen en internet, transita una para saber si eres un “montañero”, y las preguntas, todas, solo indican una cosa: escasez de recursos. Contestarla muestra claramente, no la cultura, sino la capacidad adquisitiva del entrevistado. Una de las preguntas averiguaba si en la casa se usaban los vasos de la mermelada como vasos para beber. La respuesta no podría decir nada respecto a si somos elegantes, burdos o montañeros. Pero sería magnífico que fueran tan bellos y delicados que se pudieran usar con orgullo, o que tuvieran las medidas marcadas en onzas, mililitros y fragmentos de pocillo, para poder ser usados como pocillos medidores, sería magnífico que los reutilizáramos y no los echáramos a la basura como hacemos con multitud de bienes.

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09
07
2014
catrecillo

Reflexiones acerca del reglamento del fútbol profesional

Por: Ana Cristina Vélez

A diferencia de la gran mayoría de los deportes, la historia del futbol profesional está plagada de injusticias, de  incidentes violentos, de desacuerdos. Después de cada partido importante, los clubes profesionales quedan convertidos en verdaderos hospitales como consecuencia del juego brusco, y se conoce el caso de varios futbolistas que, en plena juventud, se han visto obligados a suspender sus carreras deportivas debido a lesiones irreparables. (más…)

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06
07
2014
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Fútbol y agresión

Por: Ana Cristina Vélez

Otro artículo de fútbol, de Antonio Vélez.

La historia del fútbol es larga, y debe estar surtida de historias extrañas, de situaciones humorísticas, como los goles tontos y las pifias monumentales y, por tratarse de una competencia ruda, de hechos violentos. (más…)

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05
07
2014
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En defensa de los árbitros de fútbol

Por: Ana Cristina Vélez

Dicen que los árbitros de fútbol tienen alma de torero. Y es que la profesión de los hombres del pito se ha vuelto igual de peligrosa, pero con veintidós toros, en lugar de uno, y sin burladero. Con otro agravante más, la violencia en los escenarios deportivos parece ir en aumento. En fecha reciente, los futbolistas argentinos, en vista del alto nivel de violencia en sus estadios, decidieron entrar en huelga, con el fin de llamar la atención sobre tan complejo problema (se puede anticipar que los frutos serán escasos). Aquellos que vimos por TV un partido entre las selecciones de Bolivia y Colombia, en La Paz, nos tocó observar en directo y en vivo la agresión contra uno de los jueces de línea: después de sancionar un fuera de lugar contra el equipo local, una botella de gaseosa lanzada desde la tribuna aterrizó en su cabeza, y el pobre hombre aterrizó en la gramilla. Por falta de garantías, el partido estuvo a punto de suspenderse. Situación crítica para el juez central, pues en tales casos el equipo local pierde los puntos. Y lo que sucedió en Bolivia, y otros incidentes todavía peores, vienen sucediéndose con relativa frecuencia en los demás estadios del mundo. (más…)

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03
07
2014
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Fútbol y teoría del azar

Por: Ana Cristina Vélez

En el verano de 1954 se realizó en Suiza el quinto campeonato mundial de fútbol. Durante la ronda inicial, Hungría derrotó a Alemania por el desconsiderado marcador de 8 a 3. Sobra decir que la mayor parte de las oportunidades de gol se hicieron efectivas para el ganador. Sin embargo, unos pocos días más tarde, Alemania consiguió el desquite de tan escandalosa derrota y venció en la final por 3 a 2 a la poderosa máquina húngara, con lo cual vengaron la derrota y conquistaron el título mundial. La gran vergüenza se trocó en orgullo nacional. (más…)

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01
07
2014
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Las ventajas de jugar como local

Por: Ana Cristina Vélez

Este es un análisis, con estadísticas, sobre la ventaja que tiene un equipo de fúbol sobre su contendor cuando el partido se realiza en su territorio.

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25
06
2014
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El hombre lobo

Por: Ana Cristina Vélez

Parece que el hombre lobo ha dejado de ser un personaje de leyenda para materializarse, no exactamente en el fantoche que aterroriza a ingenuos en el pueblito uruguayo de Zapicán,  sino en el jugador de fútbol Luis Suárez. (más…)

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22
06
2014
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La canción pegajosa

Por: Ana Cristina Vélez

Cuando menos piensas suena esa estúpida canción dentro de tu cabeza. No sabías si quiera que la supieras, pero oyes el estribillo y no puedes librarte de él. Ese gusano se entromete entre todos los pensamientos y no te deja solo, te enloquece y a veces dura días. Es de carácter tan resistente que basta que alguien dé el título de la canción para que reverbere de nuevo dentro de ti. Pocos pensamientos son tan litigantes como esos pedazos de canción que se pegan. (más…)

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18
06
2014
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Mundial de fútbol 2014

Por: Ana Cristina Vélez

El próximo 12 de junio, en Brasil, treinta y dos equipos de fútbol lucharán por ser campeones orbitales. El mundillo de ese deporte se agita y en la mente de los aficionados aparece una  pregunta: ¿cuál equipo será el vencedor? Como todo pronóstico, la incertidumbre ronda. Para los colombianos existe otra pregunta importante: ¿qué puesto ocupará Colombia?

Pues bien, en el momento de hacer pronósticos futbolísticos deben tenerse en cuenta tres factores importantes: la calidad de los equipos, el hecho de jugar como local o visitante y el omnipresente azar, o la suerte, si se prefiere. Demos un vistazo a estos factores.

Para la calidad de los equipos podríamos consultar el escalafón de selecciones de fútbol que la FIFA elabora periódicamente cuantificando los resultados de los encuentros más recientes disputados por ellas. Y aunque no es un factor determinante para medir las posibilidades de cada equipo en un torneo mundial, algo indica y, en consecuencia, un buen apostador debe consultarlo. El último escalafón disponible, con fecha abril de 2014, para los diez primeros calificados, es así: España (1460 puntos), Alemania (1340), Portugal (1245), Colombia (1186), Uruguay (1181), Argentina (1174), Brasil (1174), Suiza (1161), Italia (1115) y Grecia (1082).

Un factor sicológico, no despreciable en el momento de hablar de pronósticos, lo proporciona el hecho de jugar en su propio terreno o en el ajeno. Si se efectúa una estadística, se encontrará que el porcentaje más alto de triunfos, y con apreciable diferencia a favor, corresponde al equipo que actúa en calidad de local. Algunos explican estos resultados como consecuencia del natural endurecimiento de las decisiones del juez en contra del equipo visitante, o localismo del juez, explicable, pues también él está sometido a las presiones anímicas del territorio extraño. No se puede negar que este efecto influye en la estadística de derrotas de los visitantes, pero queda todavía algo por explicar: la gran cantidad de triunfos del equipo local en aquellas situaciones en que las decisiones del juez no fueron determinantes.

Al inevitable localismo del juez se deben añadir otros factores de peso, como son las condiciones particulares del campo de juego y las variables climatológicas locales. El equipo anfitrión posee una mayor adaptación a la temperatura y a la altura sobre el nivel del mar del escenario deportivo, condiciones que, en la mayoría de los casos, afectan en forma sensible el desempeño del visitante. En particular, la mayor altura sobre el nivel del mar significa un menor contenido de oxígeno, lo que hace que el foráneo, si no posee la adaptación física correspondiente, sienta más rápidamente la fatiga y su rendimiento atlético se rebaje en forma considerable.

Los efectos sicológicos llegan a veces a ser tan significativos, que por sí solos son capaces de explicar los triunfos fáciles del local frente a contendores mucho más poderosos. Mientras el dueño del territorio se muestra seguro, el visitante luce impreciso e inseguro, y comete errores inexplicables, lo que aumenta su inseguridad, y con ello, sumado a la hostilidad ruidosa del público, se incrementan las fallas, lo que, a su vez, se traduce en una mayor inseguridad. Este círculo vicioso se amplifica y refuerza hasta que todos los planes y estrategias del visitante se desmoronan.

Los diecinueve campeonatos mundiales realizados hasta hoy corroboran la ventaja significativa del local. Los resultados indican que el anfitrión ha resultado campeón en seis oportunidades, esto es, un 33%; que en ocho ocasiones, 44%, ha ocupado uno de los dos primeros lugares; y que en doce, esto es, 67%, ha quedado entre los 3 primeros. Alemania, Italia, Uruguay y Argentina, campeones en más de una oportunidad, obtuvieron uno de sus títulos jugando como local, mientras que Inglaterra y Francia, que sólo han logrado ganar una sola vez la Copa mundo, lo hicieron jugando en casa.

En los torneos realizados en Suiza, Suecia, Chile, México, Corea-Japón y Sudáfrica, los locales no conquistaron el título máximo, pero había una explicación sencilla: el nivel futbolístico de los respectivos equipos era en su momento muy bajo, comparado con el de los que ocuparon los primeros lugares. No obstante, el efecto territorial alcanzó a manifestarse: en Suecia, por ejemplo, los locales llegaron a la final y terminaron de subcampeones (nunca antes ni después se han acercado tanto al título máximo); en Chile, el tercer lugar fue para los de casa, y nunca más han llegado siquiera a semifinales; y en Corea-Japón, el débil seleccionado de Corea ocupó el cuarto puesto.

El azar también se entromete con fuerza no despreciable en el fútbol. Así que algunos resultados, que bien se explicarían acudiendo al azar, lo hacemos recurriendo a disculpas: malas estrategias, malos o buenos momentos de los jugadores, errores de los jueces. Pero la verdad es que un partido puede ganarlo un equipo mediocre contra otro muy superior: basta que el dios azar se compadezca del inferior. Y a veces lo hace. Esa es su lógica, caprichosa.

Muchos se preguntan: ¿por qué tantas veces los resultados de los partidos no se corresponden con lo pronosticado a partir de la calidad de los contendores? La respuesta es que el azar es un factor que no podemos olvidar en el momento de analizar resultados, y que es un factor errático, traicionero, injusto. Es la única salvación del débil. Contribuye a darle fuerzas al azar el hecho de que el fútbol es un deporte que se decide, generalmente, por un número pequeño de puntos. Y ante esa escasez, la participación de lo aleatorio en el resultado final, o la suerte, como suele llamarse, puede llegar a ser decisiva. Una pena máxima desperdiciada, un desafortunado autogol, un resbalón fortuito del portero, una mano involuntaria pero que el árbitro no considera así, una mano voluntaria, como la de Maradona en México-70 (la mano de Dios), o un “fuera de lugar” mal señalado por el juez de línea pueden ser elementos suficientes para decidir el resultado de un partido y arruinar todas las predicciones lógicas.

En 1950, por mucho el mejor equipo del momento, Brasil, perdió en su propio estadio la final del mundial frente a Uruguay (lo apodaron El maracanazo), un golpe bajo de la suerte, en una lotería para la cual el local contaba con, digamos, 9 boletas, mientras que su contendor apenas poseía una; pero la diosa suerte le sonrió al equipo que todo los analistas consideraban inferior. Hungría, en 1954, en el torneo jugado en Suiza, formó una máquina terrible de hacer goles, y derrotó 4- 2 a los máximos favoritos, Brasil y Uruguay, luego clasificó a la final con una goleada vergonzosa de 8-3 sobre Alemania; sin embargo, perdió 2- 3 el partido final, frente al mismo equipo germano (El milagro de Berna, lo llamaron). La gran vergüenza se trocó en orgullo nacional. Tenían los húngaros, digamos, 99 boletas para esa lotería y Alemania solo una, pero el azar se alía a veces, aunque pocas, con el inferior.

Francia fue campeón en 1998, pero en los dos torneos anteriores, 1990 y 1994, ni siquiera clasificó para participar en ellos. En el  mundial siguiente, en Corea-Japón, los mismos franceses, flamantes campeones mundiales, fueron eliminados en primera ronda. En 2010, España llegó a la final con Holanda, equipo que venía de ganar todos sus partidos, incluyendo los de la eliminatoria, y, contra toda lógica, la derrotó. Con esa final, Holanda completó tres cara y sellos mundialistas fallidos: en 1974 perdió frente a Alemania, en el 78 repitió el fracaso frente a Argentina y en el 2010, en Sudáfrica, volvió a perder el cara y sello frente a España.

En 1993, durante las eliminatorias para el campeonato mundial que se llevó a cabo en Estados Unidos, la selección colombiana derrotó a la argentina por un contundente 5 a 0, en Buenos Aires, en medio de la hostilidad feroz de las famosas “barras bravas”, y con el refuerzo sicológico de Maradona en la tribuna. Muchos colombianos ingenuos creyeron que la copa mundial ya nos pertenecía; sin embargo, al año siguiente, durante el campeonato, esto es, a la hora de la verdad, fuimos eliminados en primera ronda, mientras que los argentinos, nuestras víctimas, avanzaron hasta octavos de final. Cuando ocurrió ese histórico 5 a 0, los comentaristas colombianos no advirtieron que, como por encanto, en esa dichosa tarde todas las oportunidades de gol colombianas se concretaron, mientras que, en igual medida, todas las argentinas fallaron, y fueron más de cinco.

Es fácil darse cuenta de que en el factor suerte encontramos una de las claves para entender la lógica esquizoide de muchos resultados. La verdad es que en no pocas oportunidades los atacantes de un equipo fallan consistentemente por escasos centímetros, mientras que el contendor acierta en todas las ocasiones propicias, y no es raro que hasta convierta goles en condiciones casi imposibles. De allí ha surgido un principio perogrullesco: quien no hace goles los ve hacer. Ahora bien, durante un partido, una vez establecida cierta diferencia importante a favor de uno de los equipos, hay ocasiones en que el otro se derrumba sicológicamente: los jugadores pierden toda la confianza en ellos, aumentan el nerviosismo y el desorden, y por ende los errores, y se cometen faltas innecesarias, fruto de la desesperación, que se traducen a veces en expulsiones y en más goles en contra. Un axioma del fútbol dice que el equipo goleado siempre termina mermado.

Anotemos que el fracaso es como el éxito: se alimenta y robustece con sus propios desechos. Es autocatalítico: los errores generan más errores; los goles en contra, más goles en contra. Mientras el perdedor se desmorona, el ganador se robustece, pierde el respeto por el rival y aumenta su confianza. Un perfecto balancín: lo que baja el estado de ánimo del primero, lo sube el del segundo. La verdad es que muchas derrotas abultadas e ilógicas entre contendores relativamente equilibrados no se deben a la desaparición misteriosa de la calidad futbolística del vencido, sino a la acción del traicionero azar, reforzado en ocasiones por el concomitante desmoronamiento sicológico y táctico, todo ello alcahueteado por la dinámica de la bola de nieve. Ese pudo ser el caso de la vergonzosa derrota de los gauchos en el bendito día del 5 a 0, y el mismo que se ensañó contra los alemanes en Suiza en el primer encuentro contra los húngaros.

Cada partido de fútbol que se juegue equivale a poner en acción un sistema dinámico complejo, cuyos elementos, en este caso los jugadores, los jueces, los directores técnicos, el público, el terreno de juego y el entorno climático, están densamente interrelacionados. Los acontecimientos iniciales van actuando hasta configurar una situación de equilibrio precario, llamada por los estudiosos del caos equilibrio metaestable. El sistema es no lineal y, en consecuencia, impredecible, razón por la cual queda a disposición de las veleidades del caos. Éste, por consiguiente, se convierte en el indeseado jugador número doce, con tanto poder de decisión o más que el juez central.

Recordemos que los sistemas dinámicos en equilibrio metaestable responden con grandes cambios a pequeñas variaciones de los parámetros, fenómeno conocido con el nombre de efecto mariposa. Por tal motivo, una falta de concentración del portero, el titubeo de un defensor, un delantero que se adelanta unos pocos centímetros y queda en “fuera de lugar” cuando estaba ad portas de anotar, o una pequeña irregularidad en el terreno de juego pueden determinar el resultado de un partido. Ahora bien, si uno de los contendores es muy superior al otro, el efecto del azar casi siempre termina por atenuarse y se obtiene, con alta frecuencia, un resultado ajustado a las diferencias de calidad. Pero cuando existe cierto equilibrio entre los dos contendores, el caos puede llegar a ser el protagonista principal, en cuyo caso la lógica cede su turno al capricho de lo aleatorio.

Por esas razones no deben analizarse los partidos de fútbol a partir del resultado, costumbre de algunos especialistas deportivos, pues se termina produciendo ingenuas explicaciones ad hoc: El ganador siempre hizo las cosas bien, y el perdedor, mal. “Nos faltó definición”, dicen los perdedores, cómo si esto fuese asunto de voluntad o de estrategia. Tampoco debe suponerse que el resultado dice siempre cómo fue el desempeño de los equipos en el campo de juego. Además, un solo partido no permite afirmar nada sobre la calidad relativa de los equipos. “No es una muestra suficiente”, dicen los estadísticos. Recuérdese que hasta en juegos como el ajedrez, en el que los factores de azar son muy pequeños, el campeón mundial se decide después de una serie de partidas, no inferior a diez.

¿Dónde está, entonces, la lógica?, se pregunta el lego. En el fútbol no impera la lógica, le respondemos. No puede haberla pues al azar es un factor determinante, y el azar no sabe nada de lógica, ni tiene favoritos. Entonces… ¿cuál será el campeón? Adivinemos: Brasil tiene quizás más boletas que los demás, por su gran categoría y experiencia internacional pero, sobre todo, por jugar como local, con un estadio lleno de vibrantes camisetas amarillas; Colombia, tiene pocas boletas, pero tiene. Y Holanda se merece el título y tiene boletas. Sin embargo… esperemos, el 13 de julio por la noche responderemos.

Este artículo fue escrito por mi papá, Antonio Vélez M. Lo publico aqui en Catrecillo con el permiso de la Universidad de Antioquia. Este mismo apareció en:

Agenda Cultural Alma Máter, N.° 210, junio de 2014, pp. 6-10. Disponible en línea: http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/almamater/article/view/19633/16687

No sobra decir que Antonio fue futbolista de la selección de Antioquia.

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