BLOGS Actualidad

Archivo de Categoría ‘General’

20

04

2014

catrecillo

Características de una buena evaluación

Por: Ana Cristina Vélez

Entender el propósito de la evaluación es fundamental en el diseño de un buen examen.  La evaluación es un mecanismo que mide el logro, desarrollo y conocimientos de los estudiantes después de haber realizado un curso o parte de él.

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06

04

2014

catrecillo

Como evalúan los profesores en Colombia

Por: Ana Cristina Vélez

Es muy común, casi una epidemia, que se evalúe al estudiante, no para averiguar y calificar su nivel de conocimientos, sino para “corcharlo”. Parece que la mayoría de los profesores universitarios en este país no entienden cuál es el objetivo de la evaluación.

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30

03

2014

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Papel

Por: Ana Cristina Vélez

dezeen_Wind-Portal_sq El papel en blanco se asemeja a una novia. Si lo tocas se engrasa, si la tocas se ensucia. Ambos se encuentran en estados de ilusión. El papel deja su esencia una vez escribes, dibujas, rayas, pintas, doblas, pegas o cortas, para convertirse en algo concreto: un poema, una lámpara, un dibujo, un disfraz, una carta, un globo, una cometa, una despedida, una serpentina, un calado, un pitillo, un avioncito, una veleta, una hélice, un paraguas, una caja, una saeta, un pañuelo.

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23

03

2014

catrecillo

Sexualidades curiosas

Por: Ana Cristina Vélez

La leyes biológicas, tan definitorias  en las características del comportamiento humano, son muchas veces invisibles.  Por invisibles es que Freud se equivocó estruendosamente con su teoría del complejo de Edipo. Una de estas leyes dicta la evitación del incesto.  Los humanos lo evitamos, por tanto, no sentimos atracción sexual por el propio padre, por la madre o por nuestros hermanos. No falta quien salte y dé ejemplos de relaciones entre padres e hijas o entre hermanos, que contradigan esta ley, en el mejor de los casos; pues en el peor, alegan que sí sentimos atracción, pero no nos damos cuenta, pues es inconsciente. Y la verdad es que no solo no sentimos atracción, sino que la sexualidad de los padres es un tema que a los hijos no nos interesa y hasta nos fastidia imaginarlo. La naturaleza busca sus maneras de llevarnos hacia un fin. Para evitar la endogamia, suprime el deseo, la atracción entre aquellos que viven juntos desde pequeños. No sabemos a ojo quienes son nuestros parientes genéticos, pero suponemos que quienes comparten la infancia con nosotros lo son. Es una manera efectiva de lograr por medio del desinterés que no haya apareamiento. Sin embargo, las sociedades humanas actuando “racionalmente”  han creado situaciones que van  en contra de estas leyes biológicas: a largo plazo estas han terminado por fracasar. En los matrimonios llamados menores o shim-pua (nuerecita, en el idioma hokkien), muy extendidos por el sur de China en épocas pasadas, se llevaba a una niña, casi siempre de pocos recursos, a vivir en la casa del futuro marido, también niño y muchas veces más joven, mientras crecían, para luego casarlos.  El esposo terminaba abandonando a su mujer o no se casaban. Los  kibbutzim (plural hebreo de kibbutz), fueron también en este sentido y en muchos otros un fracaso: los hombres jóvenes casamenteros buscaban su pareja en otro kibbutz o partían lejos buscando parejas atractivas, o sea, desconocidas, no familiares. Dos historias muy buenas parecerían contradecir la ley biológica que nos lleva a evitar la endogamia. Se armó un escándalo cuando el Tribunal Constitucional  de Alemania supo de los hermanos Patrick y Susan, casados y padres de cuatro hijos, tres de ellos con anormalidades. La otra historia, en realidad muy desconocida, ocurrió aquí en Colombia. Un padre judío se voló con su hija para vivir con ella una relación marital.

Un aspecto común guardan las dos historias anteriores: las parejas se conocieron cuando ya los dos eran adultos. Los hermanos alemanes crecieron en familias diferentes, pues Patrick fue dado en adopción cuando era un bebé. El padre judío había tenido a su “hija” con una mujer distinta de  su esposa, le había dado apoyo económico a la madre de la niña, pero no llegó a conocerla hasta que ella fue una adulta. Las violaciones de padres, tíos o abuelos a sus niñas parientes presentan dos constantes: estos individuos no viven en el hogar, muchas veces trabajan en lugares apartados, y las niñas no crecen al lado de ellos. La situación más común de violación ocurre de padrastro a hijastra. El padrastro no percibe a la joven o niña como hija suya. Las excepciones a las leyes biológicas existen, pero son eso: excepciones, casos menores, patologías. Como dice Ricardo Bada: “Sólo hay una regla sin excepción, y es que no hay regla sin excepción”.

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16

03

2014

catrecillo

El hiperrealismo, la ilusión visual

Por: Ana Cristina Vélez

El Hiperrealismo fue un movimiento artístico de mediados del siglo XX. No era realismo avanzado en su técnica, sino una apuesta a la ilusión visual, en la cual la representación se debía confundir con el objeto representado. El hiperrealismo cuyo su lema fue “ser más verdadero que lo real” exigía verificar el engaño por medio de otros sentidos, haciendo  preciso tocar o moverse en diferentes direcciones para comprobar que el objeto o la imagen hiperrealistas son facsímiles que nos subyugan con su artificio. El hiperrealismo sigue siendo la respuesta óptima al problema de representar la realidad de la manera más fiel posible. Ha sido un objetivo perseguido desde la antigüedad y a lo largo de muchos momentos de la historia, en el reino del arte. El movimiento artístico se originó en Norteamérica alrededor de los años sesentas y tuvo su auge en la década de los setentas; apareció como reacción al movimiento Abstracto y como derivación del movimiento Pop; se mediatizó en la Documenta V, en 1972.

Los escritos de Plinio certifican que en la antigüedad el realismo era una de las metas del arte. Así lo dice el historiador de arte E. H. Gombrich en su libro Arte e Ilusión, sin dejar de advertirnos quela ilusión comienza una vez ponemos en marcha nuestra capacidad de proyectar y completar: “El más famoso cuento de ilusión en la antigüedad clásica ilustra perfectamente este aspecto; es la anécdota, referida por Plinio, de cómo Parrasio superó a Zeuxis, quien había pintado unas uvas tan ilusionistas que unos pájaros acudieron a picotearlas. Parrasio invitó a su rival a su taller, para mostrarle su propia obra, y cuando Zeuxis se precipitó a levantar la cortina que cubría el panel se encontró con que no era real sino pintada, después de lo cual tuvo que conceder la palma a Parrasio, que no había engañado a meros pájaros irracionales, sino a un artista. A la fría luz de la razón la hazaña de Parrasio no es tan admirable. Dentro de la experiencia del pobre Zeuxis, la probabilidad de encontrarse con una cortina pintada era seguramente nula. Unos cuantos toques de luz y sombra debieron, pues, bastar para hacerle «ver» la cortina que esperaba, tanto más porque ya estaba arrojado mentalmente hacia la fase siguiente, la que quería develar.”[1]

La imagen en la Edad Media no necesitó el realismo, debido a su función, pero la del Renacimiento sí. El humanista italiano Alamanno Rinuccini consideraba al pintor Masaccio capaz de expresar la forma de cualquier objeto de la naturaleza con tal perfección que no se podía saber si se estaba mirando la imagen de una cosa o la cosa misma. La invención de la perspectiva de Fillipo Brunelleschi fue un paso importante en la conquista del realismo. El pintor italiano Antonio Allegri da Correggio avanzó en la técnica y pintó techos y cúpulas de iglesias tratando de producir la ilusión de que el techo se abría y las nubes iluminadas por el sol entraban en el recinto con sus moradores celestes revoloteando con las piernas suspendidas sobre nuestras cabezas.

El techo de la cúpula de la iglesia de San Ignacio, de la Roma del Barroco, pintada por Fra Andrea Pozzo, otorga otro magnífico ejemplo. Arcos y columnas, cielo y ventanas, reales y ficticias se confunden, ¿dónde empieza la pintura? No podemos saberlo. La técnica del óleo sumada a el conocimiento de esquemas cada vez más depurados que sabían cómo hacer para parecer contribuyeron a la ganancia de realismo. Se dice que los alumnos de Rembrandt pintaban monedas en el piso de su estudio, por el placer de verlo agacharse a recogerlas.

El trompe l’oeil o trampantojo se usa para designar la ilusión de realidad en la cual los objetos pintados parecen salir del cuadro y estar colocados en la realidad. En la antigua Roma se realizaban pinturas ilusionistas, pero con elementos arquitectónicos: columnas, ventanas que se simulaban o materiales como texturas en la decoración; muy comunes los  falsos mármoles.

Trampantojo, de Santiago Cárdenas

Gerhard Ritcher, pintura.

En el siglo XIX el trampantojo se puso de moda en Estados Unidos. A principios del siglo XX, la fascinación de los norteamericanos con la riqueza desembocó en el género que llamaron the fake money painting, o del dinero falso. Artistas como Nicholas A. Brooks y, más tarde Otis Kaye, fueron capaces de pintar billetes tan realistas que el Servicio Secreto les prohibió hacerlos.

Cuando aparece la fotografía, los parámetros de realismo aumentan. La fotografía nos revela aspectos de la realidad nunca antes vistos. El hiperrealismo se convierte en pintura que representa la realidad por medio de la copia de las imágenes fotográficas. La diapositiva se deja proyectar y copiar sobre el lienzo y la fotografía permite la insoportable y tediosa tarea de copiar lo que aparece en cada centímetro cuadrado. El americano Chuck Close perfeccionó como nadie esta técnica. En algunos casos utilizó el pincel de aire para eliminar las marcas que dejaba el pincel de pelo. En sus retratos se pueden ver los poros de la piel, el sudor, las arrugas y contar pestaña por pestaña. Close nos hace testigos de una realidad que ni siquiera el retratado conoce, pues lo vemos como a través de una lente de aumento. El americano Richard Estes es otro famoso hiperrealista, pero de espacios urbanos.

Hubo escultores en el movimiento como Duane Hanson. Este vistió para una exposición a más de treinta esculturas que dispuso repartidas en la galería; era difícil distinguirlas de los visitantes. Después de 1976 sus esculturas se vuelven incluso más realistas, pues Hanson cambia el poliéster por el polivinilo de acetato, el cual imita la piel con mayor perfección. La técnica de los americanos Hanson, John de Andrea, George Segal y del británico John Davies se basa en la confección de moldes sacados de los modelos reales. El hiperrealismo en la escultura ha reproducido objetos en cerámica cocida simulando cualidades opuestas a las del barro, objetos blandos, de papel, de madera de esponja. El hiperrealismo espacial busca crear efectos de profundidad y atmosféricos ilusorios.

En su aspecto conceptual, el hiperrealismo se refería a la vulgaridad del mundo que nos rodea, a sus imperfecciones, sin ningún tipo de idealización. Ambicionó ser un tipo de  memoria, de postura política que reflejaba apariencia, gustos y necesidades de la clase media de Los Estados Unidos de los años setentas. Las pinturas urbanas plasmaban lugares  desencantados, sin hacer ningún tipo de concesión al espectador. Es en la escogencia de sus temas donde se podía notar el objetivo conceptual del movimiento.

El hiperrealismo puede engañarnos porque nuestra percepción está regida por leyes que evolucionaron para los habitantes de un planeta iluminado desde arriba, por el sol, que se desplaza sobre un mundo de superficie aparentemente plana, un mundo de tres dimensiones con relaciones de profundidad, y dominado por la gravitación; también está regida por un cerebro que lee constantes, establece relaciones y aprende. La percepción está basada muchas veces en inferencias que hacemos de reglas, de unas reglas que conocemos inconscientemente.

En distintas épocas, artistas como espectadores pensaron que se había llegado al límite de las posibilidades de generar la ilusión de realidad. Hoy sabemos que los pájaros no picotean imágenes pintadas, ni los perros ladran a otro perro, ni pintado ni filmado; sus cerebros no poseen las facultades necesarias para poder ser engañados. La ilusión de realidad ha sido motivo de asombro entre los antiguos como entre los modernos; sin embargo, el ojo cada vez más educado necesita más refinamientos y nuevos trucos para ser engañado. Lo que asombraba en el Renacimiento por su “realismo”, hoy, nos parecen aproximaciones. La capacidad de observar aumenta con la  experiencia que aportan los instrumentos. La fotografía nos ha enseñado a ver de una manera inesperada, y el hiperrealismo se debe en gran medida a las técnicas de proyección, video, fotografía, al pantógrafo  y a los nuevos materiales.

¿Por qué nos fascina, por qué queremos sustituir la realidad con algo que se le parece en vez de buscar otros métodos capaces de evocar las mismas emociones y de comunicar las mismas ideas? Quizás por la dificultad que entraña el hacerlo, porque nos encanta resolver tareas difíciles para las que se requiera habilidad, gran capacidad de observación y dominio manual y técnico; quizás porque nos deleita la simulación, además de que es una herramienta intelectual poderosa. Imaginemos, en un mundo en el que no existía la fotografía, el gran valor que tendría poseer una imagen que nos recordara en su parecido a un ser ausente al que amábamos.

El espectador del siglo XXI es refinado visualmente, está acostumbrado a torrentes de información visual y a decodificarla con rapidez; sin embargo, el engaño visual es posible. Los movimientos pasan de moda, pero abren caminos, producen nuevas ideas, herederos. El hiperrealismo ha derivado hacia un ilusionismo más abierto, más interesante. Pintores  como el alemán Gerhard Richter (1932) trabaja a partir de fotografías, no para parecerse a la realidad sino para parecerse a las mismas fotografías, pero a esas que muestran barridos que captan el movimiento, o a las que presentan fragmentos desenfocados, o las que tomamos a una gran distancia del objeto, como desde un avión. El escultor australiano Ron Mueck hace sus figuras hiperrealistas, pero les modifica el tamaño; aunque describen la realidad, como la de un bebé recién nacido con su cordón umbilical todavía pegado,  su tamaño es gigantesco, como si lo relacionara con la emoción que produce el evento del nacimiento. Otras son diminutas, como la de su padre muerto, que ubica en la mitad de una enorme galería, allí su padre desnudo y de unos cuantos centímetros nos demuestra el vacío enorme espacial y mental que produce su muerte.

Con seguridad, es mucho lo que puede esperarse de las impresoras 3D; generaran mil cosas que apenas empezamos a imaginar; no solo hacen posible la reproducción exacta de cualquier objeto inerte, sino que permiten reemplazar piezas humanas biológicas no solo para el mundo del arte.

 Publicado antes en la revista Generación, del Colombiano, el 16 de febrero de 2014.

[1] Gombrich, Ernst. Arte e ilusión. Debate. 1959-1998. 173 p.

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28

02

2014

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Un mundo mejor para los animales

Por: Ana Cristina Vélez

Los cambios sociales son graduales y lentos, pues la cultura humana para mantener su estabilidad necesita mostrar resistencia a las ideas nuevas. Muchos consideran que si una idea ha prevalecido es porque se justifica, pero no siempre es válido desde un punto de vista ético. Dominar, colonizar y esclavizar pueden ser muy convenientes para una determinada economía, pero no son acciones justas, pues no deseamos que nos ocurran.

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23

02

2014

catrecillo

Otra víctima del “delito” de ser gay

Por: Ana Cristina Vélez

“Estoy muy enamorado de ti” fue el mensaje de texto que le costó la vida a Roger Jean -Claude Mbede, de 34 años. Por hacer explícita su homosexualidad fue encarcelado, como lo dictan las leyes de Camerún, y este encarcelamiento propició su muerte. Las leyes homofóbicas que han regido en algunos países de África, en este caso bajo el mandato del presidente Paul Biya, consideran que el amor entre personas del mismo sexo es un crimen que debe ser castigado con cárcel.  En Uganda se está intentando aprobar una ley para que la homosexualidad sea castigada no con cárcel sino con pena de muerte. Camerún, según Human Rights Watch, es el país donde más casos legales se presentan contra homosexuales, incluso, hace poco, un famoso activista líder de los derechos de los homosexuales fue torturado y asesinado. Roger Jean -Claude Mbede fue detenido en marzo del 2011 y encarcelado un mes después. Por ese mensaje de texto recibió una pena de tres años. En julio de 2012, por motivos de salud, se le concedió libertad provisional; Mbede necesitaba tratamiento urgente para una hernia. No se conocen los detalles de su muerte, pero se sospecha que su familia, después de la cirugía, no le dio el apoyo que este necesitaba; en el fondo, lo preferían muerto. En la ignorancia, la familia estaba convencida de que se le podía dar un tratamiento para “curar” la homosexualidad. Cuando un periodista de derechos humanos fue a visitarlo, Mbede estaba en tan mal estado que no podía hablar ni tenerse de pie. Las ideas de que la homosexualidad se adquiere o se puede “curar”, de que los homosexuales son moralmente inferiores, pecaminosos, peligrosos, violadores, y un sin fin de insensateces más, solo muestra ignorancia y atraso cultural. La ignorancia no es solo atrevida, es peligrosa y criminal, nos lo corrobora la historia con un inmenso número de ejemplos. Estas leyes no distan mucho de las de la inquisición; son legislaciones como la quema de brujas, con las mismas características. Para tocar el tema con profundidad, considero pertinente traer al blog el ensayo realizado por el matemático y divulgador científico Antonio Vélez. Gay, ¿flaqueza o naturaleza? Se estima que cerca del 5% de los hombres son homosexuales, y que cerca del 2% de las mujeres son lesbianas. Una minoría. Y el hecho de ser minoría se constituye en una verdadera tragedia para muchos de ellos, porque a las minorías se las discrimina. El filósofo y matemático inglés Bertrand Russell decía que a un hombre que se cree un huevo cocido se lo interna en un manicomio sólo por que está en minoría. Se explica, entonces, por qué a los homosexuales se los ha tildado de enfermos mentales. Algunos los consideran pervertidos, degenerados, dañados, entre otros juicios denigrantes. Hasta finales del siglo XIX, en casi todos los códigos penales, la homosexualidad figuraba en la lista de delitos (en Colombia, hasta 1980). Con el florecimiento del sicoanálisis durante la primera mitad del siglo XX, lo que antes era un delito se convirtió en una enfermedad mental, y como tal, podía ser curada. Se ensayaron terapias de todo estilo, y aún se sigue utilizando la más común, el castigo físico. El fracaso ha sido siempre rotundo. En particular, el conductismo ofreció nuevas terapias para esa temida “enfermedad”, por medio del castigo y la recompensa. Una de las más bárbaras consistía en presentarle al sujeto un desnudo fotográfico de una persona del mismo sexo y aplicarle, en forma simultánea, una dolorosa descarga eléctrica. Debido a su total ineficacia, hoy ya nadie la usa. La misma ineficacia de la terapia sicoanalítica. Y la razón es clara: se ha olvidado el enorme poder de las fuerzas de natura. Es como si tratáramos de “curar” a un zurdo para convertirlo en diestro (y se intentó), por medio del látigo, o del diálogo. Por fortuna, esos bárbaros tiempos han cambiado, y ahora la homosexualidad empieza a ser entendida, no como una enfermedad, ni como una degeneración, sino, más bien, como lo que es: una variante sexual. La realidad es que toda persona verdaderamente civilizada considera hoy que los individuos homosexuales están en igualdad de condiciones con los heterosexuales, si se los juzga por sus atributos intelectuales, y que son aptos para desempeñar los mismos oficios. Además, no existe diferencia al comparárselos con los heterosexuales en los aspectos morales, cuando éstos se entienden libres del lastre de los prejuicios religiosos. Tesis ambientalistas Por siglos se ha considerado que la homosexualidad es consecuencia de una educación equivocada, o que es inducida por circunstancias particulares del ambiente de crianza. El sicoanálisis, por su lado, atribuye la homosexualidad masculina a dificultades en las relaciones del niño con su entorno familiar, de tal modo que un padre ausente o una madre posesiva pueden desencadenar una orientación sexual inapropiada. El sicoanalista colombiano Hernando Bernal (revista La Hoja, abril, 1996) concibe así la génesis de esta conducta: “El joven ha estado apegado a su madre con una intensidad inusualmente grande. Con la pubertad llega el momento de sustituir a la madre por otra mujer. Sucede, entonces, que el joven no se desprende de su madre, sino que se identifica con ella y busca a quién amar y cuidar como lo hizo su madre con él”. El doctor Bernal, como casi todos los que defienden las tesis ambientalistas, descarta de un plumazo las teorías biológicas, y atribuye la “culpabilidad” al mismo sujeto. Así escribe para la Hoja Metro (febrero 22, 1996): “Si bien hay teorías que piensan que la causa de la homosexualidad es orgánica –un gen que transmite la madre (¡un gen gay!), o un déficit en algún lugar del cerebro…, éstas sólo sirven para reforzar una posición irresponsable del sujeto homosexual, ya que encuentra en ellas la disculpa `fácil´ para explicar su condición: `soy gay porque nací así´…” Además de la falta de argumentos en contra de una génesis orgánica para la conducta homosexual, Bernal acepta que ser gay es una falta que requiere disculpas, como si hubiese culpas, y tilda al homosexual de irresponsable. Harto desactualizada se encuentra esta posición, dado todo lo que hoy se conoce sobre la biología de la sexualidad, en particular, sobre el efecto de las hormonas prenatales en la futura orientación sexual del adulto, esto es, en la elección de su pareja, y dado el amplio conocimiento acumulado sobre las variables genéticas y sus efectos en la conformación de los sexos físico y sicológico. Además, se olvida que la homosexualidad es una variante que produce espontáneamente la misma naturaleza, sin que sea patrimonio exclusivo de nuestra especie. Tesis biológica Aunque hoy se sabe mucho sobre el desarrollo embrionario, es más lo que se ignora. Sin embargo, sobre el desarrollo sexual, en particular, se conocen algunos detalles que son básicos en la formación de los órganos sexuales y en la identidad sexual del futuro ser humano. Por ejemplo, hasta la sexta semana de la gestación, todos los varones presentan las mismas características anatómicas de las hembras. Pero a partir de ese momento se inicia una etapa crucial en la que el gen denominado SRY, situado en el cromosoma Y, toma el comando de las acciones que cambiarán la dirección inicial del proceso, femenina, en masculina. A continuación se activan otros genes relacionados con el sexo masculino y, si las condiciones bioquímicas del vientre materno son normales y si, además, la dotación genética no contiene mutaciones perturbadoras, el sujeto quedará más tarde convertido en un varón. Pero si por algún motivo se inhibe la acción de los andrógenos, la morfología y la sicología resultantes se conservan femeninas. Cuando el desarrollo embrionario marcha con normalidad, en la octava semana aparecen los testículos, y un mes más tarde comienza a distinguirse el pene. En la semana dieciséis, el pequeño varón tiene ya su sexo anatómico completamente definido. Es importante señalar que el medio ambiente hormonal del embrión es responsable de que su cerebro se masculinice o feminice. Si está presente la testosterona, ésta circula por todo el torrente circulatorio y deja su impronta en el tejido cerebral, de tal suerte que se forman receptores específicos para dicha hormona en el hipotálamo y en otras zonas cerebrales. El efecto logrado por la testosterona es permanente, pues su acción es organizadora, efecto que más tarde se traducirá en características del comportamiento. En aquellos casos en los que el gen SRY presenta alguna anomalía apreciable, el proyecto de varón aborta y el sujeto conserva su condición femenina inicial. En otras palabras, puede obtenerse una mujer normal a partir de un proyecto abortado de hombre. La nadadora norteamericana Marilyn Saville era, sin duda, una mujer muy bien definida en todos sus rasgos, a pesar de que sus células portaban los cromosomas XY, correspondientes a los varones. La atleta española María José Martínez Patiño luchó intensamente para que se la dejara competir con las damas en los Juegos Olímpicos de Barcelona, pues su dotación genética sexual era XY; sin embargo, en todos los demás aspectos era una mujer normal. Lo que ocurre en casos como estos es que si bien las hormonas masculinas pueden estar presentes, no existen receptores específicos para dichos compuestos; de ahí que las dos atletas fuesen anatómica y sicológicamente femeninas, con talla y musculatura correspondientes a su sexo aparente, exactamente como si el cromosoma Y no estuviese presente. Las investigaciones sobre la incidencia de lo biológico en la orientación sexual, aunque todavía contienen puntos discutibles, permiten conjeturar, con múltiples argumentos, que además de los factores culturales, los orgánicos tienen una influencia notable, con seguridad mayor que los primeros. Y es de esperar que así sea, pues antes de nosotros poseer consciencia y cultura, pasamos en el devenir evolutivo por etapas zoológicas, durante las cuales las tesis ambientalistas pierden todo su valor. En el mundo animal cada individuo está programado genéticamente para lograr una correspondencia perfecta entre su anatomía, su sicología y su apetencia sexual. Este saber implícito le indica al animal si debe comportarse como macho o como hembra, y lo guía para que elija espontáneamente una pareja sexual acorde con su sexo físico. Ahora bien, por ser el hombre una especie zoológica más, debe tener aún programado en su material genético las instrucciones que lo llevan espontáneamente a una correcta orientación sexual, pues la aparición de la especie humana es muy reciente, en términos evolutivos, y las instrucciones correspondientes no han tenido tiempo de desaparecer, ni ha existido razón alguna para que ello ocurra. Más aún, dado que la eficacia reproductiva es el determinante primordial del proceso evolutivo, la evolución tenderá obligatoriamente a producir cerebros que conserven la orientación sexual apropiada. Se sabe que aquellos varones que, por causa de alguna irregularidad genética no produzcan testosterona en estado embrionario, resultan anatómica y sicológicamente feminizados. Asimismo, la carencia hormonal altera muchas veces la orientación sexual. De otro lado, la presencia de testosterona en un embrión femenino puede conducir a características físicas y sicológicas masculinas. A veces, por causas variadas, el medio ambiente hormonal del vientre materno no concuerda con el género del embrión, en cuyo caso puede quedar seriamente comprometida la correcta orientación sexual del futuro ser humano. En estudios llevados a cabo con animales se ha observado que al aplicar determinadas hormonas en las hembras preñadas aumenta enormemente las probabilidades de obtener crías homosexuales. Por otro lado, si en forma temprana se castra a un animal o se le suministran ciertas drogas que inhiben la producción de la enzima aromatasa, los así tratados son atraídos por miembros de su mismo sexo. Si a las hembras se les suministra testosterona, algunas veces muestran comportamiento homosexual. En síntesis, la modificación del balance hormonal, sobre todo en animales muy jóvenes, tiene como efecto inmediato modificar las relaciones naturales de atracción entre sexos opuestos, lo que demuestra la enorme incidencia de los factores biológicos en el comportamiento sexual. Cabe advertir que en múltiples ocasiones el sexo físico no está bien definido, lo que hace el problema de la identidad sexual aún más difícil. Es tan compleja a veces la separación de los sexos, que la genetista de la universidad de Brown, Anne Fausto-Sterling, no duda en proponer, además de los dos conocidos, la existencia de por lo menos tres sexos intermedios: los Herms (abreviatura de hermaphrodites), que comprende a aquellos individuos de composición cromosómica masculina, pero que tienen un ovario y un testículo, en la pubertad desarrollan los senos y, aunque tienen vagina y clítoris, no menstrúan; los Merms (de male hermaphrodites, o hermafroditas masculinos), subgrupo formado por individuos de composición cromosómica masculina, que poseen testículos y, no obstante presentar ciertos aspectos de la anatomía femenina, no tienen ovarios; por último, los Ferms (de female hermaphrodites, o hermafroditas femeninos), clase formada por aquellas personas que presentan ovarios, composición cromosómica femenina y, en ciertas oportunidades, útero, pero que también poseen algunos genitales masculinos, no siempre bien desarrollados. El neurobiólogo norteamericano Simon LeVay (LeVay, 1994), investigador del Instituto Salk, ha encontrado diferencias anatómicas apreciables entre cerebros masculinos y femeninos. En investigaciones anteriores, realizadas por la neuróloga Laura S. Allen, en la universidad de California, se había observado que en los cerebros masculinos, una zona específica del hipotálamo, denominada NIHA3 y encargada de regular el comportamiento sexual de los varones, era por lo menos tres veces más voluminosa en los hombres que en las mujeres. Este resultado indujo a LeVay a sospechar que en esa misma zona podrían existir diferencias entre hombres homosexuales y heterosexuales. Para su experimento, el investigador examinó cortes cerebrales de 41 sujetos fallecidos, entre los cuales había 19 homosexuales masculinos, 16 varones heterosexuales y 6 mujeres heterosexuales. Pues bien, LeVay encontró que el NIHA3 de los sujetos homosexuales era más parecido, en tamaño, al de las mujeres, y que en los varones heterosexuales era entre dos y tres veces mayor que en los homosexuales. En 1993, el doctor Reuter Dean Hamer informó en la revista Science que en 76 familias estudiadas, seleccionadas por haber en cada una de ellas un homosexual masculino, era mayor la proporción de gays que en la población general; asimismo, la desproporción mayor se daba en la línea femenina de las familias. Motivado por este descubrimiento, realizó un estudio del ADN de 40 pares de hermanos homosexuales. La investigación mostró que 33 de los pares (83%) compartían cierto segmento genético, localizado en el cromosoma X. Ahora bien, se sabe que los hermanos varones reciben al azar uno de los dos cromosomas X de la madre, por lo que se esperaba que, aproximadamente, el 50% de los pares de hermanos fuesen portadores del cromosoma mutado, contra el 83% observado. Pero si el 83% de las parejas de hermanos homosexuales compartían el segmento cromosómico, era muy probable que en él residieran instrucciones relacionadas con la orientación sexual. Ahora bien, el hecho de pertenecer el segmento estudiado al cromosoma X explica por qué un rasgo desadaptativo, como lo es buscar el apareamiento con individuos del mismo género, se haya podido conservar durante generaciones. Dice un teorema de la teoría evolutiva, que todo rasgo desadaptativo tiende a desaparecer con el paso del tiempo, excepto si la característica negativa reside en uno de los cromosomas X de la madre, pues las deficiencias, si las hubiere, serán remediadas por el otro X, siempre presente en las hembras, pero ausentes en los varones. El estudio de Hamer fue criticado por algunos colegas suyos, hecho que obligó al autor a emprender un segundo estudio, esta vez con veintitrés pares de hermanos homosexuales, en los cuales encontró que dos terceras partes, en vez de la mitad, como es lo usual entre hermanos, compartían el mismo segmento cromosómico ya señalado. En otra prueba más, el mismo equipo de investigadores examinó el cromosoma X en doce heterosexuales, hermanos de los homosexuales estudiados, y encontró que sólo una cuarta parte de ellos compartían la región sospechosa de homosexualidad, contra una mitad, valor esperado por simple herencia mendeliana. A la luz de estos primeros experimentos, resulta muy probable que el segmento genético supuestamente comprometido con la orientación sexual desempeñe un papel importante, sin ser suficiente ni necesario para determinarla completamente. Que predispone, esto es, que propone, pero no siempre dispone. Y esto no tiene nada de extraño. Por ejemplo, se sabe que la diabetes está determinada por factores biológicos; sin embargo, se ha dado el caso de gemelos idénticos en los que uno solo sufre la enfermedad, no obstante poseer ambos la misma dotación genética. Esto prueba que, muchas veces, lo que se hereda no es más que, o bien una propensión, o una especie de fragilidad frente a los embates del entorno. El lesbianismo, u homosexualidad femenina, ha sido poco estudiado. Además, curiosamente ha sido menos sancionado que la homosexualidad masculina, paradójica discriminación en una sociedad machista. Recientemente, con el fin de llenar este vacío, los profesores Denis McFadden y Edward Pasanen publicaron, en el Proceedings of the National Academy of Sciences, un estudio muy elaborado sobre el tema. Los investigadores sugieren que la exposición del feto femenino a hormonas masculinas durante la gestación aumenta notablemente la probabilidad del lesbianismo. Este fenómeno se presenta en forma natural cuando un feto hembra se desarrolla junto a un mellizo varón, cuya testosterona crea un ambiente hormonal común, predominantemente masculino. Reflexiones finales Como ha podido verse, las hormonas prenatales participan activamente en la conformación de las estructuras cerebrales, y éstas, más tarde, se manifiestan visiblemente como respuestas emocionales diferentes para los dos sexos, que actúan como recompensas inmediatas para orientar y facilitar el aprendizaje de las conductas sexuales. Todas las diferencias anatómicas y funcionales encontradas hasta el momento entre cerebros masculinos y femeninos, y otras que posiblemente se encontrarán más adelante, nos alientan a conjeturar que pueden existir personalidades o psicologías masculinas y femeninas, aún antes de que el influjo cultural haya tenido tiempo de entrar en acción. Con el conocimiento disponible hasta el momento, sólo hay una conclusión definitiva: la conducta sexual humana es demasiado compleja para atribuírsela a un solo factor. Y aunque lo biológico tiene un peso enorme en la configuración de ese paquete complejo que llamamos sexualidad, considerar que lo determina completamente es caer en el mismo error de la posición ambiental. Hay que entender que en las especies superiores, los factores biológicos actúan sobre el comportamiento por medio de un potencial sicológico, que se manifiesta al ir madurando el cerebro del sujeto, y que lo orienta con preferencia en ciertas direcciones fijas, por medio de inclinaciones, apetencias, flaquezas, vocaciones y predisposiciones. El potencial que modela lo sexual tiene que ser muy poco lábil frente a las cambiantes circunstancias que ofrece el entorno social, pues de él dependen la correcta orientación sexual y la asunción de los roles genéricos, elementos claves en el proceso evolutivo. La realidad es que, gracias a instrucciones muy precisas, escritas en el genoma humano, el 95% o más de las personas encuentra sin dificultad la orientación sexual apropiada. Si ésta dependiese sólo de las volubles condiciones del medio social que rodea al niño, como lo postulan las teorías ambientalistas, se esperaría un porcentaje de homosexuales muchísimo mayor. Porque si hay una característica que deba estar bien apuntalada por la naturaleza, ninguna como la orientación sexual. Lo cierto es que aquellos viejos imperativos sexuales, zoológicos, tienen que estar aún presentes, y desde las partes más primitivas e irracionales del cerebro deben de ejercer todavía su poderoso efecto, aunque en el ambiente soplen vientos contrarios. Hay quienes creen que las condiciones sociales del mundo moderno han hecho que la homosexualidad vaya en aumento. Hay aquí un error de interpretación. Por un lado, el número de homosexuales sí ha crecido, pero se debe al aumento de la población, no al de la proporción; por el otro, gracias a los progresos en civilización logrados en los últimos decenios, el número de homosexuales que se atreve ahora a revelar su identidad es muchísimo mayor que antaño, sin que haya cambios en la proporción. Algunos sicoanalistas argumentan que muchos de los varones homosexuales que asisten a terapia confiesan haber tenido escaso trato con el padre o haber mantenido relaciones muy difíciles con él. Esta observación, según teóricos del sicoanálisis, confirma la hipótesis en la que la ausencia del padre o una relación traumática con él son agentes poderosos en la génesis de la homosexualidad. Sin embargo, cabe otra explicación: la relación escasa o difícil con el padre no es la causa sino la consecuencia. Y es que muchos padres, apenas notan en sus hijos varones alguna inclinación femenina, ya en los juegos, ya en su comportamiento general, tratan por todos los medios de corregir lo que a sus ojos es una desviación, y en ese momento comienzan los enfrentamientos, o el distanciamiento. La verdad es que la forma como se desarrolla nuestra sicología, masculina o femenina, no puede averiguarse consultando únicamente el entorno social. Tampoco es suficiente postular que una madre dominante o la presencia de un padre hostil y distante son los determinantes únicos de la homosexualidad. Esto no pasa de ser una indebida simplificación del problema, de la cual poco podemos esperar. La realidad es que los factores genéticos son los más importantes en la génesis de la homosexualidad, hasta el punto de lograr su cometido en el medio de crianza que fuere; sin embargo, las fuerzas del ambiente no pueden despreciarse, y menos aún cuando actúan en conjunción con un genoma propiciador. También es posible, aunque debe ser la excepción, que las circunstancias del entorno durante la niñez lleguen a ser tan críticas o traumáticas que ellas solas sean capaces de hacer cambiar de rumbo a la orientación sexual. Porque hasta en los adultos, las circunstancias ambientales pueden en cierto momento ser determinantes de la vida sexual. En las cárceles, por ejemplo, debido al confinamiento y a la privación sexual, aparece a veces la conducta homosexual, aún entre personas de orientación muy bien definida. E igual cosa, dicen, ocurre en los conventos y en los internados. Si pensamos con sensatez, debemos reconocer que es demasiado temprano para hacer afirmaciones categóricas. A los investigadores de la conducta humana les corresponde averiguar la importancia relativa de los factores ambientales y biológicos. Pero, independientemente de los resultados futuros, lo más civilizado es afirmar que la homosexualidad no es ningún pecado, que sólo es una variante más de la fecunda naturaleza, y que los homosexuales tienen los mismos derechos de los heterosexuales, en particular, el derecho a organizar sus vidas de la manera que más felicidad les proporcione. Hablar en estos casos de culpabilidad, enfermedad, degeneración o perversidad, es volver a las tinieblas de la Edad Media. “Gay: ¿flaqueza o naturaleza? Estudio crítico sobre la homosexualidad y sus orígenes”, La Hoja, Medellín, núm. 68, 1998. Antonio Vélez M.    

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02

2014

catrecillo

La mamografía y su utilidad

Por: Ana Cristina Vélez

El British Medical Journal ha dado esta semana una noticia descorazonadora: el último estudio, realizado en Canadá, sobre los beneficios de la mamografía en la reducción de muertes por cáncer, muestra que estos beneficios no son significativos; así lo anunció el líder del estudio, el doctor Anthony Miller, epidemiólogo de la Universidad de salud pública de Dalla Lana, Toronto. Durante un período de 25 años (la investigación comenzó en 1980) se examinaron 90.000 mujeres entre los 40 y los 59 años de edad, en seis provincias canadienses. Los grupos de estudio se dividieron en dos: una mitad, a la cual cada año se le realizaba mamografía y examen físico, y la mitad restante a la cual solo se le realizaba examen físico; a ambos grupos se los monitoreó durante cinco años. En los 25 años de investigación, de las 44.925 mujeres estudiadas con mamografía, 3.250 fueron diagnosticadas con cáncer de mama; en el grupo de examen físico lo fueron 3.133 de las 44.910. Del grupo diagnosticado con mamografía murieron 500 pacientes debido al cáncer, en el grupo de examen físico murieron 505 por la misma causa. Los investigadores encontraron además que las mujeres que se examinaron usando la mamografía fueron más propensas a ser diagnosticadas con cáncer, pero la prueba no redujo el riesgo de morir por causa de la enfermedad. El equipo de investigación encontró que un 22% de los cánceres encontrados en las mamografías eran falsos positivos; lo cual significa que de cada 424 mujeres revisadas con la mamografía, una recibió tratamiento innecesario contra un supuesto cáncer. Las políticas de salud recomiendan empezar a hacerse el examen alrededor de los cuarenta años, pues el cáncer invasivo de seno que se manifiesta alrededor de esa edad es a menudo el más agresivo, y 17% de las muertes por cáncer pertenecen a ese grupo. Los investigadores del British Medical Journal creen que la mamografía detecta a menudo cánceres que no se volverían peligrosos si se los dejara sin tratar. Groso modo, la mitad de los cánceres que se ven en la mamografía, y que no se detectan con el examen físico, caen en esa categoría. Así que Miller y su grupo considera que las políticas para el uso de la mamografía deberían cambiar. En Estados Unidos, el American College de Radiología considera que los resultados de este estudio no son confiables pues se basan en resultados logrados con equipos de mamografía de “segunda mano”, operados por técnicos poco capacitados. Pero los autores del estudio se mantienen en su posición frente a las críticas y se muestran esperanzados en encontrar evidencias de que la mamografía sí tiene incidencia en la reducción de muertes por cáncer de mama. Otro aspecto interesante es el económico: aquellos que han comprado los equipos para hacer la mamografía, sobre todo en países del tercer mundo, no van a implementar políticas que impidan que sus pacientes terminen pagando la inversión, al tomar el examen. Además de este estudio, la médica internista Deborah Rhodes, en su conferencia en TED, explica que la soñada detección temprana de un cáncer por medio de la mamografía es un carisellazo. Asegura que incluso ser radiólogo es un trabajo peligroso, pues con frecuencia son demandados por aquellos pacientes cuyos cánceres no fueron detectados con el aparato de rayos X. Deborah Rhodes alerta sobre un factor muy importante que toda mujer debe conocer y tener muy presente: la densidad mamaria. Si se tiene más de cuarenta años y ya se sometió a una mamografía se debe conocer la densidad mamaria. Desafortunadamente, los ginecólogos pocas veces lo comentan con las pacientes, y es fundamental, ya que no solo una densidad mamaria alta dificulta el buen diagnóstico, sino que es en sí mismo un factor de riesgo, incluso mayor que el de tener madre o hermana con cáncer de mama. La densidad mamaria depende de la relación entre cantidad de grasa y tejido conectivo epitelial. Cuando el tejido mamario esta entreverado con grasa es fácil descubrir un tumor con la mamografía, pero es casi imposible hacerlo si el tejido es denso y hay poca grasa. En una mama densa, la mamografía detecta el 40% de los tumores; en una mama grasa, detecta el 80% de los mismos. A los 40 años, dos mujeres de cada tres tienen el tejido mamario denso. Después de la menopausia este pierde densidad; sin embargo, una de cada tres mujeres lo siguen manteniendo denso. La densidad presenta 4 categorías: 1-densidad menor del 25 %. 2- densidad fibroglandular dispersa. 3- densidad fibroglandular heterogenea densa. 4- densidad fibroglandular densa extrema. Cuando se está en cualquiera de las dos últimas categorías se pertenece al grupo de riesgo. Sería injusto no mencionar que la doctora Rhodes y el físico nuclear Michael O´Conner, de la clínica mayo, han inventado un nuevo método más económico y sencillo para mirar la mama, un detector de rayos gamma. Ella fue invitada a dar su charla en TED para hablar sobre él. El detector se encuentra todavía en experimentación y promete ser extraordinario para la detección de tumores pequeños; ojalá sea cierto y llegue pronto a los consultorios.    

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09

02

2014

catrecillo

La dieta del ayuno

Por: Ana Cristina Vélez

En la pesada batalla contra el peso se ven aparecer dietas nuevas cada día. Las dietas funcionan,en el sentido de que bajar peso sí es posible, pero funcionan mal, porque a la mayoría le queda imposible seguirlas a largo plazo. Sin embargo, una nueva dieta, la dieta del ayuno, parece, por lo pronto, una más fácil de seguir a largo plazo. El médico inglés Michael Mosley la ha vuelto popular a través de su libro The Fast Diet y un documental realizado para la televisión, pero no es el único libro que se ha publicado sobre este tipo de dieta, existe otro, el 5:2 Diet. La dieta 5:2 o Fast Diet es un poco distinta a la mayoría de las dietas, pues implica seguirla solo durante dos días por semana, en los otros cinco el consumo calórico es normal. Propone bajar esos dos días el consumo a 500 calorías. Se sobreentiende que los otros cinco días no se debe comer en exceso, sino moderadamente. Promete ser llevadera, pues ejercer la voluntad dos días a la semana es sin duda más fácil que hacerlo durante siete. Además de que se baja en promedio una libra de peso por semana, esta dieta hace disminuir los niveles de colesterol, así como la resistencia a la insulina. Los investigadores aducen que incluso incrementa la concentración mental y la productividad; al menos, al analizar sus efectos en roedores. Para los dos días de ayuno se recomienda hacer un consumo más alto de proteína que de carbohidratos. El consumo de proteína hace que la sensación de saciedad sea más prolongada; en cambio, los carbohidratos son combustible de fácil acceso para el organismo. Cuando comemos, las enzimas digestivas descomponen los alimentos en tres formas básicas: proteínas, carbohidratos y grasas. Necesitamos las proteínas para la construcción y mantenimiento de los tejidos; en cambio, los carbohidratos y las grasas se requieren para atender el gasto energético y el sobrante se almacena. Las formas más comunes de azúcar son la glucosa y la fructuosa. El cuerpo necesita la presencia constante de la glucosa para funcionar, sobre todo las células del cerebro, pero su exceso es veneno para los tejidos del cuerpo. El cuerpo está todo el tiempo monitoreando los niveles de glucosa, y el páncreas reacciona soltando insulina según haya más o menos glucosa en el torrente sanguíneo. La insulina se encarga de que los niveles de glucosa no suban demasiado. El hígado también está involucrado en este proceso. El exceso de glucosa que no se utiliza se convierte en grasa y se almacena. La fructuosa está presente naturalmente en las frutas y en la miel. La fructosa se metaboliza casi completamente en el hígado, y su exceso se convierte en grasa que se almacena allí o se va por el torrente sanguíneo a depositarse en las células adiposas. Con las grasas el proceso es similar: se procesan en el estómago e intestinos, se utilizan como energía, y su exceso se guarda en el hígado, en los músculos y otros órganos. Las células que guardan la grasa se llaman adipocitos, y los tenemos distribuidos por todo el cuerpo. Cuando consumimos más energía de la que necesitamos, las células adiposas se engordan. No es que salgan más células adiposas, es que las que tenemos desde niños se vuelven más grandes. La mayoría de la gente cree que se engorda solamente debajo de la piel, al aumentar el tamaño de la grasa subcutánea; pero no, también se engordan las células adiposas que se encuentran entreveradas en los músculos y las que rodean los órganos del abdomen, por eso la barriga se proyecta hacia afuera cuando engordamos. Adelgazar es desinflar cada célula del cuerpo, pero lo notamos allí donde es más visible, justo allí donde hay más células adiposas juntas. Las personas que siguen la dieta del ayuno dicen con entusiasmo que se puede hacer, pues no se llega a estar mortificado ni deprimido por su causa. Se adelgaza, aseguran todos, y al notar que adelgazamos se fortalece la voluntad, y eso nos ayuda a controlar el consumo calórico durante los días de dieta normal, pues nadie quiere perder el esfuerzo que ya ha hecho.  

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02

2014

catrecillo

El ADN, James D. Watson, Francis Crick y el proceso creativo

Por: Ana Cristina Vélez

Entre los motivos cautivantes de la charla que da James Watson en TED sobre su gran logro están no solo su franqueza al referirse a los asuntos humanos relacionados con el descubrimiento de la estructura espiral del ADN, sino también el hacernos visibles los factores que entran en un proceso creativo de alta complejidad y dificultad. En el libro Creatividad e inventiva. Retos del siglo XXI se los analiza detalladamente, y en este escrito, bajo la óptica del libro, se destacan algunos de ellos. Los procesos creativos nacen muchas veces de ideas que los preceden. El ADN se conocía desde 1969, se sabía que estaba formado por un pequeño conjunto de bases nitrogenadas, más un azúcar y un fosfato, se conocían además, a partir de experimentos, distintos aspectos de su comportamiento, pero se desconocía su estructura y cómo funcionaba. No solo se necesitan ideas precursoras sino también nichos apropiados, para que las ideas aparezcan en una cultura abierta a recibirlas. James D. Watson y Francis Crick no solo trabajaron en un campo abonado sino, casi se podría decir metafóricamente, “minado”, pues cada paso que se daba podía hacer explotar una idea genial que llevara a otros, antes que a ellos, al descubrimiento. En el libro Creatividad e inventiva se destacan, en el análisis de la personalidad creativa, la importancia de la constancia, la determinación, la actitud desafiante; aspectos que Watson expone claramente en su charla. Cuando Watson nos cuenta su historia nos revela datos que actuaron como acicates de su creatividad: desde niño salía con su padre a observar aves, y hacerlo es una manera de aprender a observar; leyó un libro definitivo en el nacimiento de su interés en este tema, ¿Qué es la vida?, de Erwin Schrödinger. Watson conocía las ideas de Darwin, pero quería entender cómo podía haber sido el origen de la vida. Todo lo que cuenta Watson revela la fortuna de haber ocupado un nicho apropiado, un medio intelectual fértil, pues sin bibliotecas, sin educación, sin las ideas de otros, sin apoyo familiar y sin mucha información, es difícil descubrir, innovar y crear. El libro de Erwin Schrödinger le señaló un camino por el cual a él solo no se le hubiera ocurrido transitar: el de ver el fenómeno de la vida como información codificada en el cromosoma, información que tenía alguna manera de replicarse. El interés y la pasión son contagiosos, y los libros y las películas son como virus que los trasmiten. De repente, en el teatro de sus vidas entró un genetista importante, Linus Pauling. Pauling era una competencia para temer: bioquímico, químico, biólogo molecular, cristalógrafo (premio Nobel dos veces, en el campo de la química y en el de la paz). Debe destacarse que la competencia actúa como catalizador en el proceso creativo: lo acelera, aumenta la capacidad de trabajo, el entusiasmo, la energía y la dedicación. También entraron en escena Maurice Wilkins, Rosalind Franklin y el Instituto Rockefeller, que ofrecía apoyo económico a los avances en el conocimiento del ADN. Maurice Wilkins, físico dedicado a la biofísica, había logrado hacer una fotografía de rayos X en la cual se intuía la estructura del ADN, debida quizás a sus distintas moléculas. Los rayos X era la tecnología que se usaba para la cristalografía, en los departamentos de química. El uso de tecnologías y la mezcla de ideas de distintos campos son motores fundamentales en un proceso creativo complejo. Crick y Watson se conocieron en el departamento de física de Cambridge cuando Crick tenía 35 años y Watson 23. Juntos decidieron construir un modelo que reflejara la estructura del ADN. Empezaron usando las estructuras eléctricas visibles por los rayos X y tratando de responder una pregunta ¿cómo se doblaría la molécula? Linus Pauling ya había propuesto una estructura de hélice para las proteínas, llamada hélice alfa, propuesta que los hacía temblar de miedo. A Crick se le ocurrió que a lo mejor la hélice era compatible con el diagrama que había mostrado la foto tomada con rayos X, así que se pusieron a construir un modelo de tres cadenas. Tanto Wilkins como su ayudante, Rosalind Franklin, se rieron del modelo, dijeron que era muy malo, y momentáneamente Watson y Crick lo dejaron a un lado. Watson y Crick sabían que Linus Pauling era capaz de construir el modelo y quitarles la felicidad de ser ellos quienes lo encontraran. Linus Pauling viajó a Cambridge a ver la fotografía de rayos X, pero no se la mostraron; así como suena, descaradamente, se la escondieron. Sin embargo, en algunos artículos publicados circulaba la foto inspiradora; todo indica que si llegó a manos de Pauling este no la observó cuidadosamente, dice Watson. Sin embargo, seguía corriendo el rumor de que el gran contendor llegaría a Cambridge a investigar en el mismo campo. Eso no ocurrió; no viajó el padre, pero envió a su hijo. Peter Pauling llevó a Cambridge el manuscrito sobre el ADN, escrito por su padre. Para felicidad de Crick y Watson, Pauling no parecía estar moviéndose en la dirección correcta. Preocupados y presionados indirectamente por su prestigioso contendor, buscaron al químico Alex Hust. Hust les aseguró que lo que Pauling proponía era imposible y no funcionaría (uno se los imagina frotándose las manos). En el mundo de los descubrimientos muchos son los llamados y pocos los elegidos, pero el azar, otro elemento que entra con frecuencia en el juego creativo, debe sorprender con los ojos abiertos al creador. Wilkins y Rosalind Franklin buscaban lo mismo a través de modelos; entonces, Watson y Crick volvieron a los modelos. Rosalind estaba muy calificada para descubrir la estructura del ADN, por su entrenamiento en cristalografía, pero no tenía suficientes conocimientos de química. Watson admite, sin ninguna vergüenza, que ellos tampoco tenían los conocimientos de química que se necesitaban para resolver el problema. Como estaban las cosas, el modelo habría sido en ese instante un rompecabezas sencillo para un químico. Watson y Crick estuvieron poniendo los átomos de hidrógeno en el lugar equivocado, hasta que el 28 de febrero de 1953, con la ayuda de un químico que les señaló el error, ubicaron los átomos de hidrógeno en el lugar correcto y ¡EUREKA!, el apareamiento de las bases se hizo visible y posible; todo empezaba a ponerse en su lugar y a funcionar. En menos de dos horas llegaron a la conclusión de que habían encontrado la estructura del ADN, la que explicaba su funcionamiento, capacidad de división y copia. Ver el siguiente enlace que muestra la estructura en doble hélice en funcionamiento: http://apod.nasa.gov/apod/ap120821.html Varios años de trabajo adicionales les tomó completar el estudio y darle la solidez necesaria para ganar la aceptación de la comunidad científica. Así se lee en la página de premios Nobel: “El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1962 fue otorgado conjuntamente a Francis Harry Compton Crick, James Dewey Watson y Maurice Hugh Frederick Wilkins ´Por sus descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su importancia para la transferencia de información en la materia viva´”. Entre el descubrimiento y la otorgación del premio Nobel trascurrieron nueve años. Pero en un medio competidísimo las cosas no paran ahí, otros toman la batuta, se adelantan, encuentran nuevas cosas, llegan en el momento adecuado para patentar el descubrimiento (pues para patentar también se necesitan situaciones especiales), como ocurrió en 1973, con dos científicos de la Universidad de Stanford, Boyer y Cohen, que no solo lograron todo lo anterior más el hecho de volverse ricos, sino también abrir las puertas a la industria biotecnológica.

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