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15
09
2013
catrecillo

Steven Pinker, un retrato

Por: Ana Cristina Vélez

En repetidas ocasiones se ha dicho que Steven Pinker parece un roquero, debido a su característica melena, o que se parece al director de orquesta Simon Rattle, de la filarmónica de Berlín. Puede uno suponer que es demasiado serio para lucir como un rockero y que en algo se parece a Rattle, muy poco, muy de lejos, guardando las diferencias. Steven Pinker es un hombre maduro, proporcionado y simétrico, cuya cintura conserva medidas adolescentes.

Pinker es un intelectual, sicolingüista, que ha dedicado su vida profesional a conocer el ser humano y a explicarnos por qué somos como somos, de manera general, como especie, pues saber por qué somos como somos individualmente es imposible. Él mismo no sabe por qué estudió sicología y no otra cosa, por qué su vida ha tomado los caminos que ha tomado. Para él estas son preguntas sin respuestas. Quizás porque algunas oportunidades concuerdan con las habilidades se convierte uno en lo que es, dice.

Que somos moldeados por nuestros genes, en parte lo somos, pues afectan la forma como se interconectan las neuronas en nuestro cerebro, y este es la base de nuestro temperamento y patrones de pensamiento. Cada uno de nosotros es una conjunción única de actitudes y aptitudes como la curiosidad, la ambición, la empatía, la sed de novedad, la sed de seguridad, la facilidad para los asuntos sociales o para los asuntos del arte, de la música, de la física o de las matemáticas.

Está convencido de que hasta ahora el examen de ADN no revela nada especial sobre las habilidades y gustos; nada que no se pueda averiguar haciendo pruebas de inteligencia o sicológicas. Se realizó el examen de la secuencia de ADN y descubrió que llevaba una copia del gen responsable de una enfermedad llamada disautonomía familiar, un trastorno incurable del sistema nervioso autónomo, que causa un número de síntomas desagradables y una alta probabilidad de morir prematuramente. Pinker no tuvo hijos, pero sí tiene sobrinos, cuyas probabilidades de ser portadores del mismo gen es de un 25%. Esta enfermedad se encuentra casi exclusivamente entre los judíos Ashkenazi, lo cual proporciona pistas sobre su ascendencia. Sus riesgos de contraer enfermedades por causas genéticas son: un 12,6% de probabilidades de contraer cáncer de próstata antes de cumplir los 80 años, en comparación con el riesgo promedio de cualquier hombre blanco, que es de 17,8%; y un 26,8 % de desarrollar diabetes tipo II, en comparación con el riesgo promedio que es de 21,9%.

Se pensaba que éramos producto de la educación y de la cultura, pero esa idea ha cambiado porque ahora conocemos la injerencia de los genes. Enfermedades como el mal de Huntington son determinadas por un gen, si se lo porta, se la sufre tarde o temprano; pero en algunos de los rasgos, la influencia de los genes es solo probabilística. Muchas otras circunstancias influyen en que se exprese una cualidad o un defecto, muchas las que nos inclinan a ser desagradables o agradables socialmente, a ser intelectuales o ejecutivos, a ser tristes o alegres. Las personas están determinadas por las modificaciones que experimentan los genes después de la concepción, por las fluctuaciones del azar en la sopa química que contiene el útero. Incluso en los organismos más simples, los genes están sujetos a modificarse por una gran cantidad de factores aleatorios. Dos moscas de la fruta, genéticamente idénticas y criadas en condiciones controladas de laboratorio terminan con diferencias impredecibles en su anatomía. Esta ruleta genética debe ser mayor en un organismo tan complejo como el ser humano. La naturaleza, la crianza, y una tercera fuerza, el azar, son causantes de lo que somos. Maravilloso azar el que dio como resultado a un personaje como Mr. Pinker. Los matemáticos dicen que conocer la probabilidad de un solo evento no solo es imposible sino que en sí mismo es un concepto sin sentido. Los estudios de genética han revelado que algunos rasgos físicos y sicológicos son sustancialmente heredables, como los ojos azules y la depresión. Pero encontrar los genes responsables de cada rasgo es muy difícil o simplemente no existen.

Su examen de ADN también reveló una alta probabilidad de haber tenido el pelo rojo y alta propensión a la calvicie; predijo que su lengua era sensible a los sabores amargos, pero a él le gustan los sabores de la cerveza, el brócoli y los repollitos de bruselas; que poseía un gen responsable del gusto por la búsqueda de novedades, lo cual va asociado a la impulsividad, pero en su caso solo se expresa, digamos, en su apertura a tener nuevas experiencias.

Steven Pinker estuvo durante su carrera expuesto a las grandes escuelas de sicología. Admite la gran influencia del famoso lingüista Noam Chomsky y de la sicología evolucionista, pero considera que ha sido muy selectivo. Ha seleccionado las ideas que puede defender, su actitud es por completo científica, le gusta lo que se puede probar.

Es sorprendente el conjunto enorme de información que acarrean cada uno de sus libros, y es que la mente de Pinker es capaz de sintetizar esa información de forma prodigiosa. En el campo del lenguaje ha escrito varios libros, uno de los más exitosos es El instinto del lenguaje. En este se muestra que el lenguaje no es un asunto cultural sino que existe una base genética para su adquisición; explica cómo la mente crea el lenguaje, su modularidad, cómo los sistemas combinatorios influyen en este; entre muchos aspectos que trata, está su oposición a la tesis de Ludwig Wittgenstein de que el lenguaje crea la realidad. Sobre el lenguaje ha escrito también, traducidos al español, Palabras y reglas y El mundo de las palabras, y sin traducción todavía: Language Learnability and Language Development; Learning and Cognition: The Acquisition of Argument Structure; Lexical and Conceptual Semantics.

Más de veinte años le ha dedicado a los verbos regulares e irregulares. Está convencido de que revelan asuntos sobre la memoria y la computación. En sus palabras: “Cuando juntamos el poder de las metáforas con la naturaleza combinatoria del lenguaje y el pensamiento, somos capaces de crear un número prácticamente infinito de ideas, incluso aunque estemos equipados con un inventario finito de conceptos y relaciones. Yo creo que es el mecanismo que usa la mente para razonar sobre conceptos abstractos como ajedrez o la política, que no son físicos ni tienen una relevancia obvia para la reproducción y la supervivencia de nuestra especie. También puede permitirnos –a través de las palabras de un escritor hábil, por ejemplo– habitar en la conciencia de otra persona” (Revista, Muy interesante).

Después de pensar exhaustivamente en el tema del lenguaje, Pinker se interesó por los otros instintos y escribió un libro extraordinario, Cómo funciona la mente, que trata asuntos como el odio, el amor, el sexo o la religión, desde una perspectiva evolucionista, pues la mente, con su estructura especializada y su gran complejidad, es producto de la selección natural. En su libro La Tabla rasa, también un best seller, amplía aspectos del libro anterior: la moral, la educación, las artes, el estatus, el amor. Sustenta la tesis de que no somos producto de la crianza solamente, que la genética determina muchísimos aspectos de lo que somos, y por tanto no podemos diseñar una sociedad basados en la idea de que la educación es todo poderosa; tenemos que diseñar una sociedad con mecanismos que detengan los malos instintos y refuerce los buenos. A los críticos les parece que su punto de vista es fatalista, pero es bien realista. Pinker argumenta cada aspecto concienzudamente y nos deja convencidos.

Su último libro, ya en español, Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones, resultó de la inquietud que le produjo responder a una de las preguntas que hace anualmente la organización Edge.org. En este caso se pedía dar una razón por la cual estar optimistas. Pinker encontró datos y evidencias masivos para sustentar la idea de que la violencia en el mundo ha declinado de manera dramática, creámoslo o no; como dice cuando comienza al dar su charla sobre el tema alrededor del mundo. Investigó profunda y profusamente, como es su costumbre, y escribió un libro convincente y contundente, de más de mil páginas. Ya ha estado nominado a muchos premios por este libro.

Otro aspecto exclusivo de este personaje es que además de ser un escritor digno del premio Nobel, y un pensador considerado entre los cuatro intelectuales más influyentes del mundo, es un fotógrafo extraordinario. Ha tenido la fortuna de viajar frecuentemente y va siempre con sus cámaras. Es un fotógrafo clásico que busca la belleza, la armonía, el interés y el encanto que ofrece el mundo. Posee un alto sentido de la composición y del equilibrio, sus encuadres no solo revelan la realidad, sino que se ubican en el punto de vista más bello desde el cual podemos mirarla. No sin humor mira la fauna, y es un especialista en fotografiar aves. En su página web se puede contemplar la gran colección de fotos. Puede uno viajar por el mundo entero a través de su aguda mirada. Es perfeccionista y extremadamente cuidadoso, sus fotografías son maravillas en sí mismas.

Yendo a lo superficial, Steven Pinker tiene bellos modales, sin afectaciones; cuando lo entrevistan, tiende a abrir los ojos y a subir las cejas, poniendo mucha atención; otras veces succiona sus mejillas y estas se hunden revelando muy bien su fuerte maxilar y sus pómulos, y entonces aprieta los labios y los suelta. Es una persona muy curiosa, sensible y seria en su trato, no se toma las cosas a la ligera y no es fácil hacerlo reír; le fascinan las madrigueras de conejo: esos fenómenos que nos dejan vislumbrar a través de una pequeña abertura que algo profundo, rico, importante y misterioso está escondido bajo la superficie; él es una.

Traducido al inglés–

Steven Pinker, a Portrait.

It has been said repeatedly that Steven Pinker looks like a rock star, due to his abundant and long hair, also that he looks like Berlin Philharmonic’s conductor Simon Rattle. One can assume that he is too serious to look like a rock star, and allowing for the differences, he could look like Rattle. Steven Pinker is a mature man, well-proportioned and symmetrical, whose waist still measures like a teenager’s.

Pinker is an intellectual and a psycholinguist, who has dedicated his professional life to know the human being and explain why we are as we are generally, as a species, because to try to know why we are as individuals is impossible. He, himself, does not know why he studied psychology and not another subject, and why his life has taken the path it has taken. These are questions without good answers. Perhaps, as he said, some opportunities tie with the skills one has, to become the one you are.

That we are shaped by our genes is only part of the truth. They affect the way neurons are interconnected in our brain, and this is the basis of our character and thought patterns. Each one of us is a unique combination of skills and attitudes, such as curiosity, ambition, and empathy, with a thirst for novelty, a thirst for security, having an easy or difficult time with social affairs or matters like art, music, physics or mathematics.

He is convinced that so far the DNA test reveals nothing special about our abilities and traits, nothing more than that which you can discover doing intelligence or psychological tests. After taking his own DNA sequence test, he knew that he had a copy of the gene responsible for a disease called familial dysautonomia, an incurable disorder of the autonomic nervous system, which causes a number of unpleasant symptoms and a high probability of dying prematurely. Pinker had no children, but he has nephews and nieces, whose chances of carrying the same gene are 25 %. This disease is found almost exclusively among Ashkenazi Jews, which provides clues about his ancestry. His risks of a genetically caused disease are: 12.6 % chance of getting prostate cancer before the age of 80 years, compared with the average risk of white men, which is 17.8%; and a 26.8% of developing Type II diabetes compared to the average risk of 21.9 %.

We thought we were only the product of education and culture, but this idea changed dramatically in the 20th century because we now know the importance of genes. Diseases such as Huntington’s are determined by a gene, if you live long enough you will suffer from it, but in most other traits, the influence of genetics is only probabilistic. Many other circumstances influence whether a quality or a defect is expressed or not, for instance, to be unpleasant or adorable socially, to be an intellectual or an executive, or to be a sad or a happy person. People are determined by the modifications expressed by genes and by random fluctuations in the chemical content inside of the womb. Even in simpler organisms, genes are subject to change by many random factors. Two fruit flies, genetically identical and breed in controlled laboratory conditions end up with unpredictable differences in their anatomy. This genetic combination must be even greater in a complex organism like a human. Nature, nurture, and chance are responsible for what we are. This wonderful accident has giving us a person like Mr. Pinker. Mathematicians say that knowing the probability of a single event is not only impossible, but is in itself a meaningless concept. Genetic studies have revealed that some physical and psychological traits are substantially heritable, such as blue eyes and depression. But finding the genes responsible for each trait is very difficult and maybe impossible.

His DNA test also revealed high probability of having red hair and high propensity to baldness, predicted that his tongue is sensitive to bitter tastes, although he likes beer, broccoli and Brussels sprouts, said he has the gene responsible for novelty seeking, which is usually associated with impulsivity, but it has only found expression in his openness to new experiences.

In his career he has been exposed to the great schools of psychology. He has had the influence of the famous linguist Noam Chomsky and also from evolutionary psychology, but he has been quite selective. He has chosen the ideas that are possible to defend; his attitude is completely scientific, he only likes those ideas that can be proved.

The huge amount of information each of his books carries is amazing. It is because Pinker’s prodigious mind is able to synthesize that information. In the field of language he has written several books, one of the most successful is The Language Instinct. He showed that language is not a cultural issue but that there is a genetic basis for language. He explained how the mind creates language, how modularity and combinatorial systems influence it. Among many other aspects, he opposes Ludwig Wittgenstein’s thesis that language creates reality. On Language he has also written, translated into Spanish, Palabras y reglas, y El mundo de las palabras and so far without being translated: Language Learnability and Language Development, Learning and Cognition: The Acquisition of Argument Structure, Lexical and Conceptual Semantics.

He has been devoted to the regular and irregular verbs for more than twenty years. He is convinced that they reveal issues about memory and computation. After thinking thoroughly on the subject of language, Pinker, now considering other instincts, wrote an extraordinary book: How the Mind works, which deals with issues such as anger, love, sex, and religion, from an evolutionary perspective. The mind, with its specialized structure and its complexity, is the product of natural selection. In his book, also a best seller, The Blank Slate, he extends our understanding of other aspects like morality, education, arts, status and love. His claim is that we are not only a product of nurture but also that genetics determines many aspects of what we are. Therefore, we cannot design a society based on the idea that education is almighty. We have to design a society with efficient mechanisms to stop the evil instincts and strengthen the good ones. The critics think that his point of view is fatalistic, but actually it is quite realistic. Pinker argues every aspect thoroughly, and leaves us convinced.

His latest book, already translated to Spanish, Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones, was written after answering the annual question proposed by Edge.org: state some reasons for being optimist. Pinker found massive data and evidence to support the idea that violence in the world has declined dramatically, whether we believe it or not. Deeply researched, as usual, he wrote a compelling and powerful book of over a thousand pages; a book that already has been nominated for many awards.

Besides being a writer worthy of a Nobel Prize, an important thinker, a person considered among the four most influential intellectuals of the world, he is also an extraordinary photographer. He has had the opportunity to travel frequently and he always does so with his cameras. He is a classic photographer who seeks beauty, harmony, interest and the charm that reality offers. He has a high sense of composition and balance, his framing reveals not only the reality but the most beautiful view from which we can look at it. He shoots fauna not without humor and is an expert in photographing birds. On his website_   you can see the large collection of photos and travel by the world through his sharp eyes. He is a perfectionist and extremely careful, his photographs are marvels in themselves.

Steven Pinker has beautiful manners. Giving an interview, sometimes he opens his eyes and raises his eyebrows, when he is paying close attention. Sometimes he sucks his cheeks, revealing his strong jaw and cheekbones, and then presses his lips and releases them. He is curious, sensitive and serious, does not take things lightly and it is not so easy to make him laugh. He feels fascination for rabbit holes, those things that when looked at through a small opening, give us a glimpse that something deep, rich, important and mysterious is hidden under the surface, like Pinker himself.

 

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3142390942

15 septiembre 2013 a las 18:40
  

y de que tamaño lo tiene? jajajajajajajajajaja

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