BLOGS Actualidad

25
05
2013
catrecillo

El plato de mamá

Por: Ana Cristina Vélez

¿Cuál ha sido tu experiencia gastronómica más especial? Es una pregunta que suelo hacerle a la gente, en algún momento mientras compartimos una comida. Después de haber oído muchas respuestas, he llegado a la conclusión de que dejando a un lado experiencias culinarias muy improbables, como las de comer carne de mico o de culebra, en la memoria y con nostalgia, la gente guarda alguna receta de la mamá o de la abuela.

Este plato “del recuerdo” tiene ciertas características. Es más conceptual que real, pertenece a una atmósfera emocional  única, y nos trasporta en el tiempo. Pensar en el plato que hacía nuestra mamá nos lleva al paisaje de la infancia. Es un plato mágico que trae a un escenario cuyo teatro es nuestra casa los personajes que la habitaban. Es un plato alucinante que te deja oír el murmullo de las voces, el agua de la llave al correr, el ritmo de los pasos, el ruido de las ollas que alguien movía en la cocina. Uno no sabe exactamente qué es lo que pasa al recordarlo y comentarlo. Es como situarse dentro de un entorno tibio y diluido de emociones y de afectos. Es para mí, como ver entre niebla esa naturaleza muerta con sus girasoles de amarillo vivo, que colgaba de la pared; percibir la luz blanca del medio día sobre las manos de mi mamá, suaves y con hoyuelos, que traían el manjar.

Es mejor no intentar repetir la receta de la madre de otros. Es que no es posible hacerla. Siempre será un simulacro despreciable, que en común apenas tiene los ingredientes. Y es que muchas experiencias gastronómicas son irrepetibles. No se pueden aislar del contexto, de los apetitos, de la situación. La experiencia gastronómica no es como una figura que podemos recortar de su entorno y poner contra un fondo neutro para juzgar aisladamente; no, es una figura inmersa en un papel de colgadura barroco, que solo puede ser puesta en otro papel de colgadura rococó.

En la experiencia que tenemos al comer influyen muchos factores: el hambre es uno; dicen que es el mejor ingrediente de cualquier plato. Lo que hayamos comido ese mismo día es otro; por ejemplo, si has tomado mucha limonada y el plato lleva limón, te puede parecer que está muy ácido. La novedad: que no se parezca al plato que ayer comiste. La repetición: porque va acabando con el placer; y la estética: en un vaso hermoso el agua sabe mejor.

Tu organismo puede rechazar el ácido, la grasa o el azúcar un día y no otros. Si hemos carecido de una vitamina y ese plato la contiene, nos va a saber delicioso. El placer es una señal, y es la manera como la evolución nos hace repetir una acción. Todas las embarazadas saben cómo puede saber exquisito algo que nunca lo había sido, solo porque el organismo lo necesita. Por eso, al volver a pedir un plato en un restaurante, el mismo que nos había parecido extraordinario puede eventualmente decepcionarnos. Es la misma receta, con los mismos ingredientes, pero el comensal no es el mismo: no tiene la misma capacidad de sentir placer todos los días, por las mismas sustancias.

El yo se modifica cuando cambia de hábitat. El espacio, el entorno es parte del placer de la comida. En la costa, las panelitas y los panes de coco nos saben muy rico. Cuando los traemos al interior del país pierden algo de su gracia, porque los hemos sacado de su contexto, y además, hemos cambiado de dieta, de actividades, de intereses. Es lo mismo que pasa con la receta de tu mamá: es irrepetible, porque pertenece al pasado. Sin notarlo, hoy eres otro.

 

Categoria: General

TAGS:

3

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
3

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Puede escribir sus comentarios aquí

Opinión por:

ricardobada

27 mayo 2013 a las 3:46
  

Hola, colega de estas páginas, y tienes por completo razón en lo que reflexionas acerca del plato “del recuerdo”. Sólo que los recuerdos de un mismo plato pueden ser tan asimétricos… Para mí ha sido siempre una especie de non plus ultra gastronómico cierto plato que guisaba mi madre cada muerte de obispo, y generalmente a petición mía, y que consistía en unas tortillitas españolas del diámetro de una tacita de té, que se cocían en arroz azafranado. Pura delicia. Pues bien, muchos años después, en una reunión familiar, me quedé sorprendido al enterarme de que mi hermana y mi prima Reme abominaban de ese plato, sencillamente por el mucho trabajo que les significaba. De manera que, muerta mi madre, nunca más hubo arroz con tortillita en la familia. Vale, y feliz semana.

Opinión por:

marjorie ross

27 mayo 2013 a las 8:55
  

En nosotros quedan inscritas las imágenes, los sabores, los aromas, las texturas, hasta los sonidos de esas recetas con las que nos alimentan día tras día. Eso es lo que determina lo que consideramos bueno para comer, lo que nos hace agua la boca, lo que activa el botón de la nostalgia. A través de la repetición de la danza del comer, la cultura nos construye un imaginario colectivo, dejándonos la libertad para evocar nuestros recuerdos de una manera individual, en un juego misterioso entre los sentidos y la memoria.

Opinión por:

aldonzo lorenzo

30 junio 2013 a las 12:40
  

Sólo soporto a Beethoven cuando lo pone a sonar papá. Entonces me encanta. Nunca he sabido por qué, pero es un hecho…

Buscar en este blog

Todos los Blogueros en Actualidad

Categorías

Tags

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.