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Archivo de abril, 2012

26

04

2012

catrecillo

Más sobre el libro último libro de Daniel Kahneman, Pensamiento rápido y Pensamiento lento

Por: Ana Cristina Vélez

Segunda parte Para presentar una idea nueva ante un público se debe maximizar su legibilidad y comprensión. Una posibilidad es usar un lenguaje sencillo y tratar de hacer el mensaje memorable. Los aforismos que se  hacen en verso se vuelven más fáciles de repetir; además, suenan más inteligentes y convincentes. Si es necesario usar citas, estas deben ser claras, así como los nombres de las personas que se citan. Una charla, una conferencia o un artículo deberían empezar con las palabras claves. Obligar al público a hacer un esfuerzo de comprensión es aversivo. La facilidad cognitiva es causa y consecuencia de la sensación de placer. Incluso las compañías, los negocios, los almacenes, las empresas deben tener nombres fáciles de pronunciar y de recordar. El efecto de ancla es la creencia de que la primera información que tenemos es más valida que la segunda o tercera. Es creer que el primer precio que vimos de la TV que pensábamos comprar es el precio de referencia, y entonces juzgar las demás con base en esa información. En una negociación, el precio de ancla es el que nos piden. El consejo es olvidarlo y concentrarnos en el valor mínimo, “pensar en lo opuesto” como medida para evitar el efecto de ancla. Comprar por debajo del precio de referencia (ancla) nos produce un gran placer, de ahí el éxito de las promociones. Cuando las compañías agregan como regalo un producto ordinario y barato a uno caro hacen el conjunto menos valioso y menos atractivo. No deberíamos dejarnos influenciar por nuestras experiencias inmediatas si queremos ser objetivos y justos. Muchas veces, son experiencias muy improbables que no dicen nada dela generalidad, del promedio. Nuestras historias fallidas del pasado influyen en nuestra visión del futuro, pero si son improbables no deberían influir. Cuando los eventos improbables nos dan miedo los vemos más factibles. Los tsunamis son muy escasos en Japón pero nos dan tanto miedo que sobrestimamos la probabilidad de que ocurran. Es preferible no enfocarnos en un solo hecho a la hora de tomar una decisión, sino pensar en todas las alternativas posibles y su probabilidad, para valorar mejor el asunto. Somos inventores de historias con sentido. Nos creemos las historias coherentes. Una historia puede ser coherente, pero no por ello tiene que ser posible ni mucho menos probable. Construimos ligeros reportes del pasado y con ellos explicamos nuestras vidas, nos los creemos. Las buenas historias proveen un simple y coherente recuento de las acciones e intenciones de la gente, que no tienen que ser necesariamente verdaderas. El mundo no es tan predecible como tendemos a creer. Porque entendamos el pasado no quiere decir que el futuro sea conocible, y además, entendemos el pasado mucho menos de lo que creemos. Lo malo nos impacta más que lo bueno. Todos sabemos que no importa cuántas acciones positivas se hayan vivido en una relación, basta una sola negativa para que la relación se estropee. Nos importa tanto la historia de una persona que descuidamos sus sentimientos. Nos condolemos de un hombre que muere enamorado de su esposa, cuando sabemos que ella le era infiel y vivía con él por el dinero. Pero él era feliz, y eso es lo que debería contar, pero no es así. El turismo es una manera de ayudarla a la gente a construir historias memorables, de mejorar su autobiografía. El placer no se puede alargar porque se deteriora el marco del placer, incluso, puede ir en detrimento del recuerdo del placer. El que al final hayamos tenido un disgusto no significa que nos fue mal en la aventura, pero es lo que se recuerda. Por eso hay evitar tener un mal momento en los últimos días, en las últimas horas de una experiencia, para que no arruine todo el recuerdo. Estamos muy mal dotados para saber cuánto duró el placer o el malestar. Recordamos solo los picos de ambos. En las experiencias, damos un peso mayor a los momentos malos que a los buenos, aunque estos últimos hayan durado más tiempo. Los franceses reportan sentir más placer al comer, que los americanos. Cuando comen lo hacen como única actividad, mientras los americanos comen al tiempo que ejecutan otras tareas. Los primeros enfocan la atención en el placer, los segundos están distraídos del placer que produce el comer. Las acciones placenteras no hay que mezclaras con otras actividades que distraen, debemos enfocarnos cuanto sea posible en el placer que proporcionan. Si actuáramos de manera más racional descubriríamos cuáles actividades nos hacen más felices y gastaríamos más tiempo en ellas. El matrimonio no parece aumentar ni disminuir el bienestar de la gente. En él se sufre menos de soledad, pero deja menos tiempo para estar con los amigos; hay más oportunidades de hacer el amor, pero mucho más trabajo doméstico. Estar en compañía del marido no es igualmente placentero para todas las mujeres, y estar en compañía de la esposa no es satisfactorio para todos los hombres. Si el matrimonio nos hace más o menos felices no es por sí mismo, sino porque cambia para bien o para mal algunos aspectos de la vida. La felicidad necesita la conciencia de ser feliz. La gente cree que un carro nuevo los haría más felices, pero en realidad esto no ocurre, pues una vez comprado, pronto se lo olvida. Se trata de una ilusión de enfoque. Juzgamos dos situaciones iguales como diferentes por la narrativa implicada en ellas. Suponga el lector que va para cine y compra la boleta por doce mil pesos. Va a entrar y se da cuenta de que la ha extraviado. ¿Qué hace, se devuelve y compra otra boleta? No, la mayoría de la gente no la compra. La otra situación: el sujeto va al cine y antes de comprar la boleta se da cuenta de que ha perdido de la billetera los mismos doce mil pesos, ¿compra la boleta? La respuesta es sí. La mayoría de las personas compran la boleta. La situación es objetivamente la misma, pero la narrativa causa un efecto diferente, el primer caso produce mucha más frustración que el segundo. Las historias de éxito y fracaso de las empresas exageran el impacto del estilo de gerencia, prácticas y manejo, y su mensaje es rara vez útil. El éxito genera un halo que nos da la ilusión de validez. Nos gusta que el futuro sea predecible. Sin embargo, nuestra capacidad de predicción es muy limitada. Se le asigna un rol muy importante a la inteligencia, a la estupidez, al talento y casi nada a la suerte. Las biografías de los exitosos se enfocan en esos improbables eventos que ocurren, pero no tienen en cuenta todos los demás que no ocurren o fallan en ocurrir. También los eventos históricos están en gran medida determinados por la suerte. La idea es chocante, y sin embargo, es fácil demostrarlo. Los humanos somos incorregiblemente inconsistentes en hacer juicios resumidos de información compleja, por eso los expertos se equivocan tanto. Cuando se les pide a los radiólogos que lean un caso difícil de rayos X, y se les muestra la misma imagen en dos ocasiones distintas, el veinte por ciento de las veces se contradicen. Para contratar a una persona no es aconsejable entrevistarla. Se debe recolectar información sobre sus logros, habilidades, rasgos, talentos y características, a los cuales se les debe adjudicar un puntaje, con el fin de hacer una evaluación lo más justa posible; después se debe escoger a quien arroje el mayor puntaje. Cuando escogemos por medio de entrevistas damos valor a hecho de que nos caiga bien y nos agrade, y perdemos objetividad para juzgar su idoneidad. El optimismo es ver el lado bueno de la vida; y más que todo, es una condición genética. Los optimistas viven más, se esfuerzan menos, se casan más rápidamente después de un divorcio –el clásico triunfo de la esperanza sobre la experiencia–. Los optimistas no son gente del promedio, toman más riesgos e influencian más a sus amigos y familiares.  Las estadísticas muestran que la probabilidad de que un negocio tenga éxito es del 35 % , pero a los optimistas estas estadísticas no los atemorizan. La gente normal cree que ciertas habilidades suyas están por encima del promedio, y en algunas tareas difíciles, creen que sus habilidades están por debajo del promedio. Por ejemplo, la mayoría de la gente cree que conduce auto mucho mejor que los demás, pero que tienen más dificultad que los demás de entablar relaciones con extraños. Cuando respondemos sobre si en una tarea dada estamos por encima o por debajo del promedio no pensamos qué significa realmente ese promedio. La gente valiente o corajuda cree que la suerte está totalmente en sus manos. La historia de la muerte de Fernando de Magallanes es la triste historia de la caída tonta de un valiente. Las personas que escriben novelas no se preguntan cuántas personas querrán leer su novela. No, la escriben pensando que todo el mundo querrá leerla. Más competidores entran en el mercado de lo que el mercado puede soportar; los optimistas lo olvidan. Kahneman se refiere textualmente al optimismo en la ciencia: “Siempre he creído que en la investigación científica es otro de esos reinos donde una forma de optimismo es esencial para el éxito. Los optimistas tiene la ilusión de tener todo bajo control y de que los obstáculos son ínfimos o despreciables” Los humanos tenemos aversión a correr riegos en las apuestas. Si se nos ofrece la oportunidad de jugar, lo que valoramos no son los pesos sino el promedio de las utilidades. Nos gusta ganar y nos disgusta perder en el juego, pero nos disgusta mucho más perder de lo que nos gusta ganar. Cuando una persona sufre un accidente y pide ayuda a muchos observadores, la tendencia es a no ayudar. Todos esperan que sean los otros los que actúen. En general, cuatro de quince personas reaccionan. La presencia de otros reduce la propia responsabilidad. La gente se relaciona con sus pertenencias afectivamente, y estima, después de su compra, que el valor de estas está por encima de su valor real.

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19

04

2012

catrecillo

Damian Hirst, una aberración cultural

Por: Ana Cristina Vélez

Una aberración es una desviación de la norma. Muchos aspectos de la cultura se mueven en un campo donde la objetividad y la razón tienen poca injerencia. En particular, los asuntos que están sujetos a variaciones de la moda son más susceptibles de presentar grandes desviaciones; así ocurre con el vestuario, los automóviles, las formas arquitectónicas, el uso de ciertas expresiones, los juguetes, los adornos, los accesorios, las formas que adoptan las ceremonias.

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13

04

2012

catrecillo

Sobre el libro último libro de Daniel Kahneman, Pensamiento rápido y Pensamiento lento, en inglés, Thinking, Fast and Slow.

Por: Ana Cristina Vélez

Thinking, Fast and Slow explica dos formas de pensamiento que ejecutamos consciente e inconscientemente. Daniel Kahneman los llama Sistema uno y Sistema dos. Los nombres fueron puestos para hacer más fácil su comprensión. El Sistema uno es rápido, intuitivo, asociativo, automático, es autor de muchas de las decisiones e impresiones que tenemos. El Sistema dos es lento, racional, secuencial y resuelve problemas difíciles que requieren concentración y esfuerzo. El Sistema dos se cansa fácilmente. El Sistema uno tiene razones que la razón, o el Sistema dos, no entiende.

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09

04

2012

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Eadweard Muybridge

Por: Ana Cristina Vélez

Google celebra el cumpleaños 182 del fotógrafo del movimiento Eadweard Muybridge con una hermosa imagen. En 1972, se discutía en Estados Unidos si los cuatro cascos de los caballos se levantaban del suelo simultáneamente. El exgobernador de California Leland Stanford, empresario y criador de caballos de carreras, estaba seguro de que así era y quería probarlo.Para realizar la fotografía de un caballo en movimiento y demostrar su conjetura contrató al fotógrafo Eadweard Muybridge. La foto resultante es el primer ejemplo documentado de fotografía de alta velocidad. Mostraba claramente el caballo con los cuatro cascos en el aire. Las fotos fueron tomadas en Palo Alto, el 19 de junio de 1878, en presencia de la prensa. Para ello se dispusieron veinticuatro cámaras a lo largo de una pista paralela a la trayectoria del caballo. El resultado fue contundente y la prensa quedó convencida de la autenticidad de las fotografías.

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05

04

2012

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Fernando Botero, el artista nuestro

Por: Ana Cristina Vélez

La obra de Botero se puede entender como el producto de una tremenda habilidad en el oficio de la pintura y la escultura, sumado al conocimiento perfecto de la técnica y a una manera genial y particularísima de entender el arte, sin dejar a un lado el reconocimiento constante que ha hecho de los maestros en este campo.

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