Unidad Investigativa

Publicado el Alberto Donadio

Miguel Angel Villalobos Sabogal

La ración descompuesta

 

 

Por Marcos Fabián Herrera

 

 

De los pueblos indígenas nativos de América, el Muisca es uno de los que mayor fascinación suscita entre los arqueólogos. La riqueza de su cosmogonía, y una organización política y administrativa de sorprendente precisión, hace que un ligero repaso a los vestigios de esta cultura genere una espontánea admiración para quien lo hace sin pretensiones científicas o académicas. Se asentaron en el altiplano Cundiboyacense, y entre muchos otras, ocuparon las tierras que hoy hacen parte del municipio de Fómeque. Este vocablo, que en la lengua ancestral significa Bosque de los Zorros,  a juzgar por las actuaciones de algunos de los oriundos del municipio, ha incidido  al heredar  los comportamientos del animal de caza a escogidos del pueblo.

 

Miguel Ángel Villalobos Sabogal, es un hombre con una estrella luminosa. Su carrera política y empresarial se puede considerar meteórica.  Este fomequeño,  (gentilicio de los nacidos en Fómeque) es un ingeniero industrial egresado de la universidad América. Ha sido alcalde, diputado y congresista. Pero también ha ocupado cargos como la gerencia de la Corporación Social de Cundinamarca y de la entidad Promotora de Salud Convida.  Y fue en esta última, en donde además de enriquecer su trayectoria, dio inicio al robustecimiento de su prontuario.

 

La extralimitación en las funciones y la vulneración al régimen laboral al configurar una nómina paralela integrada por 84 personas, fueron las razones para que la procuraduría General de la Nación, el 15 de junio del 2005, lo sancionara con una multa superior a 20 millones de pesos. Las faltas cometidas fueron calificadas como graves por el grado de culpabilidad  y la reiteración de la conducta anómala.

 

La desatención de las normas y la transgresión permanente a principios éticos,  por parte del señor Villalobos Sabogal, se volvió consuetudinaria en su nueva etapa de empresario. Al abandonar su carrera en la gerencia pública, decide incursionar en el boyante negocio de los programas de alimentación escolar. Fue por eso que en noviembre del 2013  la Secretaría de Transparencia y la Unidad de Servicios Penitenciarios alertó sobre los riesgos en el proceso licitatorio para el suministro de alimentos en las cárceles del país.

 

La advertencia se centraba en la participación de una empresa de los hermanos Luis Hernando, Luis Ángel y Miguel Ángel Villalobos Sabogal, que en el pasado había sido sancionada por el delito de colusión. La profusión de firmas y razones sociales ( han llegado a tener 10 para facilitar el acaparamiento de contratos ) con vínculos entre los representante legales, los revisores fiscales y las direcciones, generó suspicacias y obligó a que la superintendencia de sociedades realizara un control draconiano a cada una de las compañías postuladas.

 

Los hermanos Villalobos Sabogal se esforzaron en disfrazar a la firma Mauros Food, que cargaba una mácula indeleble: una sanción por su estrecho vínculo con el cartel de la contratación en Bogotá. El triunvirato de hermanos, en su natural y respetable aspiración de crecimiento empresarial, había constituido, junto a Emilio Tapia, una sociedad para la construcción de un centro comercial en San Victorino. El proyecto fue intervenido tan pronto el contratista fue capturado y judicializado por la fiscalía general de la nación. Las delaciones de su cónyuge contribuyeron a auscultar las propiedades que los investigadores no habían podido rastrear.

 

 

La ambición desaforada del sagaz empresario de los restaurantes escolares ha logrado burlar todas los controles. Entre el año 2007 y 2013, arropado en el manto benévolo y filantrópico de las fundaciones Vive Colombia y Pro Niños de Hoy para Hombres del Mañana, recibió la suma de 155 mil millones de pesos por concepto de contratos para la provisión de raciones alimentarias a los restaurantes escolares en el departamento de Cundinamarca. Por esa razón, el 23 de mayo del 2013, el periódico El Tiempo revelaba la existencia de un cartel de los alimentos liderado por Miguel Ángel Villalobos Sabogal, que sobreponiéndose a las multas y sanciones impuestas por la entrega tardía y  el estado irregular de las provisiones, detentaba el control absoluto en la contratación de los restaurantes para las instituciones educativas de Cundinamarca.

 

En una prueba más de travestismo jurídico, la unión temporal Huila Nutrida, conformada por la Fundación Vive Colombia y Outsourcing del Huila SAS, y con la representación legal del mentado empresario Villalobos Sabogal,  logró conquistar la operación del PAE ( programa de Alimentación Escolar) para lo zona noroccidental del departamento del Huila en el año 2017,  por un valor de $ 15.801.000.000. Después de seis meses de adjudicado el contrato, en el colegio rural de Villa Lozada, en el municipio de La Plata, perteneciente a esta zona, se identificaron  problemas como el suministro de raciones descompuestas, sustitución del componente proteínico por un mendrugo de pan y entrega inoportuna de las raciones.

 

¿ Cómo escamoteó  los criterios de vigilancia fijados por el director  de contratación de la gobernación del Huila de la época este cuestionado empresario? ¿ Desconocía el funcionario Juan Carlos Casallas el abultado historial de anomalías y líos judiciales  de la firma representada  por Miguel Ángel Villalobos Sabogal ?  Esperamos las respuestas antes que el zorro nos enseñe de nuevo sus fauces.

Comentarios