Una mente variante

Publicado el una mente variante

Fabricando fantasías

“Sueña en grande”, “que nada te limite”, “vive intensamente”, “suma experiencias”, “no dejes que nadie defina lo que puedas hacer”… Todas estas son frases comunes que nos encontramos a diario en redes, en mensajes de whatsapp; todas esas frases están hechas para que nuestra mente empiece a reconocer nuevos marcos de referencia y actúe en consonancia, y si; tanto las frases como su intención pueden ser “buenas”, sin embargo, ¿en qué parte queda la acción en todo este montón de aspiraciones que se nos muestran a diario?.

La fé en las frases se desvanece en cuanto vemos que “se nos pasa la vida sin que algo pase” y es normal que esto suceda. Lo que nadie nos dice cuando llegan a nosotros estas frases es que si, podemos lograr lo que queramos, pero ese querer tiene un trabajo, una serie de tareas previas que hechas con atención y  disciplina pueden lograr lo que nos proponemos.

Nos están invadiendo las fantasías, estamos llenos de modelos, formas de ser, frases motivacionales que sin contexto son vacías y decepcionantes. Yo pasé por ahí, fui víctima de esas palabras que en medio de mi confusión me llevaban a pensar en que eso que uno quería estaba al alcance de un suspiro (por decir lo menos); me ví pidiendo y pidiendo en medio del desasociego, del cansancio y del aburrimiento, me entregué a pedir que “se me diera algo mejor”, que llegara ese momento en el que “todo iba a estar bien”, que se abrieran las puertas y que todo “llegara” (pero como por arte de magia).

 

Sueño o fantasía

Entender la diferencia fue clave para mí y mi estado de “pida y pida en medio del desordene de vida o desde la carencia” porque como ser mental que soy, esa brecha entre lo que quiero y lo que soy en el momento, empezó a parecerme incoherente y hasta insulsa.

Las fantasías conectan con algo ajeno a ti que está basado en lo que ves en otros (quiero la vida de millonario, el yate, la mansión, el trabajo de $15.000.000 de sueldo, no tener que trabajar, etc) son una proyección de una carencia que tenemos, de algo que empezamos a ver que otros tienen pero que para nosotros es inalcanzable. Se convierten en el verdadero medidor de cuán desconectados estamos de nosotros mismos, de lo que somos en esencia y de lo que podemos ser en potencia; porque crean un espejismo de lo que somos que viene desde la comparación o desde imaginarios creados (“es mejor ser rico que pobre”, “se vive mejor teniendo plata”, “no se puede ser creativo siendo empleado”, “sólo el jefe la pasa bueno”, entre otros).

Los sueños tienen un anclaje, parten de quienes somos y son una potencialización de lo que tenemos de activo como personas, tienen dentro de su ADN nuestra historia, lo que conocemos y lo que esperamos lograr en un futuro inmediato o lejano. Para mí tienen una batería que está todo el tiempo cargada, una batería de la que podemos recargarnos, cada vez que necesitemos (cuando las cosas parecen no salir como esperamos o cuando estando en nuestro punto más alto, necesitamos más recursos para mantenernos arriba).

Cuando pude darme cuenta de que la fantasía me estaba alejando de mi propia realidad y me estaba llevando a desear cosas que por accesorias nunca antes había querido, fue cuando tomé las riendas de mis sueños y me decidí a trabajar en ellos.

Cuando pude darme cuenta de esta diferencia me llevé a generar los cambios que necesitaba para (dentro de mis recursos) empezar a expandir mi potencial, encontrar las herramientas que necesitaba para afianzarme y sacarme de a pocos de la confusión y el “descoloque” que deja el vivir pegado de la fantasía.

 

¿Ganarse el Baloto? Si claro, pero comprándolo

Nada ocurre sin que haya una fuerza detrás haciendo que las cosas sucedan, los sueños se materializan si se les invierte tiempo, energía y trabajo.  Nada pasa cuando desde los recursos que tenemos a la mano no hay nada (ni siquiera remoto) que podamos conectar con lo que vemos proyectado y queremos desde la carencia.

Ese sueldo de $15.000.000, ese ser jefe, o ese ser creativo, están ahí, en cada uno de nosotros; la energía está disponible (tal vez no en el lugar que necesitemos que esté, así que al definir el sueño que nos vamos a cumplir, la vamos acomodando en el lugar que más nos convenga) y tenemos el recurso más importante para lograr lo que nos proponemos: nosotros mismos.

Compremos balotos (hagamos tareas que nos acerquen a lo que queremos ver manifestado) no nos sentemos a decir ojalá me ganara el Baloto; sentémonos a ver que como personas tenemos todo el potencial posible para lograr lo que queremos, pero aterricemos el potencial, convirtámoslo en tareas realizables que podamos irnos cumpliendo con el paso del tiempo.

 

Recuerda que te estás cumpliendo a ti mismo cuando logras lo que sueñas, porque es de ti de quien nace la intención que ves manifestada, es de ti de quien surge lo que has creado. Traza sueños, construye desde el lugar que realmente quieres, permítete ser fiel a lo que eres, escúchate y mantén siempre presente que todo es fruto de acciones constantes en el tiempo y orientadas a ti, a tu beneficio. Cúmplete sabiendo que te estás llevando a tu máximo potencial desde la plenitud de lo que eres, más que desde lo que ves en otros o desde lo que careces.

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