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Aunque para algunos las palabras soltera y solterona son la misma vaina porque en ambos casos no se tiene marido, es importante aclarar que la primera es considerada una sabia elección y la segunda es un insulto y algo así como una especie de maldición.

Si te crees desdichada por ser parte de la famosa estadística de: “una de cada diez amigas del grupo no tiene novio, no se ha casado y no tiene hijos”, déjame decirte que la delgada línea no radica en la edad, ni tampoco en la cantidad de gatos, o en el número de romances fallidos en tu record de citas, la diferencia está en la actitud con la que ves la vida y en no prestarle atención a los pendejos desocupados que se dedican al acoso social.

Más que un “estado civil” existe lo que llamo el “estado mental”,  y a veces sucederá que la pinta de ejecutiva, los tacones sexis de los viernes y el último Smartphone del mercado, no serán suficientes si se tiene la cabeza llena de telarañas y pensamientos de solterona del siglo antepasado. Aclaro que no me gusta ni poquito utilizar ese vocablo peyorativo, pero inevitablemente representa el lado oscuro de la soltería.

Y antes de pensar que te estas convirtiendo en la versión criolla de “Eleanor Bernathy” la loca de los gatos que sale en Los Simpsons, es bueno acordarse que el concepto de solterona viene de la antigüedad y representaba a la mujer carente de autonomía que debido al contexto en el que vivió, no tuvo más opción que dedicarse a vestir santos. Por el contrario tú eres libre de hacer lo que te plazca, como por ejemplo dedicarte a desvestir a los no tan santos.

Cuando se acaba la esperanza y llega la sequía surgen los sentimientos de “solterona obligada” que lleva bastante rato sin encontrar a ese prospecto y manifiesta su necesidad por tener a alguien al lado. No hay que volverse aquella desesperada que baja sus estándares al conformarse con trogloditas y tampoco ser tan ilusa como para soñar con el príncipe azul que raya en lo perfecto. Independiente si se busca al mejorcito o al nada que ver,  ambas situaciones son diferentes manifestaciones de un mismo problema y cada una en su extremo está revelando gran angustia.

En cambio, una soltera madura a nivel emocional será feliz con o sin compañía. Y esto no quiere decir, que de vez en cuando no extrañe la vida en pareja, simplemente no hay perturbación por tener la cama vacía.

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Las relaciones son ensayo y error, a veces te descacharás escogiendo al más guache, y tal vez en un círculo vicioso seguirás saliendo con el mismo tipo de hombre pero con diferente rostro, entonces un día cansada de los dramas y el dolor dirás con resentimiento que has decidido nunca más enamorarte, que ya no te quedaron fuerzas para invertir en un negocio tan riesgoso como el amor.

Aquí aparece la “solterona con heridas sin cicatrizar” que se refugia en dicho estado como aversión a las malas experiencias. Se dedica a alimentar rencores hacia el pasado y al mismo tiempo siente miedo del futuro al pensar que todos los sujetos son iguales, en conclusión no disfruta el presente porque sus rollos no la dejan.

Darse totazos es parte de la vida y de la enseñanza, pues no será la primera ni la última del planeta a quien le rompen el corazón. Sin victimizarse, hay que entender que el fracaso se convierte en éxito si se aprendió alguna cosita buena de todo lo malo que sucedió. Una cosa es elegir la soltería como estilo de vida y otra muy diferente utilizarla como una coraza para protegerse del sufrimiento.

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Cuando te comparas con la amiga que consiguió esposo gringo, que tiene una casa de 3 pisos, bebés de ojos azules salidos de un comercial de pañales y el perro labrador color miel, se materializa la “solterona autocastigadora” que se culpa como lo hacían en sus tiempos, esas tías beatas añejas de infelicidad que se encerraron por cuenta propia en el amargor de sus vidas.

No existe una edad estipulada en donde las mujeres debamos casarnos y/o tener hijos. Es más, donde carajos dice que es obligación el matrimonio o que seamos una fábrica de niños?  La realización personal no depende de una pareja o de la maternidad, además el mundo está lleno de féminas sufridas y mal acompañadas. Como he dicho en ocasiones anteriores el estado ideal es independiente al estado civil.

En conclusión una verdadera soltera vive una gran historia de amor consigo misma,  aprovecha cada instante y al son que le toquen baila. Aunque no tiene una relación sentimental tampoco se cierra a conocer sujetos interesantes, disfruta de los hombres más no los necesita, ni tampoco los odia. Anda liviana por el mundo y su libertad no reside en la frase cliché de: “Puedo hacer lo que quiera y cuando quiera porque no tengo un novio que me joda”. Su libertad es porque dejó atrás a los prejuicios sociales, la dependencia afectiva, malos recuerdos y sobre todo los miedos, o sea la carga emocional que pesaba.

Por eso cuando algún baboso le insinúa que la está dejando el tren, ella contesta burlonamente con aquella canción de Charlie García que dice: “No voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie, a nadie alrededor”.

¿Y en qué momento pasas de soltera a solterona? Pues tu misma lo decides!

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Imágenes: Claudia Cardinale 
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