Se lo presto si me lo devuelve

Publicado el prestosidevuelve

Nada

Esta semana, una estudiante se me acercó y me dijo:

–       Profe: ¿De qué le hago mi exposición si a mi no me gusta nada?

– No tienes ninguna pasión, Sofía? – le dije.

–       No. Me respondió. Sin dudar siquiera.

–       ¡Ah! ¡sí! Dormir!!! Gritó unos segundos después.

Decidí hacer otras preguntas.

–       ¿Te gusta, bailar? – dije.

–       No.

–       ¿Leer?

–       ¡Uy! ¡Nooooo!

–       ¿Ver televisión?

–       Tampoco.

 

Entonces le dije:

–       Necesitas un psicólogo, Sofía. La Universidad te presta el servicio de manera gratuita.

Y Sofía sonríe, como si yo no hablara en serio.

Me dice: gracias profe.

Y se va.

¿Siente nostalgia alguien a quien nada le apasiona? , ¿añorará algo de su pasado? ¿Sentirá dolor en el vacío? , ¿podrá enamorarse?

Han pasado tres días desde que hablé con Sofía y todavía no puedo responderme. Se me hace imposible sobrevivir a la superficialidad del mundo sin alguna pasión que nos desate ansiedades, rabias, desilusiones. Sigo creyendo que las bellezas a las cuales se les perdona la vulgaridad, no son bellezas físicas y estoy, además, convencida de que la insatisfacción, tiene valor en cuanto es reconocida, toda ella, con un valor poético en la vida.

Y es que la diferencia en Sofía es que su afirmación no tiene un argumento lleno de cuestionamientos nihilistas o que son resultado de un análisis juicioso de la vida misma. Sofía no es como Pierre Anton, el protagonista de Nada, el libro de Janne Teller que tanta polémica causó y en el que este personaje se sienta en la rama de un ciruelo a esperar a que se acabe la vida porque según él, esta no tiene ningún sentido. La diferencia es que esta estudiante de periodismo no ha querido siquiera preguntarse a si misma por un sentido o una pasión cualquiera…  sino que ha dado por hecho una falta de todo y, peor aún, está conforme viviendo con aquello, feliz, incluso (Aunque ahora le preocupe no tener de qué hablar en su clase de expresión oral).

Y para seguir con la misma referencia debo mencionar que en Nada, los compañeros de Pierre Anton, se enfrentan a su amigo intentando hacer un “montón de significado” que al final, termina por ser una obra de arte.

¿No es aquello la vida? ¿Una unión de significados?

Me atrevería a decir que la mediocridad es un lugar cómodo lleno de tristezas fingidas y alegrías constantes y aburridoras en el que, desafortunadamente, muchos de los jóvenes de hoy se están acomodando sin ser conscientes.

Hace falta que reconozcamos desde pequeños aquellos viajes que podemos hacer sin siquiera movernos, acudiendo, solamente, a la imaginación o a la memoria literaria. Hace falta menos televisión, menos celulares, menos horas de sueño y más momentos de soledad estando despiertos.

Y aunque haga falta, yo soy pesimista. No conservo esperanzas. Diría, como dice Paloma, la protagonista de La elegancia del erizo que ahora “La gente cree ansiar y perseguir estrellas, pero termina como peces de colores en una pecera.”

 

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