República de colores

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Juana Francisca Álvarez : la hija de Petronio

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Texto y foto por  Manuel T. Bermúdez

Por esta época, Juana Francisca Álvarez, se debe cansar de tanta entrevista, de tanta preguntadera, de tanto periodista que anda averiguando por la vida de su padre, el compositor de muchos temas musicales, pero al que parecería que solamente se le recuerda por la canción-himno, Mi Buenaventura.

Cuando la encontré, la estaban entrevistando unas chicas que la habían confundido con una expositora de comidas del Pacífico y sabían tanto de ella como yo de locomotoras.

Le preguntaban de todo, menos de la unión que existe entre el Festival y su apellido. Cómo dicen que un metido a tiempo sirve, yo como para dejar de sentir ese bochorno ajeno, le dije a la jovencita, quien seguía preguntando por la preparación de algún plato que no recuerdo. ¿No le dice nada el apellido de la entrevistada”. La chica me miro con ojos de: “metiche, no es con usted el asunto”.

Entonces me retiré a esperar mi turno para hablar con la mujer que es depositaria de los recuerdos del hombre a quien el Festival más reconocido de música del Pacifico, rinde tributo.

Nunca les dijo quién era, a pesar de que les dio su nombre completo. No uso el famoso “¿usted no sabe quién soy yo?, y con gran amabilidad de su parte, dejó que la chicas se llevaran sus respuestas sobre la comida tradicional.

Me miró sonriente, aceptó mi saludo y mi intención de hacerle algunas preguntas,  y seguramente pensando en sus adentros, “ahora este me irá a preguntar sobre el uso del canalete en tiempos de bajamar”.

¿Qué emoción le  produce que este Festival lleva el nombre de su padre?

“Yo considero muy importante que se resalte una figura como lo fue Petronio Álvarez, un hombre que amó su pueblo y sus gentes, que le cantó a la brisa, al mar, a la mujer porteña. Y es muy importante que después de 20 años miremos resultados.

Es una inquietud que tengo a partir de la Constitución de 1991, que hace énfasis en el artículo 55, el transitorio para comunidades negras, y que nos invita a resaltar personajes afros.  Yo pensé: ¿a quién voy a resaltar? Y, me dije: voy a hacerlo con mi papá.

Empezamos a hacer un trabajo con Alexis Lozano. Hicimos “Esencia de Currulao”, y fue número uno en Bogotá, se vendió mucho en Miami. Luego, con German Patiño, hicimos una serie de eventos como parte de la Semana de la Vallecaucanidad, rindiéndole un homenaje a Petronio. Luego Germán Patiño,  me encomendó que hiciera “Cununo 2000”, que fue tomar alguna música de Petronio y otros artistas del Pacífico. Hicimos un gran concierto en el Jorge Isaac y después, llegamos al Festival Petronio. Realmente es maravilloso, uno como hijo, sentir que la obra del papá está latente, está viva, y más divulgada que ayer.

Fuera de darle el nombre al Festival para exaltar, difundir y promover la música del Pacífico, qué otros hechos se realizan para que perdure la memoria de Petronio, por ejemplo, reeditan la música, la dan a conocer?

“Allí hay un vacío y pienso que a partir de este Festival, en el que quedamos con el nuevo alcalde de sentarnos a hacer reflexiones al respecto, pueden llegar nuevas  cosas. Petronio, no puede ser solamente varios días de Festival, hay que implementar una catedra para que la gente sepa más de Petronio, que conozca más de lo que es el Pacífico. Es importante preguntarse dónde están las obras, como se divulgan. Hay una cantidad de cosas que hay que revisarlas para que esto sea más grande”.

“Pienso que un Festival como el Petronio, después de 20 años, debería tener, me atrevería a decir, hasta una disquera para promocionar a los artistas que salen en el festival”.

¿Cómo era Petronio, su padre?

“Petronio era un hombre alto, de casi dos metros, súper amoroso, maquinista de tren. Como hombre del pacifico tenía “dos o tres cocinas”. Somos 15 hermanos y todos nos amamos y nos queremos mucho. Recuerdo sobre todo la calidad humana que tenía mi padre, pienso que era increíble: él era amigo, él era el potro para los ferroviarios; era el Gardel del Puerto para la gene de Buenaventura; era El Cuco, apodo que hereda del papá por amor a la locomoción, a la guitarra. Petronio como ser humano es un hombre a imitar”.

¿Qué canción le recuerda a su padre, que la emocione hasta el temblor en la piel?

“Definitivamente la canción que nos desdobla a todos fue “Despedida”. Es la última canción que él hace en su lecho de enfermo. Una canción muy diciente en la que le dice a los porteños: mire les entrego mi legado musical, ustedes son los dueños de eso y ustedes,  no me van a recordar. Ahí se equivocó mi papá porque realmente ha sido muy recordado”.

Le pido recuerde para mí, los versos de la canción y, entonces como si fuera una oración, Juana Francisca, frasea cada uno de los versos.

“Aquí les dejo alegres porteños, esta canción de mi loco afán­­, Buenaventura de mis ensueños que con el tiempo no recordará.

Fiel criollo en que una noche en que su alma se iluminó, bajo la luna con luz de plata, sus claros rayos ella me ofreció.

Buenaventura de ti hoy me despido porque mañana ya estaré en el olvido”.

¿Qué le gustaría que el Festival Petronio hiciera por la memoria de su padre?

Yo pienso que un compromiso  del Festival después de 20 de años es prensar la música de él y entregarla a la gente para que la conozca. Esa es la manera como el podrá continuar más vivo. Para nosotros es muy importante que su música se conozca, se divulgue, que se edite un libro sobre él, de lo que significa porque es que Petronio es un ejemplo a seguir.”

“Es un hombre que a los 12 año ya  estaba en los Ferrocarriles del Pacifico como aguatero, y cinco años después, era maquinista de tren”.

“De manera empírica hace un recorrido para llegar a ser maquinista de tren como le había prometido a la mamá.  Son cosas que a nivel pedagógico puede dar mucho para la educación, a nivel poético porque era hijo de una Poeta: Juana Francisca;  y en la música ni se diga. Su padre era José Joaquín, que fue el primer maquinista de tren”.

¿Ha servido el Petronio para, en verdad, rescatar la identidad de lo que son los afrodecendientes, como se pregona cada año?

“Hay algo que a mí me preocupa y quizá no sea del resorte del Petronio como Festival, sino del resorte de otras instancias. Usted sabe que esto es patrimonial: la marimba es un instrumento patrimonial, aquí estamos sosteniéndola, pero ese empoderamiento a veces no llega a quienes tienen el saber”.

“Es muy importante que se mire a las personas sabedoras sobre todo en la marimba de chonta. Los jóvenes, yo pienso que se han visibilizado. Tenemos a Herencia de Timbiquí que es un grupo que yo antes lo adoraba, pero ahora lo amo”.

“Está Hugo Candelario,  que ha sido como el pionero. Está Esteban Lucas Copete, que es nieto de Petronio y también es el único de los nietos que tomó como camino la música. Es egresado de la Univalle con un instrumento como el saxofón.

“El Festival, ha servido para visibilizar la cultura afro,  y ha servido, para algo que para mí es esencial,  y es que nosotros no podemos dejar de lado que Cali es una de las ciudades más racista que tiene la nación. Con el Petronio ya nos miran como músicos ya que primero nos veían como ladrones. Así de sencillo. En ese aspecto nos ha servido mucho”.

¿El Petronito, sirve como una manera de legar conocimiento musical y cultural a los jóvenes?

“Sirve pero hay que reestructurarlo. Hay que apostarle más a las escuelas, ser más exigentes con las escuelas para tener un mejor producto”.

¿Qué piensa que el Petronio haya llegado a su edición XX y que se haya llevado al Teatro Municipal?

“La verdad, sentí mucho dolor. Sentí mucho dolor porque este es un proceso público y es un evento que tiene que genera ingresos al vendedor ambulante, al motorista, a la gente de a pie. Encerrarlo en el Jorge Isaac, donde el vendedor no puede ofrecer el agua, no puede vender el jugo. Yo pienso que no fue acertada la decisión y  creo que el Petronito debe continuar en Los Cristales”.

¿El Público que llega al Petronio, si ha aprendido algo sobre la música del Pacífico o sigue únicamente en la fiesta?

“La gente ha aprendido y además hay procesos  y muchos de ellos son invisibles, no están comercializados. Por eso digo que hay copiar lo que hacen en otros lugares. Hay un proceso en Brasil que es de la iniciativa de la sociedad civil frente a la salvaguarda de su legado ancestral y forman lo que han llamado, los puntos de cultura, que son iniciativas civiles con el apoyo del Estado”.

“Aquí hay iniciativas civiles pero no existe el apoyo del Estado. Pienso que a eso hay que apostarle a eso porque es una manera de entregar a los niños legados sobre  danzas, música, oralidad; además son espacios en los que se les entregan valores para la vida”.

¿La comida por la cual usted espera cada año y la bebida con la que disfruta el Petronio?

“La verdad es que cuando empieza el Petronio siempre traslado el comedor de mi casa para acá. Siempre almuerzo acá, me gustan muchos los productos africanos que están haciendo y para los licores me voy con la Toma Seca.

Agradezco su atención y me despido porque hay cuatro periodistas haciendo cola para hablar con ella.

 

 

 

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