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El problema de subestimar…

Hace unas semanas tenía una reunión de trabajo y llegue un poco antes de la hora. Así que aproveché el tiempo, me fui a un Juan Valdés y pedí un late y quesito Pera de onces. Había tres personas en la mesa de al lado: dos mujeres y un hombre. No pasaban los 30 años. Con sus computadoras, ipad abiertos en la mesa y celular en mano. Hablaban de cosas de trabajo, se intercambiaban información, chateaban, de vez en cuando abrían Instagram o Facebook y comentaban, todo en una forma muy relajada.

Una de ellas estaba chateando y exclama a todo volumen -!Qué fastidio! mi mamá me escribe por WhatsApp todas las mañanas a preguntarme que si llegue bien, que mamera- La otra le contesta – ¡Ay! te entiendo, yo tengo a mis papás y mis hermanos silenciados de WhatsApp-  El otro les dice – Yo también silenciada toda la familia, parece que no tuvieran una vida-. Cambiaron de tema, siguieron mirando Instagram, luego se burlaron del jean que tenía puesto una mujer que acababa de entrar… y estaban mirando dónde iban a almorzar… y así pasaron el tiempo.

No entiendo por qué los seres humanos tendemos a subestimar lo que damos por hecho que tenemos, como la familia. Le damos prioridad a otras cosas, nos aburre si nos escribe la familia, si nos manda memes la tía, pero nos escribe cualquier conocido nuevo y nos manda un meme y le damos prioridad y hasta le contestamos…

Y eso pasa con muchas cosas.  Dejamos de asistir a reuniones familiares, porque se nos cruzó con eventos de amigos y como es familia pues no importa mucho, porque creemos que siempre la vamos a tener. Cuando la verdad es que no podemos dar por hecho que tenemos nada. Los amigos son muy importantes, pero la familia, es familia.

Hay amigos que rotan, que están por un tiempo en la vida de uno, como decía mi papá “uno vive gratos momentos de amistad” pero hasta ahí. Si damos un vistazo hacia atrás, ¿están hoy presentes los “amigos” que estaban hace 10 años? Pocos, ¿verdad? Solo contados amigos, que se convierten en familia.  Lo único que prevalece siempre, independientemente la situación por la que uno esté pasando, es la familia. Sea uno como sea, nunca lo van a abandonar.

Henry, mi cuñado que vive en Canadá, vino hace un par de días de sorpresa para visitar a sus papás quienes están de aniversario. Su hermana Martha, quien vive en Estados Unidos, también viajó de sorpresa y junto a su otro hermano Juan Miguel, hoy los 5 están reunidos en familia. Tener esa oportunidad de estar todos celebrando 50 años de matrimonio de los Papás es una fortuna. No todos lo pueden celebrar. Y qué hermoso que juntos los hijos busquen la manera de sorprenderlos, de disfrutar esos momentos en familia.

Nosotras las Villate Gaitan, alcanzamos a celebrarles 24 años de matrimonio a nuestros papás. Hoy no vive ninguno de los dos. La vida cambia en un segundo. Y si, lo digo en todos mis blogs, porque cada vez me doy cuenta de que el diario vivir, las preocupaciones diarias, el dinero, el trabajo, una cosa, la otra, nos hacen perder el norte de lo realmente importante.

La familia es lo único que tenemos. Los hermanos son una bendición y algún día no van a estar. Las familias nos quieren como somos. Podemos tener problemas, disgustos, no tener dinero, no tener empleo, no entendernos en algunas cosas, pero nada en absoluto puede romper el vínculo de la familia. Como la canción de Rubén Blades, “Amor y control”

Algún día, a esa persona que vi en Juan Valdés, la mamá ya no le va a escribir. Esa tía que mandaba oraciones o memes, algún día dejará de enviarlos. Nada les cuesta responderle el saludo en 20 segundos. Nada les cuesta responderle la llamada al Papá. Decirle a la mamá, que sí, que están bien o que ya comieron. Disfruten a sus hermanos mientras los tengan.

Los que tienen aun papás, aprovéchenlos, algún día no los van a tener y desearan con el alma, recibir un mensaje o una llamada.
No subestimemos lo que tenemos hoy, porque no será para siempre. En la vida nada es garantía de nada.

Los invito a que miremos cuidadosamente a las personas con las que vamos a compartir hoy, miren sus ojos, sientan sus manos, vean sus gestos, graben el sonido de su voz, disfruten su risa porque tal vez mañana cuando quieran mirarlos sea demasiado tarde y solo quedará el recuerdo… porque ese puesto ya estará vacío.

En Twitter: @AndreaVillate

En Facebook: /andreavillateperiodista

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