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¿Cuál sería su epitafio?

 

El domingo anterior escribí una columna acerca del recuerdo que seremos, de las huellas que dejamos en la vida de las personas y he estado pensando en lo que he dejado a lo largo de estos casi 40 años en todas las personas que me he cruzado.

¿Cómo me recordarán cuando ya no este?, ¿Qué diría mi obituario?, ¿Cuál sería mi epitafio?

Reconozco que es un juego bastante particular poder mirarse desde afuera sin piedad y ver objetivamente la historia que hemos vivido y dejado en cada persona. Al mirar mi vida en retrospectiva, acepto que me gustaría cambiar algunas (muchas) cosas de mis relaciones con las personas que me crucé en el pasado. Tal vez compartir más con algunas de ellas, con otras no tanto, haber solucionado los malentendidos en el momento justo, de pronto escuchar más, cambiar algunas actitudes mías que pudieron alejarme de personas y de ciertos lugares, no enfrascarme en problemas que eran solo cosas que pasaban y que a la final por alguna cosa o por otra terminaban solucionándose. Y claro, al hacer estos análisis uno siempre comienza por lo que es imposible, como volver al pasado y cambiarlo, pero lo cierto es que la vida se escribe hacia adelante, pero solo se entiende hacía atrás.

Siempre he pensando que hay cosas que tenían que suceder para dar paso a otras y no hay forma de que fuera diferente. Solo al pasar el tiempo es que entendemos.

Haciendo este ejercicio pienso también en los recuerdos que tengo de otras personas. Hay de quienes recuerdo el sonido de su risa, el tono de su voz, sus gustos, las canciones que escuchaban, las que cantaban, su amabilidad, su forma de mirar, alguna frase en particular, sus manos, un libro, un chiste, algún momento juntos. Es obvio que no todo lo que vivimos con otras personas es color de rosa, pero es muy cierta esa frase de Gabriel García Márquez: “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”.

De cada persona nos queda algo y algo dejamos en cada persona. Todo lo que somos termina siendo el recuerdo que seremos.

Creo que cada capítulo de nuestra vida merece un obituario, a la final los seres humanos morimos muchas veces y renacemos, como por arte de magia, un poco más fuertes.

Si hoy dejara de existir creo que escribirían este obituario, muy similar al de una de mis películas favoritas:

“Andrea Villate, murió anoche a causa de complicaciones desconocidas. Tenía 39 años. De voz cálida y hablar rápido. Andrea siempre fue una romántica empedernida, se sabía todas las rancheras y boleros de todos los tiempos. Las películas al igual que las historias de amor le encantaban. Para ella mirar el cielo, las flores y las aves era lo que llenaba su alma cada día. Durante los últimos meses de su vida reveló una parte desconocida para muchos y era lograr vivir cada día como si fuera el último, no por hacer cosas diferentes, más bien por hacer las cosas habituales y disfrutarlas. Los últimos meses de vida se le veía un brillo particular en sus ojos, como si viera el amor por primera vez. Algunos capítulos de su vida se merecían un mejor final, sin embargo ella vivía aferrada a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, sino más bien un tapiz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime. Al final Andrea concluyó que para poder vivir en armonía con el universo, todos debemos poseer una poderosa fe en lo que los antiguos llamaban fatum, lo que comúnmente calificamos como destino”.

Y mi epitafio diría una frase corta que resumiría todo lo que pienso acerca de las circunstancias de la vida: Lo que es para ti, aunque te quites, lo que no, aunque te pongas.

Los invito esta mañana a recordar a cada persona que ha pasado por nuestra vida. Cuál es el legado que estamos dejando diariamente en la gente que nos rodea

¿Por qué quieren ser recordados?, ¿Qué diría su obituario?, ¿Cuál sería su epitafio?

En Twitter: @Andreavillate

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