Líneas de arena

Publicado el Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)

Cuando el ajedrez se transmitía por radio

"Lady Howe haciendo jaque mate a Benjamin Franklin" (1867). Pintura de Edward Harrison May.
“Lady Howe haciendo jaque mate a Benjamin Franklin” (1867). Pintura de Edward Harrison May.

A Gerardo Cardona, quien debió escribir este artículo.

Si se hiciera un sondeo de opinión en Colombia, sobre los términos Carlsen y Kariakin, es posible que algunos pensaran que el primero es la marca de una cerveza alemana y el segundo quizás el apellido del compañero de Napoleón Solo en el Agente de la C.I.P.O.L., en caso que estas palabras parecieran familiares. Quizás unos pocos acertarían al decir que se trata de los apellidos de quienes, en el momento de escribir estas líneas, se disputan el campeonato mundial de ajedrez en Nueva York.

Carlsen y Kariakin.
Carlsen y Kariakin.

En efecto, por estos días se juega el campeonato mundial de ajedrez entre el noruego Magnus Carlsen, actual campeón y el aspirante ruso Serguéi Kariakin. Son contados, aparte de jugadores y aficionados al deporte ciencia, quienes siguen con interés este campeonato. Posiblemente el último torneo que concentró un interés mundial fue aquel que nos permitió enterarnos de las partidas memorables de Garry Kasparov contra Anatoly Karpov, por las incidencias políticas y no solo por las condiciones de los jugadores.

Recuerdo que se hacían chistes en el colegio, sobre lo aburrido que debería ser una narración por radio de una partida de ajedrez. Claro, estamos acostumbrados a los partidos (en masculino) de fútbol y su exagerada forma de ser relatados por locutores y comentaristas, mientras imaginamos que la transmisión de una partida de ajedrez debe ser a la velocidad de la tortuga. Nada más falso. Mi buen amigo Gerardo Cardona, ingeniero, escritor y ajedrecista, rememora cuándo las partidas de ajedrez se transmitían por radio en Colombia, especialmente el legendario campeonato entre el estadounidense Bobby Fischer y el soviético Boris Spassky.

Aquel encuentro, que llevó la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética a un tablero de ajedrez, fue seguido literalmente por todo el mundo y en Colombia gracias a la radio. A diferencia de lo que se creería, no eran transmisiones aburridas, gracias a la sapiencia de Boris de Greiff, ilustre hijo del gran poeta León de Greiff, nacido en Medellín como su padre. Boris de Greiff fue Maestro y árbitro internacional, así como historiador, periodista y divulgador del juego ciencia.

Foto para la historia, el colombiano Boris de Greiff jugando contra Boris Spassky en el torneo Capablanca en La Habana, 1962, observa Ernesto "Che" Guevara. Archivo El Espectador.
Foto para la historia, el colombiano Boris de Greiff jugando contra Boris Spassky en el torneo Capablanca en La Habana, 1962, observa Ernesto “Che” Guevara. Archivo El Espectador.

En 1972 Boris de Greiff narró y comentó el campeonato entre Fischer y Spassky, con un megáfono en plena calle céntrica de Bogotá, mientras Caracol Radio lo retransmitía, según me cuenta Gerardo quien era un jovencito en aquella época, ya seguidor del ajedrez. Los aficionados en el país, reproducían en sus propios tableros las jugadas de los oponentes, mientras de Greiff analizaba las estrategias y comentaba los aciertos y errores de los jugadores.

Las crónicas hablan que incluso se producían atascos en las calles, producto de los aficionados que se detenían a escuchar las incidencias de aquel campeonato. Hasta los noticieros de televisión dedicaban espacio al análisis del torneo, siendo Boris de Greiff, el consultor consuetudinario. El espacio del deporte no había sido tomado por completo por el fútbol como ahora acontece, ni habían llegado las modelos al cierre de los informativos con las notas de farándula en color rosa.

Eran otros tiempos, en donde el cerebro también jugaba y las discusiones no solo se ocupaban de temas políticos, conspiraciones domésticas, chismes de barrio, sino en pensar estrategias de ajedrez, que son lecciones para la vida misma. Pues uno sabe en el ajedrez, como en la vida, que si toma la iniciativa puede perder algunas fichas, pero puede ganar al final.

Para quienes como el autor de estas líneas, somos meros aficionados –y no de los mejores- en este juego del espíritu, nos queda el consuelo de lo que afirma el gran Stefan Zweig: “…el ajedrez, lo mismo que el amor, requiere indefectiblemente de un compañero…”.

Dixon Acosta Medellín

En Twitter hago tablas conmigo mismo en @dixonmedellin

P.D.: Acaba de morir Fidel Castro, quien también practicaba el ajedrez e incluso le ganó una partida a Bobby Fischer, pero esa es otra historia. Sin embargo, va la foto.

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