La vaca esférica

Publicado el eltrinador

La asombrosa vida de los granjeros más pequeños del mundo.

Hace unos diez mil años los seres humanos empezamos a cultivar animales y plantas para nuestro beneficio. En esa época, la población humana, en todo el mundo, era de unos ocho millones de habitantes. Tanto como hoy la hay en Bogotá. Con esa simple técnica de producción, actualmente alimentamos más de siete mil millones de bocas y nos hemos convertido en una de las especies más exitosas. Nos gusta pensar que la agricultura y la ganadería son inventos nuestros. Sin embargo, la verdad es que hace varios millones de años, existen especies diminutas que cultivan su comida y como cualquier granjero, llevan sus semillas y crías con ellos para cultivarlas donde se van a establecer.

Echemos una mirada.

Las hormigas que pastorean

En Europa, los seres humanos domesticamos las primeras vacas. Allí, también hormigas de la especie Lasius niger se convirtieron en pastores. Esta especie pastorea pequeños pulgones que se alimentan de la savia de algunas plantas. Como los mejores pastores humanos, estas hormigas se preocupan de que estos pulgones tengan acceso al mejor alimento, los protegen de depredadores y los guardan en “establos” cuando empieza a llover. A cambio, estos pulgones producen un líquido azucarado y son “ordeñados” por las hormigas. Al igual que nuestros animales domésticos, estos pulgones no pueden sobrevivir por su propia cuenta pues siempre necesitan de las hormigas para encontrar los sitios con mejor savia.

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Termitas que abonan el suelo

Para mejorar la eficiencia de los suelos, los humanos desarrollamos el arado y los fertilizantes. Sin embargo, millones de años antes, termitas en África eran imprescindibles para estimular el crecimiento de las plantas en ecosistemas que, de otro modo, serían vastos desiertos. Los montículos que construyen las termitas son tan eficaces como el arado y sus excrementos y bacterias asociadas a él fijan el nitrógeno del aire de como si se tratara de un pequeño proceso de Haber. Como resultado, el suelo del desierto es reverdecido.

Las regiones donde hay vegetación indican dónde hay termitas.
Las regiones donde hay vegetación indican dónde hay termitas.

Los peces jardineros

En el mar, usualmente los peces comen las algas que encuentran. Sin embargo, algunos peces de la familia de las damiselas (pomacentrinae) han aprendido que no tienen porque comer cualquier alga que se les atraviese. Si mantienen sus algas favoritas aisladas de depredadores e incluso de otros tipos de algas que no son tan sabrosas, con el tiempo podrán tener gran una provisión de alimento. Algunas damiselas japonesas, por ejemplo, tienen problemas para digerir una gran parte de algas así que cultivan algas del tipo Polysiphonia que pueden digerir mejor.

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Hormigas que cultivan hongos

En Sudamérica, los seres humanos desarrollamos complejas redes de terrazas que nos permitieron cultivar papas y maíz.  Algunas hormigas de la selva amazónica, a diferencia de las europeas, no aprovecharon pulgones sino que aprendieron a  cultivar una especie de hongo. Estos insectos se encargan de cortar hojas para luego “sembrar” el hongo en ellas. Posteriormente se alimentan de él. Al momento de crear una nueva colonia, la reina se lleva consigo una “semilla” del hongo (micelio) para el lugar donde establecerá la nueva colonia. La relación es tan estrecha que este tipo de hongo no se encuentra en otro sitio que no sea una colonia de hormigas.

Las amebas que se convierten en gusanos.

Las amebas de la especie Dictyostelium discoideum viven en algunos suelos húmedos por todo el mundo. Usualmente consumen pequeñas bacterias pero muchas veces se encuentran en situaciones difíciles y cuando las bacterias de las que se alimentan empiezan a escasear, en vez de comérselas todas y morir de hambre, estas amebas toman unas cuantas bacterias con ellas, llaman a las amebas vecinas por medio de pulsos químicos y empiezan a formar un montón. Cuando este montón llega a tener un tamaño adecuado, se convierte en algo así como un “gusano” que puede moverse mucho más rápido que las amebas por si solas.

De esta manera, este “gusano” buscará un lugar adecuado para que las amebas que lo conforman se establezcan. Si lo encuentra, las amebas se separan y liberan a las bacterias que proliferan y les sirven de alimento.

Si no encuentran un lugar adecuado, se establece el plan B: este gusano se aferra al suelo y forma un tallo con una espora en su punta. Las amebas que forman el tallo morirán finalmente pero si consiguen que el viento disperse la espora a un sitio adecuado, de ella saldrán nuevas amebas y, claro, nuevas bacterias  que son su alimento pues estas también permanecen en la espora.

Estas amebas, especialmente, han resultado muy atractivas para los investigadores pues su comportamiento podría dar indicios en la manera en que simples células comenzaron a formar seres pluricelulares como nosotros. No solo se interesan en sus mecanismos de comunicación sino en los mecanismos de especialización, es decir, aquellos que determinan qué célula cumple cada función. Por ejemplo, qué hace que una ameba se convierta en tallo mientras que otra se convierte en espora. De una manera compleja, permitirá saber cómo una célula de un embrión se convierte, por ejemplo, en hígado mientras que otra se convierte en corazón.

ameba

El aprovechar otros organismos para un beneficio mutuo, ha mostrado ser una estrategia exitosa no sólo para nosotros sino para una gran cantidad de seres vivos. Es asombroso cómo una simple ameba nos puede enseñar que no siempre tendremos la opulencia de la actualidad y debemos ser conscientes de que en algún momento pasaremos por momentos difíciles. Al igual que las amebas, debemos pensar un poco más en los demás y trabajar juntos.

@eltrinador

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