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El plástico es el menor de los problemas del océano (y así podríamos resolver el resto)

En California, científicos, empresarios, innovadores y gobernantes se unieron para hablar sobre los problemas más graves que enfrenta el océano frente al cambio climático.

Por: María Paula Rubiano*
Periodista Blog El Río – El Espectador

Al tipear las palabras “océano plástico” en Google, el buscador arroja cerca de nueve millones de resultados. La contaminación de los océanos por los plásticos que tardan millones de años en descomponerse pero sólo son usados unos cuantos minutos, lleva robándose titulares desde hace varios años.

Sin embargo, ese es el menor de los problemas que tiene hoy el océano. Para habar de todos los demás, científicos, expertos, empresarios, periodistas y gobernadores se unieron en la Cumbre por la Acción Climática Global, que terminó este viernes 14 de septiembre en San Francisco.

Un problema ambiental y cultural

Y es que, aunque no muchos lo saben, los mares son los verdaderos reguladores del clima global. Hay corrientes fundamentales, como la del Atlántico, de la cual dependen los climas de Europa y parte de Estados Unidos. Un estudio que se publicó esta semana en el Environmental Research Letters encontró que en el Amazonas las lluvias están fuera de control debido al calentamiento del Atlántico.

En el Ártico, el cambio climático está destruyendo el tejido social de tribus indígenas como los inuit, que lleva siglos conviviendo con el hielo.

“El hielo es una parte enorme de nuestra identidad, y es algo tan permanente para nosotros como lo es para ustedes sus montañas y ríos. Ahora, tenemos a cazadores cayendo al mar helado porque el hielo está muy delgado. No podemos alimentarnos, no podemos vivir. Esto es un trauma para nosotros”, dijo Sheila Watt-Cloutier, una indígena inuit, en uno de los foros sobre el tema.

Hay que añadir los huracanes fuera de control de los últimos años

El huracán Florence tocó tierra en las costas de Carolina del Norte. Ya dejó cinco muertes y una devastación enorme. / AFP

Por si fuera poco, en las últimas semanas ya ha habido ocho tifones en todo el mundo, incluyendo uno que arrasó con aeropuertos en Japón, y otro que amenaza a Indonesia. A este lado del globo, las tormentas y huracanes no dan tregua.

Kirk Caldwell, alcalde de Honolulu, en el estado de Hawaii, compartió la dura experiencia que tuvo que vivir tras el paso de un tifón hace unas semanas. “Tuve que evacuar a 10.000 personas (…) Hoy, no tenemos playa. El océano llega hasta las casas de la gente. Literalmente, las casa están cayendo al mar, sin que podamos hacer nada al respecto”.

Así se veía Hilo, Hawái, Estados Unidos, con la llegada del huracán Lane el pasado 23 de agosto de 2018. EFE/ Bruce Omori

“El océano ya está más alto, más caliente, más tormentoso, está muy enfermo, puede retener menos oxígeno y como resultado de eso, es menos predecible. Esas cosas son un enorme problema para nosotros y para todas las criaturas de océano”, señaló Jane Lubchenco, profesora de la Universidad de Oregon, en una de las conferencias.

Lubchenco recordó que hay dos acciones clave con las que podríamos salvar los océanos: la ampliación de las áreas marinas protegidas, y una revolución en las prácticas de pesca de todo el mundo.

Áreas protegidas marinas: una meta ambiciosa, pero lejana

Las áreas marinas grandes y bien diseñadas, señaló la docente, tienen la capacidad de capturar y guardar carbono, pueden restaurar el ecosistema, ayudarnos a disminuir la erosión costera y proteger la biodiversidad para la salud y recuperar los recursos pesqueros.

Las áreas marina protegidas son clave para proteger los océanos del cambio climático. / Pixabay

No obstante, a duras penas protegemos el 4% del océano, comparado con el 15% que protegemos en la tierra y solamente el 2% de esos océanos están bajo una figura de conservación lo suficientemente estricta para que puedan brindarnos todos estos beneficios.

Para 2030, según los objetivos de desarrollo sostenible y el Acuerdo de París, el 30% del océano debe estar bajo una figura de conservación.

El problema ha tratado de resolverse incluyendo al “continente azul”, como le llaman en Hawaii, en las políticas de las Naciones Unidas para el desarrollo sostenible. Julio Cordano, quien lidera el departamento de cambio climático del Ministerio de Asuntos Exteriores de Chile, comentó en otro evento que un grupo de 35 países se unió el año pasado para crear el Ocean Pathway, una iniciativa que busca presionar para que los océano tengan mayor visibilidad en las conversaciones globales sobre cambio climático.

“Si bien el acuerdo de París sí menciona a los océanos, hay un enorme vacío de implementación en esta parte del acuerdo respecto a otras cosas, como energías renovables. Por eso, estamos decidiendo qué estrategia vamos a mover en la Cumbre de Cambio Climático de la ONU de este año, para que estemos coordinados y tirando para el mismo lado y negociar con eficacia”, dijo Cordano.

“Hay muchos peces en el mar”… ¿o no?

Desde la semana pasada está en juego la aprobación de un tratado que regule el alta mar de los océanos, una iniciativa que lleva cocinándose una década.

Las aguas internacionales, que representan dos tercios de la superficie total de los océanos, hoy están reguladas por una serie de tratados incompletos en la mejor de las veces, y obsoletos en la mayoría. Allí afuera, a 200 millas de las costas, las cosas se parecen más al lejano oeste que a un lugar regulado.

Por ello, el Tratado sobre aguas internacionales es una misión urgente, pues ayudaría a resolver el segundo de los problemas que para Jane Lubchenco es urgente: la transformación de la pesca en el mundo.

Pixabay

“El tema de la actividad pesquera es clave si queremos garantizar la seguridad alimenticia. La pesca le da la vida a más del 10% de la población mundial y son la principal fuente de proteína para más de 30.000 millones de personas”, dijo la profesora.

A pesar de esto, según datos de este año de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), uno de cada tres peces que se capturan en el mundo nunca llegan al plato. EStos peces son devueltos sin vida al mar o se pudren antes de ser consumidos.

Otra investigación realizada por la alianza liderada por la Universidad de British Columbia y la Universidad del este de Australia en 2017, demostró además que en los últimos diez años se ha desperdiciado el 10% de la pesca industrial: el equivalente a 4.500 piscinas olímpicas repletas de peces muertos.

“Llegué destrozado, me voy esperanzado”

El blanqueamiento de corales, debido a la acidificación del océano y las altas temperaturas son una de las peores amenazas para los ecosistemas marinos. / XL Catlin Seaview Survey

Aun con este panorama, Lubchenco tiene esperanzas en que la industria está lista para cambiar. La semana pasada, comentó, las 10 compañías de comida de mar del mundo anunciaron que han trabajado junto científicos para crear una nueva organización llamada Sea Food Bussineses for Ocean Stewardship, en el que se comprometen a hacer sus prácticas más sostenibles.

Por otra parte, Nina Jensen, creadora de una compañía llamada REV Ocean, se refirió a la importancia de “mejorar nuestra comprensión de lo que está pasando y además, crear soluciones”. Para ello, espera que en 2020 esté terminado el buque de investigación y expedición científica más grande jamás construido, que será  una plataforma que todos los científicos del mundo podrán abordar para realizar sus investigaciones.

Kirk Caldwell, alcalde de Honolulu, hizo una confesión que resumió el estado de ánimo tras las conversaciones. “Luego de estos huracanes no tenía esperanza, me sentía solo, pero al caminar en estos salones, al escucharlos, me voy lleno de esperanza”.  

*Enviada al Global Climate Action Summit, San Francisco (EE.UU)

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