Daniel Ruiz-Carrascal, investigador del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, habló con el Centro ODS sobre el próximo informe sobre Cambio Climático y las razones por las que estamos perdiendo la batalla para proteger nuestras montañas, con imprevisibles consecuencias.

Con una extensión aproximada de 142.000 hectáreas, el páramo de Santurbán es el páramo más grande del mundo y una de las fuentes de agua más importantes de Colombia. / Archivo El Espectador

Por: Lorenzo Morales, periodista del CODS y editor del Fondo ODS

Los páramos son un ecosistema único de la cordillera de los Andes. Es frágil y a la vez sorprendentemente resistente a condiciones muy extremas: fríos extremos y altas temperaturas. Cumplen una función vital regulando los ciclos del agua, reteniéndola cuando es abundante y liberándola de manera continua en épocas secas. Millones de personas en capitales como Quito o Bogotá, y en muchas otras ciudades intermedias de América Latina, dependen en gran medida de ellos para abastecerse de agua. Sin embargo, fenómenos asociados al cambio climático como la mayor acidez del océano Pacífico o el desbalance radioactivo, por un lado, y los cultivos de papa, la ganadería y la minería, por el otro tienen el peligro este ecosistema crítico y sensible.

El próximo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, que se entregará en 2022, incluirá, por primera vez desde que se publica, un capítulo dedicado a las altas montañas y los glaciares andinos tropicales como zonas de interés para el mundo. Conversamos con el autor líder de ese capítulo, Daniel Ruiz-Carrascal, hidrólogo de la Escuela de Ingeniería de Antioquia e investigador del International Research Institute for Climate and Society de la Universidad de Columbia en Nueva York. 

¿Qué novedades hay en la ciencia del clima desde el último informe del IPCC?

En la parte científica hay cosas importantes y críticas. Por ejemplo, nos hemos dado cuenta que el sistema climático es más sensible a los incrementos en las concentraciones de dióxido de carbono de lo que se había inicialmente propuesto. Esto tiene mil implicaciones. El cambio en la sensibilidad del sistema climático podría dar señales de que las proyecciones de calentamiento global pueden ser más críticas en este nuevo informe de lo que se había publicado en informes previos, razón por la cual el tiempo que tenemos hacia delante para tomar decisiones y para frenar los impactos nocivos del cambio climático es cada vez más reducido. 

¿Qué tanto estará América Latina implicada en ese nuevo informe que preparan?

El informe del Panel Intergubernamental va a tener, en el capítulo de zonas de vida claves, una parte dedicada a las montañas. Esto se va a hacer de dos maneras: la primera, es mediante el reporte especial sobre la criósfera (las partes de la tierra donde el agua está congelada), donde entran por primera vez los Andes tropicales pisando particularmente fuerte como ‘zonas de interés’; y la segunda, en el capítulo de análisis de riesgo se va a hablar de las montañas como zonas específicas de conservación de vida (junto con las zonas costeras y los corales, entre otros). La idea es que, cuando se publique el informe definitivo, se muestre la información, las proyecciones, lo que sabemos y hacia donde vamos de manera que los tomadores de decisiones mejoren su proceso de toma de decisiones para la conservación de los “hotspots” de biodiversidad en las montañas.

Usted ha estudiado durante años los que está sucediendo en las montañas de los Andes y en particular en los páramos, un ecosistema prácticamente único de América Latina. ¿Por qué es un ecosistema tan particular en el planeta?

Los páramos son ecosistemas únicos de los Andes tropicales que en términos de altura, están por encima de los 3200 y 3400 metros al nivel del mar. Es muy difícil definir una cota específica, pero en general, siempre están por debajo de lo que llamábamos “nieves perpetuas”, es decir por debajo del borde glaciar de los picos de los Andes.

Al estar allí, tienen unas condiciones climáticas que los hacen muy particulares: primero, tienen un alto índice de radiación ultravioleta; segundo, tienen temperaturas que pueden fluctuar muy significativamente durante el día. Se pude decir que tienen inviernos en la madrugada con temperatura bajo cero y veranos al medio día. Además, las plantas que los han logrado colonizar han generado mecanismos de adaptación que les han permitido sobrevivir a estas condiciones climáticas extremas. Por esto, estas son plantas que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.

En Colombia los páramos ocupan apenas un 1.7% del territorio colombiano pero son el origen del agua que abastece al 70% del país. ¿qué puede pasar si desaparecen?  

Se habla de los páramos como “fábricas de agua”. Esto no es totalmente cierto, pues ellos no crean el agua, esta viene de la interacción de los páramos con los ecosistemas de alta montaña. Pero, lo que ellos sí garantizan es la regulación de la oferta del agua. Otro aspecto importante es que, si desaparecen los páramos, perderíamos una riqueza enorme en términos de vegetación. Perderíamos también un bien cultural inigualable, pues este es un paisaje al cual le hemos rendido tributo desde la época precolombina.

¿Hoy en día cuales son las principales amenazas a la conservación de los páramos?

Tenemos muchas amenazas, la gran mayoría por cuenta de actividades humanas, algunas directas y otras indirectas. La amenaza humana directa es claramente la presión por la expansión de la frontera agrícola y pecuaria.

Otra presión importante es la minería: una amenaza particularmente critica, pues esta actividad requiere varias cosas que ponen en riesgo la integridad de los páramos. Por ejemplo, para extraer los minerales del suelo hay que drenar lagunas, espejos de agua y almacenamientos pequeños de agua, conocidos como ‘turberas’. En los páramos del país hay numerosas concesiones de minería al interior de los páramos o en las áreas aledañas a los mismos.

Precisamente por ese conflicto entre las empresas mineras que quieren explotar en los páramos, en Colombia el gobierno ha tenido que trazar una línea para delimitar las áreas de páramo. ¿Qué opina?

Desde la academia nos preguntamos, ¿cómo se determina una línea —hipotética e imaginaria— que divide el bosque alto andino del páramo? Es verdaderamente imposible.

El Ministerio del Medio Ambiente tiene la obligación de hacerlo, por ley, para poder dialogar con otros ministerios, como el de Minas o el de Agricultura, o para saber qué hacer con estas áreas a futuro sobre las cuales hay un interés y unas expectativas de las empresas mineras. Pero las líneas que se trazan realmente son muy difusas.

¿No se puede entonces delimitar los páramos?

Los ecosistemas de alta montaña son un continuo y están conectados entre ellos. Por ejemplo, el vapor que se produce en los bosques de niebla asciende por los flancos de las montañas y es atrapado por los páramos, completando un ciclo del agua. Como digo, hay un diálogo permanente entre el bosque y el páramo.

¿También hay un “diálogo” hacia arriba, con los nevados?

Sin duda. De hecho tenemos dudas de que las masas glaciares de los Andes del norte estén desapareciendo sólo por efecto del calentamiento global. Creemos que también tiene mucho que ver con la deforestación de las cuencas hidrográficas en las zonas medias y bajas.

¿Qué otras amenazas hay sobre el páramo?

Hemos detectado un calentamiento inusual en las altas montañas del cinturón tropical. En la alta montaña, en los páramos, por encima de los 4000 o 5000 metros de altura, tenemos tendencias que son desde 1.5 hasta 2 veces el calentamiento que se está presentando en las zonas bajas.  Ese calentamiento es similar o incluso excede el que se está presentando en el círculo polar ártico. Por eso nuestros glaciares han retrocedido significativamente más rápido que otros en el resto del mundo.

¿Sabemos por qué está sucediendo esto?

Tenemos sospechas. En la zona andina tenemos ecosistemas de alta montaña donde solíamos tener masas glaciares. Esas masas glaciares son muy sensibles a los cambios de temperatura: por un lado, cuando baja la temperatura de la tierra, ellas se expanden y descienden de los valles en lenguas muy delgadas; por el contrario, cuando sube la temperatura del planeta, las masas de hielo retroceden muy aceleradamente. Esa sensibilidad hace que en la alta montaña queden una gran cantidad de suelos descubiertos que, en vez de rebotar, ahora absorben una parte muy importante de la radiación solar. Esa radiación absorbida por el suelo en estos ecosistemas contribuye al calentamiento inusual.

Otro aspecto muy importante es la deforestación. No quiero sonar pesimista, pero hemos acabado con nuestros bosques andinos o bosques de niebla que son el motor de humedad más importante que tiene el páramo. Sin la humedad de estos bosques la integridad de los páramos se ve comprometida.

En otras palabras, para cuidar los páramos, hay que cuidar mucho más que los páramos, y en particular lo que hay alrededor de ellos…

Exacto. En África aprendieron esto hace mucho tiempo: el problema no es estrictamente el calentamiento inusual de los niveles altos, el problema es la deforestación de los bosques por debajo de las masas glaciares. Eso lo entendieron bien para proteger las nieves en el Kilimanjaro. Así, tomaron la decisión de conservar esos bosques y de revitalizarlos. Si bien las condiciones no han retornado a la normalidad, si han logrado estabilizar las masas glaciares.

¿Qué hacer con las personas que ya están adentro y viven en esos ecosistemas, no sólo páramos sino en los bosques que los circundan? De alguna actividad económica tienen que vivir…

No conozco todos los páramos de América Latina, pero en los que he logrado conocer, he visto muchos problemas sociales que hacen que las comunidades que habitan estos ecosistemas generen impactos. Pero, lo que me sorprende, es que no es un tema de pobreza per se: uno ve en ciertas cuencas hidrográficas que el problema es causado estrictamente por la ganadería extensiva y por la expansión de la frontera pecuaria. Los propietarios de esos predios no son las familias campesinas de bajos recursos, que están sumidos en las trampas de la pobreza, sino que los predios son operados por grandes propietarios de extensiones que superan los cientos de hectáreas.

Hay modelos de manejo de bosques bajo los cuales, con ciertas reglas, las comunidades logran vivir en el bosque y del bosque. ¿Hay algún modelo conocido y probado donde la gente pueda relacionarse con el páramo y, a la vez, conservarlo?

Esa apreciación es muy difícil. Los que trabajamos en la academia y conocemos el grado de vulnerabilidad de los ecosistemas de páramos tratamos de poner sobre la mesa la propuesta de declararlos ‘intangibles’, para que se restrinja cualquier tipo de actividad productiva que se pueda dar allí. Del otro lado, está la posición de mostrar la importancia de estos páramos y de permitir que haya conocimiento, sensibilización e interpretación de lo delicados que son esos ecosistemas, pero siempre permitiendo que las personas los puedan visitar y conocer. Yo me inclino más hacia la primera posición: yo creo que deberían ser ecosistemas declarados como sensibles, intangibles y cerrados a cualquier tipo de actividad productiva.

Usted dijo en un artículo que los modelos globales del clima han dejado por fuera lo que está sucediendo en los páramos. Es decir, los páramos son invisibles a la ciencia del clima. ¿Por qué? ¿Tiene esto que ver con la asimetría entre la ciencia que se produce en Europa y Estados Unidos —donde no existen los páramos— y la ciencia o el conocimiento que se produce desde América Latina?

Lo que vemos en los ecosistemas de alta montaña es que los incrementos en la temperatura están siendo similares o incluso mayores a lo observado en el circulo polar ártico; no obstante, el mundo no está tomando decisiones con respecto a esto.

La asimetría está más en cómo se están interpretando los resultados de los modelos de circulación global y cómo, con esa información, se toman decisiones y se fijan prioridades. La lectura que hace el público en general y los tomadores de decisiones a nivel internacional es que el problema más urgente es el del oso polar abrazado a una botella de Coca-Cola en el ártico en vez de un oso de anteojos abrazando un pocillo de agua de panela en los Andes tropicales. Este último no vende internacionalmente.

Eso quiere decir que, en el fondo, en la ciencia hay desequilibrios de poder político que impiden que el énfasis en la acción se sintonice con las prioridades o sobre los ecosistemas más vulnerables, como los páramos…

Totalmente de acuerdo. Hablando como una persona que ha trabajado con el Panel Intergubernamental, puedo decir que hemos notado que en el ámbito internacional las decisiones están siendo inclinadas hacia otros ecosistemas. En teoría, los Andes tropicales es uno de los hotspots más críticos del mundo, pero los recursos que se están invirtiendo para su conservación y para proyectos que se desarrollan en esa zona siguen siendo muy limitados. Por cuestiones políticas, otros ecosistemas encabezan la lista de hotspots de biodiversidad.

¿Cómo se puede contrarrestar esa situación?

Con información. En la región tenemos un gran vacío en la información para el entendimiento de los ecosistemas de alta montaña que nos pone en desventaja frente a otras regiones que no tienen estos vacíos.

En los colegios, a los niños en las clases de geografía les enseñaban que en los Andes existían picos con “nieves perpetuas”. ¿Vamos a tener que reescribir esos manuales?

Lastimosamente, sí. A no ser que se frenen significativamente las emisiones globales de dióxido de carbono y que se bajen a cero las hectáreas deforestadas en nuestro país. Cada vez que se hacían proyecciones sobre cuando se perderían las masas glaciares, los informes terminaban siendo alarmistas. Pero, cuando se revisitan hoy en día esos informes, la realidad es que siempre nos quedábamos cortos.

 ¿Cuánto tiempo de vida le queda a esas “nieves perpetuas”?

En Ecuador y Perú, todavía hay grandes masas glaciares, pero en nuestro país, y en general en los Andes del norte, el escenario es bastante crítico. Nuestras nuevas generaciones no van a tener oportunidad de ver esos glaciares. En Colombia, vamos a perder el Nevado Santa Isabel en el trascurso de los próximos 10 años. Los otros picos que están por encima, como la Sierra Nevada del Cocuy, no creo que sobrevivan más allá del 2050. En Venezuela, se estará perdiendo el icónico Pico Bolívar en el trascurso de los próximos dos o tres años.

¿Tan pronto?

Le queda un parche de nieve de menos de un kilómetro cuadrado.

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