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La economía verde en Colombia: un discurso disfrazado

 
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Alberto Galán, director de Fondo Patrimonio Natural. / Foto: Luis Ángel – El Espectador

Por: Tatiana Pardo
Periodista de ‘El Río’
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En 2008, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente  (PNUMA) hizo un llamado para que los gobiernos del mundo se unieran en un Nuevo Acuerdo Verde Mundial (GGND) con la idea de centrar las inversiones y políticas públicas hacia la generación de empleo y superación de la pobreza. El PNUMA definió entonces la economía verde como el camino, explicando que a través de ella, se ayudaría a mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social a la vez que se reducirían significativamente los riesgos ambientales. Para que los países entren en congruencia con el concepto de economía verde deberán entonces tener bajas emisiones de carbono, preservar sus bosques y agua, utilizar los recursos de forma eficiente y ser socialmente incluyentes.

Para Alberto Galán, economista con más de 25 años de experiencia en temas educativos y ambientales, Colombia aún no se ha sintonizado con el término. Según el director del Fondo Patrimonio Natural, este concepto solo beneficia a las grandes empresas privadas y deja de lado a los pequeños innovadores que realmente están comprometidos con el cuidado del planeta. De igual forma, considera que la corrupción, la guerra, y la falta de organización en las políticas públicas han hecho que un país, tan rico en recursos naturales, sea incapaz de mostrar los resultados que se esperarían.

¿Es posible hablar de ‘Economía Verde’ en Colombia?

Yo no estoy tan tranquilo con el término. Algunos empresarios lo están usando para decir “yo respondo a los problemas ambientales, a fenómenos como el cambio climático, a través de soluciones de mercado, siempre y cuando sean rentables y sean un negocio competitivo”. Para mí lo que está sucediendo es una cooptación de un concepto más amplio como el de desarrollo sostenible traducido en beneficio de unos sectores muy limitados. Hay muchos factores que hacen falta para que como país seamos serios y trabajemos en algo que podamos llamar economía verde. Hoy el término es utilizado por ciertos sectores empresariales que vieron una oportunidad económica y que quieren recibir beneficios del Estado.

¿Entonces es una moda para las empresas?

Sí, hay mucho de eso. Tiene que ver más con el tema de responsabilidad empresarial, hay mucha manipulación y propaganda en todo esto. Entonces se benefician a sectores que ya tienen dinero y no a otros que podrían ser más innovadores, por ejemplo en un tema como abonos orgánicos usted ya ve grandes empresas que se quieren meter ahí no porque quieran reducir los impactos ambientales, sino porque vieron un negocio que está de moda. Pero la economía verde, requiere que se tomen decisiones conjuntas para impulsar políticas, decisiones no solo de los sectores y empresas, sino de la sociedad en general.

Colombia tiene una economía ligada a la extracción de petróleo y de carbón, ¿con una dependencia tan alta a los combustibles fósiles es viable hablar de economía verde?

Si se analizan los sectores petroleros y del carbón a nivel mundial, son paradójicamente subsidiados o eximidos de ciertos niveles de impuestos. Entonces por un lado está el discurso del mercado competitivo con decisiones que favorecen a algunos sectores empresariales privados, y por el otro está el discurso de la economía verde que también cuenta con la intervención del Estado pero no en grandes magnitudes. La cuestión no es solo si es rentable o no, sino cómo se crean las condiciones para que sea competitivo a largo plazo. Lo que ocurre aquí es que las economías son rentables si les dan un tratamiento preferencial.

¿Entonces la minería y la extracción de petróleo funcionan, en parte, por este  tratamiento preferencial?

Son sectores que se presentan como competitivos y que terminan siendo rentables pero que en la práctica tienen subsidios, favorecimientos y tratamientos especiales que otras economías más sostenibles no tienen. La agricultura alternativa es un ejemplo claro, pequeños propietarios los cuales no están recibiendo un favorecimiento tan grande como los que tienen las grandes empresas que muchas veces son transnacionales. Hay un círculo vicioso claro: se le da al que más tiene y se le facilita al que más tiene.

¿El Estado le está prestando la atención necesaria a estas micro empresas verdes?

No ha habido acciones contundentes que estén embarcadas en  procesos productivos de innovación, y si hay algo que se pueda relacionar con economía verde, aunque sea un término ambiguo y difuso,  es la innovación e investigación. Se creía que Colciencias se encargaría de distribuir bien las regalías para que esto ocurriera en Colombia pero hay serios cuestionamientos sobre el manejo que se le ha dado a los dineros para ciencia, tecnología e innovación que se han ido a las regiones. Colciencias tendría que ser un ejemplo para mostrar cómo un país se compromete y es consecuente con el discurso, pero su línea de inversión no es para nada clara, su distribución de dineros se está haciendo de manera politizada e ineficiente.

Deme un ejemplo del tipo de subsidios que deberían replantearse

El caso de los algodoneros. Durante muchos años se les dio subsidios y ahora mire cómo están esas tierras. El problema entonces es que se otorgan subsidios sin que se evalúen los impactos ambientales a mediano y largo plazo.  Lo mismo pasa con el sector agropecuario, a ellos no se les aplica la tasa retributiva sabiendo que contaminan bastante.

Pese a que el gobierno hace un esfuerzo en materia de inversión ¿por qué cree que los resultados siguen sin ser los esperados?

Nos tomamos mucho tiempo en planificar las cosas y cuando ya están planificadas se replantean en el camino. Nos falta gestión de estado porque hay debilidad en los partidos, entonces dependemos de que si un alcalde se inspira o no se inspira. Aquí se contradicen miembros de un mismo partido , incluso del mismo gobierno. Además, a eso se le suma la corrupción. Muchas clases políticas regionales están en función de  ver qué pescan y cómo sacan provecho y no de los intereses de sus comunidades. Ellos deberían tener visión y presionar a Colciencias, a las universidades y demás entidades para que hagan lo que tienen que hacer: investigar. La guerra ha creado un ambiente propicio para la trampa, la ilegalidad, la ineficiencia y la politiquería. Todo lo anterior hace más difícil obtener resultados por más dinero que se invierta.

¿A pesar de todo eso, somos un país sostenible?

Pues afortunadamente no nos han clasificado como un país fallido. A pesar de todo hemos avanzado en niveles de cobertura que otros países no han logrado. Hay luchas sociales que van teniendo fuerza y políticos que han tomado decisiones correctas que dan un nivel de esperanza en términos de que la justicia funcione. Colombia tiene recursos, gente calificada, y somos bastante privilegiados en comparación con otros países. Lo que hay que subrayar es que si aún, con esos niveles de descomposición, corrupción, irregularidades e inequidad; tenemos indicadores mejores que otros países sobre todo los sociales, es evidente que Colombia tiene potencial.

*Lectura recomendada

“Hacia una economía verde” del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)

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