El MERIDIANO 82

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Transnistria, otra región con la fiebre independentista

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El Parlamento de la república separatista de Moldavia aprobó una resolución en la que llamó a Rusia, la ONU y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) a reconocer su independencia.

Luego de que Crimea, la península ucraniana que alberga la flora rusa del Mar Negro de Rusia, votara un referendo para anexionarse a la nación rusa, otras ciudades del este de Ucrania decidieron desconocer el gobierno central de Kiev y pedir que Vladimir Putin, presidente ruso, haga algo para anexarlos también a su territorio; estos grupos de activistas rusos en Donestk, Járkov y Lugansk se tomaron edificios gubernamentales y exigen la celebración de referendos para definir su situación.

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Ante la avanzada rusa, y el apoyo de buena parte de la población, el gobierno del presidente de transición de Ucrania, Alexandr Turchinov, lanzó una operación antiterrorista para acabar con la oleada de protestas. Aviones, helicópteros y hombres armados llegaron a varias localidades de Donetsk, región industrial y minera.

En medio de este problema, el presidente de la región moldava de Transnistria, un enclave rusohablante que declaró su secesión en 1990, aseguró que llegó el momento de que la Unión Europea (UE) reconozca su independencia. “La Unión Europea debe reconocer a Transnistria que no representa y no representará ningún peligro”, declaró el responsable político, Yevgeny Shevchuk, en entrevista con la AFP.

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Transnistria, situada entre el río Dniéster y la frontera oriental de Moldavia con Ucrania, se convertiría, de ser reconocida su independencia, en “una zona de estabilidad”, aseguró Shevchuck. Tras la disolución de la Unión Soviética y el fin del bloque comunista en el Este europeo, Transnistria se declaró independiente, lo que desembocó en una corta guerra con las autoridades de Moldavia en 1992.

Entonces, luego de la caída de la URSS, el gobierno moldavo asumió una política antisoviética y hasta propuso prohibir la lengua rusa, hablada por gran parte de la población, mayoritariamente de origen ruso y ucraniano. Numerosos arsenales de armas soviéticas participaron en el conflicto de este territorio. En tan sólo cuatro meses se perdieron unas 800 vidas. Muchas de ellas pertenecieron a inocentes civiles que luchaban contra las tropas moldavas defendiendo sus hogares y familias.

El conflicto terminó cuando intervinieron las tropas rusas. En julio de 1992, se alcanzó un alto al fuego que puso fin al conflicto armado. Desde entonces, los pacificadores locales, así como los rusos y moldavos, mantienen el frágil equilibrio en la región.

Su secesión no fue reconocida internacionalmente, pero cuenta con su propio Estado, gobierno, moneda y ejército. Transnistria, sin embargo, no pidió en esta resolución un referendo para adherirse a Rusia, como sí lo hizo la península ucraniana de Crimea.

Shevchuck insistió en que por el momento sólo busca el reconocimiento de Transnistria, sin querer entrar en “suposiciones hipotéticas”. Los legisladores de la rebelde región recordaron el miércoles que en el referendo del 17 de septiembre de 2006 más del 97% de su población se pronunció a favor de su secesión de Moldavia y su posterior adhesión a Rusia.

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